Compañeras, esposas, madres y ángeles

Leo esto y traigo de vuelta, algo escrito hace ocho años

Vemos como, una vez más, del fracaso no surge la verdad, porque es muy duro mamar durante años una doctrina sagrada y luego admitir que el profeta era un ignorante o un farsante.

Así que insistirán, topando, cuantas veces haga falta, con el mundo, la realidad, y lo que sospecha todo el mundo y sabe bastante gente.

No, no todas las críticas al credo oficial son una forma de “reubicar” un discurso “ancestral” que pretende perpetuar la subordinación de las mujeres. No es asombroso, porque es humana, esa ingenua y “racista” (perdonen el uso espurio) creencia en la bondad natural de las mujeres. Incluso en su superioridad moral e intelectual.

Naturalmente, es conocido y fácil el recurso al “enemigo interior”, al “contrarrevolucionario”. Ya saben, esos que “incluso admiten de entrada lo inaceptable de la violencia machista, para pasar a elaborar seguidamente nuevas formulaciones al servicio de mantener la discriminación peyorativa contra las mujeres en sus distintas manifestaciones, una de las cuales, la más brutal, es la violencia”. Sí, los conocemos bien. Son los viejos criptojudíos, los que afirman el principio general, pero con reserva mental, porque ya se sabe a qué equivale la desconfianza en la iluminación del líder.

Es cansado, muy cansado, tener que recordar ciertas cosas. Pero no hay más remedio, cuando los “expertos” se dedican al wishful thinking.

Por ejemplo, es conocido que en las relaciones familiares surgen, en situación de conflicto, intereses contrapuestos de gran trascendencia. Tienen que ver con la custodia de los hijos, con pensiones alimenticias y con el uso del domicilio. Tienen que ver con eso que la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo (machista sin duda) siempre incluyó entre los motivos para sospechar de la parcialidad de una declaración testifical. ¿Alguien duda de que la mezcla de la relación sentimental y de las redes económicas que resultan del matrimonio o la vida familiar, son un potente caldo de cultivo para todo tipo de intereses y pasiones, o lo que es lo mismo, de razones o impulsos ocultos que llevan, en ocasiones, a la mentira, la manipulación, la venganza y la violencia?

Solo un olvido tan clamoroso puede llevar a obviar una circunstancia capital: cualquier instrumento que coloca, por sí solo, y sin necesidad de más exigencias a un ser humano en situación de privilegio, será utilizado. Así, la reflexión de la autora del artículo está sesgada simplemente por no considerar a las mujeres iguales, sino mejores. Sí, la autora piensa que las ventajas que se pueden derivar de una denuncia falsa no serán explotadas por algunas mujeres.

“Los juristas conocemos bien” añade y olvida algo fundamental. Se olvida de los tiempos. Tiempos especiales; únicos. Cuando un hombre es denunciado, el Estado se pone en marcha “presumiendo” que la denuncia es cierta. Basta la denuncia para que el denunciado sea detenido y normalmente pase en esa situación (dependiendo del lugar) un par de días. La denunciante es asistida por un letrado desde el primer momento (cosa que no sucede en otros casos en que debe esperar a una fase posterior del proceso). Muchos asuntos de este tipo se basan única y exclusivamente en la declaración de la denunciante, a veces sin signos físicos, ya que muchos de ellos se refieren a amenazas, coacciones, a maltrato psicológico. Pero eso es indiferente. Este es un sector en el que la presión social y de los lobbies han inclinado de hecho la balanza (siempre tan inclinada) desde la presunción de inocencia a la de culpabilidad.

Así, tras dos días encerrado, el denunciado se enfrenta a un juicio rápido, en el que a lo mejor intenta comunicar a su letrado que los hechos son falsos (¿lo son?) o que se defendía de una agresión (y por eso tiene esos cortes o ese golpe), pero es igual, porque su letrado le advertirá de lo “que hay”. Le advertirá de que quizás deba meditar admitir una conformidad. Es una manera de “obtener” una condena baja y además se beneficia de una reducción en un tercio de la pena. Y si insiste en seguir, veremos, que las penas se pueden acumular y ella ha dejado caer esto y aquello. Y fue en el domicilio y estaban los hijos. Y así se podrá pactar una remisión condicional de la pena con el fiscal, que siempre atiende a estas cosas una vez has sido convenientemente condenado. Y, además, el abogado de ella está por la labor, porque así él sale, sigue trabajando y paga las pensiones.

El detenido, convenientemente macerado por todos, estará en una situación perfecta para acabar con esa pesadilla con la que se encuentra de repente y que quizás merezca. Todo conspira para que lo reconozca. Las medidas cautelares son tan inmediatas y tan brutales, y tienen tan poco en cuenta lo realmente sucedido (porque así es la administración de justicia), que hay que tener una gran sangre fría para no caer en el vicio de la debilidad. Así que no hay más, porque hay una salida fácil y rápida: que admita que es un maltratador y así podrá dejar de ser el centro de todas las miradas. Y aunque creía que su vida no podía ser peor, todo depende. Verá a sus hijos cada fin de semana, una hora, en un punto de encuentro.

Naturalmente, es probable que todo lo que se dice en la denuncia sea cierto. Pero ¿no habíamos quedado en que la norma penal defendía al ciudadano de acusaciones injustas? ¿Para qué sirven la presunción de inocencia y el in dubio pro reo?

Por eso resulta sangrante que se hable de cosas como “el sistema de garantías construido en el Estado social de derecho a favor del acusado”, de “las barreras que tienen que superar para poner en conocimiento de la Administración de justicia hechos que ahora constituyen delitos”, de “la falta de correspondencia entre las expectativas que tienen respecto a la denuncia -tantas veces formulada con la única pretensión de que cese la violencia”, y de “la dificultad de prueba de unos hechos que se cometen en tantas ocasiones en la intimidad o sin dejar rastros físicos apreciables”.

Sí, es lamentable. Porque casi se pretende, al mencionar que el que se declare a alguien inocente no implica que la denuncia sea falsa, culpabilizar a los que resultan absueltos. ¿Qué sucede? ¿No resulta extraño que haya un número elevado de sobreseimientos, que no haya prácticamente condenas por denuncia falsa?

Negar la realidad es lo que tiene, que terminas convirtiendo a los de tu grupo en ángeles y a los del otro en sospechosos. Que terminas obviando el factor humano.

Nadie hará una encuesta secreta entre los jueces, fiscales, psicólogos forenses, oficiales, agentes y abogados que andan metidos en el asunto este de la “violencia sobre la mujer”. No sea que les salga la respuesta ancestral que estropee el dictamen previo.

Es lo que pasa cuando penalizas las conductas por venir realizadas por grupos humanos en abstracto: caracterizas a los miembros del grupo (hombres agresores) y luego los penalizas a todos ellos (y para eso usas la estadística, la historia, la psicología, la medicina, la experiencia de veinte años o veinte siglos). Te olvidas de la regla ilustrada que define a todos como ciudadanos con independencia de sexo, raza, religión, ideas o creencias. Impones sobre las personas un estigma o un pecado original (aunque sea producto del ambiente), te meas en la complejidad de las conductas, de los motivos, de la realidad humana. Y ya tienes tu mundo feliz, en el que todo maltratador lo será porque reproduce tu teoría sobre las cosas, como todo disidente era enemigo del pueblo o todo retrasado un peligro para el bienestar de la Humanidad.

¿Y los motivos? Qué más da si se hace por estupidez, por buscar el bien, por no haber dejado atrás la infancia o por mantener el chiringuito con sus moquetas, cargos y dietas. Los primeros que promovieron una mayor natalidad de los mejores, de los cultivados, eran gentes de izquierdas, leídas, que se masturbaron pensando en lo inteligentes que eran con sus explicaciones de lo natural y lo social: con Marx y con Darwin. No se pararon a pensar que detrás de ellos, los que promovían, llegarían, usando los mismos argumentos, los que prohibían, los que castraban, los que exterminaban.

 

Un comentario en “Compañeras, esposas, madres y ángeles

  1. En relación a lo que dice, creo que le gustará este párrafo, escrito por una magistrada hace ya algunos años (enero de 2004):

    “Hace unos días tenía un proceso de apelación de un juicio de faltas en el que se había condenado al marido por un maltrato de palabra a su esposa. Afortunadamente en aquel caso el juzgado de Instrucción había tenido el acierto de grabar en vídeo el acto del juicio de faltas.
    Pues bien en este Juicio de Faltas se veía como el marido denunciado pretendía explicar al juez que su esposa también le había insultado. El magistrado insistía en que aquel juicio no era para resolver las denuncias del marido contra su mujer, sino especialmente para analizar la denuncia que había hecho con anterioridad la mujer al marido. El juez efectivamente acabó con la condena del marido y yo me preguntaba y me pregunto ahora si él no haber permitido escuchar todo lo que paso , no es una forma de amputar el contexto y de impedir conocer lo que realmente ha sucedido .
    Me pregunto yo también ,ahora si el condenar desde un objetivo parcializado no provoca una reacción de injusticia en el condenado y si esa sensación del condenado de ser tratado injustamente por el condenado no significa un incremento mayor en la violencia y por tanto un riesgo más para la denunciante.”

    La magistrada que escribió esto era Manuela Carmena. El artículo se titula: “Lo que nos queda por hacer” y es digno de leerse, porque se puede ver cómo los prejuicios feministas de la autora no pueden evitar que, de vez en cuando, la realidad se le escape…, y eso que en enero de 2004 (cuando se publicó el artículo) aún no existía la “Ley de Violencia de Género” ni los juzgados específicos…

    Este artículo se encontraba originalmente en la página de “Pensamiento Crítico” (afín, o más que afín al PSOE), actualmente sólo se puede encontrar allí el título y la fecha… Por fortuna, una copia se puede aún descargar en
    http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/loquenosquedaporhacer.pdf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s