El área 51

 

He estado entrando y saliendo durante años del Colegio del Pilar de la calle Castelló de Madrid. No por vicio, sino porque iba a llevar y recoger a mis dos hijas. Nunca me preguntaron dónde iba.

Hoy veo que no dejan entrar a Jordi Évole. No creo que sea por las cámaras. Yo tengo grabadas funciones escolares y tampoco nadie me dijo: “eh, ¿dónde va usted con esa cámara?”.

Tampoco creo que sea por la extracción social de Évole. Los progenitores varios que conocí en esa época eran de todo tipo: sí, había un fiscal de sala de gordo tribunal, un alto ejecutivo londinense o un notario, y también un churrero, un portero de finca urbana y un ebanista, así a bote pronto. Mucho funcionario y mucho profesional liberal. Y más de un padre inmigrante. Évole no habría llamado la atención. Yo creo que incluso habría encajado en las reuniones de padres. No vean la de chorradas que uno escucha en esas reuniones.

Así que la oscura razón por la que no han dejado a Évole entrar en el colegio ha de ser otra.

Solo se me ocurren dos. Una, que a los que allí trabajan y a los padres de los niños que acuden a ese colegio, no les haga gracia la barata, añeja y, hoy, falsa imagen clasista. La otra posible razón es que realmente exista algún tipo de concilio supersecreto dirigido a gobernar el mundo del que no tengo ni idea, pese a la decena de años entrando y saliendo de allí.

Todo es posible. Por suerte, la tele nos contará la verdad.