Diarios de un tipo que no tiene horno de gas (XXVIII)

 

En un cuento de Jorge Luis Borges, un hombre de dentro de mil años habla de un horno crematorio y de una cámara letal, y del filántropo que la inventó, un tal Adolfo Hitler. No es ese cuento uno de mis favoritos, pero sí lo es esa frase inmortal sobre las cenizas sanadoras del olvido. “Inmortal” es el énfasis tonto de la frase anterior. El mismo Borges escribió un cuento que tituló así, en el que habla de la muerte de los recuerdos y de su sepultura vacía. El autor termina confundiéndose con los personajes y nos convencemos, por las palabras de uno, de que la mentira está en las palabras de los otros, que ya no son ni imágenes. De los otros que no somos nosotros.

Esa es la paradoja que encuentra. Escribe para denunciar que lo que escribe está muerto y nos convence de ello.

Es como esto, algo que puedo enlazar porque está escrito.

Pura vida muerta.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s