¿Esta Protactínio en peligro?

Como tengo un corazón de oro, he decidido avisar del peligro a todos los bebedores de gin-tonics y, para mí, su consumidor paradigmático es Protactínio * (aunque he leído algo acerca de su traición y sus amores con cierto licor de origen escocés). Esta baya tan bonita que les muestro la produce una planta llamada belladona. Habrán oído hablar de ella, porque ha sido utilizada como fármaco y, como nos advirtió Severino, todo fármaco es un veneno potencial. Se cuenta que Livia, la fiel esposa de Octavio Augusto, la usó con fruición para hacer hueco a su hijo, el que terminó en Capri haciendo cosas feas.

La planta es peligrosa. Una sola baya puede matar a un niño, aunque es raro que alguien se la coma porque es de sabor muy amargo. También lo son (peligrosas) las hojas de un arbusto llamado “trompeta de ángel”, que algunos pirados utilizan para hacerse infusiones con fines “didácticos”. Vamos, que no utilizan la infusión para calmar el ardor de estómago, sino para “viajar” por el bajo astral.

La amargura y las alucinaciones son resultado de la presencia de atropina, una droga anticolinérgica o, lo que es lo mismo, bloqueadora de algunos receptores de acetilcolina, un neurotransmisor tela útil.

Por eso se utiliza como antídoto contra otros venenos, como ciertos insecticidas y algunos gases nerviosos, que precisamente producen el efecto contrario. Sin embargo, si no eres un soldado atacado por un gas nervioso, es mejor no utilizarlo: primero seca los fluidos orgánicos —se administra en caso de resfriados y diarrea; incluso se utilizó para atajar la incontinencia nocturna—, luego empieza a afectar a la visión, más tarde empieza a producir alucinaciones y, finalmente, te puede matar, aunque para eso hace falta al menos un gramo.

Tiene otro uso que explica el nombre de la belladona. En el Renacimiento, las mujeres exprimían el jugo sobre los ojos y la pupila, por efecto de la atropina, se dilataba. Al parecer, los “ojos de gacela” estaban de moda. Nada sabemos de las hostias que presumiblemente se daban las “donas”. Este secreto pasó a las actrices. Y de las actrices a los oftalmólogos, que fueron los últimos en enterarse de estos trucos de belleza.

Dicho lo anterior, vuelvo al principio y a mi labor humanitaria.

Un profesor de química, llamado Paul Agutter, decidió que era hora de que su mujer le transmitiese su jugosa herencia para poder disfrutarla con su amante. Pensó en la atropina, porque se metaboliza muy rápido. Y además ideó una prodigiosa maskirovka. Puso atropina en varias botellas de tónica y las dejó en las estanterías de un supermercado en el que compraba su mujer. La tónica serviría para enmascarar el sabor amargo.

Por desgracia para él, una de las tónicas fue a parar a la casa del doctor Geoffrey Sharwood-Smith, anestesista jefe de un hospital de Edimburgo. La mujer y el hijo del buen doctor se tomaron unos gin-tonics e inmediatamente aparecieron los síntomas. El diagnóstico del anestesista les salvó la vida, a ellos y a otras cinco personas, entre las que se encontraba la mujer del químico, ya que en el hospital estaban advertidos. El químico había querido asegurar el resultado y la dosis que aparecía en el gin-tonic de la mujer era muy superior a la de las botellas. Le cayeron doce años.

Así que, amigos del gin-tonic, tengan cuidado ahí fuera.

Aunque, ahora que lo pienso, ¿no es Protactínio profesor de química?

 

* Protactínio es el nick arcadiano de un ilustre amigo de este blog.

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4 comentarios en “¿Esta Protactínio en peligro?

  1. En efecto, querido amigo: al tónico reconstituyente por antonomasia le pongo un poco los cuernos con el segoviano (o escocés, o hasta irlandés si se tercia y estoy in partibus infidelium) entre las 4.00 y las 8.00 p.m. A partir de ese momento, sólo G&T. Como mandan los cánones de la Royal Navy, cuando el sol esté por debajo del bauprés. Por otra parte, con las tónicas de hoy día el pobre Agutter lo llevaría crudo: el amargor ha prácticamente desaparecido de ellas; tienen un ligero recuerdo amargo, pero son sabor para jóvenes indocumentados y morigeradas señoritas. ¡Si hasta la embotellan de diversos colorines!

  2. Aquí sigo, en efecto. ¿Dónde, si no? Y, mayormente, por no poderme ir a otro sitio, que se está poniendo esto según se presentaba el reinado de Witiza: oscuro y tenebroso.

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