Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (II)

 

DÍA DOS

Sherezade contaba cuentos al sultán para evitar su decapitación. La idea es excelente. Si fuera un autócrata la utilizaría con profusión. Haría una especie de diwan y llamaría, por ejemplo, a El Roto. Le diría: “voy a ordenar que te corten la cabeza de un tajo, a menos que seas capaz de hacer una viñeta que me haga gracia. Te aviso: no me ha hecho gracia ninguna viñeta tuya hasta hoy. Venga, tienes diez minutos”. Imagino al hombre, intentando salir de ese mundo personal insondable para salvar la vida. Ojo, serían cosas de autócrata, pero no de autócrata arbitrario. Si el tipo es capaz de hacerme gracia, le dejaría con su cabeza. Incluso sin necesidad de lograr algo inconcebible en El Roto: que me hiciera gracia y a la vez me hiciera reflexionar sobre algo. Sería duro, pero justo. A Almodóvar le daría cinco semanas, que es el tiempo que siempre aparece en donde aparecen los comentarios sobre cine cuando se cuenta lo que tarda alguien en rodar una peli. “Almodóvar, estoy hasta los huevos. Haz la peli perdida de Howard Hawks o te degollará mi verdugo”. No voy a poner más ejemplos. En algunos coincidiríamos todos y en otros no, pero coño, acaso no soy yo el autócrata.

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3 comentarios en “Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (II)

  1. Tsevanrabtan, me sabe mal despertarle, pero en el contrato lector del día uno habíamos quedado en que Sherezade era usted.

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