Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XV)

 

¡Odio el acordeón! ¡El ruido que produce el acordeón! Era, por cierto, el instrumento musical favorito de mi padre.

Mi padre era un tenor magnífico. Vi —lo juro— a hombres y mujeres llorar después de escucharle cantar alguna romanza de zarzuela o alguna jota. Mi padre era camionero. Cantaba muy bien, pero le gustaba el acordeón. No me pregunten cómo es posible, porque lo ignoro.

 

 

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5 comentarios en “Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XV)

  1. Mi abuela paterna tocaba el acordeón y se llamaba, quizás por eso, María Cruz. Yo nunca le oí tocar pero cuentan que, de joven, animaba con él guateques y francachelas. El acordeón es un instrumento viejuno; centroeuropeo, pero viejuno. A mí siempre me trae imágenes de jóvenes nazis bebiendo jarras de cerveza unter der linden, no sé bien el porqué.

  2. Hay un hijo del acordeón que nació en Europa pero emigró a la Argentina. He oído tocar esos instrumentos de formas que, a mí por lo menos, me impiden odiarlos…

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