Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (X)

 

He contado a menudo que, durante muchos años, “hice” pseudoestudios de música en el conservatorio de Madrid. Compraba un sobre de matriculación, ponía una foto en el carnet que venía dentro y rellenaba mis datos. Sin ningún sello, ese carnet incompleto (tentativa inidónea, permítanme el detalle de humor) me sirvió para asistir a todo tipo de clases y para conseguir centenares de entradas gratis para conciertos de toda índole. Así pude escuchar a las mejores orquestas y solistas del mundo durante los años en los que sí me matriculaba en la Facultad de Derecho. No me negarán que la cosa tiene su gracia: no asistir a las clases en las que sí estás matriculado, pero no (al menos, no solo) por apatía por el estudio, como lo demuestra mi asistencia a clases en las que no estaba matriculado. Incluso algún examen llegué a hacer, a modo de experimento, con resultado excelente, según mi autocorrección.

Hay, por ahí, ya ustedes saben, una teoría de los “universos fecundos”, un invento de un físico llamado Lee Smolin. En su novela de género, los universos compiten en cierta medida por los recursos disponibles. En uno de ellos, un Tsevan menos absurdo, no solo compra el sobre, sino que paga la matrícula, se deja coleta, pide que baje el IVA cultural y toca el djembé.

Su blog se llamaría “contrapunto” o alguna mierda así.

No vean lo mal que ya me está cayendo el sujeto ese.

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4 comentarios en “Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (X)

  1. Pues si sin sello asistió usted a centenares de conciertos, imagínese a cuántos hubiera podido ir si hubiera conseguido ese tamponazo: quizá miles o decenas de miles. Hubiera amortizado el precio de la matrícula de sobra. Yo creo que le hubiera compensado.

    Está bien lo del djembé, pero el instrumento verdaderamente anti-iva cultural y al que mejor le queda una coleta (sin lavar al menos un semestre, por supuesto) es el didgeridoo ese. Además, con él hubiera hehco unos excelentes ejercicios de respiración que le hubieran venido muy bien, dado que hubiera tenido que vivir del aire.

  2. Una vez estuve a punto de matricularme en Filología Bíblica Trinligue por el acceso al aparcamiento universitario. Rentaba, oiga, rentaba.

  3. En esa carrera se hubiera notado demasiado que no aparecía usted por allí. Los catedráticos le hubieran esperado con ansiedad todos los días: “¿Vendrá hoy EL alumno? De todas formas, en esa carrera es posible que hubiera tenido usted de profesor a D. Antonio Piñero. Le aseguro que le hubiera rentado mucho más de lo esperado.

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