Quien roba a un ladrón

 

Escucho a gente que se escandaliza por el hecho de que los partidos secesionistas, a través de la presidenta del parlamento catalán, estén pensando en saltarse el reglamento de la cámara autonómica.

También escucho argumentos sobre si los partidos secesionistas tienen o no mayoría, y sobre qué votos deben contarse a favor o en contra de la secesión, tras las elecciones.

Es francamente asombroso cómo se ha comprado el discurso de los que se están saltando la ley y están iniciando un golpe de estado.

No es que vea mal resaltar las contradicciones de los secesionistas. Veo mal que construyamos el discurso sobre esas contradicciones sin recordar a cada momento que todo esto, todo, es antidemocrático, inconstitucional y, por tanto, ilegal.

El último ejemplo de esta posición corta de vista es el asunto del filibusterismo del PP, aplaudido por los que se oponen a las glorias deportivas de los chiflados de Junts pel Sí y la CUP. Dos partidos con mayoría absoluta proponen discutir una resolución grosera y manifiestamente ilegal, inconstitucional y antidemocrática (pues es antidemocrático lo que se aparta de la ley democrática) y en vez de responder a esa conducta, ya inadmisible, con la LEY, se apuesta de entrada por el reglamento. Lo que es admisible en el caso del estado autoritario (usar las rendijas de la apariencia de derecho contra el régimen) es penoso en el caso del estado democrático. No porque no sea legal, sino porque no es proporcional. Cuando renuncias a tus instrumentos legítimos empiezas a admitir que puede que no lo sean realmente.

Sí, la respuesta proporcional no es la respuesta mínima.

Llegados aquí, ya no hay que perder un minuto más haciendo política con los que están rompiendo los cimientos de nuestra casa.

Si se hace, me temo, es porque puede que no haya una mayoría a favor de la secesión catalana en España, pero no tengo tan claro que haya una mayoría que defienda el cumplimiento de la ley de manera radical y profunda, asumiendo las consecuencias que esta posición puede producir en la personal cosmogonía que confunde procedimiento con procedimiento para que se haga lo que más me gusta.

Los catalanes no son diferentes del resto de los españoles en nada. Tampoco los catalanes secesionistas. Las mayorías catalanas son, en realidad, fácilmente extrapolables.

Basta con recordar que una mayoría de catalanes muy amplia, según las encuestas, cree que los catalanes y solo los catalanes deben decidir sobre algo que nos incumbe a todos los españoles: el destino de Cataluña.

La ley como artimaña. Ese es nuestro problema.

Hay demasiados filibusteros en nuestro país. Quien roba a un ladrón es otro ladrón.

 

 

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Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XX)

 

El sábado estuve comprando en Usera. Fui a una pastelería estupenda a la que voy cada cuatro o cinco años o así y en la que siempre me encuentro una gran cola de lugareños. Me pregunto por qué llevan décadas allí, por qué no se piraron al centro. Hay una tienda de instrumentos musicales (básicamente guitarras y bajos eléctricos) en el barrio de Gamonal, en Burgos, que es excelente según me informan entendidos en la cuestión. Allí va gente de todas partes. Supongo que tienen buenas razones para mantener la tienda en un barrio de una ciudad enana en el que cuesta un huevo aparcar. O a lo mejor no tienen ninguna buena razón diferente de la razón por la que seguimos manteniendo lo que hacemos para no correr el riesgo de cambiar.

Entré en Usera por la Plaza Elíptica. El trayecto desde la plaza hasta el cruce con la calle Rafaela Ybarra suponía, en los primeros ochenta, para nosotros, algo parecido a atravesar el Bronx. Yonquis, heroína y “colorao”. En el coche tardo pocos segundos. Son un par de centenares de metros.