La piel de Ciudadanos

Leo esto:

Luis del Pino, para defender su posición se remite a uno de sus artículos y a unas declaraciones de Carme Chacón.

Las respuestas de Juan Carlos Girauta en tuiter incluyen unas pocas falacias. Por ejemplo:

Por ejemplo:

Y por ejemplo:

Son falacias porque el hecho de que le hayan echado muchos o pocos cojones, o el hecho de que las alternativas (el vigilante del estercolero o el neocomunista) sean (o puedan ser) peores (que dependerá de la opinión de cada cual), o el hecho de que hayan aguantado al nacionalismo (acusando al que los critica precisamente de nacionalista)  son absolutamente indiferentes a la hora de dar por bueno o rebatir la argumentación que se deriva de las palabras de Chacón. Es curioso: esos tres airados tuits no contienen un solo argumento.

El acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos dice lo que dice y ese es el mejor argumento de Girauta:ref

 

 

Sin embargo, las palabras de Chacón son muy perturbadoras, porque plantean un auténtico fraude a la hora de aplicar el contenido del pacto. No solo porque no excluye (en contra de lo pactado) un referéndum de “autodeterminación”, sino porque en gran medida lo está propiciando. Efectivamente, el hecho de que Chacón plantee que esa fuese la respuesta a un No mayoritario en Cataluña a la reforma constitucional, implica que alguien importante del PSC (¿solo ella o alguien más?) está construyendo un mensaje que implica que el No en Cataluña a ese referéndum que se celebraría en toda España no es un simple No.

En circunstancias normales, ese No simplemente supondría un No a reformar la Constitución Española. Es decir, equivaldría a un Sí a su mantenimiento tal y como está.

Sin embargo, los nacionalistas harán campaña pretendiendo dar al No un significado, apropiándose de él. Y es tremendo que el PSC (la marca del PSOE en Cataluña) se apunte a eso mismo. Al hacerlo, manda un mensaje que puede llevar a muchos a pensar que tras el No hay un camino hacia el referéndum.

En resumen, Chacón está pasándose por el forro el acuerdo entre PSOE y Cs, y no estaría de más que Cs le exigiera al PSOE al menos una desautorización pública de su afiliada.

Tampoco estaría de más, por cierto, que Girauta, diputado él, dejase a un lado los cojones, el valor y las acusaciones —a los otros— de nacionalismo. A muchos nos preocupa eso del secesionismo y no nos basta con que nos exhiban el currículum. Sobre todo porque el pacto de Ciudadanos lo es con el PSOE. Ya saben, el PSOE.

Un pegote de mierda en la espalda

Esta entrada es de 11/2007

He tardado en decidirme a escribir esta entrada. Por dos razones, porque no quiero que se piense que tengo una especie de manía persecutoria contra Francesc de Carreras, y porque sé que lo que voy a decir molestará seguramente a algún amigo. Pero me he decidido precisamente porque estoy hasta las gónadas del discurso soterrado que todavía se mantiene por el mundo biempensante. Ese que dice que los comunistas cometieron errores, pero que los había buenos y malos. El mismo que no duda en mandar a los infiernos a los nazis y a los fascistas (considerados como cajón de sastre en el que caben todos los malos del mundo), sin matices, que no lo merecen.

Me manda Brazil una cosa de D. Francesc publicada en La Vanguardia. Se llama “Los comunistas”.

Sinceramente, solo se me ocurren dos calificativos para lo que escribe nuestro catedrático: o es tan trivial que equivale a una estafa intelectual o, si tiene tesis, la tesis es que el comunismo tiene algo bueno, que es mejor que otros totalitarismos.

La primera posibilidad no requiere mucho comentario. Pongamos que el comunismo es una porquería, pero como habla de la justicia, de los pobres, de querernos muchos y de compartirlo todo, picaron unos muchos. A los comunistas podríamos, en plan infantil, clasificarlos en cuatro categorías:

1.- Los que desde el principio (da igual de donde fueran ciudadanos) supieron que el comunismo, en todas las versiones, era una ideología totalitaria que acababa con la libertad, pero se apuntaron porque se la pelaba lo de que los hombres sean libres o porque simplemente buscaban el poder. Estos son malos de la leche.

2.- Los que no lo supieron desde el principio, pero al enterarse siguieron adelante. Son malos también.

3.- Los que no lo supieron desde el principio, pero al enterarse siguieron adelante por miedo. Estos todo lo más serían cobardes, pero no malos. Una vez instalado el comunismo, aunque hayas ayudado, cualquier discrepancia te podía costar cara.

4.- Los comunistas que no eran ciudadanos de países comunistas y que creyeron que lo de los países comunistas eran simples desviaciones que podían corregirse y que, cuando llegase el comunismo de verdad, las corregirían. Lo verdaderamente curioso de este tipo de comunistas es que, al defender que los crímenes y los fracasos del comunismo eran simples desviaciones, en contra del hecho de que se producían en todos los países comunistas, desenfocaban su visión del mundo: así, minimizaban o admitían muy a regañadientes las malas noticias que venían desde detrás del telón de acero (o China, Corea, Vietnam, Camboya o Cuba, tanto da), pero engrandecían los crímenes del “imperialismoyanki” y del capitalismo, llegando a cambiar las evidentes contradicciones del capitalismo, las que iban a provocar su disgregación interna, por una visión mundial en la que ya no se hablaba tanto de explotadores y de clases explotadas como de naciones explotadoras y explotadas. Más bazofia intelectual que nunca se ajusta a los hechos. Pero, bueno, pongamos que esta ceguera supina se fundamentaba en un deseo de mejorar el mundo. Incluyamos aquí a los que nunca se enteraron de los crímenes de los comunistas (ya sé que parece difícil pero no hay que descartarlo; es lo que tiene la propaganda y la ignorancia) ¿Serían buenas personas? Digamos que sí. También serían comunistas buenos.

En fin, si lo que dice De Carreras es que había comunistas buenos, ¿por qué no podía haber nazis buenos o fascistas buenos o franquistas buenos o falangistas buenos? A lo mejor el simplón o incompleto o falsario -por usar sus términos- es D. Francesc que piensa que todos los afiliados al partido nazi eran unos hijoputas de las categorías 1.- y 2.-, y eso vale también para los fascistas, o los franquistas, o los seguidores de Pinochet. Porque es una simplicidad no darse cuenta de que ciertas ideologías te venden una concepción del mundo agradable, lleno de claves para mejorar rápidamente, en las que los culpables son siempre los otros, ya sean los judíos o los terratenientes o cualquier otro vendepatrias, que al final siempre terminamos en el mismo sitio. Seguro que había nazis y fascistas y franquistas de los grupos 3.- y 4.- ¿O todos eran muy requetemalos y pegaban a sus mujeres y sodomizaban a sus hijos y le aplastaban la colita al gato?

Vean qué gran momento del artículo de D. Francesc:

En este periodo los comunistas mostraron todos los horrores del totalitarismo estalinista y toda la generosidad de las luchas contra los totalitarismos de signo contrario.

No me digan que no es genial. O sea, que los bestiales ejércitos de Stalin fueron generosos porque combatían a Hitler. ¡Coño, la misma lógica se puede aplicar al contrario! También los nazis hablaban del terror rojo y de los bárbaros asiáticos, y se asombraban de que sus primos anglosajones no se dieran cuenta del servicio que le hacían a la civilización. Ese discurso es general en el Estado Mayor y en las lumbreras de Núremberg. Hasta pensaban que la cruzada contra el comunismo podría servirles para obtener una paz separada.

Vean, vean, que hay más:

Pero también muchos comunistas fueron heroicos resistentes a los totalitarismos fascistas, nazis y franquistas. Curiosa paradoja e indudable realidad: unos que se llamaban comunistas eliminaban todo vestigio de libertad en unos países, otros que también se consideraban comunistas encabezaban en otros países la lucha por la misma libertad.

Es escandaloso que un señor leído, como De Carreras, diga que los comunistas luchaban por la libertad. Que no, hombre, que no. Luchaban por el comunismo. Y que eran heroicos, pues sí, a menudo. ¡Joder! y los nazis. Y también luchaban por el nazismo y por la libertad de la nación alemana, tal y como la entendían como consecuencia de esa aberrante mezcla de basura ideológica y nacionalismo (el mismo nacionalismo de los que luchaban por la Rodina y el padrecito Stalin). Es de bobos pensar que las doctrinas totalitarias no son capaces de engendrar generosidad, valentía y heroísmo.

Por tanto, si quería decir esto, más valía que nos hubiera contado las últimas vacaciones en Shangri-la.

Pasemos a la segunda posibilidad: no es tanto que haya comunistas buenos, sino que hay algo bueno en el comunismo, que no debe confundirse con esas otras doctrinas malas-malísimas que ya hemos mencionado.

De entrada ya es triste que para hablar de los comunistas buenos o del comunismo bueno diga esto “Recordemos también la crueldad de las bombas atómicas arrojadas innecesariamente sobre Hiroshima y Nagasaki”. No sé muy bien a qué viene esto cuando se habla de los nazis, los fascistas y los comunistas, aunque fuese cierto, que no lo es. Parece como si D. Francesc tuviera que decir que, bueno, también los americanos han sido malos y matado gente. Olvidando que desde luego no mataban a sus ciudadanos masivamente, que estaban en guerra y que hay muy buenos argumentos para defender una decisión como la que se adoptó. Pero lo que más me jode es que lo deje caer ahí, chof, cuando está hablando de otra cosa, pagando el peaje que corresponde, que no se iban a ir los americanos de rositas.

También me resulta singular que diga eso de “fueron comunistas los primeros que asolaron mediante el terror la Unión Soviética: desde la implacable dictadura que ya se anunciaba con la frase “¡libertad ¿para qué?”, atribuida a Lenin por Fernando de los Ríos en 1920, hasta las purgas de los años 1937 y 1938 y el infierno del gulag”.

¿Que ya se anunciaba? ¿Está de coña? Ni anuncio ni hostias, fue una dictadura desde el primer puto día. Una dictadura de una élite, minoritaria, que decidió lo que era bueno para los demás, sobre todo para la masa de campesinos “sin conciencia política”, que se pasó por la piedra a sus adversarios políticos democráticos, y que basó su poder en el terror. Y me hace gracia que mencione expresamente las “purgas de 1937 y 1938 y el gulag”. Porque, amigo De Carreras, eso es una mariconada. A mí lo primero que me viene a la memoria son los más de diez millones de muertos por las hambrunas, y los desplazamientos masivos y trágicos de población. Lo mismo que en el caso del genocidio armenio. Supongo que sabrá el articulista de qué le hablo. Y las decenas de años de una población sometida a la propaganda y el lavado de cerebro más brutal. Pero él se acuerda de las purgas. Claro, porque fueron purgados los del aparato, los miembros del partido. Al final, la vida de la gente corriente parece importarle una mierda.

¿Y qué me dicen de eso de que “Stalin es el comunista verdugo, un verdugo complejo: cínico, maquiavélico, burocrático y déspota”? Como mola, Stalin era un tío complejo. Claro, pero Hitler era un patán, Franco un paleto y Mussolini un oligofrénico. Hasta para ser malo hay diferencias, ya ven.

¿Porque al final de qué se trata? ¿Por qué enfatizar que hay comunistas buenos como los de la obra, comunistas de ficción? Y ¿para qué decir que sin saber que hay comunistas buenos no se entiende la historia?

Pues creo que el énfasis obedece a dos razones. Una general y otra personal. La general tiene que ver con el mito de la izquierda. Los de izquierdas y más en particular los que han sido marxistas nos están vendiendo una moto averiada desde hace mucho tiempo. El comunismo no es tan malo porque los comunistas están avalados por sus fines, por sus honestos fines. Sin embargo, eso que vale para el comunismo no vale para los demás. A todos los demás se les juzga por sus resultados, por las consecuencias prácticas. Y es justo que sea así, porque sólo así sabemos qué hay de verdad en esa preocupación por el bienestar de los hombres y, lo que es más importante, hasta qué punto se está afirmando algo que es inequívocamente falso cuando se compara con los hechos. Lo peor del marxismo es que, como explicación del mundo, no precisa falsación. Es como lo de los parapsicólogos. Ellos dicen que un tipo con facultades paranormales no puede desarrollar sus habilidades si se encuentra cerca un escéptico y más si ese escéptico exige controles. Así se produce el cierre del círculo, porque siempre tienen una explicación para sus fracasos. Lo mismo sucede con el comunismo, porque esa es la ventaja de los sistemas predictivos que siempre consiguen adaptar los resultados que no coinciden con sus postulados.

Naturalmente, cuando el régimen se instaura, toda la realidad se adapta a su visión “científica” del mundo, que se impone sobre la voluntad y la libertad de los individuos. Esa visión, esa ciencia, funciona como un deus ex machina al que siempre se invoca para justificar todos los males presentes, todos los sufrimientos presentes. Y además se retroalimenta, porque las disfunciones son resultado de un desarrollo insuficiente de sus postulados. Exige una implantación total y universal para ser demostrado. Es una teleología que recuerda a la de los Testigos de Jehová, que cuando no se cumple se modifica. Mientras tanto, desprecia la vida y la libertad de las personas, arrasa culturas milenarias y reeduca a los discordantes. Sin embargo, se nos dice que el comunismo es valioso porque pretende mejorar el mundo. Ese ha sido siempre su mejor triunfo, el propagandístico, un triunfo que ha gestionado muy bien. Son los únicos que están a salvo de rendir cuentas. Bueno, en realidad no, porque son como las otras religiones: siempre hay justificación en el más allá.

No es extraño; han sido tantos los que han caído en el misticismo a lo largo del siglo XX. Y no quieren pedir perdón. Es verdad que han terminado teniendo empresas, o son directores generales y tienen dos casas, un perro, dos coches y un pollo en el horno, que tienen cuentas corrientes, planes de pensiones y viajan. Es verdad que en todo son iguales a aquellos a los que sus héroes querían llevar al paredón. Pero hay algo a lo que no renuncian: a la superioridad moral.

Mientras no se reconozca que la ideología comunista ha sido una tragedia para la Humanidad, permanecerá el caldo de cultivo para los totalitarismos, también el nazi y el fascista, que beben en la ideología y el imaginario socialista y marxista; mientras no se admita que en el saldo el debe es enorme comparado con el haber; mientras no se admita que las mejoras sociales en Occidente son resultado de fuerzas enfrentadas en las que se mezclan el liberalismo, los autoritarismos paternalistas (busquen a Bismarck), la presión obrera (que no es comunista en muchos sitios donde los avances son comparables a los de cualquier otro lugar) y la evolución tecnológica; mientras no se renuncie para siempre al comunismo, incluso como referencia romántica, tendremos que tragar con esta basura. Porque De Carreras hace este artículo y pocos protestan, pero si hiciera uno alabando al fascismo o al nazismo, se subiría todo el mundo por las paredes. Claro, él lo ve como un “ideal de vida generosa” y uno se pone a temblar con los resultados de las circunvoluciones del típico intelectual de izquierdas: resultados que terminan en las Brigadas Rojas, la Baader Meinhof o la ETA. Estos son de izquierdas y son coherentes con las normas de sus padres.

Pero he hablado de dos razones y la segunda es la razón concreta. Lean el artículo y verán al comunista bueno, Gregorio López Raimundo, del que yo no sé nada en absoluto, y miren qué cosas dice el articulista: lo primero que luchó “a través de procedimientos democráticos: a la violencia nunca se la debe combatir con las mismas armas sino con la fuerza legítima que sólo da la razón”. Para De Carreras la violencia contra el tirano no es democrática, qué paradoja y dónde estaríamos si se hubiera seguido su ejemplo a lo largo de la Historia. Pero la clave se encuentra en quién está con el comunista: claro, De Carreras. Él estaba allí y estaba con los buenos.

Así son las cosas. Si se habla de buenas personas, el hecho de ser comunista se convierte en algo baladí, como ser rubio, bien parecido u homosexual. Si lo importante es que eran comunistas, les hace un flaco favor, porque defendían la muerte, el hambre y la opresión. Y lo peor es que era fácil saberlo. Es una putada haber creído en el credo comunista. Lo comprendo. Pero ya es hora de crecer y de renunciar al póster.

Ahora, mientras escribo esto, un hombre habrá llegado a su casa en Arabia Saudí. Es honrado y trabajador y adora a sus hijos. Su mujer le obedece, sabe que debe ser así y así se lo ha demostrado él en alguna ocasión, ejercitando su legítimo derecho a corregirla, incluso mediante la fuerza. Reflexiona sobre su vida y está contento. Es un buen musulmán, cumple con sus obligaciones con la familia y la comunidad. No tiene dudas de que hace lo correcto y no duda de que si en todo el mundo se hiciera lo mismo, este sería un lugar mejor y más justo. Así lo dice la Ley. Y admira a los hermanos de fe que se sacrifican para demostrarlo. Aunque mueran infieles. Es el precio que hay que pagar por el futuro.

Repartiendo culpas

 

He leído las dos cartas que se han cruzado Rivera y Rajoy, y hay en ellas algunas cosas curiosas que merece la pena comentar.

La carta de Rivera dice:

Como sabrás, en estos días pasados, Ciudadanos hemos alcanzado un acuerdo con el Partido Socialista para un programa de Gobierno Reformista y de progreso. Estoy convencido que las más de 200 reformas que se incluyen en este acuerdo reflejan las principales demandas que la Sociedad Española necesita y a las que los partidos constitucionalistas no podemos dar la espalda.

Es notable: omite que ese acuerdo lo es, además, para que sea presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Extraño olvido el suyo.

He leído con atención el documento que me entregaste en nuestra última reunión, titulado “Cinco acuerdos para el consenso”, y comparto buena parte de las prioridades recogidas en él. De hecho, las cinco propuestas de vuestro documento están en consonancia con el contendido del acuerdo de gobierno.

Acuerdo de gobierno que implica que el presidente sea Pedro Sánchez.

Me gustaría reunirme contigo para comentar el documento de gobierno que te adjunto. Para ello sería bueno que pudiéramos mantener un encuentro antes del próximo debate de investidura.

Investidura de Pedro Sánchez.

La respuesta de Rajoy. Dejo de lado supuestas cortesías superfluas:

Me dices que has llegado a un acuerdo con el Secretario General del PSOE para votar su candidatura a la Presidencia del Gobierno. Tienes perfecto derecho a hacerlo.

Es gracioso. No, Mariano, no te lo ha dicho.

Espero que comprendas que yo no me sume a ese acuerdo, que no pueda suscribir ese contrato de adhesión y que, por tanto, no vaya a apoyar a tu candidato.

Entre otras razones, porque no he sido invitado por él a hacerlo. No hace falta que te recuerde todas las veces que él mismo ha dicho públicamente que no está dispuesto a pedir, ni a aceptar, el apoyo del Partido Popular, sino que está buscando -como tú sabes- el apoyo o la abstención de PODEMOS.

Me temo que lo que dice Rajoy es indiscutible. Rivera quiere reunirse con Rajoy para discutir un programa de gobierno del Gobierno de Pedro Sánchez, pero Sánchez no quiere reunirse con Rajoy para discutir ese programa. Y todos sabemos que reunirse con Rajoy supone poner sobre la mesa una obviedad: el PP tiene 32 diputados más que el PSOE. Por tanto, el presidente de ese Gobierno tendría que ser Rajoy.

Es más, su único objetivo -según él mismo ha señalado- es echar al Partido Popular del Gobierno.

Irrefutable. Lo ha dicho Pedro Sánchez y lo han dicho todos los mandamases del PSOE a los que he escuchado. Todos, sin excepción, insisten en que lo importante es el cambio y que el cambio implica que el PP deje de gobernar.

Y su programa no es otro que derogar toda la labor que el Gobierno ha llevado a cabo en estos últimos años y que, entre otras cosas, nos han llevado a ser el país que lidera el crecimiento y la creación de empleo entre las principales naciones de la Zona Euro.

Falso. El PP podría negociar perfectamente un acuerdo con el PSOE y Cs sobre la base del documento publicado, que es muy impreciso, pero que no contiene, en mi opinión, ningún obstáculo de tanta enjundia que lo haga imposible de asumir, al menos tras una negociación que aclare cuestiones y especifique más aspectos que se han remitido a comisiones, mesas y acuerdos futuros. Esto, además, demuestra hasta qué punto ambos partidos (Cs y PSOE) saben que el escenario más probable es el de nuevas elecciones: por eso su acuerdo es tan parcial, para que no se use contra ellos.

Comprenderás que, siendo el Partido Popular el más votado en España, se me haga muy difícil explicar a los votantes de mi partido -a los cuales me debo- que apoyo a quien no ha ganado, para derogar todo lo que mi Gobierno ha hecho y sustituirlo por el programa del PSOE.

Mariano, Mariano. ¿No has dicho mil veces que lo que defiendes es el interés de España por encima de intereses partidistas?

Sabes que siempre estoy a tu disposición, y dado que has leído mi propuesta y te parece interesante, espero que -si PODEMOS no acaba sumando su apoyo al tuyo para investir a Pedro Sánchez- podamos trabajar juntos en ese amplio Gobierno de coalición que te propuse tres días después de las elecciones y que te pareció muy razonable; cosa que yo te agradecí profundamente.

Obvio. Hay una diferencia esencial entre el PP y el PSOE: el PP sí ha invitado al PSOE a unirse a un gobierno de gran coalición.

Dicho esto, vayamos a lo esencial. Hay demasiado ruido, demasiados análisis, y un exceso de cronología que pretende, con una verborrea insufrible y un gran aparato escénico, ocultar cosas que son muy sencillas:

1.- El asunto de la investidura tiene una solución racional que, a la vista del documento firmado entre PSOE y Cs, resulta más evidente hoy: un acuerdo de gran coalición. En ese acuerdo, el reparto de poder debería ser proporcional, más o menos, al número de diputados de cada fuerza.

2.- El PSOE ha situado como su primer objetivo expulsar al PP del poder, pero pretende hacerlo sumando a la fuerza que lo modera frente a las otras fuerzas de izquierda. Lo hace porque esas fuerzas de izquierda mantienen posiciones inasumibles por ellos. Esto es importante: para el PSOE es más difícil el acuerdo programático con Podemos que con el PP. En cualquier caso, el PSOE ha escogido al PP como adversario.

3.- Esa posición sectaria del PSOE es la clave de la renuncia de Rajoy a la investidura. Nadie ha dicho que no quiera sentarse con Sánchez. Todos, salvo Cs, han dicho que no se sientan con Rajoy. Rajoy nunca ha estado en disposición de ganar una investidura en esas condiciones y no es culpa de él. Son los demás los que le tratan como a un apestado. Véase que Sánchez se reúne con ERC, por ejemplo, una fuerza que quiere romper España, pero se niega a discutir con Rajoy un posible acuerdo.

4.- Ahora, Cs plantea al PP que el acuerdo con el PSOE es asumible. Pero lo plantea obviando que es un acuerdo de investidura. Lo hace para centrar el debate en el texto y no en la postura sectaria del PSOE. Teatraliza, en suma. Y es comprensible que Rajoy diga “hablamos cuando fracase Sánchez”. Lo es porque entonces el candidato puede ser alguien del PP, siempre que el PSOE esté dispuesto a discutir su propio programa como programa de gobierno, pero con un candidato del partido más votado, partido que se necesita para una investidura “constitucionalista”.

5.- ¿Podría el PP, pese a todo, abstenerse? Sí, claro. Personalmente se lo agradecería. ¿Se le puede exigir o incluso culpabilizar de no hacerlo? No. Lean lo anterior y verán que el principal responsable es el PSOE. Incluso en lo más sensible, la corrupción, la postura del PSOE es mendaz. No solo porque sea un chiste que el PSOE eche en cara al PP la corrupción, sino porque un acuerdo a tres —que permita reformas, ya que habría una enorme mayoría absoluta detrás— con medidas concretas en materia de corrupción es la forma más sencilla de obligar al PP (y al PSOE, añado) a reformarse.

6.- También podría Podemos abstenerse, aunque, en el caso del partido de Iglesias, comprendo que no lo haga: sí hay una verdadera distancia entre las propuestas de Podemos y las del PSOE+Cs. La fundamental es que el compromiso con el déficit público de la UE que aparece en el documento va a hacer imposibles muchas de las medidas “sociales” propuestas por falta de financiación. De ahí que se hable de estudio, comisiones, mesas, expertos y demás. Mientras se estudia iremos viendo que no tenemos dinero, con el añadido de que, además, nos hemos comprometido a gastar cada vez menos y no más.

Insisto, todo lo demás es ruido. Teatro dirigido a la imposición de un relato y a repartir culpas. Comprendo que alguien diga que yo también reparto culpas y escribo un relato. Ahora, además de decirlo tendrá que dar argumentos. Ya anticipo: la cronología no es un argumento, porque la cronología es producto del pecado original del PSOE: no hablar con el PP y expulsarlo del poder a toda costa.

Si alguien me da otros argumentos racionales, estoy dispuesto a considerarlos. En estos meses aún no he escuchado uno digno de ese nombre.

 

La voz del Espíritu Santo

 

Cuando uno de los protectores más antiguos y persistentes de Beethoven, su alumno, archiduque Rodolfo, hermano del emperador Jose II de Austria, añadió un título más a la larga lista que le correspondía por nacimiento, el de arzobispo de Olmütz, el compositor decidió honrarlo dedicándole una misa.  Era marzo de 1819 y había pasado por años difíciles, en los que había tenido tan presente la muerte. No pudo entregar la partitura a tiempo, porque los pasajes fueron adquiriendo una extensión, una profundidad y una intensidad tan enormes que necesitó cinco años para terminarla. Su estreno tuvo que esperar hasta abril de 1824, en San Petersburgo.

En esos años compuso Beethoven tres obras que cambiaron la historia de la música: la novena sinfonía, la sonata hammerklavier y la misa en re. Esta es la protagonista de hoy.

Es importante comprender que, si Beethoven hubiera muerto en 1815, habría sido, sin duda, uno de los más grandes compositores y genios creadores de la historia de la humanidad. Murió doce años después, y toda su obra anterior palidece y parece banal en comparación con su última producción. Y puede que la mejor, la más excelsa, de esas últimas obras, sea la Missa Solemnis.

Repleta de momentos exquisitos, su valor es producto de la progresión de las ideas, del esfuerzo brutal por dar sentido al texto. Se ha dicho que es casi ininterpretable, que “suena mal”, que exige un esfuerzo excesivo del oyente, que es desigual, y que mezcla pasajes casi infantiles con otros contrapuntísticos tan elaborados e imposibles que fatigan al espectador más concentrado. Las mismas críticas que se hacen a la Grosse fugue o a la fuga final de la hammerklavier.

Sí, este Beethoven no es para pusilánimes. El hombre que sigue su camino entre medias de la familia imperial, mientras Goethe se comporta como un lacayo no sabe hacer concesiones. El suyo es un diálogo con Dios.

Resulta difícil escoger un momento de la obra. Resume todos los rasgos del estilo del último Beethoven. Pensé primero —tras escucharla una vez más, como tantas veces, con mi vieja kalmus miniature, con las voces escritas en claves de fa y do— en la maravillosa doble fuga sobre las palabras et vitam venturi del Credo – 163 compases de 472 -, la música que se escucha tras la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo con ese sublime anuncio en piano de la vida futura por los siglos de los siglos; pero al final me he decidido por otra parte de la obra. La misa permite mostrar una de las cualidades inefables de la música de Beethoven. Esa extraordinaria capacidad para alargar melodías sencillas, deshilachando las divisiones, terminando las cadencias en los tiempos débiles, con la tónica en la voz superior, retrasando las voces interiores, ocultando la estructura de la música, de una forma tan sutil y misteriosa que parece que fluya, inevitable y natural. Son pasajes que creeríamos improvisados si no fuera porque están escritos; los del lento de la novena, del cuarteto op. 132, la sonata op. 110. Melodías que te dañan y te curan a la vez.

Uno de esos momentos se encuentra en el Sanctus de la misa. En la partitura, Beethoven escribió Von Herzen – möge es wieder – Zu Herzen gehn!,  “Del corazón – ojalá vuelva- al corazón”. Escuchen.

Fagotes y contrabajos en si menor, violonchelos, el clarinete en la y las violas. Trompas, timbales y trombones abren la puerta a los solistas, que anuncian solemnes y oscuros la santidad de Dios, hasta que estalla la alegría por la plenitud de su gracia y su gloria. La fuga es una preparación para el misterio.

El maravilloso preludio instrumental que sigue es un engaño. Beethoven nos hace creer que las voces aparecerán en cualquier momento para bendecir al que viene en nombre del señor. Sin embargo, no se escuchan voces, se escucha a un violín solo, un sol agudo, la tónica, un violín enmarcado por dos flautas traveseras que tocan en terceras. Ese violín, durante 124 compases, cantará una de las melodías más hermosas jamás compuestas. Los demás, las voces, el coro, la orquesta, lo acompañan y nos dicen que el mundo es un lugar lleno de bondad.

beet

En todas partes cuecen habas

 

Vía @velardedaoiz me entero de este artículo del NYT en el que se menciona algo que resulta tremendamente impactante: un 20%  de los votantes de Donald Trump, según una encuesta de YouGov, serían contrarios a la proclamación de emancipación. Este es el texto del artículo:

Nationally, the YouGov data show a similar trend: Nearly 20 percent of Mr. Trump’s voters disagreed with Abraham Lincoln’s Emancipation Proclamation, which freed slaves in the Southern states during the Civil War. Only 5 percent of Mr. Rubio’s voters share this view.

Al parecer el asunto se ha hecho viral (en particular a través de tuiter) y en muchos medios se ha empezado a titular que uno de cada cinco votantes de Trump es racista o directamente proesclavista.

Es un buen ejemplo de ruido y manipulación. No porque la encuesta sea falsa, sino porque deliberadamente se omite su contexto. En las preguntas anteriores de la encuesta se dejaba claro que esta se centraba en el uso de órdenes ejecutivas: es decir en una cuestión de actualidad.

You-Gov

You-Gov3

 

 

Como es evidente, cuando se pregunta a los ciudadanos sobre algo que se ha criticado (en Obama y en otros presidentes) y luego se muestran ejemplos de órdenes ejecutivas, es mucho más comprensible un resultado como ese. Y esto no implica que se esté en contra del contenido de esas órdenes concretas, se puede estar en contra del procedimiento. Por tanto, ese resultado no implica que el que contesta sea racista o esclavista, como se demuestra por el hecho de que un 5% de negros también se mostrasen en contra. ¿Hay un 5% de negros norteamericanos proesclavistas?

You-Gov
Hay, además, algo que me hace mucha gracia. En el artículo del NYT, la periodista afirma algo que me asombra en alguien que presumo conoce la historia de su país. Dice que la Proclamación dio la libertad a los esclavos en los Estados del Sur. Esto es mentira. Esa proclamación, un buen ejemplo de una decisión constitucionalmente dudosa tomada en un momento de enorme crisis nacional, solo liberó a los esclavos de los Estados rebeldes. Los Estados esclavistas que no se unieron a la Confederación no se vieron afectados. Durante la Guerra Civil siguió habiendo esclavos en el Norte. Más aún: el propio Lincoln anuló dos proclamaciones previas efectuadas por dos de sus generales.

Me cito:

La Proclamación de Emancipación de 1 de enero de 1863 no era un respuesta definitiva, sino una medida de guerra. Declaraba libres a los esclavos de los Estados rebeldes. Por esa razón los esclavos de Delaware, Kentucky, Missouri y Maryland, Estados que no se unieron a la rebelión del sur, siguieron siendo propiedad de sus amos blancos. La medida buscaba esencialmente crear problemas en el esfuerzo de guerra sudista. Al final de la guerra más de 200.000 negros habían luchado en el ejército yanqui.

Por si alguien quiere saber algo más sobre el asunto, aquí escribí sobre él.

En fin, un ejemplo más de cómo la complejidad nos produce alergia y cómo nos dejamos llevar por la tentación de satanizar a los que no nos gustan

El incidente 2-2-6

 

Entre el 26 y el 29 de febrero de 1936 se produjo en Japón lo que se llama desde entonces el incidente 2-2-6. Son hechos que han dado lugar a muchas discusiones y a más de una novela (entre ellas, la más famosa es Patriotismo de Yukio Mishima). Una intentona (¿golpista? ¿revolucionaria? ¿fascista?) de torcer o acelerar, según se mire, el rumbo del Japón, en la que participaron 1.400 oficiales y soldados de la Primera División del Ejército. La cronología es lo de menos y sus causas cercanas a veces solo sirven para confundirnos más. Un acto de gekokujō, de motín por razones morales fue la excusa. Tres mil quinientos oficiales del ejército habían sido purgados durante cuatro años por pertenecer al Kodoha, el grupo del camino imperial, especialmente influyente entre los oficiales más jóvenes. Su antagonista era el Toseiha, la camarilla conservadora que ocupaba los puestos más altos del ejército, partidarios del expansionismo en China. Durante cuatro años, los “jóvenes turcos” habían intervenido en diferentes atentados terroristas, incluyendo uno, en mayo de 1932, contra el primer ministro Inukai, que murió asesinado.

La base de poder del Toseiha era el ejército Kwangtung, acantonado en Manchukuo (en verde en el mapa), que actuaba de forma casi autónoma. En 1928, el alto mando del ejército había llegado a simular un atentado de “bandidos” chinos para provocar la guerra y la ocupación de Manchuria. La intentona no prosperó. Sin embargo, en septiembre de 1931, nuevos atentados terroristas falsos dieron la excusa a los jefes militares del ejército Kwangtung para ocupar Manchuria y colocar en su trono al títere Pu Yi, el último emperador de los Qing.

Por su parte los Kodoha defendían lo que llamaban la restauración shōwa (el nombre de Hirohito), un movimiento antiparlamentario y anticapitalista, que pretendía la recuperación del camino tradicional, mediante un golpe militar que apartase al emperador de la camarilla enriquecida a costa del sudor del pueblo. La dictadura imperial, la supresión de la aristocracia y la disolución de la Dieta instaurarían la “voluntad colectivista directa” mediante una asamblea armónica, exenta de corrupción y ajena a las facciones propias de los sistemas de partidos.

Si leen sobre el incidente 2-2-6 verán que se explica sobre la base de la tensión entre un movimiento autoritario de corte socializante y el tradicionalismo, encarnado en la élite que había prosperado durante el largo reinado del emperador Taishō, el padre de Hirohito. Leerán que la mecha fue la decisión del general Tetsuzan Nagata de limpiar el ejército, incluyendo entre los depurados a hombres como Sadao Araki, un hombre de honor, héroe para los oficiales más jóvenes y, más concretamente, la propia muerte de Nagata a manos de un miembro de Kodoha, y el juicio y condena a muerte del asesino.

Son explicaciones que sólo rascan la superficie de la difícil mentalidad japonesa. O quizás de las corrientes subterráneas que transcurren y se mezclan formando extrañas convergencias. Al profundizar en la cuestión, te ves extraviado y confuso. Una sociedad modernizada a golpes de voluntad, con gentes vestidas al modo occidental, amantes de la tecnología, extranjeros siempre, fuera de su país, desde el primer al último día. Un mundo con parlamento y partidos, pero en el que las listas de sociedades secretas convierten la historia de la masonería en un chiste. Sociedades minoritarias o de masas, repletas de misticismo, trasunto a veces de meras formas como las que manan de las doce clases de santuarios del Sintho.

¿Recuerdan que les dije que el feudo de los expansionistas, los que ganarían la batalla y llevarían al Japón a la guerra, era el ejército Kwangtung, las tropas de Manchuria? Sin embargo, esos mismos hombres diseñaron un plan de socialismo de Estado que extrajo millones de yenes del zaibatsu, la camarilla financiera, que transformó Manchuria, creando ciudades de la nada, tendiendo miles de kilómetros de líneas férreas, construyendo puertos y aeropuertos, diques, presas e industrias modernas.

¿Recuerdan que les dije que los jóvenes oficiales defendían a las clases populares? A la vez y, sin embargo, se basaron en el hipernacionalismo que derivaba de los éxitos militares en Manchuria para desarrollar su labor propagandística. Más aún, tras la muerte del primer ministro Inukai, sus enemigos dejaron que el autor se explayase durante el juicio, demostrando su valor y determinación, exponiendo sus planes de reforma.

Demasiadas concurrencias.

Es imposible no creer que ambos movimientos no eran sino dos caras del mismo fenómeno. La única diferencia entre el asesinato de Inukai y la muerte de Nagata es la tolerancia de los ancianos. Cuando los más apasionados se exceden dejan de ser valiosos. Así sucedió con la “gentuza de la SA” eliminada por Hitler en 1934.

Todo parece conjurarse en aquellos sombríos años treinta en los que se asiste a la pelea entre lo malo y lo malo. Tanta negrura en el pensamiento solo podría desembocar en la tragedia de la guerra mundial.

Apenas dos años después, el ejército japonés atacó Shanghai y Nankín, y los soldados, enloquecidos de furia por la resistencia china, en ocho semanas, saquearon, violaron, torturaron, y mutilaron. Una cosecha de más de doscientos mil muertos. La esperanza del espíritu empezaba a parir hijos.

Ninguno dijo lo que dicen que dijeron

 

Es tal el grado de sobreexcitación y dramatismo enfático, en esta España nuestra, que estamos empezando a perder de manera colectiva los mínimos exigibles a una sociedad adulta.

Veamos un episodio recientísimo. Hace dos días aparecieron dos personas muertas en un bar en Zaragoza. Por lo que parece, un hombre (que vivía en Medina del Campo) había asesinado a su exnovia y luego se había suicidado. Se había dictado una orden de alejamiento previamente.

Europa Press publicó unas declaraciones de Gustavo Alcalde, delegado del Gobierno en Aragón. Esta son las declaraciones entrecomilladas:

“Están realizándose las investigaciones oportunas. La Policía determinará en los próximos días si ha habido algún tipo de contacto entre los dos, pero lo lógico en estos casos es que si la mujer hubiese detectado que él podía venir a Zaragoza lo hubiera comunicado a la Policía para poner un mecanismo de protección y evitar ese acercamiento a menos de 500 metros”

Como consecuencia de estas declaraciones cinco partidos políticos han pedido la dimisión de Alcalde por sus inapropiadas declaraciones en las que culpabilizó a la víctima.

Es asombroso. Podría comprender (aunque no compartir) que se le responsabilizase de un error en la valoración del riesgo (supuesto error en el que habría que incluir al fiscal y al juez de violencia), pero ¿dónde culpabiliza el delegado del Gobierno a la víctima?

La Policía determinará en los próximos días si ha habido algún tipo de contacto entre los dos [por tanto, aún no sabe si dicho contacto existió], pero lo lógico en estos casos es que si la mujer hubiese detectado que él podía venir a Zaragoza lo hubiera comunicado a la Policía [“si … hubiese”; es decir, no afirma que haya existido, sino que hace una inferencia que será o no lógica, pero que es eso, una inferencia: lo normal es que si una víctima “detecta” —del modo que sea— que un posible agresor va a acercarse a ella —y aquí acercarse tiene el componente especial de que reside en otro sitio, bastante lejano, por lo que difícilmente el viaje puede ser casual— se lo diga a las personas que están encargadas de su protección —toda víctima de maltrato recibe desde el primer momento información de cómo contactar con la policía] lo hubiera comunicado a la Policía para poner un mecanismo de protección y evitar ese acercamiento a menos de 500 metros.

Veamos ahora una posible traducción a esta frase, a ver si se ajusta o no a la literalidad:

“no sabemos si la víctima contactó previamente con el agresor, aunque suponemos que no, porque de haberlo hecho nos habría llamado”.

¿Dónde está la culpabilización?

En realidad, lo único que chirría en la frase es el final, cuando dice: lo hubiera comunicado a la Policía para poner un mecanismo de protección y evitar ese acercamiento a menos de 500 metros.

Chirría porque la víctima lo habría comunicado para que la policía hiciera lo que tenga que hacer y no algo tan concreto. 

¿Es posible que esté el delegado, con esa frase, intentando justificar una posible negligencia? Esa es una posible interpretación, pero forzada, ya que la frase es perfectamente admisible en los términos que he dicho. ¿Da el paso de culpabilizar a la víctima? Ni de coña. En esa frase concreta, no.

Más aún, la víctima no es ni siquiera culpable del crimen si, pese a saber que su asesino iba a reunirse con ella, no avisó a la policía. No es culpable, pero es importante recordar a las personas que ellas también han de colaborar en su seguridad. Lo que es obvio es que la frase, tal cual, se está interpretando de una forma aberrante.

Sin embargo, no queda ahí la cuestión y esto lo hace aún más deprimente.

Hoy ha habido un pleno en las cortes aragonesas. Y ha pasado esto:

Y claro, los del PP se han marchado. Y algunos medios han empezado a pasarse de frenada. Vean Libertad Digital:

Podemos compara un caso de violencia doméstica con el asesinato de Miguel Ángel Blanco

¿Y todo por qué? Porque una diputada hace una comparación, quizás no muy afortunada (en la medida en que se refiere a un afiliado del PP), pero que permite una interpretación, si se hace de buena fe, perfectamente comprensible y que, desde luego, no supone ninguna comparación entre el asesinato de Blanco y el de Zaragoza.

¿Tan difícil es entender que la diputada simplemente está intentando decir que culpabilizar a una víctima de no adoptar medidas de seguridad es igual que culpabilizar a otra víctima de no adoptarlas? Es decir, y de ahí la algo boba apostilla “permítame que sea malvada”, comprender que lo que compara son dos declaraciones, una real y otra inventada, y no dos crímenes.

Cada día me enferma más esta pelea por el titular y esta escalada de gritos histéricos.

El orinal debajo de la cama

 

Cuando comparamos otras sociedades con la nuestra, a menudo, las idealizamos, para bien o para mal. Tenemos una clara tendencia a la grandilocuencia y a la exageración. La dirección es lo de menos. Cualquiera sirve para equivocarse. Por eso casi es mejor no hacer comparaciones globales. Por desgracia, es difícil no hacerlas cuando se trata de escoger una dirección en la historia.

En esas ocasiones, los más sensatos, los más perspicaces, suelen quedarse sin bando. La mesura tiene mala prensa en esta patria nuestra, llena de naciones que, extraña mixtura, se dicen diferentes y, sin embargo, solo lo son por el color de una tela, el orden de unos pasos de baile o el nombre de un arbusto. Incluso esos individuos sensatos y perspicaces son típicamente españoles, envueltos en su melancolía y reacios a asociarse con otros, a los que acusarán, con más o menos injusticia, de venderse a las necesidades de la política concreta. A algunos, sin embargo, nos gusta su fracasada buena educación y esa labor que los llevó a etimologizar, a crear el derecho internacional y a defender una prosperidad basada en la iluminación de instituciones y usanzas.

Esos hombres suelen terminar en una frontera, con unas maletas y una enorme añoranza por la tierra llena de polvo que dejan atrás. O los asesina algún desalmado. acusándolos de algún delito fantasmagórico.

Somos adictos a las demostraciones de fuerza sin constancia y, por eso, siempre hay algún Mario que nos destroza después de habernos divertido montados sobre nuestros escudos. Y lo que es peor, los que sobreviven terminan recogiendo cosechas gracias al abono de los muertos.

Si la diferencia no es genética (y no puede serlo), la clave tiene que ser cultural, pero ¿cómo importas aquello que impide lo que más amamos? El príncipe de Salina le cuenta, al caballero Chevalley, lo que contestó a unos ingleses que preguntaban por los voluntarios garibaldinos que habían visto en Palermo: They are coming to teach us good manners, but won’t succeed, because we are gods (han venido a enseñarnos buenos modales; pero fracasarán porque somos dioses).

También nosotros somos perfectos. Lo somos incluso cuando decimos justo lo contrario, porque el diagnóstico sale como un exabrupto desde la superioridad moral de los que están solos frente al mundo. Esa imagen que recuerda Fernando Díaz Plaja: toda la plaza aplaude, pero un espectador se levanta y mueve el dedo y la cabeza diciendo que no; ese espectador no duda en enfrentarse a los demás, a esos ignorantes. Valientes y generosos, pero inconstantes. En caso de duda, siempre recordamos la bondad de las conductas que se quedaron grabadas: un “olé tus cojones” o un “genio y figura hasta la sepultura”.

No es extraño que nos cansemos de la moderación. Cuando hay un cataclismo de esos que se clavan en los recuerdos de una generación, hacemos propósito de enmienda, pero basta que las cosas mejoren un poco, un par de buenas cosechas y tres comidas al día, para que empiecen a cansarnos esos modelos afeminados. Volvemos a sacar los pies del tiesto y a jugar con fuego. Porque somos dioses. Hace muchos años escuché en un programa de “La clave”, aquella tertulia en televisión de Balbín, a un catedrático de algo, vasco él, esputar, tras reflexiones sosegadas y hasta inteligentes, que la causa de la envidia de los restantes españoles a los vascos era muy clara: “nos envidian porque comemos mejor”. Los vascos, esos españoles paradigmáticos, también son dioses.

En fin, no hagan caso de mi discurso algo deprimente. Seguramente esté moviendo el dedo de un lado a otro mientras digo: “no, no, no es así”. Y es que son ustedes unos ignorantes que no saben nada de las cosas de la vida y el arte.

 

Un mundo perfecto

Le he estado dando vueltas a la idea de escribir esta entrada. Antes de contarles por qué, explicaré su origen: proviene de una experiencia personal de este fin de semana pasado y de la lectura de esta interesante entrada del blog de Pablo Rodríguez —suelen serlo las suyas—. Me he cuestionado si escribirla, porque estoy harto y cansado de polemizar, tan a menudo, sobre violencia doméstica y sobre el discurso ideológico construido sobre la violencia doméstica. De hacerlo casi siempre desde un cierto punto de vista. De ser atacado por hacerlo, pese a ser padre de dos hijas adolescentes a las que, por lo que leo, es seguro que deseo algún tipo de mal inconcreto. Y de ser, a la vez, alabado por gente llena de odio a la que no tocaría ni con un palo y que, a veces, envía comentarios a este blog que ustedes no ven, pensando en mí como en uno de los suyos. Otra razón para dudar es que me voy a centrar en un aspecto lateral de la entrada de Pablo Rodríguez, y eso desenfocará lo más importante, el resto. Léanla completa, por favor. Merece la pena.

Al final he pensado que sí, que mejor insistir. No sé si esto sirve para algo, pero qué le voy a hacer: alguien tiene que intentar, de vez en cuando, equilibrar lo que está tan desequilibrado.

Pablo enlaza a este vídeo, que retuitea y alaba:

El vídeo puede que cuente la historia de alguien —ignoro las circunstancias de su autor—, pero su tono pretende ser, remedando a Borges, la historia de todas las mujeres que nacerán, que es, lo saben ya, la de una única mujer arquetípica.

Una mujer a la que los niños de su clase, antes de los catorce años, habrán llamado puta, zorra y algo más, algo que el padre disculpará como «cosas de niños», porque quizás él hizo lo mismo sin mala intención; una mujer de la que, alguno de los que dijo puta, habrá abusado aprovechando su embriaguez, porque es algo gracioso, y a la que —no te sorprendas, papá— habrá violado antes de los veintiún años el hijo de un amigo de su padre, que hacía bromas groseras de las que el padre se reía; una mujer a la que criaron para ser fuerte e independiente, pero que, tras conocer al hombre perfecto, ve cómo este se transforma y un día la llama puta, como el padre quizás llamó puta a alguien en la escuela, para después, otro día, pegarle —y ella se siente culpable porque cree que quizás hizo algo mal—, para, finalmente, casi matarla, a pesar de que tiene «un doctorado, un trabajo fantástico, buenos amigos y su familia y fue bien educada». Por eso, añade esa mujer que es todas las mujeres, porque «una cosa siempre lleva a la otra», «papá, detenlo antes de que comience», y no dejes que su hermano llame puta a ninguna chica, porque un «niño pequeño» creerá que es verdad y «no aceptes bromas groseras» de nadie, porque detrás de cada broma hay una parte de verdad. Todo concluye en un ruego a su padre: que la proteja, para que ser mujer no sea «el mayor peligro de todos».

La música, la puesta en escena y la ternura con la que esa niña no nacida, esa especie de Eva inmortal que sobrevuela todas las generaciones, se dirige a su padre, oculta un mensaje terrible: el padre es culpable. Ese padre, todos los padres, todos los hombres.

Más aún, el fundamento de su discurso es que todo tiene que ver con todo. Que todo es causa de todo. Que no hay soluciones de continuidad. Que el violador lo es porque había tolerancia a los insultos (a esos concretos insultos) durante la niñez. Todos los niños llaman a las niñas putas y todos los hombres se ríen y transigen, y eso (ESO) inicia una cadena terrible de acontecimientos que lleva a algunos a violar y a maltratar a las mujeres. El maltratador empieza llamándola puta, luego le pega y luego casi la mata. Esa secuencia inevitable se originó porque su padre dejó que su hermano llamase puta a las demás niñas, o porque el padre rió las bromas groseras de los otros o quizás las hizo él mismo. Porque la mala educación, en suma, establece las condiciones de las que se sigue, como si fuera el diseño de un relojero ciego, la violencia y el crimen. El primer insulto, trasunto del fuego del que nace el incendio eterno, que el hereje anuncia en la pira.

«Una cosa siempre lleva a la otra»

«Si hubieras sabido que su hijo me violaría le habrías dicho que se controlara»

«Su hijo, que creció con esas bromas se convierte en mi problema»

Esta visión de la violencia contra las mujeres se basa en varias creencias: en la creencia de que la violencia es solo producto de la cultura; en la creencia de que hay un hilo irrompible entre la broma, el insulto, el abuso, la violación y el asesinato; en la creencia en que si todos los hombres fueran perfectamente educados y nunca llamasen «putas» a las chicas (entiéndase esto como arquetipo), ese «niño pequeño» que sí se ha creído que todas las mujeres son putas no abusaría, violaría, lastimaría o asesinaría a una mujer al crecer.

Es una visión religiosa. Una visión que, trasplantada a otros ámbitos de la existencia —y espero que alguien me explique por qué no habríamos de hacerlo—, haría que esta fuera insoportable. Que exigiría una especie de tribunal moral permanente, formado por todos, que impediría el mal gusto, la broma soez, el sarcasmo, el exceso personal. Una estrategia basada en el mismo principio que dice que hay que hacer deporte, comer sano, consumir cinco piezas de fruta al día, y sobre todo no consumir drogas. Porque, ya  lo sabemos, «una cosa siempre lleva a la otra» y si fumas un porro terminarás robando a punta de pistola un banco para pagarte la droga dura o atropellarás a una familia feliz borracho como una cuba. Quizás deba yo —que nunca he consumido drogas ilegales— reprender a mis amigos, esos que se emporran o que esnifan cocaína, no sea que yo asuma parte de su culpa futura. Esta estrategia es la que piensa que la fantasía sexual no llevada a la práctica, en la que se incluye violencia, incluso violencia sexual —y que puede serlo de una mujer—, es la antesala del crimen. Es una visión que además degrada la responsabilidad individual: el sujeto que viola o agrede o mata a una mujer ya no es tan responsable. Es un hombre al que el padre de la violada no paró los pies cuando hacía bromas.

Todo esto es desolador. Me parece un insulto a las personas que han cometido errores; que se pasaron de frenada; que han sido alguna vez maleducadas —¿hay alguien que no?—; que han elegido un estilo de vida que no nos gusta, que nos parece poco sano, o incluso repugnante; pero que nunca han violado a una mujer o abusado de ella. Me parece también un insulto a la complejidad. ¿Las niñas no se ríen de sus compañeros de clase, en particular del friqui, del feo, del gordo, del enano? ¿No los putean con su indiferencia? ¿Las niñas no llaman putas a otras niñas? ¿No compiten entre sí?

Esta matemática mecanicista, incapaz de aislar los hechos para atribuir responsabilidades —ese precio de la libertad—, es además inútil. Personalmente, creo que no sirve para nada: solo para abonar un discurso que no ha sido probado. Puestos, me quedo con lo que escribía aquel primatólogo que analizaba la base biológica de la violencia contra las mujeres: mejor que estas aprendan a responder a la violencia con violencia; no apuntar a una masa informe de irresponsabilidades (no, no es una errata), sino apuntar el arma —un revólver cargado— contra el sujeto concreto que te quiere hacer daño.

Al principio de esta entrada hablaba de dos razones para escribirla. Les contaré la segunda. He visto el vídeo que enlazaba Pablo después de presenciar cómo un padre se abrazaba a sus dos hijos, de seis y trece años, tras salir por la rampa de un garaje. Voy a contarles la historia.

Una familia de otro país está de paso por España. Vienen del norte de África y van camino de casa. Paran en Madrid y quedan a cenar con unos amigos, unos compatriotas que también están en España de paso. Es sábado por la noche, en el centro, en una zona muy concurrida. El niño, que tiene trece años, pide permiso a su madre para dar una vuelta por la plaza que da al restaurante. La madre se lo da. Poco después, el padre pregunta por su hijo y la madre le explica qué ha pasado. Miran, pero el niño no está. Es de noche. El padre habla español, pero su hijo no. Mientras las mujeres esperan en la puerta del restaurante, los hombres (tres) se separan y empiezan a dar vueltas por la zona. La madre llama (chapurreando español) a la policía. Pasan casi dos horas. El niño, asustado, para a un transeúnte. Este comprende que algo pasa y avisa a los municipales. Los policías lo llevan hasta la madre y se van. Al rato, el padre, enfermo de preocupación, regresa a la puerta del restaurante y ve a su hijo. Su primera reacción es gritarle y darle una torta. La madre se interpone para evitarlo. El padre lo intenta de nuevo y el niño, rápido, evita que su padre pueda alcanzarlo.

Unas personas pasan por la calle y otra trabaja en un negocio enfrente del lugar. Avisan a la policía. Dicen que han visto a un hombre —esta es la primera información que me llega— dar puñetazos a una mujer y a un niño. La policía acude y detiene al hombre. Los amigos de la pareja intentan explicar a los policías que ellos han presenciado todo y que el padre no ha agredido a la madre: que solo ha hecho el gesto de dar un cachete a su hijo, como consecuencia de los nervios, a la vez que gritaba. Intentan ir a comisaría a declarar, dar sus datos. Los policías no los toman. La madre niega haber sido golpeada e intenta aclarar lo sucedido. El hombre es detenido.

Yo lo conozco a media mañana del domingo. Me explica lo sucedido. Tendrían que salir de España ese día: tanto él como su mujer tienen negocios que atender. Además, el hombre está preocupado por su hijo, por lo que estará pensando al ver cómo su padre es esposado y detenido. Por si creerá que ha sido culpa suya. No tienen casa en Madrid. Viajan en una caravana. Ella casi no habla español. Intento que lo dejen en libertad. Los policías me dicen que los testigos aseguran que el hombre ha dado puñetazos a la mujer y al hijo. Yo aún no he visto el atestado, pero en él se indica algo crucial: hay cámaras de seguridad que pueden haberlo grabado todo.

Los policías llevan al hombre a un centro de detenidos. Pasará a disposición judicial al día siguiente. Es su segunda noche privado de libertad.

Por fin, el lunes puedo ver el atestado. Descubro que es posible que haya grabaciones de lo sucedido. El hombre, al saberlo, insiste en que se traigan, que se vean, porque él sabe qué hizo. La madre del niño, además, lo ha explicado todo con meridiana claridad: no hubo ninguna agresión hacia ella, y en cuanto a su hijo solo un intento de tortazo que no llegó a producirse porque ella se interpuso. Aunque la policía le había insistido —quizás por las dificultades de comunicación, ya que no interviene un intérprete— ella había negado la víspera ser una víctima, había rehusado que se le asignase un abogado, había afirmado categóricamente que no quería reclamar nada y que solo quería que dejasen libre a su marido.

Más aún, en el atestado leo que, según los policías, lo que han visto los testigos es a un hombre que «lanza» unos puñetazos a una mujer y a un niño. Esta es la razón por la que lleva dos días detenido.

Como observo que en el atestado no aparecen citados como testigos los amigos de la pareja, le pido a la esposa que los localice y que vengan. Anticipo que voy a pedir su declaración, ya que ratifican la versión de mi cliente.

Cuando comienzan las declaraciones: la esposa vuelve a insistir de forma contundente y clara en que es falso que haya sido agredida. No hay un solo rastro físico de esa supuesta agresión. El hombre cuenta su historia y admite —solo admite eso— que intentó dar un cachete a su hijo como consecuencia de su estado de excitación nerviosa. En ese momento, el juez toma declaración a la persona que avisó a la policía: la testigo declara haber visto una paliza brutal a un niño, al que un padre da varios puñetazos en el rostro mientras hablaba en un idioma para ella desconocido. Cuando vuelvo a pedirle que se explique, reitera que lo que ha visto es a un hombre ensañándose a golpes con un niño. Incluso escenifica los puñetazos. Sin embargo, cuando se le pregunta si el hombre golpeó a la mujer, la testigo solo dice que él la apartó para pegar al niño.

El juez anuncia que va a archivar respecto de la mujer, pero que se va a inhibir en cuanto al resto. Ya no es un asunto de violencia sobre la mujer, por lo que lo turnará a reparto. Pido que declaren los testigos que presento. Me dice que no es competente y que lo hagan cuando el juez al que le corresponda los llame. Hago constar que no viven en España, pero eso no cambia su decisión. Pido que, al menos, examinen al niño. En principio se niega, pero cuando comento que un examen médico dentro de semanas (cuando presumiblemente pueda producirse) resultará inútil, puesto que el niño podría haberse curado, termina aceptando el examen. El forense ve al niño que supuestamente ha sido golpeado de forma brutal dos días antes: el niño no tiene ni un rasguño. Ni uno. Ni el más mínimo rastro de violencia.

A las dos de la tarde del lunes, el hombre sale por la rampa del garaje de los juzgados de violencia. Sus hijos lo ven. Se abrazan a él, llorando, y él llora con ellos durante un buen rato. Luego se abraza a su mujer. Hablamos un momento. Se va a marchar a su país inmediatamente. Antes me cuenta algo que le ha pasado, que no puedo repetir aquí. Le digo que puede denunciarlo, que le acompaño. No quiere. Solo quiere marcharse de España.

No adornaré la historia con conclusiones. Se las dejo a ustedes.

Solo diré: cuidado con los prejuicios que alimentamos.

No son inocuos.

Démonos fraternalmente la paz

 

En esta web aparecen el manifiesto y los firmantes del manifiesto que pide la excarcelación de Arnaldo Otegi.

Yo creo que se puede ser decente y pedir la liberación de Otegi. Otegi está en prisión por pertenencia a ETA, como consecuencia de una sentencia del Tribunal Supremo que rebajó la condena anterior impuesta por la Audiencia Nacional (que era de diez años) a seis años. Esa sentencia cuenta con dos votos particulares; uno de ellos consideraba que debía juzgarse de nuevo a los acusados, por falta de imparcialidad del tribunal; el otro voto particular se inclinaba directamente por la absolución.

Ahí están la sentencia y sus argumentos. Esencialmente se basa en algo tan complicado como determinar si Otegi (y los otros encausados) obedecían una estrategia diseñada por ETA en un momento en el que ETA no pensaba disolverse o si esa estrategia fue independiente y ETA quiso instrumentalizarla. El tribunal opta por lo primero y explica por qué. En esto, muchos caen en la falacia post hoc ergo propter hoc y creen que porque Otegi liderase una supuesta vía política y que, con posterioridad, ETA anunciase el cese de su actividad terrorista, eso implica que aquella no fuese una estrategia de ETA dentro de su actividad terrorista. Es una falacia porque ETA siempre quiso politizar su actividad terrorista. Siempre habló de conflicto, de presos políticos, de guerra, de actividad armada, de gudaris. Y, sin embargo, desde el establecimiento de la democracia en España, cualquier persona con dos dedos de frente debería saber que todo eso es bullshit, pura propaganda para engañar a los incautos. La derrota de ETA, y el certificado de fallecimiento que se dieron ellos mismos, no fue resultado de ninguna “conversión”. Fue resultado de los hechos, tan tozudos ellos, que terminaron penetrando en la impermeable mente de ese montón de tarugos criminales que tanto daño han hecho a tantas personas y a este país, en general.

No obstante, estamos en 2016. Y yo puedo comprender que alguien, a la vista de las cosas, crea sinceramente que la sentencia fue injusta y que Otegi, miembro de ETA que lo fue durante más de una década, y condenado por secuestro, debe salir de prisión. Y creo que se puede ser decente y defender esto.

El problema, para mí, es que no creo que se pueda ser decente y defender eso sobre la base del relato de ese manifiesto concreto. Quien lo firma o es un perfecto ignorante de lo que es ETA o es alguien que cree que España no es (o ha sido, supongo que ahora ya empieza a serlo para ellos) una democracia, que es cierto que los etarras practicaban la “lucha armada” y que cree que hay dos bandos, equiparables moralmente, que han provocado dolor y sufrimiento.

Este es el impresentable manifiesto. Entre corchetes mis comentarios:

LIBERTAD PARA ARNALDO OTEGI; PRESOS VASCOS, A CASA [¿También los condenados por asesinatos múltiples?]

Hace ya cinco años el movimiento independentista vasco [la organización terrorista ETA] abrió un profundo [es imposible que fuera profundo] debate sin precedentes [falso: en el comienzo de la democracia, muchas personas que habían pertenecido a ETA, abandonaron la organización terrorista y participaron activamente en política, sin ningún problema -corrijo, algunos con problemas causados precisamente por ETA- beneficiándose además, en muchos casos, de la ley de amnistía] que concluyó con una apuesta inequívoca [falso: ETA aún no se ha disuelto y entregado sus armas] por vías exclusivamente [¿exclusivamente? ¿quiere decir que antes, además de terrorismo, realizaban actividades pacíficas y democrática? ¿no se dan cuenta de que una organización terrorista tiñe todo lo que hace de terrorismo y crimen?] pacíficas y democráticas, renunciando a la violencia [al crimen] en su reclamación del respeto a la autodeterminación del País Vasco [parece olvidarse del paraíso leninista que exigían], y con una disposición nítida [“nítida”, “inequívoca”, pero ETA no se ha disuelto], a cerrar totalmente [es decir, a hacer borrón y cuenta nueva, olvidando las consecuencias de sus crímenes], por medio de la palabra y el diálogo, el largo conflicto violento [no hay un conflicto: hay una serie ininterrumpida de crímenes, cometidos por una organización terrorista para conseguir su objetivo totalitario] que ha asolado la región [¿la región?; no, hombre, no, la región, no. Ha matado, asesinado y torturado a ciudadanos en toda España. Son personas, no son piedras, cabos y ríos] desde hace décadas.

En octubre de 2011, ETA respondía positivamente al llamamiento realizado desde la Conferencia Internacional de Aiete (San Sebastián) que le demandaba el cese definitivo de su actividad armada de más de 50 años y la apertura de un proceso de diálogo [la lógica absurda de este párrafo: ETA estaba derrotada, ¿cómo no apuntarse al “diálogo” e intentar sacar algo, una vez más, como siempre intentó?] .

El Premio Nobel de la Paz [como si ser premio Nobel de la Paz lo invistiera de sabiduría inatacable] Desmond Tutu señaló a Arnaldo Otegi, en su día portavoz de Batasuna y hoy secretario general de Sortu [y miembro de ETA y condenado por secuestrar a un ciudadano], como “el líder de este proceso de paz”. Efectivamente, Otegi fue el dirigente más destacado entre aquellos que propiciaron en las fuerzas independentistas el debate sobre la necesidad de apostar por la palabra para solucionar todo conflicto [Aunque fuera cierto, esto no limpia sus crímenes anteriores]. Su apuesta por vías exclusivamente pacíficas y democráticas fue respondida con su arresto, en octubre de 2009, y con su posterior condena a más de seis años y medio de prisión por pertenecer a la organización política Batasuna, ilegalizada previamente por el Gobierno español [Falso: fue detenido y condenado por pertenecer a ETA y ejecutar sus órdenes. ETA después de octubre de 2009 volvió a asesinar en Francia].

Desgraciadamente, el fin de la actividad armada de ETA, que ha mostrado su disposición a un proceso de desarme y de diálogo y reconciliación [la propia frase admite que ETA, la fallecida ETA, quiere ser enterrada con algún honor, con alguna justificación] que tenga en cuenta el dolor de todas las víctimas [esta frase equidistante es vomitiva. ETA es la única que no puede hablar del dolor de nadie, porque es la principal responsable. Todas las víctimas del terrorismo son víctimas de ETA. Incluso las víctimas del terrorismo de Estado son víctimas de ETA —sin que esto excluya que del terrorismo de Estado sean primeros responsables los que lo cometieron y deban ser castigados—]  no ha traído consigo todavía respuesta positiva alguna por parte del Estado español [¿Qué respuesta quieren? ¿Que nos saltemos la ley? ¿La ley democrática votada por los representantes democráticos del pueblo español y aplicada por los tribunales españoles y, a veces, reformada en esa aplicación por tribunales supranacionales?] .

Arnaldo Otegi, cuyo caso ha sido recurrido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos [que se acate su sentencia], se encuentra en una prisión española alejado de sus familiares y amigos [se encuentra ahí porque fue condenado por ser miembro de una organización terrorista]. Así están también cerca de 500 presos vascos relacionados con este conflicto [¿relacionados? Es asqueroso cómo evitan decir que están ahí por ser autores de terribles crímenes]. Dispersados en prisiones lejanas al País Vasco, frecuentemente incomunicados, esta realidad provoca, además, un castigo añadido a sus familiares, abocados a recorrer largas distancias para poder visitarlos.[Una política avalada por el Consejo de Europa y el TEDH como perfectamente respetuosa de los derechos humanos según se definen en los tratados]

Ante esto, pedimos la libertad inmediata del hombre que supo arriesgar por la paz y la democracia [¿arriesgar por la paz y la democracia alguien que ha sido miembro de ETA, que comulgó durante décadas con el terrorismo etarra y que defiende un discurso equidistante en el que las víctimas del terrorismo son una especie de precio o contrapeso justificado por un “conflicto” que ellos mismos crearon?], de quien apostó por la palabra cuando parecía que nadie lo haría [Vamos a ver: lean su primer párrafo, por favor, que no está tan lejos]. Su liberación y el final de la política de alejamiento, como paso previo a la excarcelación temprana de los presos vascos, son pasos necesarios para poder alcanzar una paz justa y duradera en la región [Es decir, no renuncian al terrorismo y siento decirlo, pero esto sí es ETA: pagar un precio por la “paz”. Que la “paz” solo sea justa excarcelando “tempranamente” a personas que han cometido terribles crímenes para logar una paz “justa”. ¿Justa? ¿Y qué me dicen de la palabra “duradera”. ¿Acaso si no se excarcela a los “presos vascos” volverán a las andadas? ¿Es eso?]

Por humanidad [puaj]. Por justicia [uno podría creer esto si no hubiese leído todo lo anterior]. Porque creemos en una solución sin vencedores ni vencidos [Esto no ha sido una guerra. Ya hay vencidos. Los cementerios españoles están llenos de vencidos. Esta frase es profundamente inmoral]. Porque apostamos por la paz [¿Y? La inmensa mayoría de españoles y vascos han apostado siempre por la paz y no se ponen medallas, ni reclaman regalos por dejar de matar. Ellos NUNCA mataron]. Por eso pedimos libertad para Arnaldo Otegi y el traslado de los presos al País Vasco.

Creo que algunas de las personas que han firmado esto son simples tontos útiles. Gente que cree que España es un lugar exótico, con una élite opresora y con sus románticos insurgentes en sus inaccesibles valles y montañas.

Solo así se entiende que asuman toda esa porquería.

Por los españoles que firman esto solo siento desprecio.