Dawkins y la maldición de la inteligencia (I)

Notas aclaratorias

Para comenzar hay que empezar por el comienzo. Empezaré, por tanto, por el prefacio del libro.

EL ESPEJISMO DE DIOS. PREFACIO.

Hay que reconocerle a Dawkins que tiene unos elevados niveles de autoestima o, como diríamos por aquí, que no necesita abuela.

Cuando tiene que mencionar un primer tipo de personas a las que va dirigida su obra, se refiere a aquellas que, educadas en una religión, no saben que pueden abandonarla. Vamos, personas que o simplemente son estúpidas o viven en un entorno en el que resulta imposible considerar no profesar una religión. Porque, para los demás, para los normalitos y para los que pueden ver más de dos canales de televisión, dejar de creer, aunque nadie se entere, es relativamente sencillo. Otra cosa es que se oculte por miedo a las represalias o los inconvenientes (pero no se trata de eso). Es decir, literalmente dirige su obra, en primer lugar, precisamente a aquellos que no la leerán: personas cortas de entendimiento o pastores afganos, por ejemplo.

Quizás simplemente Dawkins se deja llevar por el deseo de contar una anécdota de su mujer, que cuando niña no sabía que pudiera cambiarse de colegio. En tal caso seré indulgente: citar a la parienta según empiezas tu libro es una buena manera de garantizar calor en lo más crudo del crudo invierno.

Pero sí me parece mal que insista. Efectivamente, dice:

Si es uno de ellos, este libro es para usted. Tiene el propósito de mejorar la conciencia – mejorarla hasta el punto de considerar que ser ateo es una aspiración realista y, además, valiente y espléndida -. Se puede ser un ateo feliz, equilibrado, moral e intelectualmente realizado. 1

Ahora bien, un comprador hipotético y malhablado piensa: no soy imbécil, tengo adsl, una licenciatura y un blog. Además, cuando compré el libro no pensé que estuviera adquiriendo una guía de autoayuda para dejar la religión sin engordar. No, lo que quería era saber qué argumentos me da el autor sobre Dios y su inexistencia. Me la pela si los ateos son felices o infelices, valientes o cagones, si son unos desequilibrados inmorales o no. Este tío, ¿me va a hablar sobre hechos o sobre su puto club de ateos sonrientes?

Puede que me digan ustedes que el libro quizás sirva para ambas cosas. Sí, pero comienza como comienza y da mal rollo. Yo, como Rorschach, con la verdad no tengo compromisos, ni aunque llegue el Armagedón. En resumen, que si hay que ser ateo, pues lo es uno, aunque te haga un infeliz desequilibrado e inmoral. Salvo que Dawkins crea que el ateísmo debe consolarnos.

No sé si lo piensa, pero está claro que cree en el poder taumatúrgico de su palabra, ya que al final del prefacio añade:

Si este libro funciona tal como yo lo he concebido, los lectores religiosos que lo abran serán ateos cuando lo dejen. ¡Qué presuntuoso optimismo! Por supuesto, quien tiene fe es inmune a toda argumentación; su resistencia ha sido construida durante años de adoctrinamiento infantil, utilizando métodos que han tardado siglos en madurar (ya sea mediante evolución o mediante diseño). Entre los recursos inmunológicos más eficaces figura el cuidado extremo para evitar incluso abrir un libro como este, que seguramente es obra de Satán. Pero yo creo que ahí fuera hay multitud de personas de mente abierta: personas cuyo adoctrinamiento infantil no fue demasiado insidioso o que, por otras razones, no tuvo lugar, o aquellos cuya inteligencia natural es lo suficientemente fuerte como para superarlo. Esos espíritus libres solo deberían necesitar un pequeño estímulo para evadirse totalmente del vicio de la religión. Al menos, espero que nadie que lea este libro pueda decir “Yo no sabía que se pudiera”. 2

Una afirmación así, explica la cita de la contrasolapa de Penn &Teller que dicen: El espejismo de Dios es elegante, compasivo y verdadero como el hielo, como el fuego. Si este libro no cambia el mundo, lo llevamos claro. 3

A continuación nos recita el siguiente sermón:

Imagine, con John Lennon, un mundo sin religión. Imagine que no hay terroristas suicidas envueltos en bombas, que no existe el 11-S o el 7-J, que no hay cruzadas, caza de brujas, ni el Complot de la Pólvora 2, ni la partición india, ni las guerras árabe-israelíes, ni las masacres serbo-croatas-musulmanas, ni la persecución de los judíos como «asesinos de Cristo», ni los «problemas» de Irlanda del Norte, ni las «muertes de honor», ni telepredicadores con vestidos brillantes y cabello cardado, desplumando a sus crédulos espectadores («Dios quiere que le des todo lo tuyo hasta que te duela»). Imagine que no hay talibanes para volar estatuas antiguas, ni decapitaciones, ni blasfemias públicas, ni azotes en la piel de mujeres por enseñar una pulgada de esa misma piel. 4

Primero el manual de autoayuda y ahora una versión pop de una space opera en la que, en vez de desaparecer Michael J. Fox de la foto, los que van desapareciendo son Jesucristo y Mahoma, porque un ateo del futuro viaja al pasado con un ejemplar del libro de Dawkins.

Dawkins no sólo no necesita abuela, sino que carece del más mínimo sentido del ridículo. Decide hacer historia ficción cambiando los personajes.

Efectivamente, imaginen, con John Lenon, que en el mundo habitan los dawks. Parecen seres humanos, pero no lo son. Han evolucionado sometidos a la selección natural y son igualicos, igualicos, a nosotros, pero no tienen religión. Estamos 50.000 años atrás (no tienen que sumar 2007 años porque no nacerá un dawk en Belén de una virgen).

Viven en cuevas. Cazan, comen y fornican. No pintan animales porque saben que es una falacia sobrenatural (ellos a esto de la falacia sobrenatural lo llaman “bbgrrsgisins fggtresuy”) pensar que van a cazar mejor si los pintan. Están todo el día cabreados, porque si viene el tigre de dientes de sable y te come saben que se acabó. Así que si viene el tigre se oye un “sálvese quien pueda” (“hacccohhrher” en dawkiano) y nadie ayuda a nadie (más allá de tus hijos dawk).

Un día uno de ellos, uno rubio con cara de listo, mira el horizonte y el cielo. Ve estrellas fugaces y se pregunta “¿qué serán?”. Claro, no tiene una licenciatura en físicas. Así que carece de respuestas. Piensa: “a lo mejor es un espíritu”. Como es guapo se liga a la dawk más hermosa y la convence con sus ojos azules para ir a la isla que está en medio del río. Tienen unos cuantos hijos y varios de ellos piensan en lo de los espíritus. Efectivamente, se trata del alelo recesivo del teísmo. Los relidawks (llamémoslos así para distinguirlos de los dawks vulgares) empiezan a mirar con veneración al primer relidawk. No sólo observa el cielo y habla de espíritus, sino que da otras explicaciones convincentes a las cosas que pasan. Cuando pinta bisontes en la cueva la caza es más abundante y cuando recita frases como “hdammhhee veenheenogkehkierho hmorirg” los relidawks se curan a veces. Así que el primer relidawk no caza. Es un especialista religioso y le dan comida por su trabajo. Como tiene tiempo, además de pintar bisontes y contar historias, decide inventar la escritura y la ley. Y cuando no le obedece alguno que anda tocando las narices al grupo, le dice que va a ser aplastado por los espíritus que vagan por el cielo. Y funciona, los relidawks se acojonan. Un día el primer relidawk escoge a unos cuantos, listos como él, además de primos suyos, para que le ayuden. Los llama sacerdawks. Y de paso, escoge a algunos tíos fuertes y dice a los demás: “los espíritus ordenan que nos deis la mitad de lo que cazáis”. La mención de los espíritus y los dos metros de los guardias terminan por convencer a todos. La carne se la comen los sacerdawks y los de la guardia, que ya son unos cuantos y bien alimentados. Así que un día cruzan el río y atacan a los dawks. A ellos los matan y a ellas se las benefician. ¿Hace falta que siga?

Eso es lo que pasa cuando uno se pone a imaginar. Cuando nuestro cerebro busca explicaciones y no las encuentra, se las inventa. Es imposible imaginar la cultura humana sin la religión, entre otras razones porque es una de las primeras cosas que aparece en todas las culturas humanas. Si los hombres no fuesen capaces de completar los vacíos imaginando respuestas, si no tuvieran un mundo simbólico (seguramente una excrecencia del lenguaje sin finalidad adaptativa) quizás no hubiera existido escritura o arte. Las primeras manifestaciones simbólicas se relacionan con explicaciones trascendentes porque no tenían otras. Para que exista ciencia no basta con el asombro o las preguntas por las cosas, hace falta unos instrumentos previos. Sin la escritura es imposible el desarrollo de la lógica formal y de las matemáticas. Sólo las explicaciones primarias, religiosas, dieron cohesión a los grupos humanos importantes y permitieron que surgieran sociedades que pudieran generar los instrumentos sin los que no se materializaría el pensamiento racional del que deriva la ciencia. La ciencia nace en las ciudades y las ciudades no habrían aparecido sin sacerdotes y dioses. Para que las sociedades humanas lleguen a un punto de madurez en el que ser ateo parezca más racional que no serlo, puede que sea necesaria la religión.

En resumen que cuando Dawkins dice “Imagine que no hay talibanes para volar estatuas antiguas”, se olvida que las estatuas eran de Buda. Todo el párrafo de Dawkins es necio (tomo esta expresión de Dawkins. Él la utiliza para referirse a Santo Tomás).

Puestos a imaginar un mundo sin religión puedo imaginarme uno lleno de pequeños grupos familiares, agresivos e incultos. La violencia seguiría existiendo, porque los animales la practican aunque no practiquen la religión. No habría Dios, ni libros en tapa dura.

El resto del Prefacio anticipa los capítulos, por lo que dejo su análisis y el análisis de sus “mensajes de concienciación” para otros comentarios. Incluidas sus referencias a los ateos como grupo susceptible de persecución y a la religión como desorden psiquiátrico.

Así que a la pregunta, ¿puede un prefacio de ocho folios casi convencernos de que es imbécil alguien de quien pensamos que es muy inteligente?, contestaré: “Yo no sabía que pudiera”.

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NOTAS:

1.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 11.

2.- Ibíd., págs. 16 y 17.

3.- Penn y Teller son magos y humoristas. Quizás eso explica la cita.

4.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 12.

 

6 comentarios en “Dawkins y la maldición de la inteligencia (I)

  1. El señor Dawkins relata unos hechos (a los que valora como “malos”, cuando ya comenté ayer el problema de la moral para Kant…). Los hechos, antes que nada, son hechos, sin valoraciones. Dawkins supone en esos ejemplos que el mal proviene de la religión. No concibe un mal “con la religión” sino “de la religión”. No concibe que hay guerras siempre, por Alsacia y Lorena entre Francia y Alemania, entre “austrias” y “borbones” por dominar España, por expandir la cultura romana, napoleónica… que a veces se escudan en la religión y otras en la revolución comunista y atea. Y que para intimidar al enemigo, pueblos normandos, precolombinos o rusos y soviéticos cometen torturas. Esas conductas no son religiosas, son humanas. No hace falta crear un hombre de paja para atizar a la religión y culparla de todo lo malo. Simplemente, miente.Es tan maniqueo, tan evidentemente maniqueo que roza la estupidez. Ha habido millones de personas religiosas que han razonado que la violencia no es el camino (empezando por Jesucristo, al que siempre sacan -fuera de contexto- una escena como la de los mercaderes en el templo para obviar todo el resto del Evangelio). Han ayudado a los demás hasta jugarse la vida (cuidado de enfermos, leproserías…). Han vendido todo lo que tenían para dárselo a los pobres, hecho incontestable al menos en cuanto a intencionalidad. Se han hecho cosas malas empleando la religión como excusa. Y cosas buenas. Actúa más como un propagandista que como un pensador.

  2. Buenos días y enhorabuena por los contenidos del blog. No puedo contener las ganas de pedirle que recomiende a algún autor/obra que trate el asunto del ateísmo y que haya pasado su ‘filtro de calidad’. ¿Podría hacerlo?
    Gracias, un lector.

  3. Es una lástima que se pierdan los comentarios de las entradas antiguas, al menos, algunos de ellos.
    Un saludo.

  4. Estupendo: las estatuas de Buda, los libros de tapa dura, los dawks…, tanto el humor como la reflexión.
    Se puede decir que la herramienta (urdimbre) ‘religión’ fue imprescindible para iniciar el camino que lleva a su inapelable obsolescencia (el suicidio de la polilla en nuestras luces artificiales, Dennet).
    Gracias. (Pan comido, como dije).

  5. No leí la serie en su momento, lo haré ahora. Vaya risas con esta entrada.

    Pero ojo, que seré más duro: quiero ver si logro salir de ésta siendo aún agnóstico.

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