Principios flexibles

 

Dice Clausewitz, en De la Guerra:

Sólo los principios y actitudes generales que derivan de un conocimiento claro y profundo pueden servir como guía global de acción. Las opiniones sobre problemas concretos deben sujetarse a estos principios generales. Lo difícil es mantenerse fiel a estos resultados de la contemplación en la corriente de acontecimientos y opiniones nuevos. A menudo hay un vacío entre los principios y los acontecimientos reales que una cadena de deducciones lógicas no siempre alcanza a salvar. Hace falta cierto grado de confianza en uno mismo, y también es saludable algo de escepticismo.

Y B. H. Liddell Hart en su Estrategia: la aproximación indirecta añade:

Cada vez está más claro que la aproximación directa a un objeto mental o a un objetivo físico, que siga la ‘línea prevista lógica’ del oponente, suele producir resultados negativos. Napoleón lo expresó con gran claridad al decir que ‘lo moral y lo material están en relación de tres a uno’. Esto puede también expresarse científicamente diciendo que, mientras la fortaleza de una fuerza o país enemigo consiste aparentemente en sus efectivos y en sus recursos, éstos dependen fundamentalmente de la estabilidad del control, la moral y la intendencia.

Son dos aspectos interesantes, relacionados con un tipo general de aproximación a los problemas del mundo y su gobierno y con el temperamento y la firmeza para el mantenimiento de ciertas constantes.

Juntos se refuerzan de tal manera que, salvo una relación de fuerzas muy superior en el enemigo, se revelan incontestables. La unión de ciertos principios —claros, generales, que permitan incluso dejar de lado el ruido de fondo— y de la estabilidad en la dirección de las cosas puede resultar invencible. A contrario, su ausencia, sustituida por soluciones ad hoc que cambian constantemente, aparentando evolución o adaptación, cuando no son más que parches motivados por el ir y venir de las cosas, lleva fácilmente a la catástrofe.

Los movimientos derivados de la línea prevista lógica son resultado de una operación mental, de un mecanismo psicológico. Los supuestos beneficios de la adaptabilidad frente a lo que se denomina inmovilismo de los principios radicales suelen verse devaluados por la predecibilidad de quien practica la política del momento. Los oportunistas son transparentes porque se sujetan a una fórmula. Sin embargo, cuando la respuesta se fundamenta en principios interiorizados y se tamiza con el saludable escepticismo del que habla Clausewitz, el resultado es menos predecible, porque se sigue una línea psicólogicamente menos comprensible, sobre todo para las mentes que juzgan a los demás conforme a sueños y mitos. Hitler no comprendía la fortaleza inglesa en la Batalla de Inglaterra porque en su mundo mental no existían ciudadanos libres.

La fuerza de las instituciones, adaptando la fórmula de Liddell Hart al mundo del gobierno, se basa no tanto en el número de sus efectivos como en la estabilidad del control, la moral y la intendencia. La intendencia, esa gran olvidada, exige el mantenimiento de la claridad en los procedimientos. La respuesta auténticamente flexible es posible solo si existen los manuales. No puedes rodear al enemigo si tu mapa de carreteras está anticuado. La moral se quiebra por la confusión en las respuestas. No hay mayor disolvente para la moral que la arbitrariedad. La estabilidad es el nexo de conexión con los principios. No hay gobierno estable sin principios claros; no tienen por qué ser muchos, pero no deben permitir un exceso de ambigüedad.

Hay una inercia en las cosas y una dirección en la historia. El oportunista tiende a ignorarlo.

 

2 comentarios en “Principios flexibles

  1. Esperemos que esa ponderada estabilidad exista para este blog y tantas brillantes entradas no desaparezcan de la noche a la mañana.

    Hablamos de otra manifestación de esa aparente contradicción del poder y libertad ganados a través de la prohibición, la restricción y la definición estricta. El triunfo civilizador del sistema legal moderno es un gran ejemplo, y sin embargo, este fenómeno de la restricción liberadora no parece tener el peso que merece en el acervo y cultura del pensamiento.

    También en la teoría de computación y lenguajes y hasta la práctica comercial del desarrollo de software. Se descubre que la renuncia a una mayor expresividad y libertad en las capacidades del lenguaje y las herramientas usadas puede resultar en un mayor poder y libertad cuando el razonamiento se hace más sencillo al analizar un espacio de soluciones y posibilidades más limitado pero más consistente.

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