Por qué también es erróneo el segundo archivo de Pedraz

 

Acabo de leer el auto de archivo dictado por el magistrado Pedraz, relativo al concejal Zapata.

Para empezar, resulta llamativa la celeridad del magistrado en este asunto. Digo celeridad porque, pese a que no existía ninguna medida cautelar que afectase al imputado (ni estaba en funciones de guardia), ha tardado solo dos horas en redactar y dictar el auto que acordaba el archivo.

Aunque el auto no lo dice (como no lo decía el anterior que ya fue reformado por la Sala de lo Penal) es obvio que se trata de un caso de sobreseimiento libre.

Lo sabemos porque el auto de Pedraz afirma que los hechos no son constitutivos de infracción penal y el artículo 637 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal dice: Procederá el sobreseimiento libre (…) 2.º Cuando el hecho no sea constitutivo de delito.

Así que, al margen de la rapidez a la hora de decidir y redactar una resolución, ¿es correcto el auto?

En mi opinión, no. Y, como verán, voy a ser muy breve explicando por qué. En una entrada anterior ya manifestaba mis dudas sobre la posibilidad de considerar que el delito en cuestión pueda cometerse mediante dolo eventual, cuestión a la que se responde en el auto de Pedraz. Más aún, en principio me parecen defendibles los argumentos del auto de sobreseimiento (por cierto, ya veo en todas partes a gente sacando punta del ejemplo del carpintero y la cama en que se comete adulterio; como de costumbre, los medios centrándose en la parte menos importante).

El problema es que yo no creo que deba ser él el que los utilice para cerrar el caso. La ley es clara en cuanto a las atribuciones del juez instructor: no es el instructor el que debe decidir si el que comete un hecho lo ha hecho dolosamente o no.

Vean, a modo de ejemplo, esta reciente sentencia de la Sala 2ª del Tribunal Supremo (Sentencia núm. 903/2011 de 15 junio):

SEGUNDO

Decíamos, en un caso similar citado por el recurrente, en la S.T.S.  1524/2004  ( RJ 2005, 830), doctrina jurisprudencial vigente, que cuando se recurre un auto de sobreseimiento libre (artículo 848.2 LECrim .) el juicio de revisión casacional debe extenderse a comprobar si los hechos investigados pueden ser o no constitutivos de infracción penal teniendo en cuenta el fundamento de la imputación a la vista de los indicios racionales de criminalidad existentes en las diligencias (artículos 386 y 779.1 ambos LECrim .), luego en estos casos necesariamente la infracción de preceptos penales sustantivos es de segundo grado o por alcance teniendo en cuenta la existencia o no de fundamento de la imputación. La existencia de indicios racionales de criminalidad sobre la participación de una persona en hechos presuntamente delictivos es suficiente para fundamentar la imputación frente a la misma, lo que en este caso equivale a acordar la apertura del juicio oral. Pues bien, es preciso deslindar las funciones del instructor y las del tribunal al que corresponde el enjuiciamiento y la decisión, de forma que el primero, siempre que exista una acusación, no puede rebasar las funciones propias de la instrucción y adentrarse en cuestiones que afectan a la culpabilidad, como es el dolo, o a otros elementos del tipo, salvo casos de diafanidad manifiesta, entrando en juicios de inferencia, cuya decisión exige la celebración de verdaderos actos de prueba bajo el imperio de los principios que rigen el juicio oral, pues de lo contrario se está vulnerando el derecho a la tutela judicial efectiva con indefensión de la acusación que se ve privada además de su derecho a sostener la misma y a utilizar los medios de prueba pertinentes (artículo 24 C.E .).

La jurisprudencia es clara: el hecho es aparentemente delictivo y la existencia o no de dolo directo o eventual le corresponde determinarlo (siempre que haya una acusación) al tribunal que juzgue tras un juicio con todas las garantías.

Insisto, creo, con los datos que tenemos, que el resultado probable es la absolución. Sin embargo, creo que, como no es manifiestamente diáfana la inexistencia de dolo, el magistrado se ha excedido. En particular, porque esa diafanidad podría haber resultado de elementos objetivos (aportación, por ejemplo, de la conversación completa de la que se dedujese sin género de duda). Sin embargo, el magistrado la deduce exclusivamente de la declaración del imputado, que, como es lógico, no solo puede faltar a la verdad sin riesgo penal, sino que es el primer interesado en negar la existencia de intencionalidad.

Tan obvio es esto, que el magistrado Pedraz menciona el principio favor libertatis, algo absurdo en una resolución como esta y que solo tiene sentido en una sentencia. ¿Saben por qué?: porque si hay duda es porque no es manifiestamente diáfano que no sea delito.

Lo malo de todo esto es que existe una seria probabilidad de que este segundo auto de archivo sea reformado por la Sala de lo Penal y que Pedraz tenga que dictar auto de transformación para que las acusaciones formulen (si lo consideran) acusación y se abra juicio. Y que, si todo esto sucede, finalmente se celebre un juicio en el que el sr. Zapata probablemente resulte absuelto, ya que en ese juicio se beneficiaría del principio de presunción de inocencia.

Y, tristemente, si sucede esto la gente no entenderá qué ha pasado.

No voy a hacer de pitoniso. Solo puedo decir que, en tal caso, no será por culpa de la Sala de lo Penal.

2 comentarios en “Por qué también es erróneo el segundo archivo de Pedraz

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