¿No lees? Mira que eres burro

 

Leo en un periódico que ha dicho Mendoza, Eduardo: Me da igual que la gente no lea, la mayoría de los libros son una birria. A continuación, un montón de gente se ha cabreado y otro montón de gente se ha puesto a aplaudir. Las frases lapidarias sobre lo cojonuda que es la incultura (“¡que inventen ellos!”) son muy españolas. Mendoza parece seguir, piensa uno, esa tradición.

Otra tradición —esta sospecho que más universal— es la de decir que alguien ha dicho algo que no coincide exactamente con lo que ha dicho. Al parecer, le preguntaron a Mendoza por la necesidad de fomentar la lectura entre los jóvenes, y Mendoza se expresó de una forma algo más larga y elaborada:

Al primero [al fomento de la lectura] siempre me niego por varias razones: primero porque es una actitud un poco mendicante. A mí me da lo mismo que la gente lea o no lea y si no lo han hecho hasta ahora no van a empezar porque yo se lo recomiende. Además, la mayoría de libros que nos rodean no sirven para nada. Son una birria.

Como puede observarse, lo que Mendoza afirma (“mendicante”) se refiere esencialmente al hecho de que él venda el producto de su gremio: los libros. Solo así se entiende la frase. Lea usted o no, dice el autor, pero porque le apetezca y no porque yo se lo pida. Eso sí, para decirlo, golpea al lector con la frase chulesca: me la suda si no me lees, pringao. Luego añade una frase (“además”) y ahí ya no es el vendedor el que habla, sino el comprador. Viene a decir: comprendo que la gente no lea; yo tampoco leería todo ese montón de mierda que hay disponible.

La parte mollar del asunto es otra. Llevo muchos años preguntándome por la utilidad real de fomentar la lectura. “Lea usted”. “¿Sin decir qué?”, me pregunto.

Es perfectamente posible que alguien que lee mucho sea completamente acrítico y alguien que no lea nada sea una persona a la que resulte difícil tomar el pelo. Se vende una correlación, también acrítica, entre la lectura y la adquisición de conocimiento, por un lado, y de capacidad de cuestionamiento de la realidad y de los aparatos que venden una explicación de la realidad, por otro. Sin embargo, es muy discutible que exista. No se trata tanto de leer como de saber. Y no basta con saber, sino que es preciso saber bien. Para tener una cabeza amueblada hace falta un plan. A eso siempre se le ha dado un nombre: educación. Luego, la afición por la lectura (que, además, y para mayor descojone, suele ser afición por lectura de novelitas) sería resultado del gusto adquirido por la adquisición de conocimiento y el simple deleite. Lo importante es lo primero. Un excelso poeta puede ser un ser humano deplorable con ideas perfectamente repugnantes sobre la vida, el mundo, su ordenación y la paz social. Leer a ese poeta puede ser estupendo para el disfrute, pero no nos hace más cabales ni más racionales, y cuando se trata de vivir con otros, lo que importa es eso.

¿Hay que fomentar la lectura?: mi respuesta instintiva es que no. Tengo claro que hay que educar a la gente hasta una cierta edad, obligándola (esa es la palabra) a alcanzar un cierto nivel de comprensión del mundo.

Y después no jodamos al personal recomendando que lea, que lea lo que sea. Además, la mayoría de los libros que nos rodean, ya lo saben, no sirven para nada. Son una birria.

Bueno, sirven para una cosa. Dan dinero.

 

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5 comentarios en “¿No lees? Mira que eres burro

  1. “Y después no jodamos al personal recomendando que lea, que lea lo que sea. Además, la mayoría de los libros que nos rodean, ya lo saben, no sirven para nada. Son una birria”.

    Nullum esse librum tam malum, ut non in aliqua parte prodesset, como, por ejemplo, qué me dice de la postura de estarse quietos y un poco encogidos que requiere y propicia la lectura de lo que sea, pero que sea suficientemente largo. ¿No es eso una antigimnasia civilizadora en plan la asana única del yoga de occidente? Quién no se siente como a salvo cuando le toca en el autobús alguien leyendo a su lado. Es verdad que te gustaría cogerle el libro, primero para ver mejor qué es y luego, depende, se lo dejas, se lo pides o se lo quitas, cómo puedes leer esta porquería; pero te aguantas porque lo importante es que está haciendo La Asana.

  2. Leo con fruición a diario (lo procuro) su blog, Don Tsevanrabtan. Me encanta que me haga cuestionarme los lugares comunes que, erróneamente con frecuencia, doy por verdaderos. Muchas gracias, y siga usted así.

  3. Don/Doña Procuro fijarme: me ha encantado la imagen y metáfora de “la asana de occidente”. Estoy completamente de acuerdo con usted.
    Ese sentimiento de seguridad que le produce tener al lado a alguien leyendo (a mí también me pasa) me ha recordado una columna de hace muchos años de Javier Marías, en la que hablaba de cómo ha cambiado la sociedad desde su juventud hasta ahora. En concreto asignaba una gran responsabilidad al cambio producido en el papel de la mujer, tanto para lo bueno como para lo malo, y ponía como ejemplo una situación en la que nos habremos visto muchos muchas veces: cuando caminando solo por la calle, a altas horas de la madrugada, veías a lo lejos a un grupo de personas que se dirigía hacia ti, se activaba un pequeño mecanismo de alerta, pues serían muchos contra uno en caso de mostrarse hostiles. A ir acercándose, ese mecanismo de alerta se desactivaba si en el grupo que venía hacia ti había mujeres. Ya no había nada que temer. Pues bien, se quejaba Marías de que eso ya no pasa. Ahora la presencia de mujeres no es garantía de seguridad física.
    Creo que con los lectores acabará pasando lo mismo. Conozco muchos grandes lectores, con estudios universitarios, que han votado a Podemos y… ¡los van a volver a votar después de ver lo que son en realidad!

    La lectura no garantiza nada.

  4. Hay un artículo de Julio Camba (publicado en 1931) que veo que sigue provocando la misma “santa indignación” entre nuestras “gentes progresistas”, incapaces por definición de entender cualquier ironía, por evidente que esta sea. El artículo, por cierto, fue escrito cuando Camba estaba en Nueva York, el lugar donde todo, incluido el pensamiento, estaba “estandarizado” y no por ello todo era de buena calidad. El mismo Eduardo Mendoza, si no recuerdo mal, pasó muchos años en esa ciudad.

    “Mucho me temo que mi querido amigo Marcelino Domingo, ministro de Instrucción de la joven República española, inicie en serio una campaña contra el analfabetismo. El analfabetismo, como causa de atraso y de barbarie, es una superstición de nuestras izquierdas. “Hay que leer”, se dice; pero “¿Qué es lo que hay que leer?”, preguntaría yo. Para mí, este punto es de una importancia capital y, mientras alguien no me lo aclare de un modo satisfactorio, votaré por el analfabetismo. Yo creo, en efecto, que si España quiere conservar la originalidad de su carácter y de su inteligencia tiene que poner a salvo de las pamplinas periodísticas y los lugares comunes literarios un 50 por 100, cuando menos, de su población. Muy bien que en los Estados Unidos, el país de los trajes hechos y las sopas hechas, la gente utilice también pensamientos de fábrica. En este país el desarrollo de la instrucción primaria está justificado por la necesidad de destruir el pensamiento individual, pero España es el país más individualista del mundo, y no se puede ir así como así contra el genio de una raza. Ahí cada cual quiere pensar por su cuenta, y hace bien. Un pensamiento propio, por modesto que sea, vale más para uno que todo Pascal o La Rochefoucauld.

    “No hay que homologar analfabetismo con estupidez. Al contrario. Sin hablar de Homero, que era un analfabeto, ni de las sagas norsas, que fueron hechas por analfabetos, ¿en dónde hay una literatura comparable a la de nuestro refranero y nuestra poesía popular? La cultura no aminora la estupidez de nadie. Puede aminorar el entendimiento, eso sí, pero nunca la estupidez, para la que constituye, en cambio, un instrumento precioso. Por mi parte opino que en España solo los analfabetos conservan íntegra la inteligencia, y si algunas conversaciones españolas me han producido un verdadero placer intelectual, no han sido tanto las del Ateneo o la Revista de Occidente como las de esos marineros y labradores que, no sabiendo leer ni escribir, enjuician todos los asuntos de un modo personal y directo, sin lugares comunes ni ideas de segunda mano.

    “Convendría dejar ya de considerar el analfabetismo español como una cantidad negativa y empezar a estimarlo en su aspecto positivo de afirmación individual contra la estandarización del pensamiento. Pizarro firmó con una cruz el acta notarial en el que se comprometía a descubrir un imperio llamado Birú o Pirú que quizá estuviese bastante al sur del Darién, y que terminó la conquista con otra cruz: una cruz que trazó con su propia sangre sobre las baldosas de su palacio de Lima, al caer en él acribillado a estocadas. Y no es que Pizarro haya descubierto el Perú a pesar de ser un analfabeto. Es que, probablemente, solo muy lejos de la letra de molde se pueden forjar caracteres de tanto temple.

    “Claro que ningún país puede mantenerse en pleno analfabetismo. Alguien tiene que saber de letras y de números, como alguien tiene que saber de leyes, alguien de Ingeniería, alguien de Medicina, etc., pero mi ideal con respecto a España es este: mientras no se descubra un procedimiento para que sean los analfabetos quieren escriban, que el arte de leer se convierta en una profesión y que solo puedan ejercerlo algunos hombres debidamente autorizados al efecto por el Estado.”

  5. Recuerdo que hace unos años iba en un tren de cercanias y me llamó la atencion una muchacha que iba sentada delante mio. Y lo curioso eran los elementos que se daban en aquella imagen, o a mi al menos me lo parecieron. La chica tendría 20 o 25 años y se le apreciaban unos rasgos ligeramente agitanados aunque al mismo tiempo era bastante bonita; llevaba unos pantalones ceñidos tipo “piel de leopardo” y el caso es que iba leyendo un libro y lo hacía moviendo los labios pero en todo el trayecto no vi que levantara la vista del libro ni una sola vez. El libro era “La vida de Lazarillo de Tormes”
    En fin, simplemente esto.

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