Bubbles

 

Uno de los personajes esenciales de The Wire es Bubbles, un toxicómano, confidente del detective McNulty. Esto que viene a continuación es un mínimo spoiler: Bubbles intenta desengancharse, pero, cuando está en camino de conseguirlo, se le pide que vuelva al lugar en el que obtiene sus informaciones. Él lo hace, por amistad, pero es perfectamente consciente de las consecuencias. Los demás no lo comprenden; en parte porque Bubbles es un toxicómano, no un hombre. Hay algo “hitchcokiano” en esa narración: los espectadores vemos la bomba en el autobús, pero los pasajeros no. Conocemos la información, pero no podemos hacer nada por avisar a los protagonistas. También hay una referencia a un estereotipo universal: el destino inevitable: Edipo, Casandra, Otelo, Lear. Bubbles ya está muerto y lo sabe. Vive en el infierno, transportando almas con su carrito de supermercado, por una moneda. Nos hubiera gustado que viviera, pero Plutón no está por la labor de dejarlo ir.

Un día, cuando se ha acostumbrado a su presencia, el espectador decide que no quiere perder a Bubbles. Escoge a una mujer vulgar, que se le parece, le cambia el peinado, la desviste, la viste de blanco y suena un Mahler trucho que anuncia que ha vuelto de entre los muertos. El espectador se ha convertido en un adicto. Lentamente se va transparentando y cada vez se ve mejor el óbolo en su bolsillo.

 

 

 

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