Los tarados están entre nosotros

 

Hace tiempo que quiero escribir un artículo (seguramente para la bola negra), que no quiero destripar, para el que es importante el pensamiento político y la vida de Mary Wollstonecraft. Para ver si podía enlazar una de sus obras fundamentales he mirado en wikipedia y me he encontrado con algo que me parece incomprensible.

Antes de explicar de qué se trata es útil recordar que, tras su muerte, y tras la publicación por su viudo, William Godwin, de unas Memorias de la autora de la vindicación de los derechos de la mujer, escritas por él y que contaban episodios de la vida de Wollstonecraft (en particular, sus intentos de suicidio y que había tenido una hija “ilegítima”), esta fue calificada de prostituta y convertida en el prototipo de mujer licenciosa corruptora de la moral de las jóvenes (cuando, por cierto, sus obras más bien defienden una moral bastante “rígida”).

Que ese estereotipo machista, a comienzos del siglo XIX, triunfase, era comprensible. Lo increíble es que, en 2015, uno se encuentre con esto. Vean la captura de pantalla (los círculos verdes los he puesto yo):

Wols

Ya sé que la wikipedia la puede modificar casi cualquiera, pero hay que estar muy tarado para ir haciendo esto.

 

 

Pues claro

 

Acabo de conocer la noticia de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha revocado el auto dictado por el magistrado Pedraz que acordaba el archivo de las actuaciones en el asunto de los tuits del concejal Zapata.

Después de leer el auto (que consta en la propia noticia), me remito a las dos entradas que escribí sobre el asunto. Solamente añadiré que se incluyen en el auto unas valoraciones sobre el delito concreto que se imputa al concejal que son discutibles:

a) Por ejemplo, que la notoriedad posterior implique el que las expresiones sean más idóneas para lesionar el bien jurídico protegido. La idoneidad o inidoneidad de las expresiones, en mi opinión, deriva de estas, no de su mayor o menor circulación (cuando, además, esto no depende del autor).

b) Que se admita una forma de dolo eventual. Es esta una cuestión técnica compleja: se trata de saber si el delito se comete solo si se hace con la intención de dañar a alguien (a las víctimas del terrorismo en este caso) o si cabe la posibilidad de cometerlo sabiendo que puede tener esa capacidad y realizando, pese a ello, esa conducta. En el primer caso, hay una voluntad directa de dañar; en el segundo, hay una voluntad de realizar una conducta que no se sabe dañina directamente, sino solo con esa capacidad de producir un daño. En el ejemplo clásico, es la diferencia entre el tirador que mata a alguien porque lo quiere matar y el que dispara al azar, sabiendo que alguien puede ser alcanzado. Me parece muy discutible, aunque los razonamientos del auto, que incluyen la referencia a la “trivialización grave” introducida tras la reforma del Código Penal, precisan una respuesta también técnica. Yo creo que el delito, habida cuenta lo complejo de determinar qué humilla a alguien o qué supone menosprecio, y considerando la importancia de la libertad de expresión en una sociedad democrática, debe verse limitado a aquellos casos en los que el autor tiene voluntad de producir un daño directo, aunque se trate de personas que no conozca. En el ejemplo que ponía antes: el tirador loco que por la mirilla de su fusil escoge una víctima al azar, y dispara a matar, frente al que, sin mirar a donde apunta, dispara, sabiendo que es posible que mate a alguien y, pese a dicho conocimiento, lo realiza.

Alguien que humilla a una víctima, en resumen, no quiere hacer solo humor negro. O no quiere exponer solo un razonamiento lógico o una inferencia, por torpe que sea. Quiere dañar, aunque no conozca a quien imagina a través de esa mirilla mental.

En el resto, la resolución me parece impecable. Ya lo advertí. El auto de Pedraz es infumable, sobre todo después de haber admitido a trámite la querella. Zapata ha de declarar, como mínimo. Y en ese momento que el juez decida si archiva o si da traslado a las acusaciones para que acusen.

Una última cuestión, pese a las veinticuatro hojas del auto, El Diario resume todo en este titular falso:

La Audiencia Nacional ignora el testimonio de Irene Villa y ordena que declare Guillermo Zapata como imputado

No, no ignora ese testimonio. Al contrario, el auto explica por qué ese testimonio, por sí, no es suficiente para archivar. Basta con leérselo.

Y, además, centra la mitad de su artículo en destacar que dos de los tres magistrados son “afines” al PP y han sido recusados en el caso “Gürtel”.

Es francamente lamentable comprobar cómo todos los periódicos sin excepción reaccionan pavlovianamente con esa persecución al magistrado en cuanto se “toca” a alguien afín a su ideología.

No son medios de información, son la voz de su amo o de sus amos. Y se nota demasiado.

 

Un buen plan

 

Me gustaría, llegado el momento, reunir a algunos familiares y amigos, decir adiós adecuadamente, y buscar una manera de matarme que moleste lo menos posible. Siempre he pensado que algo así sería civilizado y amable.

Sin embargo, sospecho que este plan les parecería horrible a mi mujer y a mis hijas, y que más de un amigo me diría un paradójico «te mato». Hemos santificado tanto la vida, que pensar en pirarte de este mundo cuando te parezca bien, y avisando por anticipado, es visto como un acto egoísta o como un síntoma de padecer alguna grave enfermedad mental. Lo curioso es que en esto hay casi unanimidad: tanto como consecuencia de la idea religiosa de que nuestra vida no nos pertenece, como por la agnóstica imposición social de la vida eterna como desiderátum, ya que somos ricos, amamos las comodidades y somos esclavos de la seguridad. La muerte ha pasado de ser algo habitual, presente en la vida cotidiana, a convertirse, para los habitantes de las sociedades opulentas, en un tabú alejado, rodeado de mil eufemismos. Todo se organiza para evitar su presencia: los intentos de retrasar la vejez y, lo que es más significativo, retrasar los síntomas exteriores de la vejez, sirven también para eso.

No es que critique esto por santurronería. Me parece muy bien que la gente aspire a vivir para siempre y con el aspecto de sus veinte años (o incluso mejor). Quién sabe, quizás un día se consiga. Simplemente deberíamos intentar ser menos militantes y tomarnos la muerte con algo más de distancia e, incluso, si es posible, de humor.

Bien sé que seré tachado de frívolo e incluso acusado de hacer apología del suicidio. No es así, pero tampoco quiero explicarme mucho más. La muerte, al menos ahora, es inevitable: admitamos que haya quien quiera, libremente, actuar conforme a una realidad tan indiscutible. Sin filosofar, moralizando lo justo y pidiendo el aplauso a los espectadores.

Además, sería una estupenda fiesta.