Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XXI)

 

Nos gustan los supervillanos más que los superhéroes. El supervillano puede hacer humor negro. Además es muy inteligente y se entrega a todo tipo de placeres sin contención alguna. Es cierto que sabemos que el supervillano va a fracasar, que ese es el precio por ser tan atractivo, pero eso importa poco a los que fracasaremos también a pesar de no ser muy inteligentes y no entregarnos a todo tipo de placeres.

Por eso hacemos humor negro. Para al menos parecer un poco malvados, pero amariconadamente y negando —si hace falta— ante el juez que ese sea nuestro auténtico pensamiento, pues todo es una cuestión teórica sobre los límites de la libertad de expresión.

Merecemos ser machacados por algún supervillano, tal es nuestro patetismo.

Sí, no hablo de mí. Solo estaba siendo falsamente modesto.

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