The West Wing

 

Este verano-otoño he vuelto a ver completa The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca). Les propuse a mis hijas ver juntos la serie y aceptaron.

Toda serie, al principio, exige un cierto compromiso. Los autores tienen que mostrar personajes, empezar a urdir tramas y conseguir que el espectador alcance ese momento en el que cree que puede adivinar reacciones. En The West Wing, a esto se añadía la dificultad intrínseca del hilo central de la serie: el proceso político estadounidense. Ese reto se resuelve sobresalientemente, pese a la simplificación inevitable. Los guionistas y directores de los capítulos casi siempre consiguen introducir los diferentes temas y posiciones sobre temas de forma natural y, en sus siete temporadas y más de ciento cincuenta capítulos, termina apareciendo casi todo. Al menos, casi todo lo más importante.

La serie es, por esta razón, tremendamente educativa. Los primeros capítulos se hicieron eternos. Constantemente parábamos porque las dudas eran continuas. Sin embargo, según iba transcurriendo, cada vez eran más capaces de verlos casi de tirón, sin necesitar información o explicaciones añadidas. Y ya no preguntaban tanto por la organización del gobierno norteamericano o de su parlamento o de su proceso electoral. Ahora las preguntas se referían a las propias discusiones políticas.

Ha merecido la pena verla de nuevo. Sigue con sus carencias: sus personajes son demasiado inteligentes, demasiado capaces, demasiado chisporroteantes, siempre con la respuesta perfecta en la punta de la lengua; es partidista en el peor sentido de la palabra (esto es una broma), al huir (más según más avanza la serie) del estereotipo más tonto del republicano introduciendo otro estereotipo más sutil, uno que permite más estruendosos éxitos a los concernidos demócratas; es, quizás (y pese a los límites intrínsecos de ser una serie de televisión), excesivamente positiva: hasta el mal es producto de las buenas intenciones. Estas carencias siempre me han impedido considerarla —como hacen muchos— la mejor serie de televisión de la historia.

Sin embargo, sigue siendo fastuosa, con interpretaciones extraordinarias, muy bien escrita y con un pulso y una identidad indiscutibles. Y además mejora. Sus últimas temporadas, las que se rodaron cuando Sorkin dejó la serie son, en mi opinión, las mejores, las menos hipócritas, las más completas, las más interesantes. Quizás las menos televisivas.

Estos últimos años se han puesto de moda series más “oscuras”. Se supone que son adultas, complejas, inteligentes. Esto es bullshit. Mucha gente es adicta a un cierto malditismo, a una idea del mundo tan naíf como la que aparece en los dibujos de Heidi. El mundo, en realidad, suele ser bastante prosaico, las conspiraciones no abundan tanto como se cree, porque hay que ser listo para diseñar una y la vida suele ser gris, con algún chispazo de vez en cuando. El bien y el mal, lo moral y lo inmoral, son envoltorios para productos y, por tanto, pueden ser interesantes o planos, inteligentes o estúpidos, complejos o más simples que un cubo, según sea la capacidad de quien lo fabrica. Por eso Qué bello es vivir es una maravilla y Seven es un truño. O Air Force One es un truño mientras Infiltrados es un prodigio.

Y por eso The West Wing sigue siendo excelente.

14 comentarios en “The West Wing

  1. “Por eso Qué bello es vivir es una maravilla y Seven es un truño. O Air Force One es un truño mientras Infiltrados es un prodigio.”
    Muy de acuerdo. Añadiría otro (semi)truño sobrevaloradísimo en la línea “oscura”: True Detective.
    A The West Wing tengo que darle otra oportunidad, porque reconozco que tengo un prejuicio: Sorkin me carga. Mucho.

  2. El ‘realismo’ da cosas como Torrente. La puesta en escena sabiamente dosificada produce otras emociones: véase cualquier pintura de Goya.
    Ayer fui al cine a ver ‘Youth’, de Paolo Sorrentino. Se la recomiendo. Mejor en pantalla grande de verdad…

  3. y ya que hablamos de literatura, vengo a hablar de mi segundo intento de leer aquello de “incomplete nature”, que sigo encontrando igual de ilegible y repetitivo que la primera vez. después curioseando por la web he encontrado esta crítica del NYRB: http://emergence.org/McGinn.pdf (es un pdf)

  4. Yo he visto dos veces la serie. Una, incompleta, cuando la echaban por la tele. Otra, después, cuando la conseguí reunir completa y la vi respetando la secuencia. Siempre me ha parecido que esa serie es a lo que de verdad debe de pasar dentro de las oficinas de la casa blanca lo que las películas pornográficas son a lo que de verdad debe de pasar dentro de la mayoría de alcobas españolas.
    (Por eso me gusta tanto.)

  5. No conocía las reseñas de Incomplete…, me las leeré. No guardo tan buen recuerdo del libro, pero quizás es que simplemente no me enteré bien. Cuando tenga tiempo, volveré a intentarlo.

  6. Increíblemente no he visto TWW pero sí he visto The Newsroom, que parece compartir virtudes y defectos con la primera y que en general está bastante bien. Así que la recomiendo aquí, por si echan de menos a Sorkin.

  7. gracias por la reseña de dennett, no la conocía y es claramente más elogiosa. me ha pillado ud sin repasar sus entradas…

    sobre la reseña de dennett, una duda es si es imparcial o no, puesto que deacon le cita bastante en su libro, y frecuentemente se suele ser menos duro con el trabajo del que te cita. el otro reseñista parece ser del bando de los no-citados y que acusan de plagio, por tanto su imparcialidad también está en duda.

    solo nos queda ud como reseñista imparcial.

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