Animales impuros

 

Hace una semana, sobre el asunto de una posible gran coalición, escribía esto:

Yo no sé si algo similar es posible. Los partidos españoles son un reflejo de los españoles. Y los españoles somos bastante sectarios. No asumimos con facilidad las consecuencias del proceso democrático y tendemos a mirar a los votantes de los otros partidos como enemigos. Esto hace que los discursos de los dirigentes sean muy belicosos respecto de sus adversarios políticos y, lo que es peor, que nos los tomemos en serio. La ventaja de una gran coalición es que el votante de cada partido pueda defender que ese programa es, en parte, su programa. Ya lo hicimos en la transición, en el propio proceso constituyente y con los pactos de la Moncloa.

No podemos excluir que todo lo que se dice estos días sea teatro. Hay una posibilidad muy seria de nuevas elecciones y esto lo dificulta todo. Los partidos juegan a ver quién tiene la culpa. Lo deprimente no es tanto eso, que ocurre en todas partes, sino la poca calidad de la representación.

Así, cuando Rajoy propone un gobierno apoyado por tres partidos y en el que haya miembros de esos partidos, nos encontramos con las siguientes respuestas: la de Ciudadanos, que dice que no entrará en un gobierno que no represente su “proyecto político”; y la del PSOE, que dice que Rajoy es parte “del pasado” de España, representa “inmovilismo”, “imposición” y “desigualdad” y está muy próximo a la “corrupción”.

Es decir, ante el hecho evidente de que ninguno de los tres partidos puede por sí solo formar gobierno, en vez de plantear cada uno de ellos qué exigiría, dan argumentos absurdos. Si sumamos los diputados de cada uno de los partidos, el PP tendría un 48%, el PSOE un 36% y Ciudadanos un 16%. Este peso relativo podría ser un buen punto de partida. Cada uno de esos partidos tiene un programa propio, en algunas cuestiones no son muy diferentes, y no todas las medidas de ese programa son igual de importantes. Consideremos además que haya (aunque tengo algunas dudas sobre esto) aspectos programáticos a los que ninguno de los partidos pueda renunciar sin desvirtuar sus líneas esenciales.

Así considerado, lo racional no es decir que no se va a participar en un gobierno que no aplique mi programa, porque no tengo fuerza suficiente para exigir que se aplique totalmente. Lo racional es intentar que mi influencia sea decisiva en aquello en lo que tengo más interés, cediendo en aquello que me parece secundario. Lo racional es, además, que alguien de mi partido se ocupe precisamente de estas materias, ya que en esa parte aplico mi programa. Es decir, entrar en el gobierno. Lo contrario resulta extravagante y es electoralista. Simplemente abstenerme y esperar a tener una mayoría que me permita gobernar, por el prurito de mantener una virginidad que pueda vender a mis electores, es tratar a estos como imbéciles; como personas que no son capaces de comprender un pacto y una cesión cuando ese pacto y esa cesión garantizan un bien obvio, la estabilidad del gobierno, y permiten que se vayan aplicando algunas de mis propuestas, esas que se supone creo buenas para el país.

Cuando la negativa a iniciar un proceso así se basa en definiciones esenciales el asunto se convierte en puro populismo. Rajoy no es parte del pasado de España porque a Rajoy lo han votado más de siete millones de españoles —más españoles que los que han votado al que dice eso—; y si crees que representa el “inmovilismo” o la “desigualdad” o la “imposición”, el hecho de que precise de ti es una oportunidad excelente para que deje de representar todo eso. No puede haber imposición o inmovilismo cuando te necesita para gobernar. Y si te preocupa (en serio) la desigualdad, este es el momento para exigir que tu 36% implique la adopción de una cierta línea de gobierno en una determinada dirección. Pactar es eso.

Curiosamente, el PSOE considera que el PP, partido con el que se ha unido para defender la vigencia constitucional frente al golpe de Estado secesionista, y con el que ha firmado el pacto “yijadista”, es el único con el que en  ningún caso pactará. Parece que da igual lo que pudieran obtener el partido y los españoles de un pacto. La negativa es puramente sectaria, ya que no se basa en lo que el PP quiera hacer con ese gobierno o hasta dónde puede el PSOE imponer sus líneas programáticas, sino en lo que el PP es. Lo que importa es la identidad.

Supongo que si el PSOE hace esto es por cálculo político. Creen que recibirán un premio electoral rechazando radicalmente incluso abrir una posible negociación. Esa es la prueba del sectarismo. Los electores que exigen a palestinos e israelíes que al menos negocien —cuando el suyo es un conflicto complicadísmo— son los mismos que, al parecer, castigarían a su partido si se sentase con el PP a ver a qué acuerdos pueden llegar.

La conclusión es que los españoles no importamos y que, en parte, la culpa de esto es nuestra. Que solo importa la supervivencia política. Lo identitario alcanza tal importancia que es tabú casi hasta rozarte con los parias, con los “otros”. El simple hecho incluso de abrir una negociación falsa en la que tus exigencias fueran de tal calibre que impidiesen el acuerdo se ve como una traición.

Por eso, en el fondo, el programa político importa tan poco y casi nadie se fija en él. Solo importan el color, el origen, la etiqueta y el líder.

Si los dirigentes socialistas aciertan con su diagnóstico, tenemos lo que nos merecemos.

Al definir al otro como un apestado (la casta, el rojo, el fascista) solo es decente aniquilarlo y no lo hacemos porque la flecha del tiempo se impone. Tenemos la pátina, pero rascas y aparece lo peor de nuestra historia, eso sí, como farsa.

 

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6 comentarios en “Animales impuros

  1. Me temo que así es. Un gran porcentaje de voto de izquierdas no es que defienda una opción política radicalmente opuesta (¿?) a la del PSOE. Es que le niegan al PP legitimidad, derecho e, incluso, la existencia. Si por ellos fuera eliminarían al PP y el derecho a votarlo de sus votantes sin pestañear. Y eso les parecería democrático.
    Es muy buena la comparación que establece usted entre palestinos e israelíes y PSOE – PP, aunque no hace falta irse tan lejos. Piense en los que piden “diálogo” con el terrorismo, o pactos con los nacionalistas independentistas. Sufren de la misma desvirtuada visión de sí mismos.
    Pero no dejo de pensar que siempre se cae en el mismo vicio: la equidistancia. No hay equidistanca. Aquí el único que le niega el pan y la sal al otro es el PSOE, formado en su mayor parte por personas que si su voto dependiera de su nivel de ingresos, estilo de vida y biografía deberían votar al PP sin dudarlo. España es, sociológicamente, de derechas. Todo el mundo quiere tener su pisito, pagar pocos impuestos y que le dejen tan en paz como se pueda. Ahora bien, cuando vienen duras, que venga el estado a sacarnos del atolladero. Esto último podría parecer de izquierdas, pero en realidad tiene más que ver con la herencia paternalista y antiilustrada que con ideología política.
    Sólo le reprocharía que utilice la primera persona cuando dice “tenemos lo que nos merecemos”. Estoy seguro de que usted merece algo mejor. Y de mí pienso lo mismo. Los españoles tienen lo que han votado (sabiéndolo, que nadie venga ahora a decir que lo han engañado). Y muchos quizá lo merezcan (o no lo merezcan pero porque merecen algo peor aún).
    Lo de que los partidos tratan a sus votantes como estúpidos es, en general, la tónica. ¿Ha oído usted alguna explicación del voto a Podemos que no necesite como base argumentativa el aceptar que el pueblo es, en su mayor parte, estúpido? Es más, atribuir el éxito o fracaso de los partidos en función de cómo han hecho las campañas electorales o los debates televisivos no necesita de la presunción de esa estupidez para ser válidos como argumentos?

  2. aquí unos párrafos de actualidad:

    “Characteristically cautious, and in any case still maintaining working relations
    with the Western powers, Stalin thus initially pursued a tactic already familiar from
    the Popular Front years of the thirties and from Communist practice during the
    Spanish Civil War: favouring the formation of ‘Front’ governments, coalitions of
    Communists, Socialists and other ‘anti-Fascist’ parties, which would exclude and
    punish the old regime and its supporters but would be cautious and ‘democratic’,
    reformist rather than revolutionary. By the end of the war, or very shortly thereafter,
    every country in eastern Europe had such a coalition government.

    In view of continuing scholarly disagreement over responsibility for the division
    of Europe, it is perhaps worth emphasizing that neither Stalin nor his local representatives
    were in any doubt as to their long-term goal. Coalitions were the route
    to power for Communist parties in a region where they were historically weak; they
    were only ever a means to this end. As Walter Ulbricht, leader of the East German
    Communists, explained privately to his followers when they expressed bemusement
    at Party policy in 1945: ‘It’s quite clear—it’s got to look democratic, but we must
    have everything in our control'”

    saludos de fin de año

  3. también he encontrado una anotación de Tsé en su diario con fecha de 2 de noviembre

    “Casi cada vez que me encuentro con un nuevo tuitero experimento un doloroso sentimiento de decepción. Me imagino que es como soy yo y le estudio según esos parámetros. De una vez por todas debo acostumbrarme a la idea de que yo soy una excepción; que o bien he rebasado mi época, o soy una de esas naturalezas inadaptadas y hurañas que nunca están satisfechas. Debo tomar otros parámetros (inferiores a los míos) y con ellos medir a la gente. Me equivocaré menos”

  4. En el artículo se traza un paralelismo entre España y el conflicto Israel-Palestina. Yo lo haría con Irlanda del Norte.

    En Irlanda del Norte, otra región “singular” del mundo, el ejecutivo está compuesto proporcionalmente por miembros de todos los partidos. Imaginen un gobierno con Rajoy de presidente, Sánchez de vicepresidente e Iglesias de ministro. Eso si que es una utopía y algo parecido a “asaltar los cielos”, y no los discursos de Monedero.

  5. Estoy de acuerdo con el análisis: hace falta esa gran coalición. Y también creo que no podemos albergar grandes esperanzas. Por si acaso, el 10 de enero me voy al extranjeros no tengo prevista la fecha de retorno…

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