Dawkins y la maldición de la inteligencia (V)

Notas aclaratorias

I – IIIIIIV

Hoy les hablo de los esfuerzos de Dawkins para convencernos de …

POR QUÉ ES CASI SEGURO QUE NO HAY DIOS

¿Se lo han creído? ¡Ah! pobres ingenuos. Verán, Dawkins en realidad sigue en el capítulo 3, el que habla de las pruebas de la existencia de Dios. Me explico: la mayor parte del capítulo es una sucesión de argumentos contra la teoría creacionista del diseño inteligente (el DI para los amigos). Por eso en la anterior entrega les advertí de que dejaba su refutación para este capítulo.

De partida es llamativo que Dawkins critique en los creacionistas “la veneración de los vacíos”, que puede resumirse en algo así: cuando un creacionista ve que un evolucionista no puede explicar algo inmediatamente, lo interpreta no sólo como una falla de la teoría de la evolución neodarwiniana, sino como una prueba de la verdad del DI. Digo que es llamativo no porque sea falso, sino porque él hace algo parecido. Su veneración del vacío puede resumirse así: cada vez que consigue chotearse de un defensor del DI y los extravagantes caminos de su pensamiento, inmediatamente lo interpreta como una prueba de que Dios no existe.

Y todo basándose en la improbabilidad. Dawkins le da la vuelta al argumento que se refiere al azar creando, por ejemplo, un Boeing 747 mediante un huracán que remueve las piezas de un desguace de aviones. Sí, dice, es prácticamente imposible, pero eso mismo se puede predicar de Dios (que como ser que exige un megadiseño inteligente puede ser denominado “Boeing 747 definitivo”). A continuación nos explica por qué: hay una alternativa llamada selección natural.

INTERLUDIO

Antes de desarrollar su argumento, Dawkins se refiere a la selección natural como mejora de la conciencia. Defiende, dando ejemplos tomados entre otros del feminismo, que la teoría de la evolución por selección natural no sólo es válida, sino que introduce un cambio en la conciencia de los que la comprenden, e incluso de los que se defienden contra ella. Cita expresamente el caso de un converso al ateísmo como consecuencia de las lecturas de El gen egoísta y El relojero ciego que, de forma repentina, ve la luz y captando íntegramente el “concepto” —del que dice es de una “simplicidad alucinante”— se asombra, por comparación, de lo tonta que es la experiencia religiosa. Yo, por mi parte, me asombro con que no se asombren con esos estallidos de luz tan manifiestamente religiosos que tienen algunos. Recelo del conocimiento recibido de golpe, de esas iluminaciones que parecen salidas de los tres días de ayuno, de esa especie de comunión con el cosmos.

¿Mejora de conciencia? Veamos un ejemplo del procedimiento, tal como lo explica Dawkins comentando a Fred Hoyle: “Supongo que comprendía la selección natural a nivel intelectual. Pero quizá será necesario empaparse en la selección natural, sumergirse en ella, nadar en ella, antes de poder apreciar verdaderamente su poder” 1. ¿De qué coño habla? ¿Cómo se empapa uno en una teoría científica que comprende intelectualmente? A lo mejor se refiere a algo así:

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada

¿Es eso? ¿Sales inflamado de amor por los diminutos cambios y te fundes con la naturaleza y te das cuenta de que las experiencias religiosas son cosas de idiotas? Por eso recomienda libros de “prosa poética científica”2.

A mí todo esto me suena a Cienciología.

FIN DEL INTERLUDIO

Continúa Dawkins (en teoría) demostrando por qué Dios casi seguro que no existe y lo hace atacando directamente al Diseño Inteligente y sus alternativas.

Esto es conocido. Unos (los del Diseño Inteligente) se dedican a poner ejemplos de estructuras biológicas estupendas, apostando al “esto no puede explicarse, ergo Dios” (aunque lo llaman por uno de sus nombres de pila: ingeniero). Dawkins dice que no, perdón que sí, que sí puede explicarse y que para eso está la teoría de la selección natural que escala el Monte Improbable mediante una acumulación no casual de pequeñas modificaciones. Dawkins se esmera en dar ejemplos. Al final, claro, pues no es este un libro sobre teoría de la evolución, simplemente afirma que la selección natural explica la increíble variedad de la vida de forma económica y que resuelve el problema de la improbable aparición de estructuras muy complejas. Yo creo que tiene razón, no por lo que dice en este libro, claro, y creo que el Diseño Inteligente no es una teoría científica ni remotamente, sino una simple declaración de ignorancia seguida de una llamada a la existencia de un creador. Y es obvio que, aunque fuera cierto lo que dicen los creacionistas, la ignorancia no es prueba más que de eso: de que no sabemos algo. Si no, Dios habría existido hasta la primera publicación del Origen de las Especies, para morir en ese momento como anunció Nietzsche, tan fatuo él. Es cierto que, pese a quien pese, y asumiendo las partes del puzle que faltan, no existe (y la comunidad científica es muy amplia y está ávida de destronar a los dioses del pasado y, sobre todo, a algún jefe de tesis) un ejemplo que, de forma manifiesta, eche por tierra los elementos básicos de la teoría de la evolución por selección natural.

Por eso, aunque resulte divertida la refutación de Michael Behe, para eso ya tenemos los documentos que nos linkó el Almirante, en los que no queda muy bien, aunque para dar las dos versiones, no está de más recoger la del Discovery Institute.

En resumen, que no avanzamos demasiado, ya que parece aún situado en el capítulo anterior.

Hasta que nos habla del principio antrópico en versión planetaria.

De entrada diré que el principio antrópico siempre me ha parecido un atajo que no prueba nada. Todo lo más permite un cierto “punto de vista” que nos hace evitar el problema de la improbabilidad partiendo del suceso único o improbable como requisito para el “planteamiento del problema”. Pero no es una solución. Es un deus ex machina, una manera de salvar la cara, legítima, pero que no puede tener pretensiones de explicación científica. Dawkins, sin embargo, no piensa igual.

Explica como la Tierra reúne una serie de requisitos (distancia al sol dentro de la Zona Goldilock en cualquier momento de la órbita elíptica, Jupiter de parapeto para los asteroides, la Luna que estabiliza el eje de rotación, el Sol que calienta allá en la playa ♫ ♫ …) que permiten la vida. ¿Por qué? Porque, como la hay, sabemos que los reúne. Dawkins dice que es “una alternativa a la hipótesis del diseño”3 y añade: “Lo que las mentes religiosas no captan es que se ofrecen esas dos soluciones candidatas para resolver el problema. Dios es una de ellas. El principio antrópico es la otra. Hay alternativas”4. No entiendo por qué. Insisto: el principio antrópico no es una alternativa, no es una explicación. Es un “punto de vista” que excluye la imposibilidad basada en la improbabilidad.

Dawkins, además, lo usa para explicar el origen de la vida en el caldo primigenio (me ha quedado bien ¿verdad?). Nos dice que la alternativa antrópica a la hipótesis del diseño es estadística y lo explica haciendo cálculos sobre el número de galaxias (supuestas) y de planetas (supuestos) y de la improbabilidad de que surgiera en uno de ellos la vida (supone una entre un billón y dice que lo hace porque es una probabilidad muy baja). Luego hace un cálculo y le sale que “incluso con esas absurdamente bajas posibilidades, la vida habría surgido en un billón de planetas – de los que la Tierra, por supuesto, es uno de ellos”5. Y añade que “Esta conclusión es tan sorprendente que la voy a repetir”.

Yo, personalmente, levito ante esa manera de proceder. Hace un cálculo suponiendo unos números que son resultado de unos cálculos que han presupuesto otros cálculos y luego les aplica un cálculo de improbabilidad de uno entre un billón que se saca literalmente de la manga. Yo no digo que no tenga razón. Incluso es posible que los marcianos estén a punto de invadirnos, pero lo que hace no es serio. No es ciencia. Es una patraña, un blablablá igual al de esos del DI de los que se ríe. Naturalmente, esto no tiene nada que ver con el principio antrópico. Más aún, el principio antrópico se cumple siempre porque estoy aquí con mi ordenador. Esto a Dawkins le parece bello. A mí me parece un truco sin estilo. Así, de esta manera tan interesante, Dawkins deduce que ese paso inicial es explicable. Pues vale.

A partir de ahí (del “golpe de suerte inicial”6), ya no hace falta el argumento circular, porque empieza a trabajar la evolución por selección natural. Vamos, que nos va a decir por qué Dios no existe y de nuevo no nos explica nada. Sigamos, a ver si llega.

A continuación nos explica el principio antrópico ya en versión cosmológica. Esto es más interesante, porque es en este ámbito donde surge primero esta reflexión. Menciona los seis números de los que habla Martin Rees. Por ejemplo el de la fuerza nuclear fuerte 7. Se trata de constantes fundamentales que permiten la existencia del universo tal y como se supone que es. Claro, los teístas creen que Dios los sintoniza y Dawkins se ríe. “Puede que la razón psicológica para esta asombrosa ceguera tenga algo que ver con el hecho de que muchas personas no han visto mejorada su conciencia, como lo han hecho los biólogos, por la selección natural y su poder para domesticar la improbabilidad”8. Es increíble. Casi una especie de homeopatía para todo 9. Pero es que realmente tampoco da respuesta al enigma. Una alternativa (que realmente esas constantes quedarán claras cuando se consiga la Teoría del Todo que persiguen los físicos) no sirve porque no deja de ser un futurible. La otra es de nuevo el principio antrópico.

Existe una última explicación. Bueno Dawkins la llama sugestión, relativa a la existencia de multiuniversos (cada uno con leyes menores propias). En ese caso y por el principio antrópico estaríamos en uno de los universos con leyes menores que permiten la aparición de la vida. ¿A ustedes le parece todo esto serio?

Porque hay más, versiones seriales con su Big Bang y su Big Crunch, y claro estamos en un capítulo del culebrón bangcrunch en el que aparecen los hombres. Y la más graciosa de todas es la del famoso Lee Smolin que llega a postular que hay universos padre que “transmiten” características a universos hijo que pueden tener versiones mutadas y, por tanto, sobrevivir y reproducirse en el multiuniverso. Pasmoso. Me da que hay mucho cosmólogo ocioso.

Dawkins advierte a sus lectores que esto del multiuniverso fornicador supone una hipótesis mejor que la de Dios porque …. ¡premio!, si mejoran su conciencia, se darán cuenta de que es una hipótesis simple porque aunque los universos sean muchos, cada uno sería simple en sus leyes.

Y llegamos al meollo de la cuestión. Por fin Dawkins nos explica por qué Dios seguro que no existe, después de tanto circunloquio. Porque Dios no es simple y la “explicación” dada por el principio antrópico y la selección natural sí lo es.

Claro, una ristra de teólogos (que cita con profusión) le dan la razón. Ya que se ponen a decirnos si Dios es un tío simple o complicado. Paparruchas de nuevo. Al fin y al cabo, ¿qué coño sabe un teólogo acerca de si Dios es simple o no? Vayamos a la cuestión. El problema de Dawkins, que ya se veía en el anterior capítulo, se encuentra precisamente en evitar el problema de Dios. El problema de “alguien” omnitodo. Las consideraciones sobre la complejidad o simplicidad de un ser así parten de que sea descriptible. Y aunque sostengo que el principio antrópico no prueba nada, lo que creo es que, aunque probase lo que dice Dawkins, no probaría la inexistencia de Dios, porque un ser así debe ser necesariamente tan improbable que para nuestras categorías estadísticas fuese imposible.

Y, por mucho que le moleste, el problema de la búsqueda de la primera causa, se topa siempre con la regresión infinita y con la existencia del ser y del vacío. Vamos, con eso de lo que hablan los filósofos desde Parménides. Yo creo que realmente los filósofos y los teólogos no hablan de nada. Sólo se regodean en argumentos circulares carentes de contenido, pero sus argumentos no se desvirtúan con argumentos sobre la probabilidad o improbabilidad de Dios. Toda la tesis de Dawkins se resume en la pregunta, ¿quién diseña al diseñador?, y en una supuesta explicación simple alternativa, que no pasa de ser un cuento de science fiction publicado en revistas científicas. La alternativa frente al gancho celestial es la grúa que escala el monte improbable.

Por desgracia para Dawkins, siempre habrá alguien que se pregunte de donde salió esa simple grúa.

Todo el aparato de Dawkins, en suma, se dirige contra la tesis de Diseño Inteligente. Pero no se trataba de refutar una prueba de la existencia de Dios. Se trataba de demostrar, por ejemplo, a un hinduista, que Brahma no sueña.

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NOTAS:

1.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 128.

2.- Se refiere Richard Dawkins al libro La creación revisitada de Peter Atkins.

3.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 150.

4.- Ibíd. , pág. 150.

5.- Ibíd. , pág. 152.

6.- Ibíd. , pág. 154.

7.- No lo he dicho hasta ahora. Me da que la traducción no es muy afortunada o no ha sido revisada por alguien con conocimientos científicos. Por ejemplo usa el término fuerza nuclear intensa para hablar de la fuerte.

8.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 158.

9.- Cuenta Dawkins que una explicación para el hecho de que el personal sea tan bobo lo da un psquiatra evolucionista (imagino que con la conciencia mejorada), un tal J. Anderson Thomson que dice que todo viene del prejuicio psicológico que todos tenemos hacia la personificación de objetos inanimados como agentes. Pues ya sé a que psiquiatra no hay que ir. Porque otra cosa no habrán hecho los hombres, pero personificar y dotar de voluntad a los objetos “inanimados” y ponerse a adorarlos en seguida, eso lo han hecho a todas horas.

Reparto proporcional (y II)

Como prometí en mi entrada anterior voy a analizar la elección al Congreso de los Diputados, es decir el artículo 68 de la Constitución y su desarrollo en los artículos 161 y 162 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General del año 1985.

Para ello inicialmente voy a comparar el reparto electoral del Congreso de los Diputados con el reparto electoral de la Cámara de Representantes (el Congreso) de Estados Unidos. Hay semejanzas entre ambos procesos. Por ejemplo se trata exactamente del mismo número de entidad administrativas: 50 provincias (Ceuta y Melilla tiene un tratamiento diferente y no se considera aquí) y 50 estados.

La estructura poblacional de las entidades son muy parecidas si ordenamos las entidades de mayor a menor en base a su población. Entre la más (California y Madrid) y menos poblada (Wyoming y Soria) hay un factor 40 de diferencia. La mayor representa algo más del 10% de la población en los dos casos. El número de entidades que sobrepasan el 5% de la población es similar. La diferencia más significativa es que en España hay dos grandes entidades de tamaño parecido (Madrid y Barcelona) mientras que en Estados Unidos la segunda entidad (Texas) es apreciablemente más pequeña que la primera.

La cámara americana tiene 435 escaños, la española 348. El tamaño es parecido pero en relación al número de habitantes es apreciablemente diferente. Estados Unidos cuenta con 1.41 congresistas por millón de habitantes. España con 7.52 diputados por millón de habitantes. Hay un factor 5 de diferencia. Si lo prefieren, el Congreso de los Diputados debería tener 65 escaños, o la Cámara de Representantes 2175 escaños para que fueran comparables en relación tamaño a población.

En la primera figura que les he preparado se compara la influencia relativa de cada entidad (provincia y estado) en función del ránking de población. El color de cada dato nos indica el número de escaños de la provincia o estado. A la izquierda están los datos de España, a la derecha los datos de Estados Unidos. En el eje Y se mide la influencia relativa: se toma como unidad de influencia la ratio de cada país.

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La diferencia entre el reparto español y el americano es evidente. En el caso español la influencia aumenta monótonamente conforme disminuye la población (mejor dicho el ránking) en Estados Unidos permanece más o menos independiente del ránking. Por favor, no concluyan de la figura que el sistema americano es «mejor» o «más justo». O que el sistema español «no es democrático». Son conclusiones gruesas.

En España la mayor diferencia de influencia se da entre la provincia más poblada (Madrid) y la segunda menos poblada (Teruel) y representa un factor 4. Teruel es más influeyente que Soria porque alcanza a tener 3 diputados aún cuando la diferencia de población no es muy grande.

En Estados Unidos la diferencia mayor ocurre entre estados consecutivos en ránking de población: Rhode Island y Montana. Y la razón es que Rhode Island alcaza a tener dos representantes (el segundo representante de Rhode Island es el 419º representante de la cámara) mientras que Montana no llega a alcanzarlo: sería el 440º representante pero sólo hay disponibles 435. El factor de diferencia es 2, que es simplemente la diferencia entre tener uno o dos representantes.

La cuestión es ¿por qué el reparto español está tan sesgado hacia las provincias menos probladas?

Hay doble razón. La primera diferencia es que en España se asignan como mínimo 2 escaños a cada provincia. Este mínimo asignado representa el 28% de los diputados. En Estados Unidos el mínimo es un escaño por estado y totaliza el 12% de los representantes. Un detalle: 11% es la población de la entidad más poblada tanto en Estados Unidos como en España. Un 28% es mucho más que esa cantidad.

La segunda razón es el método de reparto de los escaños sobrantes. En Estados Unidos se usa el método de Huntington (lo tratamos en la entrada anterior) que está sesgado hacia las entidades más grandes. Recuerden que después de asignar el primer escaño a todos las entidades el método divide por 1, 1.73\dots en vez de 1,2\dots. En poco se nota la diferencia. Los estados más poblados son California (37.3M), Texas (25.2M) y Nueva York (19.4M). California consigue su segundo escaño (51º del orden) por ser el más poblado. El siguiente escaño (52º) es para Texas por ser el segundo estado más poblado. Y el escaño 53º vuelve a ser de California: su poblacion es 1.92 veces la de Nueva York, no la duplica pero sí sobrepasa las 1.73 veces (\sqrt{3}) del método de Huntington. En conjunto el método de Huntington «rectifica» el efecto del mínimo asignado penalizando a los menos poblados y primando a los más poblados. Satisface el requerimiento constitucional de asignación proporcional con un mínimo asignado.

En España los escaños sobrantes (248) se distribuyen por el método de los restos mayores que es todo lo contrario del método de Huntington ya que está claramente sesgado hacia entidades menos pobladas. Es decir, ahonda aún más la desproporción que implica el mínimo asignado; el cuál a su vez ya está generosamente ampliado a dos escaños.

De forma efectiva al usar el método de los restos mayores es casi como si se asignaran tres diputados a todas las circunscripciones: sólo Soria no alcanza el tercer diputado y sí lo alcanzaría si se usara el censo en vez de la población como criterio de reparto (hay pocos niños en Soria).

Les he preparado la siguiente simulación en la que se varían el mínimo y el método de reparto. A la izquierda el mínimo es dos escaños; a la derecha el mínimo es un escaño. La figura sólo muestra datos de España pero les aseguro que los datos de Estados Unidos serían indistinguibles de los españoles en esa gráfica.

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Todas las simulaciones mejoran la influencia de las provincias más pobladas a costa de las menos pobladas. Y causa más efecto reducir el mínimo que variar el método de reparto.

Fíjense en el factor que relaciona a la provincia más influyente con la menos influyente, es un factor más importante en mi opinión que si la influencia es cercana o lejana a la unidad (es decir a la ratio del país). A la izquierda la diferencia entre la provincia más influyente y la menos pasa de 3.6 a 3.3, frente al 3.9 del método vigente; un cambio modesto. A la derecha, la diferencia se reduce casi a la mitad: de 3.9 a 1.8 y es muy próximo al valor que se observa en Estados Unidos (1.9). Este valor está relacionado con la naturaleza discreta del problema.

También es muy significativo que a la izquierda la provincia menos influyente sea siempre la más poblada y la más influyente la menos poblada. Indica que el sesgo que introduce el mínimo de dos escaños es difícil de contrarrestar por un método de reparto.

A la derecha la población menos influyente: en la primera simlación sigue siendo Madrid pero ya hay menos distancias con las poblaciones más pobladas que consiguen un determinado número de escaños. Es decir, la línea discontinua horizontal casi llega a tocar a los puntos de 1 escaños, 3 escaños, 4, 5, 7 y 8 escaños. Esto indica que la asignación mínima (un escaño) y el método de reparto (d’Hondt) producen un resultado proporcional donde la dispersión de los datos proviene esencialmente de la naturaleza discreta de la asignación. Es, en mi opinión, el escenario ideal.

Las otras dos simulaciones de la derecha producen resultados más independientes del ránking porque sesgan la atribución hacia las provincias más pobladas. La provincias más y menos influyentes pertenecen al segmento de las menos pobladas.

La última figura muestra el baile de escaños y es suficientemente descriptiva

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Déjenme que concluya con tres reflexiones. Es difícil saber a posteriori por qué la LOREG atribuye los escaños de esa forma en la que todas las decisiones que se pueden tomar favorecen a las provincias menos pobladas. Se suele decir que fue una forma de apuntalar el bipartidismo. No es más que una falacia post hoc ergo propter hoc. De hecho la LOREG implica que en todas las circunscripciones salvo en Soria, Ceuta y Melilla pueden elegirse representantes de al menos tres partidos diferentes. Es decir, se podría argumentar justamente todo lo contrario: fue para atemperar un posible bipartidismo. También sería un brindis al sol.

Por otra parte conocemos las aversiones de muchos españoles por los sistemas mayoritarios, sobre todo en la izquierda: al aumentar los mínimos asignados se evitaban elecciones uninominales. ¿Pudo ser que a algunos les nublara la alergia al sistema mayoritario? ¿Que prefirieran asegurar el segundo o tercer escaño de Teruel en vez de luchar por el 40º de Madrid?

La segunda reflexión tiene que ver con las entidades. En Estados Unidos los estados son bastante iguales en derechos/obligaciones y sus ciudadanos celosos de esa igualdad. El método de Huntington, que es de 1940 tras inumerables discusiones sobre la representatividad de los estados, puede entenderse como una manifestación extrema de esa igualdad. En España las provincias son entidades administrativas más que otra cosa, con la excepción quizá de las provincias vasco-navarras. No ha habido un celo especial en atender este problema o no ha pasado el tiempo necesario para que se generen estas discusiones. Por otra parte creo que la solución americana de estricta proporcionalidad sería inconstitucional en España porque aquí, a diferencia de alli, por una parte está el mínimo asignado y por otra el reparto de los sobrantes. Sólo el último ha de ser proporcional sin que quepa, aparentemente, sesgar el método de reparto a uno u otro lado.

Mi última reflexión es sobre otra diferencia entre Estados Unidos y España; quizá la más notable. En Estados Unidos el estado no tiene porqué ser la circunscripción. El reparto determina los representante del estado pero luego las elecciones suelen ser uninominales (casi siempre) y lo que se discute es el tamaño y forma de la circunscripción. Cada diez año cambia el censo, puede cambiar el número de representantes de un estado y obliga a redefinir distritos electorales, y aparece el gerrymanderimso. Si hablamos de tamaños actualmente la circunscripción más grande es Montana (1M de habitantes); las más pequeñas son las dos de Rhode Island, que tienen aproximadamente la mitad de tamaño. La diferencia se debe, únicamente, a la naturaleza discreta del problema y es irresoluble.

En España cuando hablamos de este reparto estamos fijando las circunscripciones, que han de ser provinciales por mandato constitucional. Entonces aquí conviven una elección de 2 diputados en Soria con una de 36 en Madrid. Si usáramos primer modelo de la derecha (mínimo un escaño, reparto por d’Hondt) conviviría una elección de un diputado con elecciones 45 diputados. El diferencia, enorme, no está en la naturaleza del problema sino en la restricción constitucional.

Ojalá circunscripciones subprovinciales y su gerrymanderismo.