Dawkins y la maldición de la inteligencia (IV)

Notas aclaratorias

I IIIII

En el capítulo del que hablaré hoy, Dawkins entra en harina, ya que intenta desmontar los

ARGUMENTOS A FAVOR DE LA EXISTENCIA DE DIOS

Este capítulo del libro debería ser el más sencillo de comentar. Las llamadas pruebas de la existencia de Dios son, ya lo sabemos, poco convincentes. Me debería, por tanto, costar poco estar de acuerdo con Dawkins. Por eso me produce cierta pesadumbre tener que insistir en las maneras tan poco afortunadas de Sir Richard y en el uso de argumentos manifiestamente mejorables. Veámoslos sin más dilación:

En primer lugar, nos menciona las famosas cinco vías de Santo Tomás. Digo cinco vías pese a que Dawkins las llame pruebas, porque creo que la crítica, que las califica de “necias”, excluye tres consideraciones: en primer lugar, que Santo Tomás no ha leído a Darwin o a Newton ni ha podido consultar la Enciclopedia Británica1; en segundo lugar, que hay en Santo Tomás una pretensión “objetivadora” que, aun no atreviéndose a declarar el predominio de la razón, pretende recuperarla frente a tendencias irracionales, en un camino naturalista que debería apreciar un etólogo; en tercer lugar, que más que pruebas, que lo son, se describen caminos para la aprehensión de la necesidad de Dios. Puede que a Dawkins le parezca necio hablar del motor inmóvil o de la primera causa. Sin embargo, rechazar la necesidad de que finalice cualquier regresión (argumento “natural” donde los haya) exigió un trabajo acumulado de muchas lumbreras. Dawkins lo tiene fácil porque puede leer sus libros (no los de él, sino los de esas lumbreras). Otra cosa sería que dijera que aceptar “hoy” esas pruebas tiene menos sentido. Por cierto, al final siempre se llega al “truco del almendruco” para evitar ese fin que sentimos tan natural: basta con hablar del nacimiento simultáneo de las dimensiones físicas y del tiempo, o de las singularidades a las que no se aplican las leyes naturales tal y como las conocemos. No digo yo que esas hipótesis sean incorrectas, pero dejan en alguien como yo, pobre hombre del pueblo llano, el regusto amargo del truco de magia.

Por cierto, Dawkins menciona un “argumento cosmológico” tomista, relacionado con la existencia de las cosas físicas que deben provenir de alguna cosa no física. Yo diría que ésa no es precisamente la vía de Santo Tomás, que menciona la distinción entre lo contingente y lo necesario. Lo contingente se genera y se corrompe, y para que existan cosas contingentes debe existir un ser absolutamente necesario, porque de lo que no es no puede surgir el ser. Yo no veo en ningún sitio que ese ser necesario, vamos, Dios, no sea físico. Sorry.

Pues bien, Dawkins ataca las tres primeras pruebas cortando oro, hasta que llega a algo que ya no es oro. Es otra cosa. Vaya. Impresionante. Como si a Santo Tomás le preocupase si es oro o una cebolla. Seguro que nuestro amigo, el del pupitre recortado, le diría que él habla del ser y de los entes. Y que esa otra cosa, los quarks, las supercuerdas esas de once dimensiones, o lo que sea, son entes y por tanto les son aplicables sus vías. Por tanto, su primera crítica (la de Dawkins) es bastante deficiente.

Luego se mete con la vía de los grados de perfección, eso de que si hay grados es porque hay algo perfecto con lo que comparar las demás cosas. Vean la crítica:

También podríamos decir, por ejemplo, que las personas difieren en cuanto a la hediondez, pero que solo podemos hacer la comparación con referencia a un máximo perfecto de hediondez concebible. Por lo tanto debe de existir un canalla sin igual, y le llamamos Dios2.

Ven, le pierde meterse con Dios (se va a condenar, seguro) y, claro, se olvida (o desconoce) de Platón y del neoplatonismo. Nuestro amigo, el Doctor Angelicus le diría, no sea usted bestia, hablo de la perfección como correlato de la idea de “bien”, el “sol de las ideas” platónico, y claro lo que Dawkins hace es precisamente referirse a una progresiva carencia del bien de los entes que compara. Porque el que es más hediondo es “menos perfecto”, tiene menos bien que su compañero de olores. Además, da igual, porque el propio argumento de Dawkins demuestra que Dios existe. Santo Tomás no está tan preocupado por los atributos de Dios como por demostrar que la vía progresiva de las comparaciones presupone un ejemplo absoluto. Le tiene sin cuidado el contenido material de la comparación. Solo le interesa el método. ¿Que Dios es hipermegasuperhediondo? ¡Qué más da!, lo que importa es que exista.

En cuanto al argumento del diseño, ya hablaré de él en el capítulo siguiente, porque se relaciona con las “casipruebas” de que Dios no existe.

A continuación se entretiene con el argumento ontológico. Ya saben, eso de que si imaginamos al ser más perfecto, al ser la existencia un atributo de la perfección, probamos que ese ser (sí, el number one), existe.

Dice que el argumento es infantil. No diré yo que no tenga razón, aunque la verdad es que ha enredado a tíos con algo de sesera. Por ejemplo, no les pareció pueril a Duns Escoto, Descartes, Leibniz, Hegel, Brentano o Bertrand Russell (al que menciona Dawkins). Resulta curioso observar la presencia de matemáticos y lógicos. Porque, dice Dawkins que “mi propio sentimiento sería la automática y profunda sospecha acerca de cualquier línea de razonamiento que llegase a una conclusión significativa sin aportar un sólo dato del mundo real”3. ¿Quizás se refiere por ejemplo a la demostración de Cantor de que existen conjuntos de infinitos elementos con diferente tamaño?, o por dejar las matemáticas, ¿a las fórmulas de las teorías de cuerdas que aunque sean exactas permitan tantas soluciones que una gama de resultados experimentales diferentes pudieran encajar con la teoría, debilitándose hasta la catástrofe la posibilidad de contrastar la teoría con los datos reales?

Comparto con Dawkins la sensación de que el argumento ontológico es un “juego verbal”, pero hay que desarrollar más la respuesta. Curiosamente acoge un argumento “filosófico”, el de Kant, que dice que no es demostrable que sea más perfecto algo existente que algo no existente. Con lo fácil que es decir que cuando San Anselmo dice que el “insensato” comprende qué es Dios cuando dice que Dios no existe, está diciendo una estupidez, porque por definición nadie, salvo Dios (imagino), comprende qué es Dios cuando usa esa palabra4.

Por eso me molesta la inclusión de la prueba de un tal Douglas Gaskings que dice demostrar (de coña) que Dios no existe cuando dice que 5 (en rojo mis objeciones):

“1. La creación del mundo es el logro imaginable más maravilloso (¿Por qué?, a lo mejor un pedo de Dios es más grandioso) 2. El mérito de un logro es el producto de a) su calidad intrínseca y b) la capacidad de su creador (Vale) 3. Cuanto mayor sea la discapacidad (o minusvalía) del creador más impresionante es el logro (Vale) 4. La minusvalía más formidable de un creador sería su inexistencia (Pongamos que vale a efectos dialécticos, aunque es difícil atribuir algo a lo que no existe; de ahí ese minus) 5. Por lo tanto, si suponemos que el Universo es el producto de un creador que existe, podemos concebir un ser más grande, a saber, uno que lo creó todo mientras no existía. (Pues no, lo que podríamos es concebir un logro más impresionante. A lo mejor hay un ser más grande que es un vago y no quiere crear nada) 6. Un Dios existente, por consiguiente, no sería un ser tan grande que uno más grande no pudiera concebirse, porque un creador incluso más formidable e increíble sería un Dios que no existiera (No de nuevo, porque la grandeza de Dios no tiene que ver con lo que haga, sino con lo que sea capaz de hacer, pero sigamos admiténdolo a efectos dialécticos). Ergo 7. Dios no existe (Vale; seguro que nuestro Dios no existente que hace cosas tan formidables rebosa amor por sus criaturas. Gracias por demostrar la existencia de un Dios inexistente. Ah, por cierto, se parece un huevo al Dios de Dawkins, el de Penzias y Wilson, porque no me digan que no tiene mérito que esas sencillas reglas de la naturaleza hayan producido la incomparable variedad del cosmos y de la vida, por el simple aumento de la complejidad. Que tanta complejidad e inteligencia provengan del huevo cósmico y de la acumulación cosmodarwiniana demuestran lo listo que es este australiano).

Los restantes argumentos tienen menos interés. No digo yo que sobren, porque si Dawkins dice que le aporrean con ellos en sus conferencias será verdad. Pero son, en general, de una liviandad que desmerece el esfuerzo. Eso sí, Dawkins aprovecha para hacer de las suyas.

Por ejemplo menciona el argumento de la belleza. Ya saben que si las cosas son bonitas y que si los cuartetos de Beethoven. Vale, es una idiotez de argumento, pero también lo es que Dawkins aproveche para meterse con la religión y su “mérito” en relación a las producciones artísticas. “Si la Historia hubiera funcionado de otra forma y a Miguel Ángel se le hubiera encargado que pintara los frescos de un Museo de la Ciencia gigante…”, “Qué pena que nunca hayamos escuchado la Sinfonía Mesozoica de Beethoven, o la ópera de Mozart El Universo en Expansión” 6, dice por ejemplo. La verdad es que, cuando leo cosas así, siento una mezcla de grima y lástima. Esa afición a los mundos paralelos, a imaginar la realidad recortando lo que no le gusta, sin plantearse, al menos hipotéticamente, la influencia que habría tenido su ausencia sobre el resto de la realidad, resulta muy poco “científica” 7. Pero el momento más gracioso es éste: “Por abordar el argumento desde la otra cara, ¿qué pasaría si, como fríamente me sugiere mi esposa, Shakespeare hubiera estado obligado a trabajar por encargo de la Iglesia? Seguramente nos hubiéramos perdido Hamlet, El Rey Lear y Macbeth. Y ¿qué habríamos ganado a cambio? ¿Algo como aquello de lo que están hechos los sueños? Soñemos” 8. El antipapismo de Dawkins aflora de nuevo, hasta el punto de enfrentar a dos autores que si tienen algo en común es precisamente el apoyo de las cortes respectivas, Shakespeare desde 1603, Calderón desde 1635. Y se olvida Dawkins de que Felipe IV no era jefe de la iglesia de Inglaterra, y la reina Isabel sí. A lo mejor si Shakespeare hubiera vivido en España en vez de escribir el Enrique V habría escrito que “En lo que no es justa la ley no ha de obedecer al Rey”.

Las referencias por otra parte a nuestro software de simulación y a la experiencia religiosa como prueba de la existencia de Dios son conocidas. Conforme con ellas. Extrañamente este punto lo finaliza Dawkins requiriendo de quien ha tenido una experiencia similar que no espere “que el resto de nosotros le creamos a pies juntillas, sobre todo si estamos mínimamente familiarizados con el cerebro y su poderoso funcionamiento”9. Supongo que muchos creyentes que han tenido experiencias religiosas estarán conforme con esto.

¿Qué decir del argumento de las escrituras? Ya sabemos que los textos están repletos de contradicciones internas, hasta el punto de que los propios cristianos no se ponen de acuerdo con su contenido. Pero ¿qué tiene que ver esto con que Dios exista o no? Sí, hay literalistas, pero imagino que primero creerán en Dios y luego en su palabra y no al contrario, y ya sé que Dios es verbo, pero no Biblia. Así que no les aburriré con historias sobre los Reyes Magos 10, censos variados o Herodes. Aunque sí me hace gracia un argumento al que Dawkins parece dar importancia, aunque sea como exemplum. Menciona que Lucas para explicar la presencia de José en Belén en el momento del nacimiento de Jesucristo nos dice que José era de la “Casa y el linaje de David”, y que Belén es la ciudad de David. Y continúa diciendo:

David, si es que existió, vivió cerca de mil años antes de María y José. ¿Por qué habrían requerido los romanos a José para que fuera a la ciudad donde un milenio antes había vivido un remoto ancestro? Esto es como pensar, por ejemplo, que me requirieran que estableciera a Ashby-de-la-Zouch como mi ciudad en un formulario censal, si ocurriera que yo pudiera trazar mi linaje hasta el señor de Dakeyne, quien vino con Guillermo el Conquistador y se estableció allí 11.

Me parece increíble que diga algo tan idiota y se quede tan encantado de haberse conocido. ¿Por qué no se pregunta por qué podía creer o afirmar José —así en hipotético— que era de la casa de David? No creo que fuera porque tuviese una foto de su antepasado. No sería más sencillo pensar que, a lo mejor el padre de José o su abuelo, y alguna generacioncilla más, pensaba realmente eso, quizás porque eran oriundos de Belén. ¿Verdad que no parece entonces tan raro? Es como si las leyes inglesas te obligan a censarte en el lugar de tu nacimiento y vas a Ashby-de-la-Zouch, pero no porque desciendas de Guillermo el Conquistador, como se viene diciendo en la familia desde hace cien años porque el bisabuelo Guillermo se iba constantemente de putas, sino porque allí viniste al mundo.

También es muy cachondo que critique los Evangelios para luego referirse a los Evangelios apócrifos manteniendo que por su contenido infantil no fueron seguramente reconocidos como tales. Vamos, que los de la Iglesia se ponen serios 12 y Dawkins les critica. Claro, querría poder usar el Evangelio de María Magdalena para afirmar que la Iglesia niega el Big Crunch (“Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quién tenga oídos para escuchar, que escuche”).

Más interesante es el argumento de los científicos religiosos. Su tesis es que son una aguja en un pajar de ateos, de donde deduce (bueno se pregunta) si no será verdad que es “probable distinguir a los ateos entre las personas mejor educadas y más inteligentes” 13. Lo curioso es que, al margen de un anecdotario variado (lo que es habitual a lo largo del libro) el elemento fundamental de su tesis es una encuesta realizada entre miembros de la Royal Society (ese sitio lleno de científicos anglosajones que no sueñan). Esa encuesta, aún sin publicar, se hace a 1.074 personas. Y dice Dawkins que “respondieron cerca de un 23 por 100 (una buena cifra para este tipo de estudios)” 14. El resultado es que sólo un 3,3 % de los académicos cree en un Dios personal. Más aún, sólo resultaron 12 creyentes frente a 213 no creyentes. Voilà. Es sintomático, sin embargo, que no se pregunte Dawkins por qué gente tan amable y científica colabora tan poco con una encuesta tan estupenda. Unos 850 académicos no contestan. Y Dawkins dice que da igual. Yo no sé si da igual o no, pero imaginemos, como hipótesis, que los científicos creyentes están hartos de que se cachondeen de ellos sus colegas ateos. Poco más o menos que les pongan la etiqueta de supersticiosos (y ¿quién se fía de un colega que cree en Dios?, ¿será necio?). ¿No les parece que podrían sentirse incómodos? A lo mejor en Cambridge la presión es justo la contraria que en Salt Lake City. Ahora, colóquense en el lugar de ese físico de partículas que lee el Apocalipsis a escondidas y recibe la encuesta. ¿Qué hace? ¡Bingo! No la contesta. Pero a Dawkins le basta con los que la contestan.

También nos habla de Pascal y su apuesta y de un argumento de un tal Stephen Unwin que afirma que Dios es muy probable. No los comentaré, porque Pascal no pretende probar la existencia de Dios, como es patéticamente obvio, y el otro es un tonto asomado a una tapia. También aquí Dawkins hace elucubraciones absurdas como las de una apuesta anti-Pascal basada en una vida no sometida a los rigores de la religión, y que —digo yo— durará unos ochenta años, cuando Pascal en su apuesta se refiere a la vida eterna (que dura más que un viaje loco a Las Vegas).

En realidad, Dawkins fundamenta gran parte de su edificio teórico en la improbabilidad de Dios y en la necesidad de un diseñador más complejo del propio Dios. Pero eso lo dejo para el próximo capítulo.

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NOTAS:

1.- Precisamente, lo que hace Santo Tomás, sobre todo en la primera vía, es remitirse a Aristóteles, al que sí había leído (más o menos bien traducido), del que saca la idea de la existencia de un motor inmóvil. Pero Dawkins no se refiere a las necedades de Aristóteles.

2.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 89.

3.- Ibíd. pág. 93.

4.- Y eso que acabo de decir me condena, porque siempre he pensado que el argumento ontológico es pueril, y que los filósofos y lógicos que se han quedado embelesados con él debían estar fumados. Ya ven soy un insipiens.

5.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 94.

6.- Ibíd. pág. 97.

7.- Me encanta eso de un Museo de la Ciencia gigante. Inmediatamente me he acordado de las Academias de la Ciencia de la antigua URSS. Unos edificios preciosos, seguro que repletos de frescos en honor de la ciencia soviética.

8.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 97.

9.- Ibíd. pág. 103.

10.- De nuevo mezcla Dawkins los textos “oficiales” y las “leyendas” sobre la vida de Jesús, de las que dice que un tal Flynn sostiene que están tomadas de otras religiones mediterráneas. Ya, parece que hayan descubierto América. Por eso precisamente no hay que hablar de Reyes Magos como hace Dawkins todo el rato, ignorando que sólo un Evangelio los menciona y no dice que sean reyes. Se trata es obvio de una referencia a sacerdotes del zoroastrismo.

11.-R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 105.

12.- Y tan serios. Como que el argumento fundamental de Ireneo de Lyon (el padre del asunto) era la analogía de los cuatro evangelios con los cuatro puntos cardinales o los cuatro vientos.

13.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 115.

14.- Ibíd, pág. 104.

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Un comentario en “Dawkins y la maldición de la inteligencia (IV)

  1. Como economista concibo la NECESIDAD y lo NECESARIO como conceptos negativos que los humanos debemos superar si queremos sobrevivir. Por eso me choca el uso por los filósofos de esos conceptos en sentido positivo. Dos ejemplos tomados de la entrada:

    1) Lo contingente se genera y se corrompe, y para que existan cosas contingentes debe existir un ser absolutamente NECESARIO, porque de lo que no es no puede surgir el ser.

    2)”En realidad, Dawkins fundamenta gran parte de su edificio teórico en la improbabilidad de Dios y en la NECESIDAD de un diseñador más complejo del propio Dios.

    Me pregunto: ¿Qué necesidad tenemos los humanos de Dios o de un diseñador más Dios (complejo) que Dios? Creo que confundimos lo necesario para vivir con lo necesario para razonar. Quiero decir que como Dios no existe, qué necesidad tenemos de lo que no existe ni puede existir, y mucho menos en grados de complejidad creciente. Produzcamos lo que necesitamos para vivir y pasemos de crear necesidades para pensar. No nos compliquemos la vida más de lo que ya es de por sí

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