Dawkins y la maldición de la inteligencia (VIII)

Notas aclaratorias

I – IIIIIIV – V – VI – VII

El comentario de hoy analiza un intento de Dawkins de explicar su actitud para con la religión. Él, tan amable y pacífico, es acusado a menudo —en estos comentarios lo ha sido— de tener una actitud excesivamente combativa con la religión. Por eso, en este capítulo nos explica …

¿QUÉ HAY DE EQUIVOCADO EN LA RELIGIÓN? ¿POR QUÉ SER TAN HOSTILES?

De antemano Dawkins declara que no pretende poner una bomba o decapitar o lapidar a alguien por el hecho de profesar determinada religión. Creo que es una declaración innecesaria, salvo que pretenda (no lo creo) recordarnos a los que sí lo hacen.

Su discurso se centra de entrada en distinguir entre el fundamentalismo y la ciencia, incluida la ciencia apasionada. Esta idea ya ha aparecido varias veces: la ciencia se basa en la evidencia. Yo creo que aquí simplifica el autor a propósito. Sabemos que la ciencia es mucho más que una acumulación de evidencias, pero es graciosa la pulla que lanza a los “relativistas” sobre el concepto de “evidencia” y cómo no puedes (a la pregunta del fiscal sobre si estabas en el lugar del crimen), contestar “sólo es en su occidental sentido científico de la palabra ‘en’ que yo estuve en Chicago. Los bongoleses dan un sentido completamente distinto a la palabra ‘en’, de acuerdo con el cual usted solo estará verdaderamente ‘en’ un lugar si usted es un anciano ungido con derecho a esnifar el escroto seco de una cabra”1.

Así que es obvio que tiene razón. Ahora bien, hay dos cosas que decir al respecto. La primera es que la “evidencia” científica está limitada por la aplicación del método científico, que define muy rigurasamente su campo (y cuando lo sobrepasa empezamos con las metáforas y analogías peligrosas, tan propias de las ciencias sociales, menos “evidentes”). Esto, por tanto, nos retrotrae a los argumentos sobre las pruebas de la existencia de Dios y viceversa sobre su no existencia. La matraca que nos da Dawkins con la teoría de la evolución es, en este sentido, exagerada, porque la teoría de la evolución no lo explica todo, ni excluye la existencia de Dios ni excluye que una religión sea una religión verdadera. Todo lo más contradice ciertas afirmaciones de ciertas religiones concretas, asunto quizás trascendente, pero sin el alcance que Dawkins le da.

Lo segundo que quiero decir, tiene que ver con la actitud del propio Dawkins. También en esto soy reiterativo, pero creo que tiene importancia. Dawkins dice que no hay que confundir fundamentalismo con apasionamiento y añade que: “Mi pasión aumenta cuando pienso en cuán perdidos están los pobres fundamentalistas y todos aquellos en quienes ellos influyen. Las verdades de la evolución, al igual que otras muchas verdades científicas, son tan bellas y fascinantes; ¡cuán terriblemente trágico sería morir sin habernos dado cuenta de todo ello!”2. Lo siento, me subleva ese tono perdonavidas; esa cantinela sacerdotal sobre los pobres y perdidos fundamentalistas que van a morir sin conocer la verdad me parece deleznable. Pensar que uno tiene la clave de la felicidad de los demás es estomagante y pretencioso.

Así, Dawkins se regodea en la historia del anciano profesor que reconoce en público su error durante años, frente al científico que cae en garras de la Biblia y de la religión. Si se limitase a señalar que la diferencia se encuentra en la constante puesta en cuestión de la verdad científica, frente a la inmutabilidad de la verdad revelada, estaría de acuerdo. Lo malo es el lenguaje; que diga que la primera historia (la del anciano científico) le “arrancó lágrimas de admiración y de exultación”, mientras que la segunda historia, la del científico echado a perder le parezca “simplemente patética – patética y despreciable-. La herida, para su carrera y para su felicidad vital, fue autoinfligida, fue tan innecesaria (…)”3. Luego se extraña de que se le acuse de hostil, cuando se permite juicios sobre la “felicidad” de otros. Más aún cuando, como él mismo reconoce, una de las razones que pueden explicar el fenómeno religioso es precisamente su capacidad para consolar a los seres humanos. Yo esperaba de Dawkins más hechos y menos literatura. Sobre todo porque es un cursi de agárrate y no te menees.

En cualquier caso, después de hacer esta distinción llegamos al punto esencial. Dawkins sostiene que lo malo no es sólo el fundamentalismo religioso. Sostiene que la religión no fundamentalista y “sensible” permite que el mundo sea un lugar seguro para el fundamentalismo “al enseñar a los niños, desde sus más jóvenes años, que esa fe incondicional es una virtud” 4. Veámoslo.

Comienza Dawkins recordando (de nuevo, como hace a lo largo de todo el libro, una y otra vez) ejemplos de leyes fuera del zeitgeist ilustrado. Los delitos por blasfemar o por abjurar en Pakistán o Afganistán, por ejemplo. Recuerda también el poco tiempo transcurrido desde que “crímenes” similares han salido fuera de los códigos europeos. Así como la existencia de “talibanes” americanos, con discursos impropios de una sociedad avanzada. A continuación se centra en dos aspectos que le parecen especialmente relevantes: el tratamiento de la homosexualidad y del aborto.

En cuanto a la homosexualidad, cita el castigo en Afganistán, el caso de Alan Turing (un eminente matemático que contribuyó de manera decisiva en el éxito bélico en la II Guerra Mundial y que posiblemente se suicidó al ser castigado por un delito de homosexualidad en 1954) y, finalmente, reproduce las opiniones de diversos telepredicadores americanos, absolutamente descabelladas. Estas historias universales de la infamia no aportan nada relevante. Ya sabemos que hay países con legislaciones “atrasadas” y que hay gentuza suelta por el mundo que quisiera quemar a todos los homosexuales. Se me dirá que eso sucede sobre todo en países con iglesias estatales y entre gente religiosa. Pues bien, puede que sea cierto, pero también lo es que esos excesos no nos pueden llevar a culpar a quienes no mantienen prácticas “no fundamentalistas”5. Además, esta cuestión está más cerca de la defensa de la libertad que del origen de las creencias. Las sociedades en las que se defiende la libertad individual son menos proclives a persecuciones similares. La prueba la encontramos en regímenes ateos “por definición”, como los comunistas, en los que se persiguió y fue delito la homosexualidad. Recordemos el caso cubano, el soviético, el chino. Por cierto, la “ciencia médica” ha calificado hasta hace muy poco la homosexualidad como enfermedad psiquiátrica 6.

En cuanto al asunto del aborto, que trata con detalle, creo que de nuevo hay que distinguir dos planos. Los chiflados que hablan de bebés asesinados y que disparan a médicos que realizan prácticas legales en clínicas legales son eso, chiflados. Pero una cosa es eso y otra cosa es que Dawkins destierre con tanta facilidad el debate sobre el tema del aborto. Me explicaré. Personalmente soy partidario de que el aborto sea legal 7, pero me molesta que se base la argumentación en la comparación entre un cigoto y un médico abortista. Y no porque use el argumento “pendiente resbaladiza” que menciona Dawkins y que se basa en la necesidad de poner límites claros y exigentes para evitar un exceso de laxitud, sino porque creo que esa comparación evita intencionadamente el problema de los límites (que, sin embargo, utiliza cuando trata de la distinción entre seres humanos y otros primates). El principal argumento de Dawkins en favor del aborto es utilitarista y se basa en la inexistencia de un sistema nervioso en un embrión, que no puede sufrir, frente a la mujer embarazada que sí sufrirá si no se le permite abortar. Añade además que si sufre (por ser lo bastante maduro) sufrirá igual que el de una vaca o una oveja. Sinceramente me parece un argumento muy malo. Para empezar el sufrimiento puede evitarse. Una buena inyección de pentotal lo arregla. Y, en cualquier caso, ¿qué diferencia hay, desde la perspectiva del sufrimiento, entre un feto de ocho meses y un recién nacido? ¿Y si tiene un mes? Tampoco tiene biografía. Ni siquiera ve bien.

Al final, el problema es siempre un problema de límites y no es justo buscar ejemplos en los extremos. Así, cuando señala que la diferencia entre un utilitarista y un fundamentalista es que el primero se pregunta por si puede el embrión sufrir y el segundo por si es humano, yo creo que es injusto. Es básico, si queremos entendernos, reconocer que las normas y la ética buscan categorizar y lo hacen. Y que a Dawkins no le parece bien matar a un millón de bagdadíes aunque se utilice una bombra termonuclear en la noche, que seguramente les matará instantáneamente o algún tipo de gas nervioso que impida su sufrimiento. Al final, todos nos preguntamos por los límites y los fijamos y movemos arbitrariamente. Y, en este caso, a lo mejor, los fundamentalistas lo son porque ven en un cigoto un ser humano. Pero, siguiendo su lógica, Dawkins lo es por ver lo mismo en un recién nacido.

Por cierto, es anecdótico, pero lo cuento porque me desagrada. Dawkins se refiere de manera muy detallada a varios chiflados de esos que matan a médicos abortistas o que defienden que se les pueda matar por ser superior la ley de Dios a la de los hombres. Incluso coloca en plano de igualdad la “sinceridad” de los chiflados y de los médicos. Todo esto se explica porque quiere defender su tesis de que esos chiflados no son chiflados, sino personas honestas, sinceras y reflexivas, sólo que contaminadas por su fe religiosa. En esos términos se refiere a un tal Michael Bray, un defensor de esos asesinatos. Llega a decir que le gustó “bastante”. Obviamente, no conozco al tal Bray, pero llama la atención que diga en este mismo capítulo de la madre Teresa de Calcuta que es una “santurrona e hipócrita”, con un “juicio retorcido” 8, por defender que el aborto es “el mayor destructor de la paz” y, sin embargo, le parezca tan majo el tarado ese al que le parece tan bien volarle los sesos a un médico. Y, si bien es evidente que la madre Teresa de Calcuta no es santo de mi devoción (aun no habiendo leído la biblia del antiteresismo, The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice, la obra de Hitchens), me parece tremendamente significativo que, cuanto más cafre, fundamentalista y literalista es un creyente, más le guste a Dawkins. Parece que se mueve mejor en los blancos y negros, y que los grises le disgustan.

Llegamos al final, pero antes tenemos que pasar por un tema idiota. Se trata de la gran falacia de Beethoven, una cosa así: si abortas a lo mejor matas a un futuro Beethoven. Dawkins lo refuta. Pero el asunto es tan bobo que no merece ni un comentario.

Eso sí, aprovecha nuestro autor para referirse al hecho de que pro vida sea siempre pro vida humana y analiza algo que explica con mayor detalle en El capellán del diablo: La cuestión de que la continuidad gradual entre especies impida fijar el límite de la especie humana. Discrepo absolutamente y creo que se trata de una de esas falacias que buscan justificar sus gilipolleces sobre los gorilas. En primer lugar, es contradictorio con sus argumentos utilitaristas aplicados al aborto, porque tampoco hay un momento en que podamos decir que un cigoto se convierte en ser humano. En segundo lugar, porque el adn es digital, así que, aun cuando fuera un trabajo inútil (sobre todo porque debería aplicarse más que a especies a individuos), podríamos intentar buscar ese momento (en uno y otro caso). Por tanto, cuando se pone farruco preguntando dónde ponemos el límite entre Lucy y un ser humano, simplemente desbarra porque: a) no hay Lucys; b) los que quedan, esos simpáticos simios, no construyen ciudades.

Y, por fin, después de todo lo anterior, llegamos a la respuesta final. La afirmación era que la moderación religiosa está en la base del fundamentalismo y se pregunta ¿por qué? La respuesta tiene que ver con la fe. Cuando Bin Laden ordena los atentados, se dice que es un terrorista y luchar contra él es luchar contra el terror. Dawkins dice que no, que la causa es la religión y que si no se reconoce es por miedo a manchar la idea de que la fe es algo bueno; y si bien es cierto que esas acciones se pueden basar no sólo en la fe religiosa, sino en la patriótica o racial, la religión es un “silenciador especialmente potente del cálculo racional” 9, sobre todo por la promesa de una vida futura. Así, el respeto por la fe crea un ambiente adecuado para los excesos basados en interpretaciones fundamentalistas. Esta conclusión es muy fuerte y tiene una indudable base de verdad. Uno suele ser más tolerante con los excesos de “los míos”. No debería echarse en saco roto hacer una reflexión constante sobre los paños calientes que amortiguan ciertas expresiones inadmisibles que atentan contra la libertad de pensamiento.

Dawkins añade, refiriéndose a los líderes que excluyen al fundamentalismo como perversión, lo siguiente “¿cómo puede haber una perversión de la fe, si la fe, careciendo de justificación objetiva, no tiene ningún estándar demostrable que pervertir?” y lo ejemplifica citando las “versiones” más o menos extremas que pueden sacarse, por ejemplo, del Corán. Aquí demuestra una vez más que sí es un intolerante y que su actitud está teñida de fanatismo. Su convencimiento de que la religión es la raíz de comportamientos criminales le lleva a negar el derecho a los “moderados” a ¡criticar esos excesos! Es como si pretendiese evitar un buen polvo porque una de sus manifestaciones extremas es la violación. Claro, el sexo mola, dirá. Pero es que a muchas personas también les gusta lo de la religión. No hacen daño a nadie. No son responsables de que haya chiflados que estrellen aviones en nombre de Alá. No lo son ni siquiera por el hecho de enseñar a sus niños que la fe es una virtud, porque, por desgracia, está grabado en nuestro ADN el amor y la admiración por la generosidad y la heroicidad, derivada a menudo de una fe en cosas intangibles, como el amor o la lealtad.

————————————————————————————————-

NOTAS:

1.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 302.

2.- Ibíd. pág. 302.

3.- Ibíd. pág. 304.

4.- Ibíd. pág. 305.

5.- Curiosamente creo que todas las personas religiosas son fundamentalistas, en algún remoto lugar de sus cerebro, y creo que están a la espera de que nos descuidemos los que no lo somos para recuperar sectores de la ley y la moral que han perdido lentamente. Pero no pasa de ser un prejuicio y no me gusta razonar utilizando mis prejuicios como varas de medir. Por tanto, con actitud vigilante, concedo a los demás la duda sobre sus propósitos, porque no se puede atribuir a los creyentes actuales que se muestran partidarios de que el fenómeno religioso sea privado un comportamiento falsario a priori ni responsabilizarlos de conductas pasadas realizadas por otros creyentes.

6.- Es indudable que, en general, las iglesias son arrastradas por la evolución de las ciencias y de la moral social. Que tienden al inmovilismo y les cuesta modificar las leyes grabadas en piedra. Pero también lo es que eso mismo puede suceder por aplicación rigurosa de regímenes o reaccionarios o fundados en una visión “científica” del mundo.

7.- Yo creo que el fundamento capital de la ley es la búsqueda de la paz social, y que sus normas “suelen” estar fundamentadas por un consenso ético. No tengo inconveniente en reconocer que no hay regla natural que implique la maldad del aborto, el infanticidio o la pena de muerte. La prueba más evidente de que es así es que así ha sido hasta épocas muy recientes. Por eso es llamativo que los que se ríen de las disquisiciones sobre que es un “ser humano” no tengan inconveniente en sacralizar ese concepto a la hora de defender que es barbarie la pena de muerte o el infanticidio. O que lo es matar a los animales o torturarlos. Quizás algo menos de “absolutismo” de todos ayudase a la discusión de temas tan sensibles.

8.- R. Dawkins, El Espejismo de Dios, Editorial Espasa, pág. 312.

9.- Ibíd. , pág. 327.

4 comentarios en “Dawkins y la maldición de la inteligencia (VIII)

  1. Pues a mí lo que me da es que la melopea dawkiniana es apta para botar a la papelera. Con lo facil que es demostrar que los dioses incluido Dios no son más que entes imaginados por los hombres a su imagen y semejanza, una invención a la que se recurrre por miedo a la muerte y a lo que pudiera haber tras ella. Fueraparte de lo dicho, la idea de Dios que tienen, por ejemplo, los cristianos es la mar de facil de refutar. No se como pueden soportar la idea de un Ser supuestamente todopoderoso que sea sendible a los rezos, alabanzas y genuflexiones que le ofrecen los probetones mortales. No lo puedo DE entender. Si yo fuera Dios no les haría ni puto caso. Ergo Dios no existe porque es impresentable, iimaginable e insoportable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s