Con lo fácil que es cantar

 

Giovanni di Garlandia decía que la voz era de pecho, de gola o de cabeza, según se tratase de emitir las notas graves, las agudas y las sobreagudas. Esto no importaba demasiado, era un tecnicismo, cuando las voces que triunfaban eran las de los castrati. Sin embargo, la barbarie acabó con ellos y, sin evirados, apareció el falsete. No había manera de cantar los agudos si no se usaba eso que conoce tan bien cualquiera que ha querido berrear “Granada” a las tres de la madrugada. El asunto es sencillo: cuando se canta de manera natural el sonido está “abierto”. Al ascender se llega a un punto en el que si se continúa con la misma posición laríngea se nota tensión y a veces hasta dolor, y es fácil que se produzca lo que llamamos “gallos”. La única alternativa era cambiar por completo el registro de la voz mediante el falsete.

Los cantantes tuvieron que esforzarse por desarrollar una técnica que permitiese el cambio del registro de pecho al de falsete y, aunque era evidente que se trataba de dos “maneras” completamente diferentes de cantar, se suavizaba el paso de forma que no se notase con exceso el cambio de uno a otro registro en la zona de transición.

Sin embargo, en el siglo XIX, de forma intuitiva, los cantantes descubrieron que había una forma de alcanzar agudos sin cambiar de registro. Se trataba de una técnica extraordinaria a la que se denominó aperto ma coperto (abierto pero cubierto) que ampliaba la voz al menos en una sexta.

De esta forma el cambio de registro quedó relegado a la smorzatura, el filado o gradación de la voz desde el forte hacia el piano. En un momento determinado, desde la voz de pecho se pasa al registro de cabeza o falsete (imprescindible en esos hilos finísimos de voz que nos maravillan). Para lograrlo, se desarrolló la llamada messa di voce, una voz mixta, de pecho y de cabeza (o falsete), que es extraordinariamente difícil y que causa tantos dolores de cabeza a los cantantes, temerosos de una rotura de la emisión al pasar del sonido fuerte al débil.

El hecho, sin embargo, de que los cantantes descubrieran el aperto ma coperto no eliminó la necesidad de trabajar el “pasaje” de la voz, el cambio de una forma de apoyatura a otra.

Efectivamente, al cubrir la voz se modifica la posición de todo el pabellón productor de la voz. El cantante alarga el pabellón faringo-bucal, las comisuras de los labios se proyectan hacia delante y la boca se abre hacia arriba y no hacia los lados. Por su parte, la laringe desciende, porque se tensa el músculo que une dos de sus huesos, el tiroides y el cricoides. Al descender uno sobre otro, las cuerdas vocales se alargan, en ocasiones hasta 4 milímetros. Desde ese momento, la mayor longitud y el estrechamiento de las cuerdas vocales permiten que éstas vibren “naturalmente” produciendo notas más agudas.

Lo curioso es que para conseguir este sonido es necesario apoyar la voz de una determinada manera, sintiendo que el sonido se proyecta en la parte anterior del paladar. Para aprender esa técnica los cantantes empezaron a trabajar cubriendo los agudos mediante la elección de vocales oscuras que facilitaban la comprensión de los gestos y mecanismos musculares de un proceso tan sorprendente. Además tuvieron que desarrollar una respiración más poderosa y un apoyo de tipo abdominal, situado en el diafragma que permitiera las intensidades que exige la cobertura de los sonidos. Justo lo contrario de la leggerezza di fiato de la escuela “belcantista” que permitía los adornos espectaculares sacrificando todo tipo de ataque violento y dramático.

Y también, lógicamente, debieron los cantantes aprender a cambiar de la forma abierta de emisión a la cubierta. Y hacerlo sin que se notase prácticamente diferencia en los sonidos resultantes, porque lo extraordinario es que el cantante educado en esta técnica tiene una tesitura uniforme.

Dicen que fue el tenor Duprez quien asombró a sus contemporáneos cantando el Arnoldo de la ópera Guillermo Telll con voz íntegra, y hundió a sus compañeros de profesión, que lo cantaban con falsete, en el pozo de la historia.

Sea quien fuere, gracias a la intuición y el trabajo que hicieron esos músicos llamados cantantes con su instrumento, podemos escuchar algo así:

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