El Nuevo Testamento

6

DEFENDER LA BELLEZA. CARTA DE PABLO IGLESIAS A LOS [¡corintios!] CÍRCULOS Y A LA MILITANCIA DE PODEMOS.

Nacimos para cambiar el curso de la historia social y política de nuestro país, para devolver la dignidad a nuestro pueblo, para tomar la palabra y, le pese a quien le pese, hemos dado enormes pasos [Es gracioso, no dice hacia dónde]. Ahora nos toca seguir trabajando [a los políticos en España les toca “seguir trabajando” desde que tengo uso de razón] para formar un Gobierno con un programa progresista; un Gobierno «a la valenciana» que empuje la nueva transición que vive nuestro país en la dirección de la justicia social. 

El mismo día en que presentamos nuestra oferta de Gobierno al PSOE, Rajoy dio un paso atrás y anunció que declinaba la propuesta del jefe del Estado para intentar la investidura. Sencillamente, Rajoy no creía que el PSOE se atrevería a gobernar con nosotros. Y, de momento, parece que los hechos le están dando la razón.

Todas y todos conocéis lo que ha ocurrido desde entonces [Viejo truco: te digo que sabes lo que ha sucedido para informarte a continuación de lo que ha sucedido]. Con nuestra propuesta encima de la mesa, con una negociación a cuatro abierta, el PSOE de Sánchez prefirió pactar con Ciudadanos renunciando así a la mayoría de propuestas progresistas de su programa [Progresista es, naturalmente, lo que dice Podemos]. Lo dijimos en la sesión de investidura: ese pacto hace imposible revertir las políticas que han castigado a las gentes de nuestro país y consolida el retroceso de los derechos y garantías sociales conquistados por nuestro pueblo. Desde la tribuna del Congreso dijimos que ese pacto sigue defendiendo el sometimiento al Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE (ese que tantas veces han incumplido Francia y Alemania) que ataca el Estado de bienestar y pretende mantenernos en una senda suicida de reducción del déficit [Exacto: en el programa del PSOE aparece eso exactamente: ¿dónde está la renuncia?]. Dijimos que no revierte el recorte de 18.000 millones de euros en educación y en sanidad, ni acaba con el copago sanitario, ni afronta la necesaria derogación de la LOMCE. Dijimos que no se plantea prohibir los desalojos forzosos sin alternativa habitacional y que permite que cientos de miles de familias sigan esclavizadas con deudas impagables después de perder su vivienda. Dijimos que en materia de empleo, el pacto continúa la senda del abaratamiento del despido y mantiene la reducción en las indemnizaciones por despido de la reforma laboral de 2012 (esa que, en campaña, el PSOE dijo querer derogar). Dijimos que se mantiene la ampliación de las causas del despido objetivo, la supresión de la autorización administrativa previa para las regulaciones de empleo, las facilidades para descolgarse unilateralmente de los convenios, así como la eliminación del control sobre las horas extraordinarias en los contratos a tiempo parcial. Dijimos que con ese pacto, el fraude en la contratación y la precariedad seguirán siendo una realidad. [Este hombre hace propaganda política hasta cuando le manda una carta a sus propios militantes] Y dijimos que estamos dispuestos a negociar [negociar pero conforme a lo que yo impongo], pero sobre la base de reconocer que hay que derogar las dos últimas reformas laborales y defender el empleo de calidad. Dijimos que en materia fiscal el pacto mantiene la reforma fiscal aprobada por el PP en 2015. Y dijimos que seguimos tendiendo la mano [tendiendo la mano conforme a lo que yo impongo], pero partiendo de que España necesita una reforma fiscal que garantice la solidaridad de las rentas más altas y que asegure ingresos suficientes. Dijimos que en materia de pensiones el pacto no toca la reforma del PP en 2013, definida entonces (y con razón) por el PSOE como «injusta», por empobrecer a los pensionistas. Dijimos también en esa tribuna que el pacto no afronta una de las mayores amenazas a los derechos sociales, ambientales y a la soberanía: el TTIP. Y dijimos que seguimos tendiendo la mano [ya van tres veces que tiende la mano pero para exigir que se haga lo que él quiere que se haga], pero partiendo de que el Gobierno que necesita nuestro país debe defender la idea de una Europa social y soberana que frene el excesivo empoderamiento de los poderes financieros. Dijimos que en materia de asilo y refugio, el pacto se aleja de las que deberían ser las medidas imprescindibles para proteger los derechos sociales. Dijimos estar dispuestos a tender la mano [ya van cuatro veces que “tiende la mano”] y a discutir de todo, pero afirmando que un Gobierno decente debe defender que las víctimas de la guerra y la pobreza (en las que Europa tiene sus responsabilidades) puedan solicitar asilo diplomático en embajadas y consulados de terceros países. Dijimos también que en la Frontera Sur hay que poner fin a las devoluciones en caliente y eliminar las concertinas. Dijimos que en política energética el pacto no se plantea acabar con los llamados «beneficios caídos del cielo» de las eléctricas y las nucleares y que no aborda el sistema de fijación de precios. Dijimos que tendemos la mano [quinta vez, y ya suena a broma], pero dejando claro que el futuro Gobierno debe acabar con las sobrerretribuciones que recibe el oligopolio eléctrico y que condenan a miles de españoles a no poder afrontar la factura de la luz y a nuestras empresas a competir en desventaja en el mercado único [todo este párrafo es Pablo Iglesias en estado puro: un hombre que no descansa, que siempre está colocando su rollo ideológico particular, incluso cuando se supone que tiene que estar explicando por qué están a hostias en su propio partido, el partido de la gente, el de la armonía].

Dijimos al candidato Sánchez que nosotros habíamos llegado al Parlamento defendiendo la dignidad de nuestro país y la memoria de la crisis [más rollo Iglesias: llegaron porque les votaron millones de españoles, como millones de españoles votaron a otros que también dicen defender la dignidad del país y a sus ciudadanos —supongo que eso es lo que quiere decir con esa frase tan extraña, “memoria de la crisis”—]. Le recordamos que nosotros pedimos a nuestro pueblo que no olvidara, que no se olvidara de los desahucios, de la corrupción, de la privatización de la sanidad, del 135 y de las reformas laborales. [Y sigue, y sigue]

Hoy me enorgullece, como secretario general de Podemos, que estemos demostrando que nosotros ni olvidamos ni traicionamos a la gente ni a los movimientos populares que politizaron el sufrimiento de nuestra patria [Es decir, pese a que nada ha cambiado, ya que ellos no gobiernan, ni tampoco gobierna el PSOE, o Cs, solo ellos no han traicionado sus promesas. Los demás son traidores. ¿Por qué? Porque no hacen lo que él dice].

El rechazo al pacto PSOE-C’s fue unánime entre todas las fuerzas políticas llamadas a formar parte, junto al PSOE, del Gobierno que defendemos [Tronchante, considerando que PSOE y Cs suman bastante más diputados que todas esas “fuerzas políticas”]. También fue rechazado por los grupos vascos y catalanes [Claro, no recibían nada a cambio. ¿Ahora esos grupos son de progresistas? ¿Ya no son casta?]. Solo la diputada de la conservadora Coalición Canaria apoyó un pacto que finalmente obtuvo apenas [“apenas”] 131 apoyos; lejos de los 161 [161 son, a estos efectos, igual que 131, minoría] que, a priori, obtendría un Gobierno de progreso.

Tras el fracaso de la investidura ha quedado demostrado que el pacto PSOE-C’s solo es viable si se suma el PP [claro, porque Podemos no se suma], y se han vuelto a plantear los tres escenarios que señalamos tras el 20D: la gran coalición (con diferentes fórmulas y candidatos posibles, pero gran coalición al fin y al cabo); el Gobierno «a la valenciana» [Gobierno para el que no hay mayoría sin concesiones a los nacionalistas]; o la repetición de elecciones. El primer escenario es el preferido por los sectores oligárquicos [sí y, de darse, preferido por 254 diputados y más de dieciséis millones de votantes que votaron a esos partidos para que hicieran política] y sería una desgracia para España [todo lo que no sea que mandes tú es una desgracia para España], pero, de concretarse, tendría un efecto obvio: nos convertiríamos en la principal oposición. El segundo escenario es el que más temen los sectores oligárquicos [y millones de españoles] pero, de momento, han logrado que el PSOE renuncie a él. En el tercero (la repetición de elecciones), la preocupación para esos sectores sería que mejorásemos los resultados electorales del 20 de diciembre.[Como puede observarse, la gente, el pueblo, los ciudadanos no aparecen en el rollo conspiranoico: solo la “oligarquía”. Toda la explicación política de Iglesias se reuce a “el pueblo soy yo”, el resto es “oligarquía”]

El objetivo de esos sectores oligárquicos [ya establecido, sigue con la falacia] es evidente: acabar con Podemos, desgastarnos al atacar aquello que nos diferencia del resto de actores: la unidad y la belleza [sublime] de nuestro proyecto político [solo hay una explicación: la conspiración de los poderosos. Es una explicación fantástico porque puede aplicarse a todo, como veremos]

Durante estos dos años se han utilizado muchos medios para atacarnos [Si algo pasa en Podemos es culpa de otros: los oligarcas —en esa línea conocida, los masones, los ateos, los judíos, las corporaciones, el complejo militar-industrial, la CIA, la trilateral—]. En la historia reciente de España, jamás una fuerza política recibió tantos ataques [de los apoyos contantes en ciertos medios de comunicación, de su presencia constante en tertulias, en noticias, en programas de todo tipo, no dice ni mu]; hasta el punto de que han hecho de la mentira y la difamación el dispositivo más frecuente para intentar hacernos daño [la conspiración de nuevo]. Y sin embargo la gente [la gente que es dueña de canales de televisión y medios de comunicación] nos empujó y la belleza de David resistiendo a Goliat [David no resistió a Goliat, hombre. David le arreó una pedrada] se abrió paso en forma de remontada [oeee oeoeoé].

«Nos van a dar pero bien» se escuchó decir a los presentadores de un informativo poco antes de presentar la última «noticia bomba» para intentar desprestigiarnos [impresionante: “alguien ha matado a alguieeen, alguien es un asesinoooo”]. Financiación de gobiernos extranjeros, becas black, decenas de querellas que ocupan portadas en los medios pero que cuando se archivan apenas merecen atención. Todo vale en una guerra de desgaste para instalar el relato de que Podemos y sus dirigentes son, al fin y al cabo, como los demás [De nuevo la conspiración: lo importante no es de dónde sacaron la pasta Iglesias y cía al principio, ni las complementarias de Monedero, ni las becas por no ir a trabajar, ni esos contratos a amiguetes y familiares que van realizándose en esos sitios en los que Podemos ya manda. Lo importante es que hay una conspiración].

La tantas veces proclamada división interna de Podemos ha sido agitada con frecuencia en los últimos tiempos en direcciones diferentes. Cualquier debate, real o inventado, se presentaba como una ruptura letal que trataba de alejarnos de nuestros objetivos para ponernos a discutir de nosotros mismos [el único mal es la conspiración].

Durante los últimos días, sin embargo, intentan instalar un nuevo relato para debilitarnos, según el cual existiría un Podemos «dócil» dispuesto a rendirse y a facilitar la investidura de un Gobierno PSOE-C’s frente un Podemos «radical» [como si los medios no instalasen permanentemente relatos, más o menos ajustados a la verdad, para explicar lo que pasa dentro de los partidos; como si no hubiese habido durante años “relatos” para explicar lo que sucedía en el PP o en el PSOE. Como si no se hubiese hablado en estos meses de división en el PSOE, de maniobras para apartar a Sánchez, o de la existencia de una corriente mayoritaria dentro del PP que querría echar a Rajoy pero que no se atreve].

En un momento histórico crucial para el futuro de nuestro país [agitan el monigote de la patria; qué previsibilidad: la patria está en peligro, la crítica es dañina], ponen de nuevo a prueba nuestra madurez [nueva petición de principio: preguntar por las discrepancias y los actos de los dirigentes es ser un inmaduro] y tratan de sembrar cizaña [el enemigo interior: el afiliado que critique no es de los “nuestros”, porque solo quiere sembrara cizaña]. Por eso es crucial que todos y todas estemos a la altura y no hagamos el juego a nuestros adversarios [la conclusión falaz: si no te alineas conmigo no estás a la altura y eres un traidor]. Las dimisiones en Madrid se produjeron en el peor momento posible y han puesto en bandeja el relato que interesa a los defensores del statu quo [el que dimitió es un traidor que pone sus intereses por delante de los intereses del grupo, de la patria, de la clase, de la gente, es decir, de lo que yo decido que es relevante]. No debemos volver a cometer errores como este y deberán asumirse las responsabilidades [aviso a navegantes: el que se mueva no saldrá en la foto].

En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos [que para esos estoy yo]; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más [cuando si algo caracteriza a los partidos españoles es precisamente que el que manda nunca quiera que se discuta su control del aparato y el poder]. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla [mientras no discutas el poder que tengo, puedes, amigo afiliado o discrepante, dedicarte a los juegos florales].

No hace falta leer a Weber y Michels [entonces para qué cojones los citas] para saber que toda organización padece, por definición, vicios y tendencias inevitables [por ejemplo la tendencia a purgar a los discrepantes para mantener el control y el poder], pero debemos seguir demostrando que la unidad de nuestro proyecto y el compañerismo están siempre por encima de las lógicas que pudren los partidos y el alma de sus dirigentes [extraordinario bullshit: para atacar a los males de las organizaciones políticas —y uno de los más señalados es el control por el aparato— la clave es la “unidad” y el “compañerismo”, es decir, frases que no dicen NADA. Es como pregonar que, por encima de todo, está la voz del líder, del hombre que hace falta, del que nos trajo aquí].

Rafael Mayoral afirmó una vez que a nosotros nos brillan los ojos cuando hablamos de ciertas cosas [sin comentarios]. Nuestros adversarios no soportan esa belleza [tras la justificación de la purga por la purga, el uso del sentimentalismo vacuo]. No soportan que nos emocionemos [el lenguaje indigesto como sustituto del debate político]. No soportan que la mujer que —a punto de romper en llanto— llamó criminales a los banqueros en el Parlamento sea hoy la alcaldesa de Barcelona [no importa lo que hagamos: nos justifican nuestros ideales. Esto valdrá para justificar cualquier aberración, cualquier crimen, cualquier exceso]. No soportan que nuestras sonrisas, nuestros besos y nuestros abrazos sean de verdad [los de los demás son de mentira: lo primero que hace el sectario es llamar a los que no son de su secta, indecentes, criminales, cucarachas, subhumanos]. No soportan verme fundido en un abrazo con Juan Carlos Monedero, porque no pueden entender que nosotros tomamos decisiones políticas (duras a veces) sin traicionarnos [en la tradición de la purga de izquierdas, el purgado siempre reconoce sus errores]. No entienden que el hecho de que Echenique y yo defendiéramos posiciones diferentes en varios procesos nos haya hecho admirarnos y respetarnos más al tiempo que consolidábamos una lealtad de la que nos enorgullecemos. No lo entienden [no han visto la luz] y no lo soportan [son el enemigo]. Esa es la gran diferencia de Podemos, nuestro brillo [lo que diferencia a Podemos es una cualidad elusiva, algo “difícil de explicar”, un credo. Iglesias vende el paraíso a los creyentes]; exactamente lo que no podemos permitirnos perder.

Hace unos días, charlaba por teléfono con un militante del Partido Socialista, un hombre honesto al que admiro [otro viejo truco: que el elogio venga de otro, incluso de un adversario]. Conversábamos sobre los posibles escenarios de una eventual repetición de elecciones. Yo le decía que quizá la presión de la que somos objeto nos podría hacer retroceder si se repiten elecciones. Me contestó: «Por muchos palos que os den, yo creo que nos superáis seguro. ¿Sabes por qué? Porque vuestra gente tiene las pilas cargadas de ilusión y la nuestra ya no». No perdamos esa pasión. No perdamos ese brillo [Toda esta parte final de la carta a los creyentes es pura retórica inane, un intento de remedar el ritmo de los himnos religiosos].

Sería un cínico si dijera que la pasión política y el compromiso sincero son un patrimonio exclusivamente nuestro [nuevo truco retórico: esto mismo es el fundamento de los párrafos anteriores; además, al expresarlo así ya sienta que Podemos y, él, que es su líder, tienen pasión y compromisos sinceros, por lo que es absurdo discutirlo]. Lo he visto en otras formaciones políticas de ideologías muy dispares. Admiro la integridad y el ejemplo de muchos hombres y de muchas mujeres de otras formaciones políticas. Pero creo no mentir si digo que ninguna formación cuenta hoy con el tesoro [el tesoro es él: el líder, el que dirige, el visionario, el hombre que hace falta]; no hay con el que cuenta Podemos: la ilusión por la belleza de lo que estamos construyendo. Defendamos esa belleza por encima de todo.

Pienso que nunca hemos sido demasiado ingenuos [En los atributos de dios no podía incluirse la posibilidad de que se le engañase]. Siempre supimos que hacer política es conocer y saber manejar las técnicas que le son propias. Hacer política es asimismo adoptar decisiones y, del mismo modo que un gobernante debe tomar decisiones difíciles, a veces un secretario general también debe hacerlo [Maravilloso: el recurso a la decisión difícil, a lo que hay que hacer, para de paso satisfacer a aquellos que admiran en el líder el uso de la fuerza si las circunstancias lo exigen —y para eso está el líder, para decidir cuándo lo exigen—]. Pero la técnica política pierde su sentido si se mitifica como objeto autónomo de los principios que la inspiran [Es decir, la técnica política se dirige a un fin y me corresponde a mí —que ya tengo el poder— decidir el camino]. Gramsci leía a Maquiavelo [:)] y reconocía la grandeza del florentino, sabía que el príncipe en el siglo XX no era tanto un gobernante como el partido, pero el partido nunca es un fin [por eso me ocupo yo de decidir para qué sirve el partido y de cortar la cabeza al que discute mi criterio]. El partido no es solo una máquina para desafiar la hegemonía del adversario, para acceder y ejercer el poder, sino que es también el instrumento puesto al servicio de la dignidad de la gente [El viejo truco: “yo solo quiero el poder para hacer cosas en favor de la Humanidad, por eso no puedo dejar que otros me lo quiten”]. Ese alemán que estudió el capital no solamente enseñó algunas claves científicas del funcionamiento de la economía. Si algo enseñó aquel barbudo de mente genial es que, si de las cuentas que uno hace en la pizarra brota la sangre, las ciencias deben ponerse a trabajar para cerrar esas heridas. Para eso hacemos política y para eso nos instruimos con el fin de hacerla con más eficacia.

No olvidemos lo que nos ha traído hasta aquí [entre los que incluyo a los que ya no están siempre que hagan autocrítica]. No fue La Tuerka como campo de entrenamiento en la comunicación [Yo], no fue el estudio [Yo], ni la habilidad comunicativa [Yo], ni la estrategia [Yo], ni siquiera el trabajo de los primeros compañeros [otros, venga, pero ni siquiera] y de los que se incorporaron después para construir Podemos, ni siquiera la organización de la gente en los círculos, ni los centenares de cargos públicos que trabajan por este proyectoTodo eso [Yoooo] es determinante, pero lo fundamental era el ingrediente que lo movía: la pasión, la ilusión y la lealtad entre compañeros [la lealtad: no lo olvides. Tienes un hueco siempre que me seas leal].

Un viejo dirigente de la izquierda [y seguimos con la anécdota personal, el yo siempre presente en el análisis, el hombre de los aforismos; ¿para cuándo “el libro ¿morado?” de Pablo] me dijo una vez: «Cuando se os ve a los dirigentes en el escenario se nota que os queréis. El cuerpo no miente. A nosotros ya no nos pasa» [sin comentarios]. Defendamos esa belleza que nos es propia [belleza, belleza, belleza, la letanía irracional del salmo].

Hoy nuestros adversarios nos ponen a prueba [ponen a prueba nuestra fe] al afirmar que hay dos Podemos: uno domesticado y otro radical. No se lo pongamos fácil y respondamos con la belleza y la dignidad que nos es propia [respondamos como responde el líder].

Los abrigos en los escaños (el primer día desconocíamos que había un lugar fuera del hemiciclo para dejarlos), el beso y el abrazo emocionado a Xavier Domènech cuando le escuché acabar su intervención con los versos de Els Segadors, las promesas de las diputadas y los diputados que no pudieron acallar los abucheos de los viejos partidos (no podían entender que, para nosotros, prometer críticamente la Constitución no era un trámite sino un homenaje a la gente), las verdades a la cara desde la tribuna parlamentaria… Todo eso nos hace dignos [todo lo que ha hecho es digno por definición. El líder nunca se equivoca porque lo justifica su misión].

No perdamos esa belleza [amén, hermano]. Pues esa belleza [amén] nuestro brillo en los ojos [el brillo del creyente], es la fuerza de Podemos, y está por encima de la habilidad y la capacidad de cálculo de cualquiera de nosotros [el contenido religioso del discurso es tan evidente, que no se oculta. Esto en un movimiento. Tienen fe. Son una grey con un destino]

No quiero acabar esta carta con un saludo, sino diciéndoos que os quiero [Vuestro guía no solo os dirigirá por el valle de la sombre de la muerte; vuestro guía os quiere. A todos. A los miles que son como los guijarros a las orillas del mar. Pornografía sentimental en grado superlativo. Apelación al movimiento permanente. A la lucha contra el enemigo exterior. A la unidad en torno al destino manifiesto. Pura superchería populista del peor estilo].

Pablo Iglesias

(Secretario general de Podemos pero, ante todo, vuestro compañero) [El humilde camarada que vela]  

 

Esta nauseabunda carta no critica una decisión que puede ser acertada. Ignoro si el secretario cesado era un inútil. Algo tendrán que ver los que mandan en Podemos con el hecho de que alcanzase ese cargo y con que hoy sea diputado. Es igual, se pueden cometer errores y está bien rectificarlos. Si es el caso. Lo repulsivo de la carta es el lenguaje milenarista y la doblez de su autor.

No me gusta Podemos por muchas razones. Si fuera militante de ese partido me tomaría esta carta como un insulto.

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