En caída libre

 

Esta mañana, he escuchado a un antiguo director de un periódico defender que es admisible y defendible el pago de rescates (por gobiernos) a los terroristas que secuestran a occidentales. Añado lo de occidentales en la medida en que se está hablando de secuestros de periodistas y cooperantes en el norte de África y Oriente Próximo. Ha explicado que es cínico plantear que esto es una forma de financiar el terrorismo cuando detrás de estas organizaciones y paraestados se encuentran auténticos Estados con los que mantenemos relaciones —y que se encuentran presentes en los organismos internacionales—. Ha añadido además que considera razonable el que, en particular en el caso de periodistas, los medios se autocensuren para no perjudicar las negociaciones con los secuestradores, ya que la vida de un periodista vale más que una noticia de portada de un día cualquiera.

Esta forma de pensar explica que en las noticias publicadas desde ayer se mencione la liberación de los tres periodistas secuestrados, se hable de que las “negociaciones” han llegado a buen puerto, se explique su situación personal, su biografía, las circunstancias de su captura, se alabe al Gobierno (en particular, al CNI) e incluso se comente la “ayuda” de Estados como el de Qatar (sí, hay quien ha tenido los cojones de decirlo así), pero evitando permanentemente lo que habría sido titular en cualquier otro caso: que el Gobierno español ha pagado —y ha negociado— un rescate y que por eso se libera a los tres periodistas. Solo más tarde, y ante el hecho de que la cuestión está ahí, en la habitación de atrás, exhalando su soplo pestilente sobre el mundo, como diría el irresoluto, se plantea como discusión de fondo, pero cuidándose todos, en particular los más escépticos, en anunciar que están felices por la liberación, como si hubiera alguien que estuviese contento por la captura.

La realidad es que, en esto, como en tantas otras cosas, lo cínico es el discurso que evita el meollo del asunto: no es solo que con ese dinero se financie a quien ya está planeando otro secuestro, es decir, se esté apoyando al crimen, ni siquiera que la vida de los nuestros valga no un poco más o mucho más o cientos de miles de veces más que la vida de los que padecen esos regímenes o esas situaciones de conflicto, sino que estemos dispuestos, para mantener cierto relato, a salvar a los nuestros, condenando un poco más a gentes sin cara que, en el fondo, no nos importan una mierda.

Hoy contaba un periodista que, estos últimos días, una vez alcanzado ya un acuerdo, las preocupaciones del CNI no se centraban en los tipos de Al-Nusra, sino en los ataques que se estaban produciendo en Alepo y en el riesgo que suponían para los tres secuestrados. Es terrible. Los cientos de miles de muertos como fondo para nuestra objetivamente pequeña tragedia. Imaginen al que se ha quedado allí, tratado como contexto.

En ciertas cuestiones no hay soluciones buenas. Por eso hay que refugiarse en los principios. Uno de ellos es muy sencillo: negociar con terroristas tiene un coste. Hacerlo con Estados terroristas y con regímenes autoritarios también. A veces, esos Estados son tan fuertes, su reacción tan peligrosa, el coste de combatirlos tan enorme y la tentación del comercio tan irresistible, que todo el mundo cede hasta cierto punto o incluso más allá de cierto punto; pero incluso en estos casos tan complejos (¿se puede acabar con el gobierno terrorista y liberticida de Corea del Norte sin que esa acción tenga un coste inasumible?), la respuesta ética es evidente y la pendiente resbaladiza se inclina un poco cada vez que evitamos esa respuesta. Tanto se ha inclinado que ya casi se encuentra en posición vertical.

Solo así se explica que a la mayoría le parezca normal y defendible que España pague dinero para que un grupo de delincuentes libere a un español y que el Gobierno, con la complicidad aparentemente unánime de todos los que podrían gobernar, se apunte esa traición a la ley como un triunfo.

 

NOTA: Que el pago de rescates por el Estado (e incluso por particulares) es ilegal es en mi opinión irrefutable. He escuchado que es legal porque lo permite el artículo 40 de la Ley 2/2014, de 25 de marzo, de la Acción y Servicio Exterior del Estado. Ese artículo dice:

3. Cuando el Gobierno, en una situación de emergencia consular, decida intervenir en operaciones de asistencia en el extranjero, que comporten la utilización de recursos presupuestarios del Estado, podrá exigir el reembolso de la totalidad o parte de los mismos a quienes se hayan expuesto voluntariamente a riesgos sobre los que el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación informa en sus recomendaciones de viaje, publicadas y actualizadas puntualmente, en relación con las condiciones de seguridad en los distintos Estados y regiones del mundo.

¿Ven ustedes algún lugar en el que se mencione que está autorizado el pago de rescates? Yo tampoco.

Es ilegal porque es contrario a todos los principios básicos del ordenamiento jurídico. Y en el caso de un particular es ilegal porque es un desplazamiento con una causa torpe. Por eso el particular puede reclamar su devolución al secuestrador, ya que es la víctima del delito. Naturalmente, en el caso del particular, que sea ilegal no implica que sea delictivo o que no esté amparado por una causa de justificación. En el caso de un Estado, ni siquiera cabe esa causa de justificación.

 

3 comentarios en “En caída libre

  1. Tsevan, por favor no deje usted de escribir. ya sé que no tengo derecho a pedirle semejante tarea, pero queda muy poca gente sensata a la que de gusto leer.

    Si es tan buen abogado como escribe, casi dan ganas de tener un pleito.

    No deje esta tarea que imagino placentera

    Gracias

    José

  2. Y, por la mañana, estaban los gallos. Una Vía Láctea de gallos, que diría el Sr. Antunes.

    Daban náuseas, casi tantas como aquella entrevista al médico del Madrid Arena. Ni siquiera hace falta irse a Alepo, solo recordar lo escrito en periódicos y blogs, lo que se vomitó por las ondas en el secuestro de los pescadores vascos. Pescadores no, periodistas sí. Asistimos a un espectáculo sensacional, el florecimiento del hijoputismo. Y mañana nos seguirán dando lecciones, llorando por la crisis del periodismo.

  3. Entiendo perfectamente la ilegalidad del pago del rescate. También entiendo desde la sensibilidad a los que defienden el pago (que no desde la razón).
    Lo que nunca entenderé es a esos “periodistas” que ya desde el primer momento del rescate vertieron sus críticas sobre estos compañeros secuestrados, “acusándoles” de ir allí porque sabían de antemano que este rescate se produciría.
    Es lo más nauseabundo de este asunto. Entre otras cosas, referentes a la ética, porque esos mismos “periodistas” obtienen pingües beneficios comentando las noticias que les aportan estos sí bienllamados periodistas que corren riesgos verdaderos para ejercer su oficio.
    La razón también me dice que no hay que pagar. Pero si sea hace detrayendo el rescate del bolsillo de estos que beneficiándose de aquellos reniegan de ellos, casi que cierro los ojos y nublo la mente (más aún).

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