La civilización gana de nuevo

 

No sé si es cierto lo que hoy ha dicho el ministro del Interior tras la detención de cuatro presuntos etarras: que esta detención es el acta de defunción de ETA.

Si es cierto, este es un momento que la gente más joven comprenderá difícilmente. Después de décadas, ya no hay una ETA que mandar y ya no hay quien mande en ETA. Durante mi adolescencia y juventud, ETA era como una versión de pesadilla del tiempo. Salía en cada telediario, emporcando nuestras vidas. Y lo hacía después de haber matado a alguien de un tiro en la nuca o tras la explosión de una bomba, en alguna calle o plaza que conocías bien. Los límites reales de nuestras vidas incluían dentro el desecho terrorista.

Me alegra que esta noticia no sea noticia de portada, que casi aparezca en un teletipo ridículo, en una nota corta con membrete oficial o en la declaración de un ministro gris, que no le importe ni a los que en una época jaleaban a esta gentuza.

ETA ya ha ido por un vaciadero de basura. Solo queda el olor.

No es poco.

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