Acto I, Escena final

 

(Una habitación normal. Luz tenue. Se ven los reflejos que emite la pantalla de un ordenador. El poeta está de pie. Ha sacado de una estantería un libro grueso y lo hojea. La ventana está abierta. Se apaga la luz por completo, salvo la que parpadea en la pantalla del ordenador. Pocos segundos después, cuando se enciende de nuevo, la muerte ha aparecido de repente. El poeta simula indiferencia)

LA MUERTE: (irónicamente) Comprendo que no te sorprenda, ya sabías que eras inmortal.

EL POETA: Sí, escribí … 

LA MUERTE: Conozco tu obra. Incluso la que aún no has escrito. 

EL POETA: ¿Aún? ¿No es mi hora?

LA MUERTE: Sí.

EL POETA: Pero has dicho …

LA MUERTE: Es mi broma favorita. Lo hago por desdramatizar.

EL POETA: Puedo vencerte.

LA MUERTE: Ya vi la peli.

EL POETA: No sé jugar al ajedrez. Te hablo de demostrar la imposibilidad de tu existencia.

LA MUERTE: No seas bruto, ya sé que no existo. Tú mismo lo escribiste. Eres inmortal, te lo he dicho nada más aparecer. 

EL POETA: Te equivocas, que yo sea inmortal no niega tu existencia. Ahí están tus obras, criatura siniestra. 

LA MUERTE: No te pongas melodramático. Yo no tengo nada que ver con eso que llamas mis “obras”. Yo siempre actúo después del The End. Pregunta al guionista que escribió tu vida por qué la llenó de efectos especiales, de actores que entran y salen de escena, de fondos que cambian. 

EL POETA: ¿Niegas tener algo que ver con la muerte de los otros?

LA MUERTE: Claro, estúpido. Yo soy la muerte. Cuando aparezco todo desaparece. 

EL POETA: (susurrando) Me ha tocado una muerte solipsista.

LA MUERTE: Aggh, aggh, aggh …

EL POETA: ¿Qué te pasa, estás bien?

LA MUERTE: Sí, sólo me reía. No sé hacerlo mejor. 

EL POETA: ¿Qué te parece tan gracioso?

LA MUERTE: Tú. Afirmas que eres inmortal y luego me acusas de solipsismo. No se puede hacer carrera de vosotros. Hagamos un trato.

EL POETA: ¿Cuál?

LA MUERTE: Yo reconozco ser el autor de todas las muertes, las pasadas y las futuras. Y me voy. Pero tú reconoces que sabes que tu vida es finita y que eres mortal.

EL POETA: Ja ja ja. Escucha:

                NADA TEMAS

Nada temas. Un día moriremos
y hasta ese día somos inmortales.

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2 comentarios en “Acto I, Escena final

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