Un pegote de mierda en la espalda

Esta entrada es de 11/2007

He tardado en decidirme a escribir esta entrada. Por dos razones, porque no quiero que se piense que tengo una especie de manía persecutoria contra Francesc de Carreras, y porque sé que lo que voy a decir molestará seguramente a algún amigo. Pero me he decidido precisamente porque estoy hasta las gónadas del discurso soterrado que todavía se mantiene por el mundo biempensante. Ese que dice que los comunistas cometieron errores, pero que los había buenos y malos. El mismo que no duda en mandar a los infiernos a los nazis y a los fascistas (considerados como cajón de sastre en el que caben todos los malos del mundo), sin matices, que no lo merecen.

Me manda Brazil una cosa de D. Francesc publicada en La Vanguardia. Se llama “Los comunistas”.

Sinceramente, solo se me ocurren dos calificativos para lo que escribe nuestro catedrático: o es tan trivial que equivale a una estafa intelectual o, si tiene tesis, la tesis es que el comunismo tiene algo bueno, que es mejor que otros totalitarismos.

La primera posibilidad no requiere mucho comentario. Pongamos que el comunismo es una porquería, pero como habla de la justicia, de los pobres, de querernos muchos y de compartirlo todo, picaron unos muchos. A los comunistas podríamos, en plan infantil, clasificarlos en cuatro categorías:

1.- Los que desde el principio (da igual de donde fueran ciudadanos) supieron que el comunismo, en todas las versiones, era una ideología totalitaria que acababa con la libertad, pero se apuntaron porque se la pelaba lo de que los hombres sean libres o porque simplemente buscaban el poder. Estos son malos de la leche.

2.- Los que no lo supieron desde el principio, pero al enterarse siguieron adelante. Son malos también.

3.- Los que no lo supieron desde el principio, pero al enterarse siguieron adelante por miedo. Estos todo lo más serían cobardes, pero no malos. Una vez instalado el comunismo, aunque hayas ayudado, cualquier discrepancia te podía costar cara.

4.- Los comunistas que no eran ciudadanos de países comunistas y que creyeron que lo de los países comunistas eran simples desviaciones que podían corregirse y que, cuando llegase el comunismo de verdad, las corregirían. Lo verdaderamente curioso de este tipo de comunistas es que, al defender que los crímenes y los fracasos del comunismo eran simples desviaciones, en contra del hecho de que se producían en todos los países comunistas, desenfocaban su visión del mundo: así, minimizaban o admitían muy a regañadientes las malas noticias que venían desde detrás del telón de acero (o China, Corea, Vietnam, Camboya o Cuba, tanto da), pero engrandecían los crímenes del “imperialismoyanki” y del capitalismo, llegando a cambiar las evidentes contradicciones del capitalismo, las que iban a provocar su disgregación interna, por una visión mundial en la que ya no se hablaba tanto de explotadores y de clases explotadas como de naciones explotadoras y explotadas. Más bazofia intelectual que nunca se ajusta a los hechos. Pero, bueno, pongamos que esta ceguera supina se fundamentaba en un deseo de mejorar el mundo. Incluyamos aquí a los que nunca se enteraron de los crímenes de los comunistas (ya sé que parece difícil pero no hay que descartarlo; es lo que tiene la propaganda y la ignorancia) ¿Serían buenas personas? Digamos que sí. También serían comunistas buenos.

En fin, si lo que dice De Carreras es que había comunistas buenos, ¿por qué no podía haber nazis buenos o fascistas buenos o franquistas buenos o falangistas buenos? A lo mejor el simplón o incompleto o falsario -por usar sus términos- es D. Francesc que piensa que todos los afiliados al partido nazi eran unos hijoputas de las categorías 1.- y 2.-, y eso vale también para los fascistas, o los franquistas, o los seguidores de Pinochet. Porque es una simplicidad no darse cuenta de que ciertas ideologías te venden una concepción del mundo agradable, lleno de claves para mejorar rápidamente, en las que los culpables son siempre los otros, ya sean los judíos o los terratenientes o cualquier otro vendepatrias, que al final siempre terminamos en el mismo sitio. Seguro que había nazis y fascistas y franquistas de los grupos 3.- y 4.- ¿O todos eran muy requetemalos y pegaban a sus mujeres y sodomizaban a sus hijos y le aplastaban la colita al gato?

Vean qué gran momento del artículo de D. Francesc:

En este periodo los comunistas mostraron todos los horrores del totalitarismo estalinista y toda la generosidad de las luchas contra los totalitarismos de signo contrario.

No me digan que no es genial. O sea, que los bestiales ejércitos de Stalin fueron generosos porque combatían a Hitler. ¡Coño, la misma lógica se puede aplicar al contrario! También los nazis hablaban del terror rojo y de los bárbaros asiáticos, y se asombraban de que sus primos anglosajones no se dieran cuenta del servicio que le hacían a la civilización. Ese discurso es general en el Estado Mayor y en las lumbreras de Núremberg. Hasta pensaban que la cruzada contra el comunismo podría servirles para obtener una paz separada.

Vean, vean, que hay más:

Pero también muchos comunistas fueron heroicos resistentes a los totalitarismos fascistas, nazis y franquistas. Curiosa paradoja e indudable realidad: unos que se llamaban comunistas eliminaban todo vestigio de libertad en unos países, otros que también se consideraban comunistas encabezaban en otros países la lucha por la misma libertad.

Es escandaloso que un señor leído, como De Carreras, diga que los comunistas luchaban por la libertad. Que no, hombre, que no. Luchaban por el comunismo. Y que eran heroicos, pues sí, a menudo. ¡Joder! y los nazis. Y también luchaban por el nazismo y por la libertad de la nación alemana, tal y como la entendían como consecuencia de esa aberrante mezcla de basura ideológica y nacionalismo (el mismo nacionalismo de los que luchaban por la Rodina y el padrecito Stalin). Es de bobos pensar que las doctrinas totalitarias no son capaces de engendrar generosidad, valentía y heroísmo.

Por tanto, si quería decir esto, más valía que nos hubiera contado las últimas vacaciones en Shangri-la.

Pasemos a la segunda posibilidad: no es tanto que haya comunistas buenos, sino que hay algo bueno en el comunismo, que no debe confundirse con esas otras doctrinas malas-malísimas que ya hemos mencionado.

De entrada ya es triste que para hablar de los comunistas buenos o del comunismo bueno diga esto “Recordemos también la crueldad de las bombas atómicas arrojadas innecesariamente sobre Hiroshima y Nagasaki”. No sé muy bien a qué viene esto cuando se habla de los nazis, los fascistas y los comunistas, aunque fuese cierto, que no lo es. Parece como si D. Francesc tuviera que decir que, bueno, también los americanos han sido malos y matado gente. Olvidando que desde luego no mataban a sus ciudadanos masivamente, que estaban en guerra y que hay muy buenos argumentos para defender una decisión como la que se adoptó. Pero lo que más me jode es que lo deje caer ahí, chof, cuando está hablando de otra cosa, pagando el peaje que corresponde, que no se iban a ir los americanos de rositas.

También me resulta singular que diga eso de “fueron comunistas los primeros que asolaron mediante el terror la Unión Soviética: desde la implacable dictadura que ya se anunciaba con la frase “¡libertad ¿para qué?”, atribuida a Lenin por Fernando de los Ríos en 1920, hasta las purgas de los años 1937 y 1938 y el infierno del gulag”.

¿Que ya se anunciaba? ¿Está de coña? Ni anuncio ni hostias, fue una dictadura desde el primer puto día. Una dictadura de una élite, minoritaria, que decidió lo que era bueno para los demás, sobre todo para la masa de campesinos “sin conciencia política”, que se pasó por la piedra a sus adversarios políticos democráticos, y que basó su poder en el terror. Y me hace gracia que mencione expresamente las “purgas de 1937 y 1938 y el gulag”. Porque, amigo De Carreras, eso es una mariconada. A mí lo primero que me viene a la memoria son los más de diez millones de muertos por las hambrunas, y los desplazamientos masivos y trágicos de población. Lo mismo que en el caso del genocidio armenio. Supongo que sabrá el articulista de qué le hablo. Y las decenas de años de una población sometida a la propaganda y el lavado de cerebro más brutal. Pero él se acuerda de las purgas. Claro, porque fueron purgados los del aparato, los miembros del partido. Al final, la vida de la gente corriente parece importarle una mierda.

¿Y qué me dicen de eso de que “Stalin es el comunista verdugo, un verdugo complejo: cínico, maquiavélico, burocrático y déspota”? Como mola, Stalin era un tío complejo. Claro, pero Hitler era un patán, Franco un paleto y Mussolini un oligofrénico. Hasta para ser malo hay diferencias, ya ven.

¿Porque al final de qué se trata? ¿Por qué enfatizar que hay comunistas buenos como los de la obra, comunistas de ficción? Y ¿para qué decir que sin saber que hay comunistas buenos no se entiende la historia?

Pues creo que el énfasis obedece a dos razones. Una general y otra personal. La general tiene que ver con el mito de la izquierda. Los de izquierdas y más en particular los que han sido marxistas nos están vendiendo una moto averiada desde hace mucho tiempo. El comunismo no es tan malo porque los comunistas están avalados por sus fines, por sus honestos fines. Sin embargo, eso que vale para el comunismo no vale para los demás. A todos los demás se les juzga por sus resultados, por las consecuencias prácticas. Y es justo que sea así, porque sólo así sabemos qué hay de verdad en esa preocupación por el bienestar de los hombres y, lo que es más importante, hasta qué punto se está afirmando algo que es inequívocamente falso cuando se compara con los hechos. Lo peor del marxismo es que, como explicación del mundo, no precisa falsación. Es como lo de los parapsicólogos. Ellos dicen que un tipo con facultades paranormales no puede desarrollar sus habilidades si se encuentra cerca un escéptico y más si ese escéptico exige controles. Así se produce el cierre del círculo, porque siempre tienen una explicación para sus fracasos. Lo mismo sucede con el comunismo, porque esa es la ventaja de los sistemas predictivos que siempre consiguen adaptar los resultados que no coinciden con sus postulados.

Naturalmente, cuando el régimen se instaura, toda la realidad se adapta a su visión “científica” del mundo, que se impone sobre la voluntad y la libertad de los individuos. Esa visión, esa ciencia, funciona como un deus ex machina al que siempre se invoca para justificar todos los males presentes, todos los sufrimientos presentes. Y además se retroalimenta, porque las disfunciones son resultado de un desarrollo insuficiente de sus postulados. Exige una implantación total y universal para ser demostrado. Es una teleología que recuerda a la de los Testigos de Jehová, que cuando no se cumple se modifica. Mientras tanto, desprecia la vida y la libertad de las personas, arrasa culturas milenarias y reeduca a los discordantes. Sin embargo, se nos dice que el comunismo es valioso porque pretende mejorar el mundo. Ese ha sido siempre su mejor triunfo, el propagandístico, un triunfo que ha gestionado muy bien. Son los únicos que están a salvo de rendir cuentas. Bueno, en realidad no, porque son como las otras religiones: siempre hay justificación en el más allá.

No es extraño; han sido tantos los que han caído en el misticismo a lo largo del siglo XX. Y no quieren pedir perdón. Es verdad que han terminado teniendo empresas, o son directores generales y tienen dos casas, un perro, dos coches y un pollo en el horno, que tienen cuentas corrientes, planes de pensiones y viajan. Es verdad que en todo son iguales a aquellos a los que sus héroes querían llevar al paredón. Pero hay algo a lo que no renuncian: a la superioridad moral.

Mientras no se reconozca que la ideología comunista ha sido una tragedia para la Humanidad, permanecerá el caldo de cultivo para los totalitarismos, también el nazi y el fascista, que beben en la ideología y el imaginario socialista y marxista; mientras no se admita que en el saldo el debe es enorme comparado con el haber; mientras no se admita que las mejoras sociales en Occidente son resultado de fuerzas enfrentadas en las que se mezclan el liberalismo, los autoritarismos paternalistas (busquen a Bismarck), la presión obrera (que no es comunista en muchos sitios donde los avances son comparables a los de cualquier otro lugar) y la evolución tecnológica; mientras no se renuncie para siempre al comunismo, incluso como referencia romántica, tendremos que tragar con esta basura. Porque De Carreras hace este artículo y pocos protestan, pero si hiciera uno alabando al fascismo o al nazismo, se subiría todo el mundo por las paredes. Claro, él lo ve como un “ideal de vida generosa” y uno se pone a temblar con los resultados de las circunvoluciones del típico intelectual de izquierdas: resultados que terminan en las Brigadas Rojas, la Baader Meinhof o la ETA. Estos son de izquierdas y son coherentes con las normas de sus padres.

Pero he hablado de dos razones y la segunda es la razón concreta. Lean el artículo y verán al comunista bueno, Gregorio López Raimundo, del que yo no sé nada en absoluto, y miren qué cosas dice el articulista: lo primero que luchó “a través de procedimientos democráticos: a la violencia nunca se la debe combatir con las mismas armas sino con la fuerza legítima que sólo da la razón”. Para De Carreras la violencia contra el tirano no es democrática, qué paradoja y dónde estaríamos si se hubiera seguido su ejemplo a lo largo de la Historia. Pero la clave se encuentra en quién está con el comunista: claro, De Carreras. Él estaba allí y estaba con los buenos.

Así son las cosas. Si se habla de buenas personas, el hecho de ser comunista se convierte en algo baladí, como ser rubio, bien parecido u homosexual. Si lo importante es que eran comunistas, les hace un flaco favor, porque defendían la muerte, el hambre y la opresión. Y lo peor es que era fácil saberlo. Es una putada haber creído en el credo comunista. Lo comprendo. Pero ya es hora de crecer y de renunciar al póster.

Ahora, mientras escribo esto, un hombre habrá llegado a su casa en Arabia Saudí. Es honrado y trabajador y adora a sus hijos. Su mujer le obedece, sabe que debe ser así y así se lo ha demostrado él en alguna ocasión, ejercitando su legítimo derecho a corregirla, incluso mediante la fuerza. Reflexiona sobre su vida y está contento. Es un buen musulmán, cumple con sus obligaciones con la familia y la comunidad. No tiene dudas de que hace lo correcto y no duda de que si en todo el mundo se hiciera lo mismo, este sería un lugar mejor y más justo. Así lo dice la Ley. Y admira a los hermanos de fe que se sacrifican para demostrarlo. Aunque mueran infieles. Es el precio que hay que pagar por el futuro.

6 comentarios en “Un pegote de mierda en la espalda

  1. Muy de acuerdo con la crítica an sich. Pero se podría dudar si un nazi puede haber sido realmente bueno. El nazismo es el mal radical, la negación de la moralidad misma, la idea de una humanidad compartida. Ambos sistemas negaron la moralidad en sus actos, pero solo el nazi la negó en su doctrina. El marxismo-leninismo de Stalin mantenía, perversamente, esta idea de humanidad compartida: el mal presente por el bien futuro, una sociedad sin clases para toda la humanidad. Hitler y el nazismo eran, en cambio, un rechazo de la idea de compartir el futuro entre todos los seres humanos.

    El gran Churchill se dio cuenta de esta diferencia y por eso dijo que el nazismo significaba “dominación racial”, lo expresó clarísimamente cuando dijo que preferiría al diablo que a Hitler.

    ¿Cometió nuestro admirado Churchill un error al pactar con Stalin? Churchill no sabía, probablemente, la magnitud de los crímenes de Stalin, pero nosotros sí la conocemos ahora. Y conocemos la de los crímenes de las dictaduras asociadas ¿Deberíamos, retrospectivamente, decir que Churchill se equivocó?
    Yo creo que no, y no es una cuestión de números, claro que el comunismo fue una tragedia para la humanidad, mataron mucho mas que los nazis, incluso. Los comunistas no fueron los buenos, nadie puede decir eso, pero la diferencia entre el comunismo y el nazismo no es una cuestión de grados, es una cuestión de categorías. Y a menos que pensemos que Churchill se equivocó y que debería haber pactado con Hitler y no con Stalin o haber ido a la guerra contra ambos, debemos admitir que el nazismo fue peor (moralmente hablando) que el comunismo.

  2. Está bien, pero una pregunta: ¿Antes de los sucesos, y a la vista de una doctrina y otra, pensaría lo mismo?

  3. Es irrelevante, Fulgencio. Lo importante no es entrar en un “y tú más” de totalitarismos. Tse está hablando de los que siguen con la cantinela de la superioridad moral hoy en día.

  4. Claeo, Pepe. No hago comparaciones de “y tú más”. Me refiero, por ejemplo a la elección de Churchill o la defensa de algunos comunistas anteriores a los hechos.

  5. Conocí (vagamente) a López Raimundo. No era, hasta donde mi recuerdo alcanza, un hombre ‘malo’: digamos un Carrillo sin pasado. Como dice Tsevan, solo se juzgan los hechos.
    Me pilla recorriendo, poco a poco, ‘Tierras de sangre’, donde se cifran el holodomor y otras fechorías.
    Saludos.

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