Dawkins y la maldición de la inteligencia (VII)

Notas aclaratorias

I – IIIIIIV – V – VI

Hoy, siguiendo el habitual y amistoso despiece, me voy a referir a dos capítulos, por razón de la brevedad del primero de ellos y por la estrecha relación que guardan los temas tratados en uno y otro. Se trata de …

LAS RAÍCES DE LA MORALIDAD: ¿POR QUÉ SOMOS BUENOS?
Y
EL “BUEN” LIBRO Y EL CAMBIANTE “ZEITGEIST” MORAL

Recordarán que Dawkins nos advirtió de que no iba hablar del Dios barbudo. ¡Inoceeentes! Lo hace todo el libro y, en el segundo de los capítulos a los que me referiré hoy, lo hace con evidente regocijo. Pero supongo que dirá que viene a cuento, porque nos habla de reglas morales.

Yo creo que el libro, a partir de estos capítulos, se desliza por una pendiente panfletaria evidente y que agradezco personalmente. Tanta profundidad empezaba a producirme secuelas. Ahora vamos a hablar de lo que realmente importa: de lo tonta que es la gente. Y lo mejor es que ya no hablamos de Dios. No, hablamos de la religión 1.

Pero no voy a adelantarme.

Estos capítulos tratan de la bondad y de la moralidad 2. La pregunta (que es de notable alto por lo menos, aunque hay que ser justos y reconocer que es una pregunta que le hacen a Dawkins) es si cabe la moralidad sin la religión.

A tal fin, y para ir haciendo boca, nos ilustra con una serie de cartas que le envían una cohorte de psicópatas agresivos que quieren matarlo, que se coma sus entrañas y que le suceda toda suerte de terribles males. Es encantador observar como Dawkins, a la vez que pone en la picota a esos turbios rufianes, aplica la razón a sus exabruptos. Por ejemplo, uno, después de lindezas varias, le dice “Jódanse, putas comunistas … Saquen sus negros culos de los Estados Unidos … No tienen excusa. la creación es una evidencia más que suficiente del omnipotente poder de JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR”. ¿Y qué hace Dawkins? Pues dice: “¿Por qué no el omnipotente poder de Alá? ¿O de Brahma?¿O incluso deYahvé?”3.

¿Ustedes entienden algo? Un pirado le llama puta comunista con el culo negro y el hombre se pone a hacer disquisiciones. Me imagino al animal de bellota reflexionando con la aguda contestación.

En esa línea discursiva, Dawkins habla del posible origen evolutivo de la “moralidad”. Concepto éste que no define y que hace equivaler, de forma reduccionista, a bondad, altruismo o generosidad. Ya sabemos que el bien y el mal, y las reglas articuladas sobre cómo distinguirlos y desenvolvernos conforme a ellas, así como el complejo asunto de los valores, tienen conexión con la bondad o la generosidad. Y es posible que la génesis de los códigos morales se encuentre en el altruismo con miembros de la especie, pero el desarrollo posterior es mucho más complejo, formalizado y alejado de un concepto primario de bondad; hasta el punto de llegar a ser, en ocasiones, manifiestamente incompatible. Pero bueno, Dawkins menciona las explicaciones basadas en el parentesco genético, en la reciprocidad, en la reputación e, incluso, en la adquisición de “respeto”. Extrañamente, una vez que tiene cuatro explicaciones, plantea que a lo mejor la moralidad es un “subproducto” o “falla” del sistema (ojo, el “fallo” lo es a efectos darwinistas; a Dawkins le parecen “benditos ” los errores como este). Así que, bueno, ya sabemos que hay explicaciones evolucionistas para el altruismo.

A continuación, Dawkins recuerda los dilemas morales esos tan famosos (Marc Hauser) en los que un pobre gordo termina siempre arrojado cuando pasa un tren en marcha. Esos estudios se efectúan con gente de todas partes y se acredita con ellos que todos los seres humanos responden de igual manera. Eso apuntala el origen genético de la “conducta moral”. Vale.

Ahora, después de estos dimes y diretes, Dawkins llega al meollo: ¿por qué ser buenos si no hay Dios? Bien yo creo que las reflexiones de Dawkins en lo relativo a que la moralidad no proviene de la religión son acertadas en conjunto. Precisamente pienso que la diferencia entre la bondad y la moralidad se deriva de la existencia de mecanismos (más o menos sutiles —a veces extraordinariamente sutiles—) de presión del conjunto sobre los individuos, que terminan ajustando sus comportamientos de manera en ocasiones casi inconsciente a reglas aprendidas desde niños (no excluyo, claro está, que algunas reglas básicas sean instintivas). Sí me molesta el exceso, a mi juicio, de ciertas reflexiones. Por ejemplo, decir, como contrapeso a los que relacionan siempre el buen comportamiento con la creencia religiosa, que “otra posibilidad factible es que el ateísmo esté relacionado con algún tercer factor, como la educación superior, la inteligencia o la reflexión, que podrían contrarrestar los impulsos criminales”4 me parece demencial. Se basa en el mismo tipo de razonamiento que decía que los negros son más bobos que los blancos por los resultados del CI en los USA. Por la misma razón no me gustan nada los estudios que menciona, que relacionan las creencias religiosas con el voto republicano en ciertos estados y, a la vez, con el crimen, las infecciones, las enfermedades de transmisión sexual o el aborto. Todos conocemos la manipulación que se ha producido muy a menudo cuando se juega con factores tan complejos. No está lejos de esa tesis defender que los mil millones de musulmanes lo son porque son una panda de gilipollas poco reflexivos, sucios y criminales. De esas posibles razones, tan sólo la relacionada con la instrucción superior podría convencerme a priori. Pero tengo muchas dudas, a pesar de todo. Hace tiempo que he rebajado la esperanza en que una educación superior realmente instruya a las personas. Otra cosa es que las haga “creerse” superiores y que un signo de esa superioridad sea “convertirse” en ateo, igual que beber buenos vinos o ir a la ópera. También había falsos creyentes por razón de conveniencia social. Ahora quizás haya ateos.

También analiza la diferencia entre la opción kantiana y la utilitarista. Ésta es una discusión que se ha realizado con un vuelo muy amplio desde hace muchos siglos como para que entre en ella. El limitado sentido que le da Dawkins se basa en si debe existir un referente absoluto para la moralidad y si ese referente puede estar en un libro sagrado.

Y eso es lo que analiza en el segundo de los capítulos.

Ese capítulo tiene una parte dirigida sólo a los que nunca abrirán el libro de Dawkins y a los que admirarán todo lo que este haga, y una segunda parte muy interesante.

En la primera parte hace algo perfectamente inútil: cuenta historias de la Biblia y los Evangelios. Y nos explica que tal o cuál figura bíblica es un sátiro o un criminal o lo que sea. Y hace lo mismo con los Evangelios, con asuntos como la expiación de los pecados o el asunto del papel predestinado de todos los actores de la vida y muerte de Jesucristo. Me gusta muy poco esta parte. Percibo un cierto placer en Dawkins en jugar al sencillo juego de la burla hacia las narraciones literales de la Biblia. Algo que puede extenderse por cierto a muchas costumbres muy arraigadas en cualquier parte, como llevan demostrando los antropólogos desde hace tiempo. Acierta cuando se pregunta qué criterio de la Biblia se usa para decidir qué parte de la Biblia es o no simbólica. Ese simbolismo cada vez mayor se ha ido convirtiendo en el refugio de las iglesias de Occidente, cada vez que los datos contradecían la literalidad de los libros sagrados. Y también lo hace cuando defiende que la moral, nuestra moral no deriva, en realidad de los textos. Por eso, mantiene que existe un cambiante zeitgeist moral. Pero yo aquí percibo una contradicción, o una falla en su línea de pensamiento, a la que me referiré al final del comentario.

En relación con el asunto de la influencia religiosa sobre la moral, se refiere Dawkins a un experimento realizado por un psicólogo israelí, George Tamarin, que utiliza a niños de 9 a 14 años y les pregunta por el relato de la batalla de Jericó. A pesar de que la narración contiene una referencia a una masacre (que Dawkins denomina genocidio), los niños la justifican en general. Sin embargo, basta la sustitución de los personajes y el lugar, por una inventada guerra en China, para que todos estén horrorizados. Dice Dawkins: “en otras palabras, cuando se eliminaba de la ecuación la lealtad al judaísmo, la mayoría de los niños coincidían con los juicios morales que la mayoría de los seres humanos modernos habrían compartido”5. Y añade que “es la religión lo que establece la diferencia entre que los niños condenen o aprueben el genocidio”. Yo, sin embargo, creo que esa afirmación es, cuanto menos, aventurada; y creo que el propio Dawkins desliza una de las claves cuando habla de “lealtad al judaísmo” y no de obediencia religiosa. Estoy convencido de que en la mente de los niños, el hecho se incardina más dentro de una epopeya cultural que religiosa. Una gesta de los “nuestros” contra los “otros”. Podríamos utilizar muchos ejemplos que demostrarían que desgraciadamente el impulso tribal es fortísimo a la hora de juzgar hechos objetivamente iguales. Y si en esos hechos están implícitas las claves para comprender la nación o concurren virtudes militares, apaga y vámonos. Creo que de nuevo Dawkins da a la religión, en este caso un síntoma, estatus de causa.

Posteriormente Dawkins hace referencia, en cierto sentido, a esta objeción. La salva considerando que la religión es una “etiqueta” que, de no existir facilitaría la integración y al superación de conflictos, y cita Irlanda, Kosovo, Palestina y otros lugares similares. Curiosamente, con ese reconocimiento admite que la religión es utilizada. No se puede ser etiqueta y causa profunda. La contradicción está en pensar que sin esa etiqueta los hombres no crearían otras. Yo en eso soy pesimista. El instinto de grupo está tan arraigado que los hombres tenderían a buscar y encontrarían una cualquiera. Por cierto, lo peligroso de cierta ingeniería social es a menudo sustituir instituciones imperfectas, producto de una evolución lenta de las sociedades humanas, por otras libres de contradicciones, diseñadas por mentes preparadas, que de repente producen consecuencias crueles y normalmente opresoras. Y no hablo de regímenes totalitarios, sino de instituciones nacidas para beneficio de los atrasados.

En este punto llega la parte más interesante. Dawkins, con alguna risible escala en los “nuevos diez mandamientos“, se refiere al carácter cambiante del conjunto de reglas morales y al consenso mayoritario sobre las mismas. Menciona conductas que eran perfectamente admitidas hace pocas décadas y que, en la actualidad, obtendrían un rechazo mayoritario. Defiende, y yo lo comparto, que existe una dirección en la evolución de la moralidad. Una dirección hacia una ampliación del sujeto moral y hacia la igualdad de los seres humanos (supongo que él espera prosiga con otros seres vivos). Y, claro, el cambio y los contenidos de esas leyes morales no pueden derivar de las Escrituras, que contienen esas historias tan terribles. Básicamente puedo estar de acuerdo, siempre que consideremos la evolución cultural a plazo muy largo. Lo digo porque hay tendencia a creer que cualquier posición mayoritaria basada en la ausencia de sufrimiento va en la buena dirección. Yo creo, por contra, que el camino correcto es siempre resultado de una tensión experimental, el viejo ensayo y error, entre la libertad y la máxima paz social. Pero también es verdad que soy bastante amoral.

Hay un último apartado que pretende desterrar la tesis de que Hitler y Stalin hicieron lo que hicieron porque eran ateos. Es extraño que Dawkins pierda tanto tiempo en analizar las motivaciones de Hitler, sus raíces católicas, sus palabras en las que habla de Dios o de la providencia. ¿Qué más daría si Hitler hubiera declarado que mataba a los judíos por razón de su ateísmo? Dice Dawkins que no puede pensar en guerra alguna que haya sido realizada en nombre del ateísmo y añade que Stalin hizo cosas malvadas en nombre del “marxismo dogmático y doctrinario”. Es sorprendente. Cuando los jemeres rojos mataban gente lo hacían para liberarlos de todas sus referencias culturales, incluyendo expresamente las de tipo religioso. Eso es así. Yo realmente creo que el comunismo en esa versión nace del mismo sitio del que nace la religión, pero, si tengo razón, la religión no es la causa. La causa está en las explicaciones totalitarias que surgen de una pulsión especial del ser humano. Esas explicaciones totalitarias no exigen un Dios y formalmente no pueden ser llamadas religiones.

Para terminar me referiré a la contradicción que antes mencionaba. Dawkins expresamente afirma que su ataque no se dirige contra el Dios barbudo; lo hemos visto. Sin embargo, a la hora de poner ejemplos escoge los que más evidentemente chocan con la época actual. También afirma Dawkins que lo verdaderamente malo es la creencia en Dios y la religión. Y eso justifica que llegue a afirmar que prefiere a los creacionistas antes que al hipócrita obispo de Roma.

Pero curiosamente el zeitgeist moral, que tan bien y en tan buena dirección va, es producto del consenso. Ese consenso se realiza entre personas mayoritariamente creyentes. En Occidente muchas de esas personas (en Europa la mayoría) han renunciado a que su reglas religiosas sean obligatorias y se han sumado a un cuerpo común que permita básicamente el desarrollo de la libertad. Se ha convertido en algo privado, en suma. Sin embargo, Dawkins cree que esas mentes infantiles están infectadas. Y prefiere a los que están “atrasados” en el zeitgeist antes que al pacífico vecino que va a misa y no molesta a nadie.

Yo creo que la religión (y sobre todo las iglesias) han ido a rastras, inevitablemente y los sujetos de esa evolución han sido, a menudo, sus fieles que, manteniendo un reducto para sus creencias (cada vez menor), no querían verse superados por el progreso. El príncipe siempre quiere que sus cañones tengan más alcance que los del vecino, y el empresario asume la ciencia pagana si con sus fórmulas se fabrican buenos ordenadores. Quizás esos reductos sean patológicos. O quizás lo sean los de los que quieren que los orangutanes tengan derechos. Es discutible.

Por eso hay que tener cuidado. Si te empeñas en imponer tu visión del mundo te conviertes en un tirano y si, para hacerlo, te alías con los que te quemarían en la hoguera a las primeras de cambio, además de tirano eres gilipollas.

Así que, mal que me pese (y yo no he dicho esto), si el papa cree que detrás del Big Bang está Dios y el creacionista quiere que se rece obligatoriamente en todas las escuelas, me quedo con el papa, aunque sea un hipócrita que quiere conservar la clientela. Y si no lo haces eres un fundamentalista dogmático, que le da más valor a la verdad (la suya claro) que a la libertad .

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NOTAS:

1.- Dawkins debería hablar sobre todo de Dios en un libro titulado The God delusion. Sin embargo, habla casi siempre de la religión y las estructuras religiosas. Salvo en los dos capítulos referidos a las pruebas de la existencia de Dios que, además, están trufados, como ya dije, de referencias a la religión (siempre o casi siempre cristiana) y a sus reglas. Comprendo que un libro se vende mejor si tiene 400 páginas, pero lo que no puede hacerse es decirnos que va a hablar de Dios y que, por eso da igual si no menciona las religiones que siguen dos de cada cuatro habitantes del triste planeta tierra, y luego dedicarse al cristianismo.

2.- Yo creo que es evidente que no son lo mismo. Su visión de la moralidad es algo superficial. Quizás eso explica lo mucho que le asustan los ejemplos que luego saca de las Escrituras. Y quizás por eso luego nos hablará de los Nuevos Diez Mandamientos. Si es que en el fondo Dawkins es un moralista. Buena persona, vamos.

3.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 220.

4.- Ibíd. , pág. 247. Aquí Dawkins se refiere a una hipótesis: que en las cárceles hay más creyentes que ateos. Yo también pienso que el pene es un símbolo fálico.

5.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 158.Ibid. , pág. 276.

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Un comentario en “Dawkins y la maldición de la inteligencia (VII)

  1. Con lo que se demuestra que Dawkina es ateo si lo es como muchos ateos lo son, esos que no se les cae Dios de la boca. La única forma de ser ateo es vivir sin Dios ya que no existe. No sé por qué hay gente que se caga en Dios si dice que no cree en él. Son tan teístas como lo que creen. Ergo….

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