Sobre la necesidad de enseñar filosofía

 

El eterno retorno. Volvemos a hablar de la filosofía. De si tiene alguna utilidad y de si debe enseñarse en el Bachillerato. He leído a Antonio Villarreal y estoy de acuerdo con Manuel Toscano cuando plantea que hay un problema de enfoque en su, por lo demás, interesante artículo. Lo de humanizar las ciencias o filosofizar las ciencias no lo veo, sinceramente. Más tarde, gracias al propio Toscano, me encuentro con esta interesante conferencia de Tim Crane, que se chotea, con razón, de lo que algunos grandes científicos entienden por hacer filosofía (le pasa lo mismo a Dawkins cuando larga sobre Dios, que dice paridas sin número) y, para terminar, he leído con interés la entrada de este blog que centra el asunto específicamente en la cuestión de por qué enseñar filosofía a los educandos preuniversitarios.

Por “espíritu” pude terminar estudiando filosofía. Tuve suerte y, pese a cometer muchos errores, no cometí ese. Digo por “espíritu” porque creía que los filósofos eran personas que básicamente se hacían preguntas sobre la manera correcta de hacer preguntas y siempre me gustaron los preliminares de las conversaciones. Por eso no me convence lo de la filosofización o humanización de la ciencia. No sé qué quiere decir eso. La ciencia, como yo la entiendo, es decir limitada a muy pocas disciplinas, es estupenda precisamente porque nos aporta conocimientos intensos sobre parcelas muy concretas de la realidad. Digo la realidad, porque parto de la presunción de que la realidad existe. Es una presunción vital, no me voy a poner a filosofar. No sé qué ventajas extraemos —salvo que hablemos de relaciones públicas— de hacer ciencia filosofando. Mejor dicho, me da que hacer ciencia filosofando es dejar de hacer ciencia. Incluso en el caso de hipótesis científicas que no se pueden comprobar, esas hipótesis pueden considerarse científicas si cumplen ciertos requisitos. Nada le impide a los científicos tener su cajón de hipótesis. Así se hace ciencia, imaginando qué pasa y pensando en cómo probrarlo consistentemente. Lo de la humanización lo veo aún menos. Es como ponerle corbata al friqui y sacarlo a bailar en El hormiguero.

Sin embargo, el problema que tengo con esa conferencia antes enlazada es que sigo sin saber en qué consiste y para qué sirve la filosofía. Hagamos una aproximación grosera, incluyendo disciplinas no científicas. Aunque no sepamos explicarlo bien o fijar sus fronteras con exactitud, solemos saber para qué sirve la física, las matemáticas, la química, la biología, la economía, el derecho, la medicina, la historia, la filología. Lo sabemos aunque no nos dediquemos a ninguna de esas disciplinas. Ya es sospechoso que solo los filósofos —y ni siquiera ellos— sepan para qué sirve la filosofía. En términos prácticos, digo. Ojo, los estudios sobre la poética latina (me lo he inventado, pero fijo que hay algo parecido) tienen una utilidad práctica: sirven para saber cosas de los poemas escritos por tipos que escribían en latín. No estoy hablando con “práctico” de que podamos crear un impuesto, como decía Faraday, ni de los malvados ultraliberales que preocupan a tanto funcionario progresista del ramo de la educación.

Durante muchos años leí mucho sobre filosofía. Más aún, leí muchas obras originales de muchos filósofos. Me gustaba. Había que descubrir qué quería decir el autor con cada palabra y luego intentar encontrar el sentido global de un discurso, y era un reto. Otros se dedicaban al ajedrez, yo leía a Hegel, a Spinoza, a Nietzsche o a Platón. Tiempo perdido, lo digo con acritud. Lentamente descubrí que, descontando aquellas cosas en las que sabemos estaban equivocados, el resto era un discurso sobre el discurso, un flatus vocis permanente.

Así que finalmente tuve que creer a los que decían que filosofar equivalía a ser una especie de tocahuevos. Es decir, convertirse en el tipo que quiere definir todos los términos antes de empezar una conversación y que quiere establecer todas las reglas de esa conversación. Una especie de policía del buen pensamiento.

Pero ¿lo son de verdad? No lo sé, pero yo no lo veo. El hecho de que se dediquen precisamente a eso —habrá muchos, imagino, que no estén de acuerdo— les hace proclives a convertirse en una mafia policial. Todo el día manoseando las palabras y las reglas de conversación los especializan peligrosamente y es fácil caer en el lado oscuro. Esto en cuanto a los buenos, hablemos de los que no lo son tanto.

¿Los licenciados en filosofía que salen de nuestras universidades saben filosofía? Y, sobre todo, ¿le aportan algo a los estudiantes? Aquí tengo que descender a lo particular. Mis profesores de filosofía eran un desastre. Pronto descubrí que no habían entendido nada de lo que repetían y que creían ser profundos porque le abrían la boca a jóvenes ignorantes con malos trucos de magia. Si tuviera que afirmar algo, diría que más que enseñarles a pensar correctamente, las facultades de filosofía les habían enseñado a disimular su mínima capacidad de razonar con algo de profundidad, mediante técnicas de enmascaramiento robadas a malos intérpretes de filósofos famosos. Todo una maskirovka para la vagancia y la ineptitud.

Durante dos años he podido comprobar como esto que me pasó se repetía con la profesora de filosofía de mi hija mayor. Espantoso y ridículo. Las cuestiones y debates que introducía en la clase eran, más o menos, los mismos que padecí, mal pintados con una retórica algo más moderna, y las enseñanzas resultaban igual de penosas, más propias de manuales de autoayuda que de estudios serios. No voy a entrar en detalles, pero he decidido no ayudar a mi hija pequeña cuando le toque pasar por este martirio, para no perjudicarla. Mis consejos, mis opiniones, las cuestiones que le planteaba a mi hija a raíz de los asuntos que iban estudiando y de los textos sobre los que debía reflexionar, solo sirvieron para que su profesora la considerase una especie de rebelde fascista que se salía del modelo establecido; su modelo, claro. Y, además, aderezado con un comportamiento hipócrita y pretencioso que disimula el rechazo por la contestación como si fuera incapacidad para alcanzar la verdad. ¿Enseñar a pensar bien y críticamente? ¿Cómo se hace eso cuando tus propios modelos no resisten el más mínimo cuestionamiento, cuando te quedas sin respuestas a las primeras de cambio?

No pretendo convertir esa experiencia en una prueba de nada. Solo indico que el problema de la filosofía no es que el profesor sea malo, es que el mal profesor de matemáticas sigue teniendo unas matemáticas que enseñar, pero ¿cómo se enseña a pensar bien cuando uno solo ha aprendido a disimular? ¿Enseñar a disimular o enseñar consignas vacías tiene alguna utilidad?

No podemos diseñar un programa educativo basándolo en la creencia casi religiosa de que lograremos encontrar a esos cuasihéroes, maestros maravillosos capaces de extraer de sus alumnos el amor por el rigor a la hora de pensar, por la crítica y por la revisión de las propias opiniones al confrontarlas con las de los demás. Los maestros son personas normales, capaces, si han estudiado algo fácilmente aprehendible, de al menos transmitir esos conocimientos. El buen profesor de filosofía puede que exista, pero a mí me recuerda al mito del Santo Grial.

Para eso, es mejor hacer grupos de debate y obligar a los alumnos a defender posiciones con independencia de sus opiniones. Al menos se adquiere cierta capacidad dialéctica y nadie asume que lo que dices sea cierto.

Naturalmente, puede que esté siendo muy injusto con los que hoy hacen filosofía. De ser así, les agradecería que me explicasen en qué me equivoco. Eso sí, usando un lenguaje común (digo que sea común al que me lo explica y a mí) y mediante una explicación que no ocupe dos o tres volúmenes.

Anticipo que esto …

‘The aim of philosophy, abstractly formulated, is to understand how things in the broadest possible sense of the term hang together in the broadest possible sense of the term’

… no me parece una explicación aceptable.

Una única cosa más. Naturalmente, hay algo mucho peor que filósofos haciendo filosofía: no filósofos haciendo filosofía.

 

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14 comentarios en “Sobre la necesidad de enseñar filosofía

  1. Bueno, de todos modos, no se enseña filosofía, se tiende a enseñar la historia de la filosofía, que no es lo mismo. Yo creo que sí que es útil te enseñen teoría del conocimiento o te presenten preguntas sin solución de las que se llevan preguntando unos cuantos milenos. Si consigues educar la curiosidad de alguno, merece la pena la asignatura. Y, claro, lo que dice ud. Si en la escuela, donde lo que más gusta en el mundo es debatir, encauzamos la discusión con rigor, al menos los chavales tendrán la satisfacción de la victoria con la palabra.

  2. Leyéndole he recordado que Savater decía (cito de memoria) que más que un filósofo se consideraba una especie de profesor de solfeo que enseña la historia de los grandes maestros (en su caso no de la música sino del pensamiento, de Sócrates a Russell).

    Y quizás para eso sirva enseñar filosofía. Podríamos llamarla de “Historia de la…”, qué más da. Soy bastante escéptico sobre el verdadero alcance de lo que se nos enseña en los institutos, pero guardo un recuerdo entrañable de mi profesor de filosofía en bachillerato, en cuya clase quizás sólo aprendí que había habido un Kant, un Spinoza que se habían planteado grandes cuestiones, y que valía la pena acercarse a sus textos. Para qué más.

    Un día mi profesor me invitó a que le acompañara con estudiantes del bachillerato de letras (yo hacía el de ciencias) a la facultad de filosofía. Educadamente le dije que no, porque su asignatura me había convencido de que podía aprender filosofía leyendo por mi cuenta. Imaginen qué buen profesor era.

  3. 1) En primer lugar, no es cierto que la filosofía carezca de un cuerpo de contenidos. Ese cuerpo existe, y muy consolidado, en los temarios de los planes de estudios de los principales países europeos. En España, concretamente, se estructura en dos bloques: Historia de la Filosofía y Filosofía. Esta última abarca los principales campos de la disciplina tal y como fueron fijados en el s. XIX en Alemania y Francia (aunque obviamente actualizados donde corresponde): Lógica, Psicología, Filosofía Moral (Ética y Política) y Metafísica (donde se incluyen Epistemología y Estética). El formato puede variar según los temarios, pero grosso modo se repite.
    En ambos bloques, la filosofía se ocupa de afrontar el temario de un modo “problemático”, no “temático”. Este es su sello distintivo. Así, no hay una Historia de las Ideas, sino una Historia de los Problemas que afrontaron los grandes pensadores. E igualmente, el cuerpo de la materia (el ya citado) pasa revista al planteamiento de problemas clásicos (la relación cuerpo-mente, la organización política del Estado, los límites del conocimiento humano, etc.). Se les llama “clásicos” porque siguen vigentes.

    2) En segundo lugar, podemos abordar la cuestión más difícil de para qué sirve la filosofía, aunque la respuesta a esta pregunta no me parece decisiva en el debate sobre la conveniencia de la enseñanza de la filosofía en secundaria. Sobre todo porque esta cuestión pone en juego la concepción de cada cual, y entramos en el campo de las escuelas de pensamiento, que es diverso y rico. Esto no quiere decir que la respuesta sea relativa o carente de fundamento. De hecho, hay un consenso “socrático” en torno a que la filosofía sirve, al menos, para luchar contra el adoctrinamiento ideológico. Para impedir que nuestras sociedades dejen de ser sociedades abiertas (como es sabido, la filosofía es privativa de sociedades occidentales donde existe diferencia entre espacio público y privado, es decir, donde la razón goza de autonomía para ejercerse). Ese adoctrinamiento no solo procede del fundamentalismo religioso, sino también de las ideologías políticas o de la ciencia elevada a doctrina (vs. método). Para resumir esta postura (y a modo de ejemplo), le dejo este vídeo de Gustavo Bueno. Un cordial saludo

  4. La Filosofía lleva 3000 años perdiendo “competencias” y ha llegado a su final. Ya solo sirve de modo de ganarse el sueldo a profesores de Filosofía y a filósofos que bajo ese título son realmente gurús o santones. Es totalmente adecuado sacarla de la escuela.

  5. Creo que en este asunto convendría separar dos cuestiones: por un lado la necesidad, y por otro la utilidad. No de la filosofía, sino de la asignatura de Filosofía. La necesidad o utilidad de la filosofía como disciplina creo que debe ser discutida principalmente por filósofos. La necesidad o utilidad de la asignatura de Filosofía puede ser discutida también por profesores de Filosofía de Bachillerato. Así que me ocuparé sólo de esto último. Probablemente escriba algo al respecto en el blog, pero creo que puedo apuntar aquí un par de cosas.

    Para no extenderme demasiado, comenzaré diciendo que la asignatura de Filosofía no es necesaria. Necesarias son Matemáticas y Lengua. También Inglés. Lo demás, salvo que me olvide de alguna, no es imprescindible.

    ¿Es útil la asignatura de Filosofía? Probablemente. Si se enseña bien. Algo que, como ya se apunta en la entrada, no está garantizado. Es más, si se enseña mal no es que no sirva para nada, es que es perniciosa, puesto que perpetúa vicios y sesgos y puede usarse para convertir opiniones particulares en verdades incuestionables.

    Otra cuestión es determinar en qué consiste esa utilidad.
    Aquí es más fácil decir en qué no consiste. No enseña a pensar, no genera pensamiento crítico (algo que habría que definir), no nos hace mejores personas, ni menos serviles. Y desde luego no es el pilar que sostiene a la democracia. Todos estos argumentos suelen utilizarse para defender no la utilidad, sino la necesidad de la Filosofía. Y creo que estos argumentos, cuando son usados por filósofos, hacen aún más cuestionable su utilidad.

    Para qué puede servir: para proporcionar los marcos adecuados para cualquier discusión. O para cuestionarlos cuando no son adecuados. Se podría decir como en la entrada, “para preguntarse por la manera correcta de hacer preguntas”. Es decir, no tanto para hacerse preguntas propias de la disciplina -que en buena parte son galimatías: el sentido de la vida, por ejemplo- como para evitar errores al hacerlas.
    También puede servir para detectar argumentos falaces, y para detectar análisis contaminados por factores ajenos a la razón. Para saber, en definitiva, cuándo estamos defendiendo o atacando algo de manera racional, y cuándo lo estamos haciendo guiados por prejuicios, afectos, etc.

    Pero todo esto es algo formal. ¿Hay conocimientos materiales útiles para los alumnos de Bachillerato dentro de la Filosofía? Es decir, ¿es útil que los alumnos de Bachillerato conozcan el eterno retorno, la caverna de Platón o el concepto de dualismo? Aquí habría que especificar, pero creo que sí y no. Algunos de esos conocimientos son útiles (los conceptos, por ejemplo) y otros son prescindibles. Cuando explicas a Nietzsche, por ejemplo, los alumnos suelen prestar atención, pero eso no quiere decir que sea útil. Cuando explicas a Wittgenstein ocurre lo contrario. Y luego hay autores como Spinoza, que a mí me parecen fundamentales, que no se explican. Lo que no tengo tan claro es que sean realmente fundamentales. Lo que dice Spinoza sobre la servidumbre de los afectos ya está siendo desarrollado por los científicos. Así que imagino que será más útil enseñar las demostraciones científicas de lo que Spinoza atisba que explicar lo que decía el propio Spinoza.
    Y ésta es otra cuestión importante: aun aceptando que sea útil, o que pueda ser útil, estamos hablando de un curriculum educativo. Es decir, hay un coste de oportunidad. Introducir Filosofía en Bachillerato supone eliminar otras asignaturas o reducir las horas. Puede que todas sean útiles, pero habrá algunas que sean más útiles que otras. Hay que elegir. Y ahora la asignatura de Filosofía ha perdido peso en Bachillerato. También se podría discutir sobre la utilidad de sus alternativas, pero eso sería desviar el debate.
    En resumen: no creo que la Filosofía sea necesaria; creo que es útil; no sé si esa utilidad es suficiente para exigir su presencia en el curriculum.

    Y con esto llego a un tercer punto, que es el que me parece realmente problemático: la exclusividad. Si la asignatura de Filosofía es útil, y si los beneficios que proporciona al alumno son exclusivos de esa asignatura, tal vez podríamos decir que es necesaria. O al menos, podríamos justificar su presencia en Bachillerato. Pero no tengo tan claro que la función de la que hablaba en mi post sólo pueda darse mediante la asignatura de Filosofía. Lo que sí tengo claro es que muchas veces la asignatura de Filosofía no cumple esa función. En 2º de Bachillerato el objetivo principal es muy diferente, viene determinado por la prueba de Selectividad. En 1º sí puede darse, pero como decíamos antes, no está garantizado.
    ¿Se puede garantizar? Yo creo que no. Y éste es un punto débil de la asignatura. Como se apunta en esta entrada, un mal profesor de Matemáticas va a enseñar Matemáticas con mayor o menor éxito, pero no se va a salir de ahí. Transmite conocimientos casi sin querer. Un mal profesor de Filosofía, en cambio, no sabemos qué va a enseñar. Puede enseñar las tonterías más grandes. Puede dedicar una o varias tardes de la semana a “relajación”, es decir, a apagar las luces para que los alumnos duerman o se relajen.
    El profesor bueno, por otra parte, seguramente despierte el interés por su disciplina y por las cuestiones y autores propios de esa disciplina. Pero si hubiera una asignatura de Cine, el profesor bueno haría lo mismo con las películas y autores más relevantes. Y lo mismo con el Arte o la Literatura. Así que tiene que proporcionar algo más, y tiene que hacerlo además de manera exclusiva.
    Por poner un ejemplo, si suponemos que es útil que los alumnos conozcan qué es un dilema ético, ¿es la asignatura de Filosofía la única manera de hacer que lo conozcan? ¿Sería igual de eficaz explicar qué es un dilema y hablar de escuelas éticas que leer Los Justos y comentarlo en clase? ¿Sería diferente ese comentario si el profesor fuera de Literatura en vez de Filosofía?
    Otro ejemplo: ¿Es necesario que los alumnos conozcan el Holocausto? ¿Es suficiente con que conozcan el hecho histórico? ¿Se puede transmitir otra cosa que no sea el hecho histórico?

    Bien, no sé si todo esto sirve para aclarar algo el asunto. Pero sí sé que ya he escrito más de lo que me había propuesto.

  6. Quizás los que deberían aprender filosofía sean los profesores (de ciencias principalmente), en lugar de hacer de ella otra asignatura.

  7. Con su permiso, don Tsevan.
    No he leído el texto de Antonio Villarreal, así que pido disculpas si repito alguna idea.
    Y la idea principal es: cualquier disciplina desarrollada con rigor y profundidad se convierte en filosofía.
    Eso conduce a algunas paradojas. La filosofía tiene y no tiene valor. Tiene valor, porque el físico o el artista de talento acabarán haciendo filosofía de la física o del arte. No tiene valor, porque el filósofo acabará haciendo filosofía de la filosofía, que es lo que estoy haciendo ahora: una completa inutilidad.

    Respecto a la necesidad de enseñar filosofía en el bachillerato, entiendo lo siguiente:

    La asignatura de filosofía en el bachillerato debería servir para que el alumno se enfrente de manera crítica a las demás asignaturas. Un profesor de filosofía debería hacer que sus alumnos se cuestionasen el porqué de la literatura o la física. No solo se trata de que comprendan las cosmovisiones que hay detrás de tal o cual teoría física o económica, de tal o cual corriente artística o literaria, sino de hacerles ver la conexión profunda entre todos esos productos culturales. Eso es algo que no puede hacerse desde cada una de las demás asignaturas por separado, básicamente por falta de tiempo.

  8. Añadiré algo.
    Vd. no ha necesitado que alguien le explique la conexión profunda entre las artes, las ciencias, las letras, la política, la historia, el fútbol, la técnica, el periodismo, la paternidad, la mecánica del automóvil, el cabaret, etc., porque probablemente es un genio (lo digo sin ironía), o por lo menos un bombilla, y lo comprendió o lo intuyó desde muy joven. Pero la mayoría necesitamos que alguien nos lo revele. Quien no descubre a tiempo (o nunca) esta conexión suele convertirse en un pésimo profesional y en un infeliz. Lo segundo importa menos, claro.

  9. Artículo lamentable. Sin argumentos. Lo de sus hijas, penoso. Es más, no creo que usted haya leído nada de filosofía. Mucho postureo.

  10. Tras mi experiencia, lamento dar la razón a este artículo. Apenas he terminado mi primer curso de bachiller y casi desde el primer día, supe que mi profesor de filosofia no era capaz de explicar el temario.
    Pronto empecé a hacer preguntas que este hombre era incapaz de contestar e incluso, sin que fuera mi intención, lo deje en ridículo rebatiendo una de sus desafortundas explicaciones cuando apenas llevabamos tres meses de curso.
    Sentí que no tenía nada que enseñarme porque se limitaba a leer los apuntes que nos dicta y a poner malos ejemplos.
    En definitiva, pienso que la asignatura de filosofía es una perdida de tiempo sin un profesor en condiciones y sería ideal que fuese optativo desde el primer momento.

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