La hemeroteca, dice.

 

Veo este tuit …

… y pienso en lo contentos que están algunos de descubrir América. Y me pregunto, ¿Franco qué pinta ahí?

Luego sigo el enlace y descubro dos cosas:

La primera es que esta gente considera que hay algo en común entre las obras que inaugura un autócrata (aunque fuera el nuestro) y las que inauguran gobernantes democráticos. Como si a Franco le importasen las elecciones. Las inauguraciones de Franco, claro que se relacionaban con la imagen que el régimen quería dar, pero de tener similitudes, las tendrían con las de Pinochet, o Honecker o Castro o el norcoreano. Poner a Franco y después a Suárez o a González o a Aznar o a Pujol o a Rajoy es simplemente una puta infamia propia de gente que quiere relacionar a un dictador con gobernantes democráticos y así echarles un poco de mierda encima. En particular, claro está, a Rajoy, que es el único de los que ahí aparecen que ahora se presenta a unas elecciones.

La segunda es que no se han debido de enterar de que el problema del uso electoral de las infraestructuras (y, en general, del gasto), que es de lo que se supone que hablan, no es propio de las dictaduras, ni de España: es propio de todas las democracias del mundo.

Y no hay que ser un lince para saberlo.

Hay, literalmente miles de artículos y de trabajos académicos que lo analizan.

A modo de ejemplo:

The paper studies empirically the fiscal policy instruments by which governments try to influence election outcomes in 24 developing countries for the 1973–1992 period. The study finds that the main vehicle for expansionary fiscal policies around elections is increasing public expenditure rather than lowering taxes, and public investment cycles seem particularly prominent. Institutional mechanisms which constrain discretionary expenditure policies and which strengthen fiscal control are therefore worthwhile considering to prevent opportunistic policy making around elections.

O este:

Policy makers in democracies have strong partisan and electoral incentives regarding the amount, nature, and timing of economic-policy activity. Given these incentives, many observers expected government control of effective economic policies to induce clear economic-outcome cycles that track the electoral calendar in timing and incumbent partisanship in character. Empirics, however, typically revealed stronger evidence of partisan than of electoral shifts in real economic performance and stronger and more persistent electoral and partisan shifts in certain fiscal, monetary, and other policies than in real outcomes. Later political-economic general-equilibrium approaches incorporated rational expectations into citizens’ and policy makers’ economic and political behavior to explain much of this empirical pattern, yet critical anomalies and insufficiencies remain. Moreover, until recently, both rational- and adaptive-expectations electoral-and-partisan-cycle work underemphasized crucial variation in the contexts—international and domestic, political and economic, institutional, structural, and strategic—in which elected partisan incumbents make policy.

Por otro lado, es de cajón. Y solo he hecho un par de búsquedas a lo bruto. No les digo si la búsqueda la hace alguien que sepa del asunto.

Además, no hace falta ir a los artículos académicos o libros. Aparece en la prensa constantemente y en países tan poco avanzados como Canadá o Australia. Y, a veces lo hace en dirección contraria a lo que aquí es común. En Estados Unidos, por ejemplo, el problema es el de que nadie está dispuesto a apostar por invertir en unas infraestructuras muy deterioradas.

Lo dicho, descubren América y la llenan de mierda.

 

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3 comentarios en “La hemeroteca, dice.

  1. Parece que hay periodistas que no necesitan que las empresas de comunicación les den instrucciones para meter la pata. Ya vienen de casa sin saber pensar…

  2. “Desde los tiempos del anterior jefe del Estado, el General Franco, la inauguración de obras ha sido una constante por parte de los políticos de todos los partidos”

    Por lo visto, ni en la II República, ni en la Dictadura de Primo de Rivera, ni en la monarquía parlamentaria de Alfonso XIII, había inauguraciones de obras por parte de los gobernantes de turno. Igual que no había pantanos, todos los puso Franco.

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