Aznar, el hombre sin pasado

 

Leo en FAES una nota de prensa con declaraciones de José María Aznar sobre las elecciones en Cataluña.

Por lo que veo, se interpreta incluso como una ruptura total con Rajoy.

Después de leerlo, me queda la sensación de que Aznar ha decidido olvidar su biografía para dar gasolina a los que, por joder a Rajoy, están dispuestos a llevarse lo que sea por delante.

Lo digo porque no hay uno solo de los males del PP que no estuvieran presentes cuando Aznar gobernaba. Ni uno. Se le pueden reprochar muchas cosas a Rajoy, pero que el reproche venga de quien ya tenía en su partido a todos los que ahora están implicados en escándalos de corrupción, y de quien pactó con CiU y el PNV para obtener el gobierno de España, jodiendo de paso a su partido en Cataluña, que nunca levantó cabeza, es sangrante.

Creo que los males de Rajoy y las pérdidas de voto en varias elecciones no tienen nada que ver con una supuesta tibieza en su defensa del constitucionalismo. Es mucho más fácil explicarlas como reacción a las consecuencias de la crisis económica y a la corrupción. Aznar tuvo la suerte de no tener que lidiar con una crisis económica; menos, con una como la que nos ha azotado, y a la que Rajoy y su gobierno se están enfrentando. Añado: se están enfrentando con un éxito que produce ardor de estómago a sus enemigos, por la derecha y la izquierda.

Si el PP es culpable del crecimiento del nacionalismo, lo es el PP que diseñó Aznar y el que heredó Rajoy. Nada hay desde 2004 que no estuviera antes.

Y su retórica está vacía. Yo no creo que las terceras vías sirvan para nada, ni que sea preciso reformar la Constitución, pero admito que se pueda discutir, porque de eso va el proceso político: de cambiar las reglas conforme a las normas que nos hemos dado. Él , a esto, lo llama “extravagancias”. Pues, sin ciertas “extravagancias” políticas, él no habría sido presidente del Gobierno.

Y da un poco de vergüenza que acuse a Rajoy de tener dudas sobre el “orden constitucional”. El orden constitucional incluye las normas para su reforma, pero Aznar ha decidido olvidarlo.

Lo cierto es que, después de cuatro años muy duros, en los que tantos se prometían el caos, el rescate, el hundimiento de España, el surgimiento de un nuevo sistema político y la ruptura de España, los secesionistas están en el mismo sitio en el que estaban en 2012 (con los mismos apoyos y menos escaños), encadenados a una retórica ilusa, España no se ha hundido, no hemos sido intervenidos, crece la economía, baja el paro, nos financiamos mejor, y Rajoy sigue diciendo que el límite es la ley.

Y hartan de las críticas gratuitas, provenientes de los que fueron pecadores o de los que anunciaban el Apocalipsis.

 

 

Di sí a Madrid

 

¿Sería viable el Estado de Madrid? Sin duda. Tenemos el Zoo, la Casa de Campo, unos museos chulos y la sierra; y más de seis millones de habitantes. Un montón de países del mundo tienen menos y les va de miedo. Incluso organizan carreras de Fórmula Uno. Uno de los problemas es que estaríamos rodeados y tendríamos que organizar un puente aéreo o comprar un “corredor polaco”. Esta última posibilidad me parece poco práctica: cada madrileño querría que se comprase el corredor justo hasta la playa en la que tiene su apartamento.

Quitando ese pequeño inconveniente, que se podría resolver con buena voluntad (el pragmatismo se impondría, no hay duda), lo demás es sencillo. Las balanzas fiscales nos son muy desfavorables y nos sobraría dinero para construir una M-90 subterránea por si hay una guerra nuclear o un apocalipsis zombi. No tendríamos que construir estructuras de Estado, porque las tenemos casi todas. Y como nos sobrarían, podríamos alquilar espacios al restospaña y sacar un dinero que nos vendría bien. Los pasaportes los hace la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre. Y allí se emiten los euros. Ya me contarán que problema íbamos a tener.

No seré yo el que niegue que existen algunos riesgos. Por ejemplo, que se nos cuele gente venida de fuera con la pueril excusa de visitar a un primo, un tío o un hijo. O que el Atlético de Madrid siempre quede segundo en la Liga, generando un resentimiento aún mayor del que padecen históricamente como consecuencia de su retraso civilizatorio. Sin embargo, los beneficios son indiscutibles: votar solo con gente de Alcorcón o de Buitrago, personas que comparten una cosmovisión con uno y no con alicantinos o lucenses, que hablan raro y realizan extraños ritos de paso como bautizos, comuniones, bodas y entierros. El mapa de Madrid quedaría muy bien en un mapamundi: ahí, justo en el centro del restospaña; como dando por saco, ya me entienden.

La única cuestión es cómo. Es obvio que hace falta una mayoría cualificada de madrileños para iniciar este razonabilísimo proceso y que ahora mismo no se da. Esto, creo, es debido a la secular ocultación de nuestra identidad nacional. La República Madrileña ha sido demasiado aperturista y ha admitido con exceso de generosidad a un montón de gente que viene de lugares mucho más pobres y atrasados. Todo esto, naturalmente, viene de cuando Franco llenaba trenes con analfabetos para diluir el ser madrileño.

Un plan ambicioso ha de pasar por atraer solo a inmigrantes daneses, holandeses y noruegos, utilizando para ello nuestro sol, el estanque del Retiro y la belleza morena de la mujer madrileña. En segundo lugar, nuestro himno ha de ser mundialmente conocido y un banderín de enganche para niños y mayores. Propongo el del Real Madrid. Hemos de revisitar inteligentemente la historia madrileña para descubrir esos hitos en los que se nos impidió alcanzar la libertad plena: el motín de Esquilache, el dos de mayo, el 23F. Hay que buscar un par de monjas que le den color a las discusiones. Por último, hay que asaltar el Palacio de la Zarzuela y montar una ejecución retransmitida a todo el mundo que se caracterizará por su civismo.

Porque todo es mejor que seguir como estamos. En vez de soportar el proceso eterno catalán, hagamos el nuestro, y escojamos nuestro calvo genuino.

Al menos, así, alguien vería Telemadrid.