Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XI)

 

Hace mucho que soy partidario de las putas. De las putas y no de los putos, porque no he conocido ningún puto y sobre ellos no tengo opinión. Putas sí he conocido, unas cuantas. Lo reconozco, he conocido putas por razones profesionales y sociales. No hablo metafóricamente. Como bien saben, soy abogado y me vendo. Es decir, vendo mis servicios. En alguna ocasión he vendido mis servicios a alguna puta. También he conocido algunas por razones sociales, como he dicho. Viví un par de años en un edificio de apartamentos en el que algunas de mis vecinas también laburaban en ese sector económico. Eran amables, solícitas y simpáticas. A través del patio de luces, desde el salón de mi apartamento, se las veía trabajar. Se las entreveía, en realidad, sombras chinescas mientras cae la lluvia.

(Al salir del ascensor me encontré con un amigo que empujaba una silla de ruedas. En ella su hermano. Un hermano lleva a otro de putas.)

De entonces proviene mi favorable opinión. Sobre las putas, claro. De los putos no tengo opinión, ya que  no he conocido ninguno.