Uno de cada cinco

 

Dentro de un mes los españoles votaremos de nuevo y las encuestas afirman que uno de cada cinco votantes lo hará en favor de los populistas y comunistas que llevan años vendiéndonos que esto es un hito en el camino de la justicia social, de los que no han condenado realmente la prisión de Leopoldo López y de los que mirarán para otro lado ahora que se va cumpliendo el pronóstico que por desgracia era previsible: que harán todo lo que haga falta, incluso el golpe de Estado antes que abandonar el poder. Van a votar a unos tipos que hace poco tiempo anunciaban su intención de ocupar el poder utilizando los instrumentos del Estado “burgués”, ahora que la crisis ha hecho vulnerable a tanta gente, para después aplicar las medidas de siempre, ocultas detrás de eufemismos que impidiesen que palabras como dictadura del proletariado acojonasen al personal. Van a votar a tipos que defienden que Otegi es una especie de Mandela y para los que el terrorismo es una expresión comodín que se puede usar para todo (desahucios, asesinatos de mujeres, malnutrición, desempleo, refugiados, maltrato animal) menos precisamente para describir las actividades preferidas del señor Otegi y amigos durante décadas. Van a votar a tipos que ven hilos comunes con el “proyecto” de Marine Le Pen y no, no es que hayan pillado a Errejón en un renuncio, es que enuncia una realidad, por cierto antieuropea. Cualquier contrapeso, cualquier límite, es para estos populistas de derechas e izquierdas, como el ajo para los vampiros. Cómo no van a querer recuperar todo el poder para la “gente”, si saben que el suyo es un proyecto mendaz que oculta otro mesiánico para el que hay que poner en juego todas las fuerzas históricas.

Sí, así andamos. Lo peor no es que los populistas-comunistas no tengan un programa basado en la realidad y sus promesas sean un chiste. Lo peor es su raíz totalitaria.

Mientras tanto, los españoles van a votar dentro de un mes, y uno de cada cinco anuncia que lo hará a favor de estos tipos. No hay nada que distinga a esos votantes. Todo lo más son, de media, más jóvenes, con más estudios superiores, y con más nivel socioeconómico que los demás. Eso dicen también las encuestas.

Nos queda por delante un trabajo tremendo. Lo terrible es que esos españoles merecen padecer la oportunidad de que sus deseos se hagan realidad, no por venganza, sino como el procedimiento más rápido para que den cuenta del gigantesco error que cometen. Sin embargo, ojalá nos toque lidiar durante muchos años con esos amigos, parientes, vecinos, que han perdido el oremus. Ojalá sigamos utilizando ejemplos históricos o de otros países desgraciados como Venezuela o Grecia. Ojalá aprendan sin que tengamos que pegarnos un  tiro en el pie para que se den cuenta de que duele. Porque el pie es de todos.