Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (I)

 

DÍA UNO

No sé cómo escribir un diario. Y me jode. Me he puesto a ello porque tengo que hacer algo que me permita ganar un día. Llevo años jugando con la idea de meter la cabeza en el horno y abrir el gas. En realidad no, porque mi horno es eléctrico, pero no quiero ser demasiado sincero en estas primeras cuatro líneas. Lo que me inquieta es precisamente que no sé cómo escribir el diario que querría escribir. Sería algo así como un ejercicio de escritura automática y se va a cagar la perra, pero eso es como admitir que nadie va a leer esto y que da igual. No puedo hacer eso. Si quiero ganar un día cada vez, a lo Sherezade, tengo que imaginar un público impaciente por leer lo que escribo y, admitámoslo, ni por amistad lee uno a los pesados incontinentes. Sí, dices que sí, pero luego fav y a otra cosa. La parte chunga es que, si esto es un diario, debería dejar a un lado la literatura e impresionar a esos lectores deseados con mi vida de aventuras. No tengo una vida de aventuras. Ni siquiera una vida interior de aventuras. Mi vida es un tostón de cojones. Supongo que como la vida de la mayoría de la gente; pero el caso es que la mayoría de la gente no tiene que escribir un diario para ver si gana un día y deja de jugar con la idea metafórica de meter la cabeza en un inexistente horno de gas. O sí, y lo esconden en alguna carpeta de nombre extranjero. Por cierto, no sé si lo de antes es una metáfora. No he hecho nada de lo que quise hacer y además se me está empezando a olvidar lo que sabía. Ya tengo hasta que mirar en google qué es una metáfora. Y, por cierto, también mi vida interior es un tostón de cojones. Mi vida interior consiste básicamente en imaginarme metafóricamente metiendo la cabeza en un horno de gas, así que voy a tener que hacer literatura e inventarme la mayor parte. Espero que haya ahí fuera algún imbécil que compre esta mierda. Tampoco es tan difícil; estamos rodeados de impostores que disimulan todo el rato colocándose en posturas de difícil equilibrio.

No sé si llamar a esto Diario o Diarios. Parece más lógico lo primero, pero en las librerías los diarios siempre son Diarios y no voy a venir yo a corregir a los de la capital. También podría añadir un de algo. Diarios de un incomprendido o Diarios de un hombre impotente o alguna porquería así, pero quedaría cursi y odio lo cursi. La gente es cursi por una razón: porque quiere parecer profunda. A lo largo de miles de años unos pocos tipos (y tipas, valga esta aclaración de ahora en adelante para estos Diarios de mierda de un tipo que no tiene horno de gas) han producido una serie de máximas que no significan nada, pero en las que todos los cursis del mundo se regodean para parecer profundos. La literatura es el supermercado de los cursis y los literatos son básicamente sus dependientes. Hay algunos mejores que otros. Esos están en la planta del gourmet y el dependiente tiene menos barriga. That’s all.

Diarios de mierda de un tipo que no tiene horno de gas. Ha salido más arriba. No sé. Demasiado largo. Y con el exabrupto típico de esos otros cursis, los de la novela negra. Ya, ya, yo mismo tengo la culpa. Que si el horno, que si ganar un día. Sin embargo, si le quito el “mierda” puede servir: le da el toque de humor que se supone identifica al hombre inteligente (esto es mentira: he conocido profundísimos imbéciles con los que te descojonas).

Queda, pues. Diarios de un hombre que no tiene horno de gas.

Ahora solo falta fijar el formato. Seré clásico en esto: dividiré el diario en días. Este es el día uno. Ahora me voy hacia arriba y lo escribo: día uno.

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3 comentarios en “Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (I)

  1. “no se cómo escribir un diario y me jode (…)”…lo acaba de empezar. He ahí la primera reflexión de todo diario que se precie. A menos que lo quiera titular diario de un ganatiempos, le queda la opción de dejar esa parte para el final.

  2. Yo escribí un diario, o mejor dicho escribí en el diario que me regalaron en la primera comunión, no sé ahora en el 2015 qué se regala a los niños que hacen la comunión, pero cuando yo la hice, se estilaba mucho regalar un diario. Cuatro o cinco días escribí, el primero de ellos fue el más importante. Dese Vd. por vencedor, ya ha escrito la parte más importante de un diario.

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