Moralina pringosa

 

En alguna ocasión he leído artículos de Enrique López, de esos que publicaba en La Razón. Incluso llegué a chotearme de uno de ellos hace cinco años. No puedo decir que sienta la más mínima admiración por el magistrado.

Ahora su nombre vuelve a los periódicos porque le ha tocado juzgar la Gürtel y la gente anda enredada con la cuestión de si debe abstenerse o si concurre causa de recusación, por las relaciones del magistrado con el Partido Popular.

Puede. No voy a opinar porque no conozco el asunto suficientemente bien. Me parece muy bien que haya quien denuncie lo que considera una ilegalidad. Por otra parte, ya sabemos que este tema va a ser un tema político, usado políticamente. Por todos.

Ahora, ¿hace falta caer en la bajeza en la que cae Xavier Vidal-Folch?

“El juez ebrio”, titula. Como si esa fuera la condición del “tal” Enrique López, de esa criatura. Como si fuera un borracho permanente. Qué producto más despreciable, oigan, lo del tal Vidal-Folch.

Al menos tenemos claro algo: no es que el autor de esa bazofia se haya pasado de frenada. Los dos últimos párrafos de su artículo demuestran que es perfectamente consciente de lo que hace:

Eso es jurídicamente gravísimo. Aunque sea de peor gusto que el tal López fuese detenido (1/6/2014) conduciendo borracho (cuadriplicó el límite) una moto por la Castellana, sin casco, y dijera que le justificaban “circunstancias personales”, pese a lo que tuvo que dimitir ¡del Constitucional! También Aznar es partidario de beber-y-conducir, “déjame que beba tranquilamente, no pongo en riesgo a nadie (¡!), no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad” (2/5/2007). Algo que ya practicó el genio de la cuadra, Miguel Ángel Rodríguez, cuando alcoholizado (“me lo he bebido todo”, confesó), embistió a un coche (3/5/2013).

¿Les gustaría ser juzgados por un tipo con “fuerte olor a alcohol en el aliento, ojos rojos y vidriosos, habla repetitiva, rostro congestionado, deambular titubeante y dificultad para mantener la verticalidad”, como retrataron los jueces al tal López?

Produce auténtico asco presenciar la moralina indecente del que utiliza un atestado policial (sí, esas expresiones son las mismas que aparecen en mil atestados, porque están ya escritas previamente, para que el policía ponga una cruz) con la intención de convertir un error en toda la biografía de una persona. Yo preferiría mil veces ser juzgado por alguien que metió la pata y pagó por ello el precio que hemos decidido entre todos (y que además dimitió del puesto que ocupaba), que por un sepulcro blanqueado, por este clérigo civil que crucifica a los que no son de su cuerda, mandándolos a la muerte ciudadana. Es mucho peor este juez moral de la horca que un hombre que yerra; es mucho más peligroso el que descontextualiza un hecho y convierte sus descripciones en una mancha, en una señal, deshumanizando al otro, el lacayo, el borracho, el tal López.

Yo casi no bebo alcohol, pero me dan ganas de cogerme un buen pedo y vomitar encima de la impoluta camisa inquisitorial de este tal Vidal-Folch y escuchar sus berridos histéricos.

Pensándolo bien, a lo mejor es lo que acabo de hacer.

A tu salud, prelado.

 

7 comentarios en “Moralina pringosa

  1. X.V.-F.: interesante cuando habla de Europa, irregular cuando habla de Cataluña, lamentable con este artículo.

    Al final todos contenemos multitudes… X.V.-F. también. Y se ve en las columnas.

  2. Muy de acuerdo. (Pero dimitió antes de que le ‘dimitiera’ la ley: pérdida de la condición si se comete delito).
    Saludos.

  3. _____________________________
    ha tocado juzgar la Gürtel y la gente anda enredada con la cuestión de si debe abstenerse o si concurre causa de recusación, por las relaciones del magistrado con el Partido Popular.

    Puede. No voy a opinar porque no conozco el asunto suficientemente bien. Me parece muy bien que haya quien denuncie lo que considera una ilegalidad. Por otra parte, ya sabemos que este tema va a ser un tema político, usado políticamente. Por todos.
    _________________________________________

    Yo tampoco. De la entrevista a Rafael Catalá en El Obetivo la conclusión útil es que Ana Pastor no hizo los deberes. Pero, dejémoslo. No hay comodidad partidista que valga la tranquilidad de una conciencia independiente.

    Yo sí sé, yo sí recuerdo a lord Leonard Hollmann y Gillian Hoffman. Ahora intentemos descubrir las razones de este fenómeno. Por qué la Justicia británica puede meterse en la piel de león y rugir, mientras la española aspira a dejar de ser una calamidad local, para convertirse en una calamidad universal.

    “La primera cosa que se aprende del Derecho británico es que no sólo se debe hacer justicia sino que se debe dar la impresión de que se está haciendo justicia”.[…]

    La apariencia de parcialidad de lord Hoffmann ha provocado una seria crisis de fe en la Justicia británica. En una carta revelada poco después del fallo lord Irving, que ocupa el puesto de lord Chancellor, equivalente en el sistema británico al ministro de Justicia, escribió a lord Browne-Wilkinson en su carácter de miembro más antiguo de los “law lords” para que “adoptase los medios necesarios para asegurar que quienes formen parte del panel no tengan ningún conflicto de interés, y que para asegurar la imparcialidad y la apariencia de imparcialidad, revelen cualquier circunstancia relevante a las partes que así podrían impugnar dicho nombramiento”[…]

    Imparcialidad no es indiferencia ni tampoco ocasión para discriminar.
    Imparcialidad no significa que los jueces no tengan opiniones, tendencias políticas, inclinaciones, que no estén influidos por su formación, tipo de cultura, grupos a los que pertenecen, su clase o sector social, religión, visión ética, gustos, humores, situación en la vida, etc. Si los jueces debieran ser personas ajenas a todos los condicionamientos, entonces sólo seres ultramundanos podrían ocuparse de esa función.

    Por ello, la exigencia de imparcialidad se dirige a dos núcleos básicos: a) evitar que el juez esté ligado con los destinatarios directos de su posible decisión por lazos que hagan presumir una relación particular de afecto o desafecto (por ej. parientes muy próximos, amigos íntimos, enemigos declarados) o un interés material […]

    Leopoldo H. Schiffrin Juez de la Cámara Federal
    ——————————————————————-

    A veces son necesarios casos como estos. Aunque sólo sea para comprobar hasta dónde nos ha afectado la degradación.

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