La verdad por decreto

 

Leo este artículo sobre este anteproyecto de ley en el que se dice esto, por ejemplo:

Artículo 1. Objeto y finalidad. El objeto de esta Ley es el establecimiento de políticas públicas para la recuperación de la Memoria Democrática de Andalucía y velar por la salvaguarda, conocimiento y difusión de la historia de la lucha del pueblo andaluz por sus derechos y libertades durante la Segunda República, la Guerra Civil, la dictadura franquista y la transición a la democracia hasta la entrada en vigor del primer Estatuto de Autonomía para Andalucía, con la finalidad de garantizar el derecho de la ciudadanía andaluza a conocer la verdad de los hechos acaecidos en este período, así como la protección, conservación y difusión de la Memoria Democrática como patrimonio histórico y cultural de Andalucía al amparo de lo establecido en el artículo 10.3.24º del Estatuto de Autonomía para Andalucía.

O esto:

Artículo 3. Derechos. Son derechos inalienables de la ciudadanía andaluza: a) El derecho a conocer la verdad de la historia de la lucha del pueblo andaluz por sus derechos y libertades, y especialmente de las circunstancias y los motivos que llevaron a la perpetración de crímenes relacionados con la violación sistemática de los derechos humanos, en el período que abarca la Guerra Civil y la dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución española de 1978.

Y esto:

Artículo 4. Definiciones. A los efectos de esta Ley, se entiende por: a) Memoria Democrática de Andalucía: el derecho individual y colectivo del pueblo andaluz a conocer la verdad, de lo acaecido en su lucha por sus derechos y libertades democráticas en el período que abarca desde la Segunda República hasta el logro de la autonomía en Andalucía,

Y esto:

Artículo 21. Lugar de Memoria Democrática de Andalucía. Lugar de Memoria Democrática de Andalucía es aquel espacio, inmueble o paraje en el que se hayan desarrollado hechos de singular relevancia vinculados con la represión y violencia sobre la población como consecuencia de la resistencia al golpe de estado de 1936, la dictadura franquista y por el sostenimiento de los valores democráticos hasta alcanzar la autonomía en Andalucía, y que haya sido inscrito en el Catálogo de Lugares de Memoria Democrática de Andalucía que se regula en el artículo 23.

Artículo 22. Sendero de la Memoria. 1. Sendero de la Memoria es el conjunto formado por dos o más Lugares de Memoria Democrática de Andalucía que se encuentren uno a continuación de otro y tengan criterios interpretativos comunes de carácter histórico, paisajístico o simbólico, o valores relevantes de tipo ambiental, etnográfico o antropológico.

Qué desastre. Políticos y administraciones estableciendo la “verdad histórica”.

Sobre esto escribí hace tiempo algo. Lo recupero:

Básicamente conocemos lo que sucedió en España durante los primeros cincuenta años del siglo XX. Siempre puede aparecer un trabajo que dé luz a algún dato desconocido (pero no es posible que sea importante) o que intente una aproximación diferente (pero lo será ligeramente).
 
Ahora pensemos en ese conjunto algo amorfo de medidas, iniciativas, comentarios, trabajos, opúsculos, leyes, que se refieren a lo que se llama “memoria histórica”. Daré por sentado que estamos de acuerdo que ese conjunto se refiere a lo que se ha llamado “víctimas del franquismo”, durante y después de la Guerra Civil. Y ello pese a que la desvergüenza de ese vendedor de crecepelo llamado Garzón, siempre atento al punto cardinal en el que amanece en cada época, haya añadido un “anexo” con las víctimas de las sacas republicanas de Madrid.
 
¿Para qué sirve? No desde luego para enjuiciar a nadie. Y no sólo porque los autores estén muertos en su mayoría y su enjuiciamiento, tantos años después, resulte prácticamente imposible, o porque la legislación aprobada en la transición suponga un obstáculo insuperable, sino porque la prescripción, como los peces de la mar océana, ha hecho su trabajo. Y las vueltas sobre la existencia de un genocidio, para defender la perseguibilidad, son, a mi juicio, construcciones forzadas para justificar el uso de los recursos extraordinarios que puede movilizar un juez de instrucción.
 
No creo que su finalidad fundamental sea localizar los restos. En un asunto así, generalizar es muy peligroso, pero, por las razones que diré, pienso que la mayoría lo que quiere, en realidad, es mostrar los restos, exhibirlos, para conseguir un objetivo que piensan es legítimo (y creen que todos debemos compartir) y que es el objeto de esta entrada. No obstante, si se tratase únicamente de esto, el asunto no tendría la relevancia que ha alcanzado y podría ser resuelto (y en parte lo ha sido) disponiendo medios para ello, siempre que los herederos estuviesen de acuerdo.
 
Tampoco parece que debiera servir (salvo en el sentido al que luego me referiré) para homenajear o reivindicar a las víctimas. Algo así reclama al individuo concreto. Me explicaré. La justicia o injusticia de las causas es independiente del comportamiento individual. Se puede debatir sobre los orígenes de la guerra, sobre los sucesos de 1934, sobre las elecciones de 1936, sobre las intenciones de socialistas y comunistas, sobre el golpe de estado y las intenciones de los golpistas, sobre la barbarie del bando golpista, sobre la del republicano, sobre los crímenes posteriores a la capitulación. Pero eso no nos dice nada sobre el comportamiento, sobre quien fue aquél cuyos huesos son desenterrados. Se espolvorea la acción global con menciones a historias que pretenden servir de ejemplo, pero que, por definición, son falsas como tal. Porque el valeroso, moral, e inocente hombre que resulta de unas cartas añejas escritas en prisión, es un hombre individual, no un arquetipo del combatiente republicano. Cualquier esfuerzo por descubrir la verdad nos lleva al inútil intento de comprender todas las acciones de todos los hombres y juzgarlos uno a uno, incluyendo a sus descendientes, que, a menudo, obtienen una pátina, una especie de comodín moral, que no nos dice nada sobre sus auténticos motivos, que pueden ser intelectual y éticamente espurios. Y, en cualquier caso, ésa es tarea de cada uno, si quiere abordarla, y no del Estado.
 
Por fin llego al lugar que me interesa y que planea sobre los otros, falsos o secundarios, motivos. Para dar mi opinión me gustaría recordar a Maurice Halbwachs. Era sociólogo, de la escuela de Émile Durkheim, un hombre muy influido por Bergson. Murió en Buchenwald. Le habían detenido por protestar por la detención de su suegro judío.
 
Tras la guerra, se reunieron una serie de textos, que se extendían por más de veinte años,  y que hablaban de la memoria colectiva. Aquí pueden encontrar un buen resumen y leer la traducción realizada por el profesor Vicente Huici Urmeneta de “La memoria colectiva y el tiempo”.
 
La memoria colectiva, para Halbwachs, es antihistórica, ya que prescinde de la complejidades. No valora los comportamientos de todos los agentes, las dificultades surgidas de considerar operaciones complejas, comportamientos complejos, motivaciones complejas, moralidad compleja. Cualquier análisis serio precisa una operación de digestión de la ambigüedad. Y, sobre todo, exige, si pretende ser histórico, partir de la historicidad de los acontecimientos, del momento en que tienen lugar, y de la no persistencia de sus agentes. Sin embargo, la memoria colectiva es simplificadora en un sentido pernicioso. Debe ser limpia, neta, perfectamente perfilada, sin gradaciones. Los “objetos” de la memoria colectiva están presentes y deben poner de manifiesto verdades eternas. Ésa es la razón de su éxito, porque son un elemento aglutinador, definidor del grupo; un apoyo para la identidad colectiva. La memoria colectiva existe y es un elemento histórico porque puede servir para explicar los acontecimientos.  Pero no por eso es cierta, en el sentido de que exprese la realidad de lo recordado.
 
Hay otro elemento fundamental para Halbwachs: la memoria se escoge.  Naturalmente, no se trata de defender que exista algo parecido a un sujeto colectivo que voluntaria y conscientemente asume un mensaje simplificado que se adapta a sus necesidades presentes. Sin embargo, Halbwachs afirmará que es importante nuestra capacidad de mimetización, de seguir ejemplos de personas “relevantes” y, sobre todo, de asumir mensajes institucionalizados que triunfan si se ajustan a nuestros vicios, a nuestras virtudes, a nuestros intereses.
 
Creo que presenciamos un esfuerzo en ese sentido. Las motivaciones accesorias para  el proceso de memoria histórica no dejan de ser la justificación de un proceso de institucionalización de nuevos paradigmas que unos cuantos quieren introducir en la memoria colectiva.
 
Puede que ese proceso sea bienintencionado en el caso de muchas personas.
 
Tengo muchas más dudas en el caso de los partidos de izquierdas y en el del Gobierno. En el caso de los primeros, la idea de que su pasado puede definirse por una motivación básica, la búsqueda del amejoramiento de los humildes y de la justicia social, a pesar de sus errores transitorios, de forma que las chekas, el gulag, los genocidios (Ucrania, Camboya), el terror, las matanzas de millones de personas, la ausencia de libertad, no son resultado (y ni siquiera puede plantearse la ecuación) de un defecto estructural en su modo de ver el mundo. Excluyendo por cierto el camino más sensato: precisamente el de no asumir la memoria de los partidos de izquierda (siempre que se renuncie a las políticas totalitarias) e intentar hacer política hoy. En el caso del Gobierno, el oportunismo político contra los “herederos” del franquismo, el PP, es indudable, a pesar de todos las protestas de honestidad.
 
Porque se pretende que la inmediatez material de los huesos y la tierra de las cunetas afirme eso. Que hay dos bandos y uno es básicamente bueno y el otro básicamente malo. Por eso es tan poco oportuno recordar el terror en la zona republicana.
 
Y cuando se habla de bandos lo implícito no es tanto una comparación entre regímenes, sino entre personas. El hincapié en los restos de las víctimas, setenta años después, se convierte en un remedo de la persecución medieval de reliquias. Objetos que nos hacen buenos, justos, víctimas vicarias, igual da cómo fueran y cómo seamos. Se pretende, en suma, cargando de razón una visión infantil de la vida, fijar en mármol una verdad eterna. Una de las consecuencias actuales es que los descendientes de los que ganaron sean los de derechas, porque ellos no han absorbido la bondad de las víctimas del bando perdedor. Y de esa forma, la responsabilidad en los crímenes  tiene que ver con defender cierta ideología, conservadora, de derechas. Así, si tu padre fue un franquista torturador pero tú estás afiliado al PSOE, ese acto te libera de la mancha, pero si lo estás al PP, eres un heredero del franquismo.
 
Igual que resulta injusto considerar que este PSOE, por una cierta continuidad en las siglas y dos o tres detalles biográficos, es heredero del gulag, también lo es hacer lo propio con el PP. Pero se hace. Así es la memoria colectiva. Y al margen de las pequeñas (en el peor sentido de la palabra) razones de algunos, la verdad es que se impondrá, porque durante muchos años se quiso imponer una visión falsa del mundo, de las cosas. Ahora se trata de hacer lo mismo, pero cambiando de paisaje.
 
El péndulo funciona. No tiene nada que ver con la verdad, ni con la justicia. Es como esas enormes manadas de animales por el Serengueti.
 
Por eso, si fuera un cobarde y por no salir aplastado, terminaría esta entrada recordando, sin venir a cuento, que Franco dio un golpe de estado contra el gobierno legítimo, y que su régimen fue criminal, autoritario y liberticida, para que así no me confundan con un simpatizante del franquismo.
 
Por eso no lo haré.

4 comentarios en “La verdad por decreto

  1. Un país civilizado no debería tener gente enterrada en las cunetas. Cualquier excusa como “la verdadera intención no es recuperar los restos sino mostrarlos, etc” no es más que una opinión muy subjetiva y probablemente demasiado audaz. El estado tiene la obligación moral de sacar a esa gente de las cunetas y darles una sepultura digna, no hay mucho más que discutir al respecto.

    La guerra civil fue una guerra y como todas las guerras fue esencialmente una serie de hombres matando a otros hombres y a mujeres, y violando a muchas mujeres por una serie de ideas, probablemente estúpidas. El consenso público en cualquier lugar del extranjero es que los golpistas fueron los agresores (apoyados además por el fascismo italiano y el nazismo alemán, con el que después colaboraron). En España las opiniones son más matizadas porque geográficamente nos “atañe” más.

    No me anima mucho el concepto de verdad histórica ni el de verdad “actual” tampoco. No creo que nuestro padre el estado deba decirnos que opiniones tenemos que tener sobre hechos pasados y presentes. Los delitos de apología del terrorismo y negación del holocausto me parecen excesos del estado: Ya soy mayorcita para saber que cuando alguien justifica a ETA ese alguien es un gilipollas, sin necesidad de que el estado lo meta en la cárcel para hacerme ver que no tiene razón, como si fuese tonta. Preocúpate de proveer servicios públicos, evitar que me metan mano en el metro y hacer que la economía genere empleo, ese es tu trabajo, no decirme que tengo que pensar sobre Hitler, ETA, el GRAPO, Franco o la guerra civil, ya sé lo que tengo que pensar sobre todo eso, no soy ninguna imbécil. Sin embargo, me temo que es “lo que hay”. Sobre ciertos temas el estado suspende el debate y nos dice que tenemos que pensar (o al menos nos marca la línea de lo que no podemos decir). Me parece erróneo pero tampoco lo veo un drama.

    El texto que presentas es un texto bastante normal por ahí. Seguro que en Alemania hay muchos así y en Serbia, si alguna vez se unen a la UE, también los habrá. Y probablemente a la mayoría de la gente le importen una mierda y les preocupen temas más “banales”, como tener un empleo o el sistema de salud. Temas para los que, por cierto, nuestro padre el estado cada vez tiene peores respuestas aquí en Europa. Paradójico, ¿verdad?

  2. Esos artículos me parecen fascismo más propio de Corea del Norte que de un país civilizado. ¿Cómo que “la verdad”? ¿Cuál es esa verdad? ¿La que ellos digan? ¿Qué pasa con los andaluces que lucharon en el bando Nacional? ¿Ellos no participaron de la lucha del pueblo andaluz por sus derechos y libertades civiles? Por otra parte, los que lucharon en el bando republicano, ¿lo hacían por esos derechos o por establecer una dictadura de otro color pero que seguramente hubiera sido bastante más represora y sangrienta?

    Y qué me dicen de la redacción. La sintaxis y gramática es absolutamente inadmisible en un texto como ese, por muy anteproyecto que sea pero, es que ni siquiera se han planteado que dicen lo contrario de lo que quieren decir. Cuando afirman “y especialmente de las circunstancias y los motivos que llevaron a la perpetración de crímenes relacionados con la violación sistemática de los derechos humanos”, ¿es que hubo circunstancias y motivos que llevaron a …? Si hubo motivos, explíquenlos, que por ellos explicarán también los crímenes y se quedarán a un paso de justificarlos. Menudo montón de mierda.

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