Incalificable

 

Javier Pérez Royo lleva mucho tiempo diciendo cosas extravagantes, teniendo en cuenta que se trata de un catedrático de derecho constitucional (1), pero, como sabemos bien, siempre cabe la posibilidad de romper un récord. Lo ha logrado en una entrevista en La Vanguardia.

Es acojonante que un profesional del derecho diga cosas como estas:

Una autonomía no puede imponer un estatuto con el que el Estado no esté de acuerdo, pero tampoco el Estado puede imponer un estatuto con el que la comunidad no trague. Y para eso está el referéndum, para que el pueblo tenga la última palabra. Pero el TC desautorizó el pacto entre el Congreso y Catalunya y eliminó el derecho del pueblo a decidir. Por eso digo que fue un golpe de Estado. La estructura del Estado tiene que volver a ser definida a través de un pacto constituyente.

Para empezar, Cataluña forma parte del Estado español y las instituciones catalanas son Estado español. En segundo lugar, cuando habla de lo que la Constitución establece, el señor entrevistado se olvida de que la Constitución también incluyó el control de los estatutos de autonomía como competencia del Tribunal Constitucional (y esto también forma parte del sistema de garantías). Decir que la sentencia es un golpe de Estado judicial es una aberración para la que no tengo calificativos.

Pregunta el entrevistador:

¿Nos encontramos entonces ante un vacío constitucional, sin posible salida?

Esto es mentir a la gente. No hay ningún vacío. El Tribunal Constitucional hizo lo que podía y debía hacer.

Esto también es de traca:

La integración de Catalunya en España ha sido el problema constitucional de referencia y se ha intentado dar respuesta de la misma manera: no resolviendo el problema en la Constitución, sino remitiendo el problema a los estatutos de Autonomía. En 1978 se hace lo mismo que en 1931, y así hemos estado hasta la sentencia de un Constitucional que, jaleado y empujado por el PP y los sectores más derechistas del Estado, nos ha abocado al desastre en el que nos encontramos.

Este señor ha decidido olvidar que el referéndum para aprobación de la Ley para Reforma Política contó con una participación de un 77,8% de españoles y que el 94,17% votó que sí. Que la Constitución fue abrumadoramente votada por los ciudadanos (votó el 67,11% y el 88,54% votó sí) y que de estos los catalanes fueron de los que más votaron a favor (participó un 67,91% y votó sí el 90,46%). Y que el primer Estatuto de Autonomía (que era perfectamente constitucional) fue aprobado por una mayoría abrumadora de catalanes (con un 59,7% de participación, votó sí el 88,15%). Por cierto, en el referéndum para la aprobación del Estatuto de 2006 la participación fue del 48,85%.

Visto esto, ¿de qué habla este buen hombre cuando mantiene que la “respuesta” se remitió a los Estatutos? Esto es falso completamente. Lo que pasa es bien simple: lo que los propios catalanes aprobaron fue sustituido por otro estatuto, votado por muchos menos catalanes que el anterior, y además era parcialmente inconstitucional (por cierto en pocos artículos, pues en la mayoría simplemente se establecía una interpretación del mismo constitucional). Vamos, cosas que pasan en lugares donde se respeta la ley.

Termino. El delirio llega aquí:

No creo que haya que reformar la actual Constitución. Hay que volarla, hacerla saltar por los aires. Deberíamos ir a un proceso constituyente, y en el tema territorial habría que fijar en la Constitución la fórmula de integración, no volver a escurrir el bulto. Sin que el TC tenga que decidir nada. Un pacto político y la norma que de él emane no pueden ser definidos por un tribunal de justicia. Eso sólo lo pueden hacer las instituciones que están legitimadas para ello por el voto popular.

No sé qué quiere decir exactamente. ¿Saltarse todas las normas que nos convierten en un Estado de Derecho? Si es así, ya puestos, espero que empecemos por quitarle, por el morro, la cátedra (1) y que hagamos un proceso soberano para ver a quién se la damos.

Lo demás, todo ese montón de porquería disfrazada de reflexión política, ni lo comento. Para qué aburrir a nadie, cuando este hombre, este hooligan,  ya se ha descalificado a sí mismo.

Por mi parte, como ciudadano protegido por esta Constitución exijo a los que nos representen que no se salten ni una coma de la ley. Y que me defiendan de los que quieren volarla.

Solo espero, en consecuencia, que estén a la altura.

(1) Me cuentan que ahora es profesor emérito. ¡Pues a quitarle su pensión y hacer un proceso constituyente sobre ella!

 

 

El marciano no es El marciano

 

Hace un par de días me compré El marciano, la novela de Andy Weir. Lo hice, pese a que solo debería haber un El marciano en la historia de la literatura: el inmortal cuento incluido en Las crónicas marcianas de Ray Bradbury. Ya veis, me dejé llevar por consejos de gente aviesa.

Rápidamente te das cuenta de por qué esos capitalistas ávidos de dinero que se dedican a la industria del cine compraron los derechos, incluso antes de que se publicase “profesionalmente” (el autor había autoeditado la novela, que se fue haciendo famosa por el boca a boca). ¡No es una novela! Es un guión de cine (y Ridley Scott tiene que ser muy torpe para joderla).

Les daré mi opinión: es entretenida; se lee con facilidad; le encantará a los que tengan alma de ingeniero.

Pero no es una novela importante.

No es Solaris; no es Dune; no es Neuromante; no es Hyperion; no es Marea Estelar; no es Un abismo en el cielo; no es El marciano.

 

Vamos a decir paridas, tralalá

 

Leo esto en El Español. Es una cosa sabida (por cualquiera que lo quiera saber, claro): en Madrid el Impuesto sobre Patrimonio está bonificado al 100%. Vamos, que no se paga.

El artículo es correcto.

Ahora va la intrépida autora del artículo y lo tuitea:

AAAEspañol

Esto es lo divertido. El tuit no dice lo que dice el artículo. Dice dos cosas añadidas.

La primera que la Comunidad de Madrid renunció a 1.750 millones de euros. Esto es falso, naturalmente. No puede haber renunciado a nada porque ese dinero nunca ha sido suyo. Esa manera de hablar podría llevarnos a decir que el Estado renuncia a X miles de millones de euros que podría (hipotéticamente) cobrar de aumentar Y impuestos. Como es sabido, uno nunca puede decir cual será la recaudación de un impuesto, porque el establecimiento del impuesto es un factor que afecta directamente a la recaudación. Sin embargo, lo peor es ese “renuncia”, que parece dar a entender que el Estado es dueño del patrimonio de la gente y que graciosamente decide si se lo queda o no.

La segunda cosa añadida es ese “en plena crisis”. Ay, ay, ay. Para que quede claro lo cabrones que son estos del PP. Parece que el hecho de que tampoco se cobrase nada en 2008, 2009, 2010 y 2011 carece de importancia. 

¿Y qué pasa con un tuit así? Que siembra la semilla para el escándalo inexistente. Vean como lo retuitea otro periodista de El Español:

AAAEspañol2

“El escándalo del día”. Es acojonante.

¿Cómo cojones va a ser el escándalo del día si no es un escándalo y es algo que sale publicado en todos los putos presupuestos y leyes sobre tributos de la Comunidad de Madrid?

Ya puestos, hoy doy material para más noticias. ¿Queréis saber a qué otra pasta renuncia la malvada derecha madrileña?: a la del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, también bonificado; a la que podría sacar de aumentar tipos del ITPyAJD que es de su competencia; también al tramo del IRPF que podría ser mucho mayor si quisiera. Venga, ¿por qué no calculáis la parte de pasta a la que la Comunidad de Madrid “renuncia” al tener un tipo más bajo de IRPF?

Y ya de paso podéis explicar que es muy importante esto de que Madrid “renuncia” a 1750 millones de euros, pero no lo es que Madrid sea la Comunidad con mayor renta per cápita y tenga datos de paro mejores (en su evolución) que otras que no “renunciaron” a esa pila de millones.

Yo no digo que esto tenga que ver con este impuesto concreto. Sucede, sin embargo, que, como toda persona medianamente alfabetizada sabe, la política económica y la política fiscal (que es parte de aquella) hay que verla en su conjunto, no troceándola a conveniencia para trasladar el mensaje de que los malvados fascistas le roban el dinero a los pobres para dárselo a los ricos.

El escándalo del día, dicen. Lo que es un escándalo es que digáis esas gilipolleces. Eso sí, no os preocupéis: ni aun así sois el escándalo del día.