Otra vez el dos de mayo

 

Todos los años se reproduce la discusión sobre el significado del dos de mayo. Casi nadie —qué lástima— habla del pueblo glorioso alzado en armas en defensa de la patria. Será porque la cura del síndrome de Estocolmo ha sido tan efectiva que han cerrado con siete llaves todo lo que aprendieron. Aunque me imagino que si la cosa se decidiera utilizando una encuesta, esta tesis ganaba de calle.

Dejemos de lado la *verdad* de la raza y veamos las otras dos interpretaciones: la primera defiende al afrancesado y a lo que vino de Francia, frente al atrasado pueblo español. Para ilustrarla reproduzco partes de un simple comentario hecho por un *anónimo* en un blog, hace unos años:

“(…) Entrando en lo concreto de sus comentarios, estoy de acuerdo con casi todo, salvo en un par de cositas. Reconozco que mis vivas a Napoleón me han supuesto siempre miradas de desprecio, consideración de lunático desinformado, de cabronzuelo sanguinario y de antipatriota comeniños. Me da igual. Alguno por aquí sabe bien que no me corto a la hora de decirlo en público delante de la gente. Evidentemente, el Bonaparte no era un tipo precisamente tierno y su hermano José tampoco lo era demasiado. Era más humilde que Napoleón, pero tenía su punto el chaval. Se le achaca injustamente haberse dedicado a la bebida y lo apodaron Pepe Botella. Yo no se lo reprocharía porque ¡coño, como para no darse a la bebida teniendo que bregar con los españoles! ¡Si yo mismo en mi vida diaria ganas me entran de darme al Anís del Mono o al Chinchonazo de mayor graduación para poder soportar tanta miseria, componenda, incapacidad y ceporrez! Volviendo a lo concreto, puede que expoliaran lo que expoliaran, efectivamente. Si mi vapuleada memoria no me engaña, Pérez Galdós relata magníficamente la salida de José Bonaparte de España llevándose los cuadros requisados. Pero, ¿ha habido algún gobernante en lugar alguno que no se haya llevado algo? No. No justifica esto el expolio que hubiera, pero si, a cambio, no se deja nada más que un mierdal, mala cosa. En cambio, Napoleón y José, José y Napoleón –parece un chotis-, nos dejaron el catastro –la base del mismo es actualmente la de entonces-, la codificación de las leyes, una parte enorme del sistema judicial –casación, por ejemplo, viene del francés, cassation, del verbo casser, romper- y montones de obras públicas. Por ejemplo, de esto último es menos conocido el apodo de José Bonaparte como el Rey Plazuelas, porque se empeñó en esponjar las ciudades en el centro, para sanearlas, dar mayor higiene a la vida urbana y dignificar su presencia, evitando el amontonamiento del caserío. En Madrid, todo el entorno del Palacio Real –que luego se cargaron con la Catedral de la Almudena-, se esponjó creando la Plaza de Oriente –que está a Occidente- por mano de Silvestre Pérez y encargo del Plazuelas. Las redes de alcantarillado que acabaron con el ¡agua va! hispano, se las debemos a José y Napoleón, Napoleón y José (media vuelta más sobre la baldosa, girando el talle recto en el último repiqueteo del organillo). Por alejar la cuestión de la sangría napoleónica, otro extranjero, Amadeo de Saboya -¡anda que no eran cabrones los Saboya!-, hecho Rey de España, llegó con sus funcionarios piamonteses y, lo primerito de lo primerito, les encargó unos informes acerca de la situación de España en todos los órdenes. Era sesenta años después de la derrota de Napoleón. Estaba ya harto de las intrigas miserables de la Corte y de los políticos y tenía ya preparada una residencia de verano con unas estancias de estilo neoarabesco en un palacio frente a la bahía de Santander –es rarísimo ver el colorido y el ornato arabizante bajo la luz tenue y melancólica del Cantábrico- cuando le llegaron los informes. Los leyó y sin más, se largó. No había nada que hacer. Claro, es que la cosa no era para menos. Para muestra, el informe sobre la marina de guerra decía que el puerto de Cartagena era prácticamente inutilizable porque los muelles estaban colmados de barcos anclados envueltos en una maraña de cables de telégrafo. La razón es de partirse de risa y de llorar de impotencia. Los oficiales de marina tenían derecho, cuando tocaban puerto, a mandar gratuitamente cables a sus familias, en atención a que se suponía que pasaban largo tiempo en alta mar o fuera de su lugar de residencia. La perversión covachuelista hizo que los oficiales de marina residieran directamente en los barcos anclados en puerto. Para no renunciar a su derecho, cada uno se hacía colocar su línea de telégrafo, aunque residían en el barco con la familia. La maraña era tal que varios buques fueron desguazados sin haber salido a mar abierta nunca.

Y de ésas, mil hay para contar. Me parece que, al final, se quiera o no, tenemos que optar o por la ausencia de los bienintencionados incruentos o por la imposición de la razón, lo que no es lo más acertado. Efectivamente, los apóstoles armados no son el mejor medio, pero creo que Amadeo de Saboya tampoco era el medio. Esa es nuestra tragedia, que nadie está dispuesto a alterar su entendimiento mediante la razón y sólo cede en sus hábitos por imposición o por prebenda. Triste, pero es así.

Una anécdota que demuestra esto último es una respuesta que dio Dionisio Ridruejo, uno de los falangistas destacados, gran intelectual, un puntillo impostor y el único que se atrevió a chistarle al generalito ferrolano. Preguntado por Stanley Payne acerca del porqué de la ausencia de un verdadero fascismo en España –el franquismo no era fascismo, sino corporativismo católico reaccionario-, tras apuntar varias causas estructurales y de circunstancias del momento, dio la razón de mayor peso: ¿cómo iba a ser posible convencer a nadie de nada si en España nadie escucha?

Por todo esto, sin tener la menor querencia por la sangre, no me queda más remedio que seguir diciendo ¡viva Napoleón y viva el Rey Plazuelas! Por otro lado, ¿cree alguien que las revoluciones democráticas –o cualquiera otra- se hicieron con buenas palabras? ¡Como si Mazzini y Garibaldi en Italia hubiesen conseguido su propósito montando una cadena de academias llamadas Home Illustration! ¿Acaso no hizo falta que Fouché fuera el Mitrailleur de Lyon para alterar las cosas en Francia? Dejémonos de buenismos insustanciales y reconozcamos que, sin ser de gusto, la conquista de la libertad dejó mucha sangre en el camino. Precisamente por ello es por lo que conviene no olvidarse de preservarla. Si no, estaríamos dejando que esa sangre haya sido para nada.

Otro asunto es si centralismo o autonomismo. Jacobino como soy, lo del centralismo me provoca enormes erecciones de espíritu. Pero estoy dispuesto a discutirlo. El problema se plantea en qué entendemos por centralismo y autonomismo. Por centralismo entiendo igualdad estricta de leyes, de derechos y de obligaciones. Eso se puede ejecutar por delegación administrativa en cada una de las partes, para acercar la gestión al ciudadano y darle agilidad. Estupendo, nada que oponer. Pero en ese juego se nos ha colado de rondón que la delegación administrativa no es lo que hay en España, sino la asunción de competencias, que no es sólo gestión administrativa, sino que cada cual hace de su capa un sayo y decide cómo hace y con acuerdo a qué, resultando en fraccionamiento civil y en discrecionalidad política. Y lo peor: ¿cómo es posible que en un supuesto Estado moderno sigan vigentes leyes medievales o consecuencias de ellas como son el Fuero Navarro o el Concierto Vasco? ¿En qué cabeza medio bien armada cabe tal disparate? Si ahora le sumamos el disparate de los Estatutos de Cataluña, Valencia, Andalucía y demás, esto ya no lo aguanta nadie. Si no, al tiempo, que ya empiezan las bofetadas por el agua y el reparto fiscal en los Presupuestos Generales del Estado. Ahí quiero yo ver a los entre ignorantes y sectarios que con la mente en barbecho decían “¿Ves?, se ha aprobado el Estatuto de Cataluña y no ha pasado nada”.

Quizá en un lugar más desarrollado, como Alemania, esto tampoco fuera problema, porque la conciencia ciudadana impide que se llegue al fraccionamiento civil. Pero aquí, con la tradición caciquil que tenemos, con la querencia sistemática por la patria chica –que ya es casi enana-, con el bajo nivel de instrucción y civilización que hay y con la experiencia de los últimos treinta años, donde nos quieren colar como federalismo lo que no es más que foralismo rancio e injusto, ¿es posible creer que el autonomismo con asunción de competencias por las partes vaya a redundar en algo beneficioso? No soy médico, pero no recomendaría a ningún paciente con secuelas de alcoholismo mal curado una dieta con sorbitos de vino siquiera, por más que los fermentos y el tanino tengan sus consecuencias beneficiosas. Si encima el paciente es un borracho contumaz, cuanto menos vino, mejor para su salud, ¿no? (…)

[contesta a varios] Lo que remata tu amateurismo machacatecleado es que me llames “iluminati”, cosa que otros también toman y me lo asignan, encantados de haber encontrado un término tan refinado y ad hoc para mí. Pues aquí va la sarta de hostias a cuenta del término de marras. En primer lugar, sería “illuminati”, con dos eles, no con una. La primera, en la frente. En segundo lugar, al acabar en “i” es plural y, salvo que sea uno y trino sin saberlo, soy uno solo y sería entonces “illuminato”, capisci? Para más colmo, vuestra ignorancia me deja en un lugar estupendo y no denigrante, como pretendíais a base de repetir el término, porque “illuminato” no significa iluminado, sino ilustrado. ¿Te ha gustado la sarta de mandobles? Te jodes, idiota. Antes de escribir, entérate de lo que escribes.

Vamos con el anónimo de las 11:29 del 25 de abril. Espero que estés sentado, porque te vas a caer de culo. Dices que no conoces a ningún militante de UPyD ni de C’s, pero te encantan esos partidos por ver cómo fastidian a tanto conservador. Muy lógico, sin duda. A mí, por ejemplo, me encanta ver cómo chincha a los madridistas la existencia del Barça y viceversa. Vamos, que es de una madurez ese pensamiento que aplasta. ¿Se puede ser más simple? Mira, bonito o bonita, el que esto escribe ha defendido toda su puta vida la socialdemocracia –aunque visto lo que ha hecho en España, dan ganas de abjurar- y tu típica y manoseada estrategia de llamar conservador a todo el que no se apunta a la dialéctica de zahurda de buenos y malos, es lo más tonto y zafio que el pensamiento pudiera parir. El problema de la izquierda en España es que está plagada de simples ignorantes como tú y a esto hemos llegado. Sé que es moneda común, pero también lo es cagar y no por eso resulta de buen gusto su exhibición. Además, para que te des cuenta de hasta qué punto eres imprudente –ergo, tonto- te haré saber que muchos de los que aquí criticas no sólo conocen a gente de C’s y de UPyD, sino que han estado y hablan con conocimiento de causa y no por boca de asno, como tú. Muchos de ellos han hecho más que cualquiera por que Rosa Díez esté hoy en el Parlamento, cretino. Además, eres tan simple que identificas liberal con conservador, cosa que, tomando liberal en el sentido político y hasta económico, es una contradicción total. ¿Te suena por ejemplo que todo el XIX en España se mataban a bofetadas los liberales y los conservadores? ¡Menos soltar la húmeda antes de haber leído siquiera un poco! Además, por si quieres ser izquierdista consciente, léete lo escrito por Norberto Bobbio o Giovanni Sartori, y entonces te enterarás de que, lejos de ser una contradicción defender el liberalismo político y la socialdemocracia, difícilmente se puede ser lo segundo sin defender lo primero. Sin ello, se llega a lo explicado por Jean François Revel de la alianza del socialismo con los nacionalismos, tal cual sucede hoy en España y, en mucho más horrendo grado, en la Italia fascista, en la Alemania nazi y en la Rusia soviética. ¿Te ha quedado claro o te lo deletreo? Y lo que es de partirse de risa es lo de identificar el liberalismo con los patrones y la explotación de los trabajadores. ¿Se puede ser más ignorante acerca de lo que es el liberalismo? Pero, tú, ¿qué cojones has leído o estudiado? ¡Serás simple e idiota! A ver, para que te vayas curando de tu infantil querencia y, si defiendes algo, lo hagas con conciencia: el PSOE y la UGT apoyaron la dictadura de Primo de Rivera, que instauró un régimen corporativo sin derecho de huelga, con arbitrajes paritarios de patrones y obreros, sin libertad de prensa real y con directorio militar. El PCE, en su estrategia de asalto al poder, fue el mejor aliado de los pequeños propietarios, artesanos y comerciantes. El fascismo italiano es creación de socialistas revolucionarios, anarquistas y comunistas, sometiendo a todos los ciudadanos a la falta de libertad y a todos los trabajadores al arbitrio de las empresas. Idem para el nazismo, creado a partir de un partido socialista y auspiciado en su vertiente militarizante por el SDP, partido socialdemócrata alemán. Durante la ocupación nazi de Francia, los colaboracionistas eran básicamente socialistas y comunistas y los que se levantaron contra ellos (De Gaulle, Leclerc, etc…) eran todos de la derecha. En España, el PSOE y la Falange estuvieron a punto de unirse y Primo de Rivera y Prieto se llevaban a las mil maravillas. Además, una gran cantidad de los que formaron las escuadras falangistas en Castilla, provenían de la UGT. ¿Ya pillas algo o aún andas en Babia? Es que, ¡manda huevos con estos defensores de la socialdemocracia!; no me extrañará si acaban un día escupiéndonos por la calle, ¡joder!

Y el resto de respuestas de estos sujetillos, como no son más que unas cuantas hozadas más en la zahurda, las doy por respondidas con lo anterior.

Pero lo que más me importa de todo es que yo he hablado de liberalismo como sentido de reclamar la supremacía de la ley, de reconocimiento de que el único sujeto político legítimo es el individuo. Lo malo es que todavía hay que empezar por reclamar la decencia, un mínimo de honestidad personal e intelectual y cierto sentido de dignidad y libertad, que son cosas ajenas a los españoles en su mayoría. De una mezcla de ambas cosas se trataba lo que intentamos, pero salió mal.

Y, efectivamente, tras haber leído lo que he leído, no me queda más remedio que ratificarme: no tenemos nada que hacer y ¡viva Napoleón! ¡Qué coño!

Un saludo a todos, que vuelvo a cerrar las ventanas y me vuelvo piel adentro.”

He hecho trampas, porque el anónimo escribiente se dedicó a repartir hostias a diestro y siniestro, pero, en fin, creo que sirve para ilustrar lo que quiero decir (y de paso para copiar el comentario hecho por un amigo).

La tesis contraria sería la que se defendió, por ejemplo, en este artículo de Libertad Digital.

Naturalmente, yo creo que ambas dos están equivocadas. ¿España a la vanguardia? ¿España liberal? ¿Vivas a Napoleón? ¿Plazas y plazuelas?

Demasiadas lecturas, barrunto. El problema es que la Revolución francesa a lo que dio lugar fue a una mezcla de cultos cargo y catedrales centroafricanas. No es que vinieran mal, ya que se empezó a hablar de algunas cosas (que otros ya practicaban aunque de manera algo tosca), sino que, al final, sirvieron como detonante de aquello que permitía el grado de desarrollo económico y social de cada nación. Nacieron mezclas venenosas, que han tardado dos siglos en ser metabolizadas: nacionalismo, sacralización del orden administrativo, creencia en la casualidad como causalidad. Esas ideas, no lo duden, son la partera de la eugenesia, de la soberbia sociológica y planificadora, de un nuevo milenarismo sin juicio final.

El dos de mayo español es una fecha inevitable. Napoleón es una figura trágica. El primero de los autócratas ensoberbecidos por la idea de que podían transformar el mundo. Y lo malo es que los únicos que se le resistían eran los cabrones que querían seguir viviendo en cuevas de oro. Bueno, esos y los ingleses.

Así que yo me quedo con la interpretación popular, como si no hubiéramos leído nada. El pueblo en armas defendiendo que no baje el equipo de fútbol a segunda división. ¡Con dos cojones!

2 comentarios en “Otra vez el dos de mayo

  1. Me ha conmovido el singular origen etimológico que se atribuye a la “casación”.

    Andaba yo convencido de que en lo que consistía era en casar o concordar doctrinas dispares de diferentes Juzgados o Tribunales en una sola interpretación de un órgano superior.

  2. Me ha encantado el comentario anónimo que nos trae usted por aquí. Discrepo en que ni cien Napoleones hubieran podido extirpar el gen cainita que nos corroe desde que el mundo es mundo. En cuanto Napoleón hubiera levantado el pie ligeramente, ya estaríamos todos corriéndonos a ostias, que es lo más español.

    Por cierto, el hecho que dice usted en su último párrafo ya ocurrió de verdad en 1995, con la Seguridad Social entrando en déficit por primera vez en la Historia y una tasa de paro en Sevilla del 21,88%.

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