Un viejo estanque

Escrito el 18/06/2007

Anoche, ya tarde, andaba por la calle camino de mi casa. Había estado toda la tarde trabajando, salvo un rato en el que estuve tomando algo con algunos amigos, un par de ellos ilustres nicks arcadianos. Y lo hicimos en uno de los pocos sitios que no tenía una enorme televisión.

De vuelta a casa, iba leyendo un libro. Es un libro sobre el haiku con poemas escogidos de diferentes autores de diferentes épocas, con un estudio sesudo, de esos que ocupan la mitad del volumen.

Lo estaba leyendo porque pensaba hacer una entrada sobre la historia de la creación de un famoso haiku de Bashoo, contada por un testigo presencial.

En esas andaba, absorto, a pesar del ruido.

(NOTA: una de las pocas habilidades que he desarrollado es la de leer mientras camino por la calle. Lo hacía incluso bajando escaleras, hasta que caí rodando por las de la entrada del metro de Nuevos Ministerios. Desde ese momento, ya no leo mientras bajo escaleras —sí cuando las subo—, ni tampoco lo hago, al menos lo procuro, al cruzar las calles. Todos los miembros de mi familia, en particular mi madre, han vaticinado mi muerte por atropello debido a esta singular costumbre. Me resisto a darles la razón).

Continúo. Voy leyendo por la calle la historia del satori de Bashoo y de los comentarios de sus discípulos, pensando en si es algo que podrá interesarles, cuando, de repente, oigo un ruido infernal, como si un orco de las montañas soplase un cuerno de guerra en mi oído.

Miro y veo un coche, parado a mi altura, lleno de gente. Lleva todos los cristales bajados y de uno de ellos sale una especie de trompeta de plástico verde. Un joven bastante beodo es el que me ha dedicado su producción musical. Le miro, me mira y, de sopetón, grita desaforado:

— ¡¡DEJAAA DE LEEEER QUE HAAA GANAOOOOL MADRÍIII!!

Arrancan y se van.

Cuando se lo he contado al Almirante me ha dicho una gran verdad: – ¡Satori!

Ese joven es el instrumento de la revelación y yo un pedante.

Tiempo de fútbol,

Si la trompeta suena,

Quemamos libros

Escrito el 14/11/2007

Hace unos meses dije que estaba leyendo una estupenda antología, la de Fernando Rodríguez-Izquierdo, publicada en Hiperión, porque quería contar la historia de la composición del más famoso haiku de la historia, aquél de Bashoo que dice:

古池や
蛙飛こむ
水のをと

Que se lee:

Furuike ya
kawazu tobikomu
mizu no oto

Y se traduce

En el estanque viejo
una rana salta
rompiendo el agua

o

Un viejo estanque:
salta una rana ¡zas!
chapaleteo

o

Un viejo estanque:
al zambullirse una rana
ruido de agua

He copiado diferentes traducciones para que escojan. Al parecer la más literal es la última.

Y ahora les copio la narración sobre el momento en que nace esa poesía. Dice Fernando Rodríguez-Izquierdo que respira cierta artificiosidad, pero me gusta mucho porque, aunque obedezca a una política de relacionar el haiku con el satori, la iluminación zen, no es frecuente que se narre un momento así. Recuerden que es la poesía cumbre de la literatura japonesa.

Se dice que Buchoo, maestro de Zen de Bashoo, de camino hacia el templo Chookeiji de Fukagawa, cerca de Edo, fue a visitar un día al poeta en compañía de Rokusoo Gohei. Este último, al entrar en la ermita de Bashoo, exclamó:

– ¿Cuál es el camino de la ley de Buda en este jardín tranquilo, con sus árboles y yerbas?

Bashoo respondió:

– Las grandes hojas son grandes, las pequeñas son pequeñas.

Buchoo, que entraba entonces, dijo:

– Últimamente, ¿a qué lugar has llegado?

Bashoo contestó así:

– Pasada ya la lluvia, el musgo verde está en su frescor.

Buchoo le volvió a preguntar:

– ¿Cuál es la ley de Buda, antes de que el musgo verde brotara?

En ese momento, oyendo el sonido de una rana que saltaba hacia el agua, Bashoo exclamó:

– Al zambullirse una rana, ruido de agua.

Buchoo se admiró de esta respuesta, considerándola como una prueba del estado de iluminación de Bashoo. Entonces Sanpuu (discípulo de Bashoo) felicitó respetuosamente a Bashoo por haber compuesto este verso, reconocido por Buchoo, que añadía al arte la gloria de la religión. Ransetsu (otro discípulo de Bashoo, también presente) dijo:

– Esta frase del sonido del agua puede decirse que representa plenamente el significado del haiku; con todo, la primera parte del verso falta. Por favor, completadlo.

Bashoo respondió:

– También yo he estado pensando sobre ello, pero me gustaría oír vuestras opiniones primero, y después decidiré.

Varios de sus discípulos lo intentaron. Sanpuu sugirió para el primer verso:

– Tinieblas de crepúsculo … (Yoiyami ya …)

Ransetsu:

– En la soledad … (Sabishisa ni …)

Y Kikaku:

– La amarilla rosa de montaña. (Yamabuki ya .)

Bashoo, considerando todo esto, dijo:

– Todos y cada uno de vosotros habéis expresado en vuestro primer verso un aspecto del asunto, y habéis compuesto un verso que sobrepasa lo ordinario. Especialmente el de Kikaku es brillante y enérgico. Sin embargo, apartándome del estilo convencional, voy a componerlo así esta tarde: Un viejo estanque …

A todos sobrecogió una profunda admiración. En este verso, el ojo del haiku se abre plenamente. Mueve al cielo y la tierra y a todos los dioses y demonios que los habitan a admiración. Este es en realidad el camino de Shikishima, igual a la creación de un Buda. El Dharani de Hitomaru, la alabanza de Saigyoo antes de la llegada de Buda, están contenidos en esas diecisiete sílabas”.

3 comentarios en “Un viejo estanque

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