Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XV)

 

¡Odio el acordeón! ¡El ruido que produce el acordeón! Era, por cierto, el instrumento musical favorito de mi padre.

Mi padre era un tenor magnífico. Vi —lo juro— a hombres y mujeres llorar después de escucharle cantar alguna romanza de zarzuela o alguna jota. Mi padre era camionero. Cantaba muy bien, pero le gustaba el acordeón. No me pregunten cómo es posible, porque lo ignoro.