Pues claro

 

Acabo de conocer la noticia de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha revocado el auto dictado por el magistrado Pedraz que acordaba el archivo de las actuaciones en el asunto de los tuits del concejal Zapata.

Después de leer el auto (que consta en la propia noticia), me remito a las dos entradas que escribí sobre el asunto. Solamente añadiré que se incluyen en el auto unas valoraciones sobre el delito concreto que se imputa al concejal que son discutibles:

a) Por ejemplo, que la notoriedad posterior implique el que las expresiones sean más idóneas para lesionar el bien jurídico protegido. La idoneidad o inidoneidad de las expresiones, en mi opinión, deriva de estas, no de su mayor o menor circulación (cuando, además, esto no depende del autor).

b) Que se admita una forma de dolo eventual. Es esta una cuestión técnica compleja: se trata de saber si el delito se comete solo si se hace con la intención de dañar a alguien (a las víctimas del terrorismo en este caso) o si cabe la posibilidad de cometerlo sabiendo que puede tener esa capacidad y realizando, pese a ello, esa conducta. En el primer caso, hay una voluntad directa de dañar; en el segundo, hay una voluntad de realizar una conducta que no se sabe dañina directamente, sino solo con esa capacidad de producir un daño. En el ejemplo clásico, es la diferencia entre el tirador que mata a alguien porque lo quiere matar y el que dispara al azar, sabiendo que alguien puede ser alcanzado. Me parece muy discutible, aunque los razonamientos del auto, que incluyen la referencia a la “trivialización grave” introducida tras la reforma del Código Penal, precisan una respuesta también técnica. Yo creo que el delito, habida cuenta lo complejo de determinar qué humilla a alguien o qué supone menosprecio, y considerando la importancia de la libertad de expresión en una sociedad democrática, debe verse limitado a aquellos casos en los que el autor tiene voluntad de producir un daño directo, aunque se trate de personas que no conozca. En el ejemplo que ponía antes: el tirador loco que por la mirilla de su fusil escoge una víctima al azar, y dispara a matar, frente al que, sin mirar a donde apunta, dispara, sabiendo que es posible que mate a alguien y, pese a dicho conocimiento, lo realiza.

Alguien que humilla a una víctima, en resumen, no quiere hacer solo humor negro. O no quiere exponer solo un razonamiento lógico o una inferencia, por torpe que sea. Quiere dañar, aunque no conozca a quien imagina a través de esa mirilla mental.

En el resto, la resolución me parece impecable. Ya lo advertí. El auto de Pedraz es infumable, sobre todo después de haber admitido a trámite la querella. Zapata ha de declarar, como mínimo. Y en ese momento que el juez decida si archiva o si da traslado a las acusaciones para que acusen.

Una última cuestión, pese a las veinticuatro hojas del auto, El Diario resume todo en este titular falso:

La Audiencia Nacional ignora el testimonio de Irene Villa y ordena que declare Guillermo Zapata como imputado

No, no ignora ese testimonio. Al contrario, el auto explica por qué ese testimonio, por sí, no es suficiente para archivar. Basta con leérselo.

Y, además, centra la mitad de su artículo en destacar que dos de los tres magistrados son “afines” al PP y han sido recusados en el caso “Gürtel”.

Es francamente lamentable comprobar cómo todos los periódicos sin excepción reaccionan pavlovianamente con esa persecución al magistrado en cuanto se “toca” a alguien afín a su ideología.

No son medios de información, son la voz de su amo o de sus amos. Y se nota demasiado.

 

4 comentarios en “Pues claro

  1. El Diario. Me suscribí un año porque escribían algunos politikones, animado también por un colega. Ahora ni con un palo. Por cosas como esta.

    Por lo demás, con el nuevo formato del bloj (negro sobre blanco, como en los tiempos (¡oh!) del papel), esos titulares se confunden con los títulos de las entradas. Just saying.

  2. ¿de verdad cree que cada vez que alguien cuenta uno de esos chistes lo hace con la intención de humillar? ¿incluso cuando el aludido no está presente ni, digamos, al alcance del chiste?

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