Que me lo expliquen

 

Estos día hemos sabido que el PP tiene que pagar una fianza para cubrir una posible responsabilidad subsidiaria en unas diligencias previas de 2008, referidas a una serie de delitos fiscales relacionados (en lo que se refiere al PP) por las obras realizadas en su sede.

La suma, superior a un millón doscientos mil euros, es resultado de lo que dejó de pagar el PP por el Impuesto de Sociedades de 2008 (algo más de doscientos mil euros) y por el Impuesto de Sociedades de 2007 de la sociedad mercantil del arquitecto que hizo esas obras (en este caso, algo más un millón de euros). He estado releyendo el auto y hay una serie de cuestiones interesantes de tipo jurídico que pueden plantearse, pero las dejaré para otra ocasión, ya que un día se abrirá juicio (por cierto, es un escándalo que este asunto lleve más de ocho años —la mayoría en instrucción— y aún no se haya juzgado).

Escribo esto por que los peperos se han empezado a quejar de que estas cosas salgan precisamente antes de unas elecciones (véase Cifuentes), incluso criticando al juez por creerse absolutamente la versión de Bárcenas.

Es un chiste y los del PP son muy torpes.

Es un chiste porque el juez (y lo explica en el auto) se basa en bastantes cosas más que las declaraciones de Bárcenas. Y los del PP son muy torpes porque ¿cómo es posible que ese dinero no esté ya depositado en el juzgado, aun sin necesidad de esperar a un requerimiento que, al parecer, les acaba de llegar?

El auto es de mayo de 2015. Este auto es por ley irrecurrible, salvo en lo relativo a cuestiones que nada tienen que ver con la fianza. Sabiendo como tienen que saber los letrados del PP que ninguno de los responsables civiles directos ha depositado la fianza, ¿cómo se han tirado un año sin ingresar voluntariamente ese dinero y han esperado a que se lo requieran?

No parece que sean muy espabilados, no.

Rajoy mefistofélico

 

Leo con atención este artículo de, al parecer, Aurora Nacarino-Brabo. Digo, al parecer, porque así se dice en el tuit de Daniel Gascón que me ha llevado a leerlo, ya que en la web no encuentro el nombre de su autor. Si no lo fuera, pido disculpas.

Llevo un tiempo escuchando que al Partido Popular le interesa el crecimiento de Podemos. Hay algunos que van más lejos (por ejemplo, Jiménez-Losantos) y dicen que, en realidad, Podemos es una criatura del PP (el locutor de Esradio se centra en una confabulación en la que participan Soraya Sáenz de Santamaría, las cloacas del Estado y los grupos mediáticos de izquierdas —que son prácticamente todos, en su opinión—). Como estas últimas me parecen ideas conspiranoicas y delirantes, y no he visto una prueba de que sean reales (al margen de las conexiones que todo buen conspiranoico encuentra siempre, ya que, recuerden, todo demuestra todo), me centraré en la versión “débil” de esta idea: la de que Podemos no lo crea el PP, pero sí le interesa su crecimiento.

Sobre esto, hay algo que se suele olvidar: a todos los partidos les interesa la fragmentación del voto de sus rivales, pero a la vez deben intentar evitar hacer nada que explícitamente dé vuelo a los partidos antagónicos, a los que más alejados están de sus votantes. Sobre todo, porque lo pagarían en las urnas. Como se puede observar, el PP, al menos de cara a la galería, es el partido que más explícitamente ha colocado a Podemos en el extremismo, puesto que eso es lo que con seguridad piensa su votante medio.

Por otra parte, el resto de partidos juegan a esto mismo. Podemos y el PSOE, de forma explícita, también han colocado al PP en el extremo. El PP es, en el mensaje de esos partidos, la banda corrupta responsable de eso que llaman el austericidio. El PSOE llegó al punto de afirmar que los únicos partidos con los que nunca pactarían son Batasuna y el PP. Incluso Ciudadanos, como consecuencia de  su estrategia de acercamiento al PSOE y de la necesidad de desvincularse de la percepción de ser marca blanca del PP, ha tonteado con la idea de situar al PP, o al menos a sus dirigentes actuales, como un cáncer que apesta a todo el que se acerca a ellos.

Una cosa más, antes de hablar del artículo que enlazo: a Ciudadanos también le interesa vender que la estrategia del PP de situarse como partido moderado y denunciar el peligro del ascenso del populismo de extrema izquierda es espuria. Es decir, que solo busca el ascenso de ese populismo para acabar con lo que venden como auténticos moderados y centristas: ellos, claro, y residualmente y de momento los que fueron sus socios en el intento de investidura: el PSOE. ¿Por qué? Porque es rentable situar al PP en el extremismo y la irresponsabilidad, y de paso sabotear la estrategia pepera de llamar al voto útil (estrategia especialmente peligrosa para Ciudadanos).

Hace una semana, más o menos, un periódico publicó que el PP había decidido que su estrategia iba a centrarse en atacar duramente a Rivera. Naturalmente, esa noticia, como es habitual en la prensa, era resultado de una filtración. El lector no podía saber si El Mundo se la había inventado por completo. Dio igual. Se dio por buena y se atacó con dureza al PP por la irresponsabilidad de centrar sus ataques en el único que podía ser socio de gobierno. Ahora se nos cuenta que, en realidad, la estrategia es radicalizar la campaña hablando del “peligro rojo” para, en realidad, favorecer diabólicamente a Unidos Podemos. Nadie se responsabiliza de la incongruencia. Total, ¿quién se acuerda de las noticias de ayer?

En cuanto al artículo de Nacarino-Brabo, mi contador de word me dice que ha utilizado 757 palabras.

En ellas se dice expresamente que el PP es como el que propaga un virus para vender su cura, que “el gobierno en funciones es responsable de la propagación de ese virus para el que nos quiere vender la vacuna”.

Menciono el número de palabras porque lo acojonante es que una acusación tan grave como esa no está fundamentada, en el artículo, en un solo intento de probarla. No hay ni el comienzo de un intento de un razonamiento basado en indicios de algo que pruebe que el PP es el creador del virus Podemos.

¿Qué hay en el artículo?

1.- Una introducción que nos explica que todos los partidos quieren sacar más votos en las próximas elecciones, pero que para conseguirlo se pueden usar estrategias irresponsables. Informados quedamos.

2.- Una analogía entre una multinacional asesina y el PP.

3.- Una referencia a que el PP “se presenta a las elecciones del 26 de junio como un dique de contención contra el populismo de Podemos y su alianza con los comunistas”. ¿Y? ¿Acaso es esto ilegítimo?

4.- Una afirmación de que “los populares son los primeros interesados en que Podemos llegue a la cita con las urnas fuerte en las encuestas, porque ello les permite ahondar en la campaña de la polarización y el miedo que tantos réditos electorales les granjea”. Hombre, los réditos de ciertas polarizaciones y sentimientos los obtienen ellos y todos. Hoy Rivera está en Venezuela (pese a que estamos ya en campaña en España) y el PSOE y Podemos también venden sus filias y fobias particulares, incluidos miedos y odios ancestrales. En todo caso, la autora afirma, pero no prueba. Además, no es muy racional pensar que al PP le interesa un ascenso mayor de Podemos. Podemos YA es muy grande. Aplicando la mera racionalidad política, al PP le interesa que Podemos y PSOE obtengan resultados similares y recuperar voto de Ciudadanos.

5.- Una referencia a las esteladas y a la posibilidad de que la decisión de Dancausa obedeciera a estrategia, a la intención de “crispar las bajas pasiones”. Naturalmente, esto no prueba nada en relación a Podemos y no pasa de ser una mera hipótesis no sustentada en un solo hecho, solo en la idea de que, de esa forma se atrae al votante de Ciudadanos. Pruebas, ni una, pero además contrasta con las acusaciones, tan frecuentes, que se le hacen al PP, desde ciertos sectores, de ser débil con el nacionalismo (por ejemplo, no prohibiendo la consulta trucha). Lo cierto es que uno lee el artículo y observa cómo todo es simple hipótesis y cómo, además, al final, el resultado de las elucubraciones termina enfrentando lo que sostiene Ciudadanos (al parecer de forma responsable, sincera y desprendida de dobleces) frente a lo que aparenta defender la malvada farmacéutica asesina, es decir, el PP, que actúa, pero no porque crea en ello, sino para masajear los bajos instintos.

6.- Una nueva referencia a que “el ambiente de polarización” favorece al PP, como si no fuera objetivamente cierto que en la pasada esta legislatura todos los partidos, unos más, otros menos, han tratado trataron al PP como un apestado.

8.- Una anticipación de lo que veremos en la campaña: concretamente “nuevas muestras de la estrategia de los extremos a la que juega el PP”. La autora, cuando afirma esto, aún no ha sido capaz de demostrar cuales son las anteriores muestras de esa estrategia de los extremos.

9.- Una afirmación muy divertida: que Iglesias y Rajoy se desenvuelven bien en la polarización. ¿En serio? Vamos a ver: ¿no es Rajoy el señor triste ese de los plasmas que no mueve un dedo y que o sigue una estrategia fabiana o simplemente es imbécil? Esto se viene diciendo desde hace mucho. Esto es lo que dicen TODOS los partidos de Rajoy. Sin embargo, ahora emerge un nuevo Rajoy, al que le va de miedo la polarización, como si fuera un tribuno terrible, un demagogo populista que enfervoriza a las masas con discursos extremistas.

10.- Se dice “Mientras tanto, el PP se presenta como el partido de la España moderada, el que tiene los mejores equipos, las mejores políticas, el mejor candidato; y está centrado en atender los problemas reales de las personas”. Pues claro. Qué cosas, verdad, presentarse como los mejores y los más adecuados para gobernar al país.

11.- Se añade que “Este discurso, que podría ser el de Ciudadanos, no solo delata el voto de qué partido aspiran a fagocitar el 26J, sino que da cuenta de una total falta de correspondencia entre su mensaje y su estrategia”. Esto es acojonante. A la autora parece que le joda que el PP ¡se apropie de la estrategia de Ciudadanos de venderse como los moderados, los que los tienen mejores cuadros y los que se van a ocupar de los problemas de la gente! Esto demuestra que no estamos ante un análisis objetivo. Además, es absurdo. El PP no se presenta así para “fagocitar” a Ciudadanos (objetivo al que sin duda aspira —la inversa también es cierta—), el PP se presenta así porque, al margen de que sea verdad o no, ese ha sido siempre el mensaje que han querido vender. Qué terrible acusación de la autora: el PP se presenta como partido moderado de centroderecha. Por cierto, parece como si el PP fuera el partido nuevo y Ciudadanos el partido viejo, al que le roban esos mensajes.

12.- Se afirma que “Detrás del mensaje de moderación, sensatez y pragmatismo se esconde una estrategia que pone en riesgo la estabilidad política, tensiona a la sociedad y antepone los intereses del partido al bienestar del país”. Ya ven, de nuevo la acusación de crear el virus podemita. Y de nuevo la ausencia del más mínimo intento de prueba.

13.- Y una nueva e inútil referencia al secesionismo catalán, en la que eso de que la prohibición fue buscado ya no aparece como hipótesis sino como realidad (“Lo saben bien los bomberos: el más impetuoso del retén suele ser el que provocó el incendio”) desmintiéndose a sí misma.

Todo el artículo es una petición de principio. No hay en él una sola prueba de que su análisis no padezca del mal que denuncia: crear el virus de que el PP está detrás de la creación y ascenso de Podemos para que los enemigos de Podemos —potenciales votantes del PP y Ciudadanos— se lo traguen y castiguen al PP en las urnas, votando al responsable Rivera.

Yo, como no conozco a la autora, no puedo afirmar que sea eso lo que pretende.

Paranoia constructiva

 

Hace más de cincuenta años, mis padres veraneaban en Fuenterrabía. Mi padre, para entretenerse, compró una lancha motora. Con ella se iba a pescar a mar abierto.

Un día, acompañado de un amigo y de uno de mis tíos, que no sabía nadar, decidió hacer lo de costumbre. Conozco la historia con algo de detalle porque nos la contó décadas después, aunque era obvio que no le gustaba nada recordarlo y solo lo hizo por la insistencia de sus hijos.

Antes de salir, un pescador le advirtió de que iba a hacer mal tiempo. Mi padre echó un vistazo, vio que hacía un día magnífico, sin una nube, y decidió no hacer caso. Ese fue su primer error del día.

Iban vestidos solo con un bañador y una camisa.

Ya en alta mar el tiempo cambió bruscamente y las olas se fueron haciendo cada vez más altas y frecuentes. Aunque puso rumbo a la costa, se le paró el motor, la lancha se cruzó, empezó a recibir las olas por el través y una de ellas la volcó. No llevaban chalecos salvavidas.

No se sumergió por completo. La proa estaba al descubierto y los tres se agarraron a la bola que se usaba para remolcarla.

En ese momento, mi padre vio cómo pasaba flotando el respaldo de uno de los asientos de la lancha. Allí había dejado, en una especie de bolsillo cerrado por una cremallera, su documentación y las llaves del coche. Como era muy buen nadador, decidió ir a recuperarlas. Ese fue el segundo gran error del día.

Comenzó a nadar, pero no era capaz de alcanzar el respaldo. A la vez, la lancha estaba cada vez más lejos y empezó a dudar de si era mejor seguir o volver. Con un esfuerzo tremendo, terminó por agarrar el respaldo. Como ya estaba agotado, lo abrazó con fuerza. Ya no veía la lancha.

Las olas eran cada vez peores y empezó a tener frío. Aunque tenía las manos entumecidas, continuó aferrando una contra otra, por miedo a no poder sujetarse bien si cambiaba su postura, a pesar de que estaba expuesto a los golpes, que lo volteaban, y al agua.

Nos contaba, muchos años después, que el tiempo le pareció eterno. Aunque era joven y muy fuerte, empezó a desesperarse, sobre todo al ver que caía la noche.

Estuvo cinco horas flotando a la deriva. Lo rescató un pesquero francés. Habían encontrado horas antes a los otros dos tripulantes de la lancha, que estaban convencidos de que mi padre se había ahogado, ya que no le habían visto agarrar el respaldo.

El pesquero también recuperó la lancha motora. Al día siguiente mi padre la vendió por lo que le quisieron dar. Nunca más se subió a un barco. Ni a un mísero bote. Yo nací poco después.

Me he acordado de esta historia al leer el capítulo de un libro de Jared Diamond. El autor titula ese capítulo “Paranoia constructiva” y cuenta una anécdota personal similar, en la que estuvo a punto de perecer en aguas del Pacífico.

Paranoia constructiva, qué término más adecuado. Tiene que ver con esas medidas que a tantos —sobre todo jóvenes— les parecen idiotas, pero que nos salvan la vida cuando sucede lo que nos parece improbable, precisamente por juventud e inexperiencia.