Odio las juntas de vecinos

 

Se presentan cinco candidatos a unas elecciones a presidente de la comunidad de propietarios. Se pide a los vecinos que los ordenen de mejor a peor. Podríamos llamar a los candidatos, como hace William F. Lucas —el autor de los números que daré—, A, B, C, D y E. Pero me parece demasiado frío. Así que les pondré cara, nombre y resultados: son Mariano, Albert, Pedro, Pablo y Alberto.

Rivera

18 vecinos ordenan así: Mariano, Albert, Pedro, Pablo y Alberto

12 prefieren a Alberto, Pedro, Albert, Pablo y Mariano.

10 optan por Pablo, Alberto, Pedro, Albert y Mariano.

sanchez_delpozo--644x3629 lo hacen por Albert, Pablo, Pedro, Alberto y Mariano.Iglesias

4 lo tienen claro: Pedro, Alberto, Albert, Pablo y Mariano.

Garzón2, por último, eligen a Pedro, Pablo, Albert, Alberto y Mariano.

Tras el recuento, se levanta Mariano: “Las urnash han hablado. Shoy el más votado”. Todos los demás gritan: “¡Falso, falso! ¡He ganado yo!”.

Y por una vez, y sin que sirva de precedente, puede que tengan todos razón.

Mariano, que ha sacado a la comunidad de propietarios de la quiebra inminente en la que se encontraba, ha sido votado más veces en primer lugar: 18 le votan.

Alberto le cae bien a mucha gente, porque es educado y abre la puerta del ascensor a las viejecitas. Por eso, si hacemos una segunda vuelta entre los más votados, gana con soltura, ya que aun siendo verdad que 18 vecinos prefieren a Mariano frente a Alberto, 37 prefieren a Alberto frente a Mariano.

Pablo, que da clases en la universidad, dice que esas alegaciones son un subterfugio de la casta que ha estado controlando la comunidad desde hace décadas para mantenerse en el poder, y que lo democrático es seguir un proceso de eliminación: que se vayan eliminando los candidatos según hayan recibido menos primeros lugares. Eliminamos primero a Pedro y contamos de nuevo. Mariano seguiría teniendo 18 votos, Alberto tendría 16 —se ha quedado con los cuatro que escogieron primero a Pedro— Pablo ha subido a 12 —se ha quedado con los dos de Pedro del final— y Albert sigue con 9. Ahora se elimina a Albert y así sucesivamente. Al final Pablo gana, porque dice que 37 lo prefieren antes que a los demás y que el pueblo ha hablado.

Albert es luchador, constante y aunque no muy brillante, se le considera una alternativa a Mariano, que ya ha sido presidente y al que algunos acusan de meter la mano en la caja. Albert lo tiene claro, lo importante es la preferencia media. Como son 5 candidatos, si te escogen en primer lugar te corresponde un cinco, en segundo lugar un cuatro, y así sucesivamente. De esta forma todos los candidatos tienen una puntuación acorde con la preferencia. Pues bien, Albert, con 191 puntos, gana claramente.

Pedro es alto, habla idiomas y es algo faltón. Empieza a gritar que todos sus rivales son unos flojos y que lo que importa es la lucha candidato a candidato, y que es evidente que uno a uno los gana a todos. Por ejemplo, 37 vecinos le prefieren a él frente a los 18 que prefieren a Mariano antes que a Pedro, o 28 le prefieren a él frente a los 27 que prefieren a Albert antes que a Pedro.

Los vecinos se cabrean. Empiezan las voces, las acusaciones, los insultos y las alusiones despreciativas (“corrupto”, “catalán”, “rojo”, “chavista”, “necio”, “donnadie”), hasta que un vecino más listo y democrático que los demás dice: “votemos qué método nos parece mejor”. Pero ¿qué método usamos para decidir cuál de los métodos, el A, el B, el C, el D o el E, es mejor?

Menos mal que llega el administrador de la finca a poner orden.

3 comentarios en “Odio las juntas de vecinos

  1. Y usted, Tsé, ¿por qué no se presenta? En los últimos años no recuerdo haberle visto presidir. Pero, claro, como yo también odio esas reuniones, ya hace varios años que no aparezco…

  2. Ha estado bien el símil de la asamblea vecinal pero si seguimos con él habría que recordar que nadie quiere presidir un condominio porque no está remunerado. Por eso se hace por sorteo o por turnos. Tal vez el método del que habla nuestro querido Tseverabtan debería ser igual. Por sorteo entre los adultos entre 35 y 65 años o por turnos. Tal ve funcionaría mejor que con unas elecciones que cuestan un riñón y en las que todos dicen después que ellos han ganado.

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