Dawkins y la maldición de la inteligencia (II)

Notas aclaratorias

I

Prosigo con el capítulo 1:

UN NO-CREYENTE PROFUNDAMENTE RELIGIOSO

Un hombre se funde con el cosmos y se hace sacerdote. Pudo ser Dawkins, “bajo las estrellas, deslumbrado por Orión, Casiopea y la Osa Mayor, con los ojos llenos de lágrimas por la música inédita (sic) de la Vía Láctea (…)”1 .

Dawkins nos lo dice: hay dos caminos y uno es el camino natural. A partir de ese momento se inicia una carrera de armamentos sobre la belleza, el misterio, la grandiosidad y la elegancia. Porque la materia de la que están hechos los sueños religiosos no debería ser el minúsculo cuento judeocristiano, sino el escenario grandioso, sutil y elegante del Universo y sus leyes.

Así, Dawkins se dedica, durante todo el capítulo, a explicarnos el malentendido. Dice que es ateo. Que no es religioso, porque no cree en una religión sobrenatural, en un Dios personal que intervenga o en una inteligencia que haya fijado las reglas iniciales, las condiciones de partida.

A mí me bastaría con que dijera: “no creo en Dios ni en la existencia de nada que no sea la materia”. Pero a él no le basta. Por eso hace hincapié en una distinción inútil y perturbadora: distingue entre la religión “einsteniana” y la religión sobrenatural. Einstein o Hawking hablan de Dios, sí, y a lo mejor son religiosos, pero no lo son en el sentido habitual. El uso del término religión es metafórico o poético. Así, cita Dawkins a Julián Baggini: “lo que la mayoría de los ateos creen es que a pesar de que hay solo una clase de materia en el Universo y su física, fuera de esta materia están las mentes, la belleza, las emociones, los valores morales – en pocas palabras, toda la gama de fenómenos que enriquecen la vida humana”2 ; y cita a Einstein quien, tras negar que crea en un Dios personal, afirma que “si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia pueda revelarla”3 .

Así que todo está muy claro. Está claro que tienen una empanada de cuidado. Más ejemplos de Einstein: “soy un no-creyente profundamente religioso. De alguna forma, esta es una nueva clase de religión”4 o “(…) lo que yo percibo en la Naturaleza es una estructura magnífica que sólo podemos comprender muy imperfectamente, y eso debe llenar a cualquier ser pensante de un sentimiento de humildad. Este es un sentimiento genuinamente religioso que nada tiene que ver con el misticismo”5 .

Vamos, que quieren estar en misa y repicando. Son ateos y lo explican una y otra vez, pero lo del sentimiento religioso y la admiración por las reglas desconocidas que, sin embargo, existen les pone más que cuarenta días y cuarenta noches de ayuno. No me extraña que cabreara a los clérigos mendrugos que cita Dawkins en su libro y que se dedicaron a insultar a Einstein; nada nuevo bajo el sol. Al fin y al cabo les estaba invadiendo el terreno de los estados alterados de conciencia con esa nueva religión para humildes protosupercientíficos.

Dawkins nos aclara su terminología. Están los teístas (la versión “él nos crea y nos vigila”), los deístas (“él nos crea y luego pasa de nosotros”) y los panteístas (“él …”). No señores, no. Los panteístas, en realidad son ateos. Dios es un sinónimo “no sobrenatural de la Naturaleza, del Universo o del conjunto de leyes que rigen el modo en que ambos funcionan”. Extraño, ¿verdad? Su terminología es la terminología de los que creen en Dios. Es verdad que su Dios no tiene barba, pero reúne los requisitos. A saber, Dios es algo que no conocemos: la Naturaleza o el Universo o sus leyes (parece la trinidad). Se dice que no es inteligente. Sin embargo, nosotros somos Dios, porque formamos parte de la naturaleza y somos resultado de su desarrollo, y algo inteligentes somos . Y lo seremos cada vez más. Quién sabe, a lo mejor terminamos revirtiendo la entropía, como pensó Asimov. Y tiene más requisitos divinos el dios de Dawkins: es totalizador, porque lo incluye todo. Es increado. Contiene el germen de todo y por tanto su desenvolvimiento es el desenvolvimiento del plan divino. Lo explica todo, porque todo deriva de sus leyes, leyes que se afirma existen aunque no sepamos cuáles son.

Sí, el Dios de Dawkins y de los einstenianos es un Dios y su religión panteísta no es una metáfora, más de lo que puedan serlo las explicaciones contenidas en la Biblia. ¿Recuerdan la interpretación católica -la actual- del Génesis?6.

El problema de Dawkins es que se olvida, al repasar la terminología, de añadir una categoría más. Después de los panteístas están los ateos. Esos señores que no creen que exista Dios, sea personal, fontanero, relojero o como Hacienda. Que no confunden sus sentimientos personales y emociones con leyes que se supone explican todo. Que tienen suspendido permanentemente el juicio y solo admiten las explicaciones parciales del mundo cuando sobre esas explicaciones se puede establecer un impuesto. Gente poco sospechosa, que no se funde con el cosmos y que si llora viendo a Orión sabe que sus lágrimas tienen el mismo origen que las del derviche que gira, y que se perderán como lágrimas en la lluvia. Gente de fiar que no se guarda reductos de pensamiento absolutista para mentes educadas. Además, estas categorías se dividen en dos, como los mandamientos del señor: en una categoría están los ateos y en otra los creyentes y religiosos. A pesar de todas las protestas de Dawkins, no tengo claro donde situarle.

Vean si no:

Permítanme resumir la religión einsteniana con otra cita del propio Einstein: “…Sentir que detrás de cualquier cosa que pueda experimentarse hay algo que nuestra mente no puede comprender y cuya belleza y sublimidad nos llega indirectamente como un débil reflejo … eso es religiosidad. En este sentido, soy religioso”. En este sentido, yo también soy religioso”7.

Es cierto que Dawkins no excluye que puedan comprenderse todas esas cosas que ahora desconocemos. Pero es una afirmación sin contenido. Salvo que se entienda como una especie de punto omega del destino de la inteligencia nacida en el Universo.

Ya lo saben, todas las cosas son Dios y Richard Dawkins es su profeta.

A continuación se entretiene en aclarar que no se va a cortar a la hora de poner a parir a los de las religiones no metafóricas, y que está harto de sus privilegios. Nada que objetar. Tiene razón y menciona hechos recientes como la publicación de las famosas caricaturas y la tibieza de las respuestas. Sólo le diría que eso, más que por respeto a la religión islámica se ha hecho por simple cálculo o por miedo. Si Occidente estuviera sano, las caricaturas se habrían publicado en la portada del equivalente de cada país de nuestro Boletín Oficial del Estado.

Únicamente algunas precisiones.

En primer lugar, discute que en asuntos éticos (cita el ejemplo de la moral reproductiva) no puede afirmarse la competencia de ningún clérigo (a los que a menudo se ve en las discusiones sobre la cuestión), a diferencia de la que puedan tener un “filósofo moral, un abogado de familia o un médico”. No comprendo su objeción. Puede que millones de personas quieran saber lo que opina el cura y les traiga sin cuidado la moral del filósofo. Porque olvida que, al menos hasta que no lean su libro, sigue habiendo muchas personas religiosas que profesan determinadas creencias. A mí no me molestan los clérigos en las discusiones: para eso están los argumentos. Lo que me molesta es que me den argumentos basados en su ley religiosa, porque esa ley es privada y no puede extenderse a los que no desean compartirla. Sería como si el abogado argumentara basándose en leyes no publicadas o escritas en arcanos lenguajes imposibles de conocer. Ahora, que puedan argumentar conforme a principios generales (o dirigirse a su parroquia) no me preocupa en absoluto. A eso se le llama libertad de expresión y opinión.

En segundo lugar, se enfada porque determinadas cosas que podrían defenderse basándose precisamente en la libertad de expresión, se defiendan basándose en la libertad religiosa. Pero incurre en una aporía dawkiana, porque al fin y al cabo, la religión, esa construcción basada en falsas realidades no pasa de ser un conjunto articulado de opiniones. Cuando se dice “creo en Dios” se ejerce antes la libertad de expresión y opinión que la libertad religiosa.

_______________________________________________________________

NOTAS:

1.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 19.

2.- Ibíd. págs. 22 y 23.

3.- Ibíd. pág. 24.

4.- Ibíd. pág. 24.

5.- Ibíd. pág. 24.

6.- No es sino la formulación spinoziana que reniega de un Dios sobrenatural porque, dice, Dios es todo y se confunde con la propia naturaleza a la que llama sustancia divina infinita: “No es de admirar que los libros sagrados hablen tan impropiamente de Dios en todas partes y que le atribuyan manos, pies, ojos, oídos, alma y hasta un movimiento local, y además pasiones del ánimo, para hacerlo celoso, misericordioso, etcétera; y que, en fin, lo representen como un juez sentado en los cielos sobre un trono real y con Cristo a la derecha. Hablen de este modo según la inteligencia del vulgo, a quien la escritura pretende hacer no sabio sino obediente”.

7.- Ibíd. pág. 28.

Anuncios

4 comentarios en “Dawkins y la maldición de la inteligencia (II)

  1. En esta entrada se entrevé cuál es el problema de Dawkins, una persona con clara vocación de “sacerdote laico” o “sacerdote del ateísmo” que incurre en los defectos que critica. Tiene un enfrentamiento con la religiosidad pero sobre todo con el “contenido moral” de las religiones y pretende ejercer de contrapeso, siendo tan inflexible e intolerante en sus ideas como lo son los defensores más inflexibles de las religiones. Me llama la atención que cite a Einstein: “Sentir que detrás de cualquier cosa que pueda experimentarse hay algo que nuestra mente no puede comprender y cuya belleza y sublimidad nos llega indirectamente como un débil reflejo … eso es religiosidad”. Esa cita es impecable (no servirá a todo el mundo, lo entiendo, pero sí a mí). Lo que me extraña es que esa cita es una llamada a la humildad, a reconocer que hay motivos de duda (por eso la fe es un don y cuando se alcanza a Dios ya no existe la fe). No entiendo al creyente que está seguro de todo, que no duda en tantos y tantos temas. Por eso no entiendo las posturas inflexibles, la intolerancia con el otro. Tampoco el odio. Reconocer la gran diferencia entre lo que conocemos y lo cognoscible es una llamada a la comprensión, la misericordia y a empatizar con esa persona que tiene otras ideas o creencias y en la que percibimos que en sus obras y en su vida existe una búsqueda honesta de la verdad. El mal (como imperfección) es en parte consecuencia de la ignorancia y al ser todos ignorantes, todos podemos “obrar mal”. Otra cosa es la mala leche, la maldad, etc.

  2. “Ya lo saben, todas las cosas son Dios y Richard Dawkins es su profeta”. Acusación demoledora, claro que sí. La inteligente destrucción inmisericorde que está haciendo Tsevan es válida para todos aquellos que, negando las creencias religiosas basadas en revelaciones sobrenaturales, se montan sucedáneos igualmente dogmáticos que aspiran a imponer a los demás. Recuerdo a mi profesor José Luís Sampedro, por quien en el Casón de San Bernardo sentí devoción, que a la vejez derivó hacia un atidesarrollismo que pudo haber sido sano pero que él lo profesó de forma airada. Indignada. Bramaba contra quienes no lo profesaran como él lo profesaba. Me repateaba con sus sermones. Otros eleigen el futbol, o la política, o la idolatria a los animales, a los que reconocen derechos como si fueran personas. En fin, para qué seguir, ejemplos hay a porrillón

  3. Estoy tratando de ser más o menos igual de despierto que los comentarios y que la propia entrada, pero no soy capaz. De lo que sí soy capaz es de agradecer la entrada. Es ilusionante ser capaz de leer algo que, definitivamente, exige de la mente de uno y ayuda a mejorarla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s