Pienso biológico, natural, orgánico y ecológico

Ésta es la historia de dos sustancias químicas, el diclorometano y el prión.

Los priones fueron aislados por Stanley Prusiner en 1982, utilizando cerebros de hámsteres infectados con scrapie, una enfermedad conocida por los ganaderos desde hace 300 años, a la que en España se llamaba tembladera. Se resolvía así el enigma del kuru, esa enfermedad degenerativa común en determinada tribu de Nueva Guinea. La enfermedad era un misterio hasta que se pudo comprobar que, efectivamente, los miembros de esa tribu eran antropófagos y afectaba más a las mujeres y los niños que comían los cerebros y no a los hombres, que se quedaban con la parte mejor (ya saben muslo o pechuga). Ahora se sabe que los priones son formas “mutadas” de proteínas normales, que no solo no realizan su función enzimática, sino que fuerzan a otras proteínas, por un mecanismo de imitación no bien conocido, a convertirse a su vez en priones.

Ya conocemos la historia de la encefalopatía espongiforme bovina. Las vísceras de las ovejas sacrificadas (incluyendo las que habían padecido scrapie) eran transformadas en pienso. Las vacas comían pienso que tenía acumuladas cantidades cada vez más importantes de priones y enfermaban. Si estas vacas enfermas se usaban para producir más pienso el proceso continuaba agravándose. La enfermedad, además, saltaba la barrera entre especies. Le pasó a los gatos, a los antílopes del zoo de Londres y al final a los seres humanos que comían carne de vaca.

De ahí a la locura. Millones de vacas sacrificadas, la mayoría en un momento de histeria y sin justificación suficiente. Pérdidas millonarias en el sector ganadero y enormes sumas gastadas para eliminar el ganado.

Le toca el turno al diclorometano. Es un disolvente volátil, transparente y no inflamable. Está formado por dos átomos de hidrógeno y dos de cloro unidos a uno de carbono. Al principio se utilizó para sustituir al éter en hospitales y laboratorios. El éter es inflamable y el cloruro de metileno, que era como se le llamaba entonces, no. Incluso llegó a probarse como anestésico.


Luego comenzó a utilizarse en una multitud de industrias. En productos farmacéuticos y cosméticos, para producir viscosa, filtros de cigarrillos, celofán, para limpiar superficies metálicas, disolver aceites o ceras, para eliminar pinturas.

Su relación con los priones se remonta a principios de los años ochenta. Unos químicos británicos se dieron cuenta de que el diclorometano extraía con gran eficacia la grasa de los desechos de matadero. El proceso era el siguiente: una vez convertidos, por medios mecánicos, en pulpa, los desechos se calentaban a 120 grados para extraer el agua. A continuación había que extraer la grasa. Se solía usar el hexano, otro disolvente, pero muy inflamable, o el tricloroetileno que, aunque más seguro, contaminaba el producto.

Ambos problemas se resolvían con diclorometano y se llegó a construir una planta piloto que producía masa para pienso de ganado de alta calidad. De tan alta calidad que estaba libre de priones.

Sin embargo, resultó que se había estado haciendo pruebas con unos ratones y se demostró que el diclorometano les producía cáncer en un porcentaje estadísticamente relevante. Había, sin embargo, un problema con esos ratones. Se había escogido para hacer las pruebas a ratones específicamente sensibles a los tumores. Sin embargo, pruebas similares con hámsteres y ratas no produjeron los mismos resultados. Algo parecido había sucedido con otras sustancias, los ftalatos. Ahora se sabe que esos ratones tienen un péptido, el glutatión, en el núcleo de sus células que activa el diclorometano produciendo un metabolito capaz de mutar el ADN. Nosotros también tenemos ese péptido, pero no en los núcleos de las células (igual que las ratas o los hámsteres). Por eso no nos afecta. Ahora hay pruebas contundentes (por ejemplo, epidemiológicas con población que ha trabajado con esta sustancia) en contrario.

Además, los ecologistas dijeron que una sustancia que contiene átomos de cloro podría ser dañina para el ozono, igual que sucedía con los CFC. Sin embargo, el diclorometano se oxida rápidamente, formando productos que son eliminados con facilidad por la lluvia.

¿Qué pasó? Se trataba de pienso para animales y las empresas no quisieron saber nada más. Les bastaba con que los ecologistas hubiesen protestado y con el informe de la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos sobre los ratoncitos con cáncer. Abandonaron los métodos tradicionales y usaron uno más “ecológico”. Se secaba la pulpa a unos 80 grados y la grasa se extraía a presión.

El resultado: un estupendo pienso lleno de priones.

 

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3 comentarios en “Pienso biológico, natural, orgánico y ecológico

  1. Magnífica historia, que yo cuento en clase justo después de contar la del DDT y la primavera silenciosa. ¡Pobre cloro! Y las cepas de ratones proclives a los tumores se han empleado igualmente para “criminalizar” a otros compuestos como el famoso glifosato.

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