Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (VII)

 

DÍA SIETE

Hay gente que siempre coge caramelos. Me refiero a esos de cortesía que hay en las consultas de los médicos o en tu banco de confianza o en las recepciones de los hoteles o en cualquier sitio aburrido en el que haya caramelos en cuencos. Esa gente no es de fiar. En particular los que cogen los caramelos a pares. “Para luego”, dicen algunos, encima. ¿Se han dado cuenta de la atracción patológica por lo gratuito? Conozco a un abogado laboralista que, cada vez que va a la secretaría de un juzgado, pilla un buen taco de folios. Lo hace delante de los funcionarios, disimulando lo justo. Incluso peleas he presenciado cuando se trata de coger algo gratis. En cierta ocasión, el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid, puso, en plena Castellana, un montón de stands, o como se llame eso lleno de gente sonriente, en los que se promocionaba no sé qué relacionado con el turismo de no sé dónde. El caso es que en los tenderetes esos daban regalos. Sombreros, chuches, gilipolleces varias. Allí vi como dos ancianos, ambos elegantemente vestidos, se liaban a hostias. Estaban en una cola para obtener unas almendras garrapiñadas. Tengo tirria a las multitudes. Siempre creo que alguien me va a intentar pegar para conseguir primero algo que no es suyo.

Un comentario en “Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (VII)

  1. Todo lo que se paga con dinero es gratis, si ese dinero se ha obtenido de forma gratuita. Todo lo que no se paga con vida, es gratis.

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