Qué risa

 

Hay mucha gente que dice que lo peor de Podemos es su cursilería, su uso impúdico del sentimentalismo. Enorme error. El populismo siempre intenta utilizar los canales irracionales, porque el análisis racional de la realidad es su peor enemigo. Cuanto mayor sea el componente populista en un partido o movimiento político, o en una ideología, mas habitual será el uso de conceptos generales como patria o pueblo y de hechos aislados escogidos que refuercen ciertos estereotipos. El sentimentalismo, incluso el sentimentalismo más casposo, es inevitable en Podemos porque solo simplificando, convirtiendo los asuntos y las propuestas en monigotes, puede tener éxito.

Lo peor de Podemos no es el sentimentalismo. Todos los partidos querrían poder utilizarlo, porque es un instrumento simple que produce réditos, pero algunos lo tienen muy difícil, porque la corrupción y los años de gobierno —la realidad— se lo ponen cuesta arriba. Por eso es tan habitual en los partidos nuevos: sobre la tabla rasa de su pasado pueden prometer el paraíso a los incautos. El problema de Podemos es que detrás de su sentimentalismo solo hay una tremenda inanidad que inunda incluso sus documentos programáticos, repletos de declaraciones de amor y ayunos de realidad.

No tengo nada en contra de reírnos de la cursilería pararreligiosa. Además, siempre hay que reírse del poderoso y estos lo son ya. Eso sí, no olviden, después de la última carcajada, que nos quieren obligar a ir a misa para explicarnos que el futuro está cerca, que los pecadores serán castigados y que tengamos paciencia mientras tanto.

Y como lo consigan los que se van a descojonar son ellos.

Hablemos de cosas importantes

 

Hoy, en la tertulia de Carlos Alsina, ha habido una especie de versión del viejo y multiforme chiste racista: He escuchado que van a prohibir a los negros y a los fontaneros entrar a los restaurantes, dice uno, y otro replica, ¿y a los fontaneros por qué ?

Ha venido a cuento del exceso de deberes escolares. Alguien ha mencionado las actividades extraescolares y Alfonso Rojo, sarcástico, ha afirmado que sí, que el problema es llevar a los niños a hacer piano, danza, kárate o baile soviético. Alsina, en ese momento, ha preguntado «¿baile soviético?».

Así están las cosas. La mayoría considera un lujo superfluo y una forma que tienen algunos padres de quitarse de encima a sus hijos, que alguien crea que es importante aprender extravagancias como música y danza o practicar un deporte, y quejarse del esfuerzo que supone. Naturalmente, esas extravagancias, si fuésemos un país serio, formarían parte del currículo escolar. Y en las escuelas no solo se podría estudiar música, danza o interpretación, sino que habría material adecuado para ello, incluyendo instrumentos y auténticos profesores. Y todo eso se haría dentro del horario escolar. Y solo el que quisiera ser un profesional ingresaría en un conservatorio o escuela superior después, para perfeccionar sus conocimientos.

Ya ven, desbarro.

La realidad es que los irresponsables, como yo, nos gastamos una pasta indecente (prefiero no hacer la cuenta) para que nuestros hijos, durante años, añadan a las horas escolares y a las que después invierten en casa para cumplir con tareas a veces francamente estúpidas, las precisas para completar el tiempo perdido en esas cosas inútiles. Insanos, crueles, disfrutamos viendo a nuestros hijos acostarse habitualmente tarde y gastar parte de los fines de semana en caprichos que nos permitan presumir.

Con lo fácil que sería dejarles que fueran felices.