Hablemos de España

 

Insisten mucho los podemitas y muchos periodistas y tertulianos en preguntar por qué se ha convertido Venezuela en el tema de las elecciones con la de problemas que tenemos. Y, ya puestos, nos dicen, ¿por qué no hablar de Bután, Burkina Faso o Arabia Saudita?

Esa pregunta, si es sincera, demuestra una enorme miopía. Cuando en España hablamos de Venezuela no estamos hablando de Venezuela, estamos hablando de España, y cuando hablamos de Grecia también hablamos de España. Esos países no están en la agenda por ciencia infusa. Los pusieron allí los máximos dirigentes de Podemos con sus biografías recientes, la financiación de las plataformas de las que nace su partido, su asesoramiento y con su propio discurso, tanto el de análisis supuestamente objetivo y alabanza de modelos y propuestas como el manifiestamente hagiográfico, con esas emociones poco contenidas, demostrativas de culto al líder bolivariano.

Esas personas que antes nos bombardeaban con Venezuela y Grecia ahora nos preguntan por qué queremos hablar de Venezuela y Grecia. Ahora que los que mandan en Grecia bajan las pensiones y privatizan lo que antes decían que era intocable. Es decir, cuando los que mandan en Grecia hacen aquello que incendió Grecia cuando los que ahora mandan eran oposición. Y ahora que ya no se puede ocultar la ruina económica y social, la crisis humanitaria, la conculcación de los derechos humanos y la deriva autoritaria del régimen bolivariano.

Yo no quiero hablar de Grecia y Venezuela más que de otros lugares. Si hablo más de ellos que del Congo, es porque no quiero que España termine convertida en una versión más del fracaso del populismo de izquierdas y del comunismo. Además, no hablamos de Cuba o Corea del Norte. Hablamos de los modelos que vendían hasta hace dos días los que ahora pretenden ser socialdemócratas nórdicos.

No ver que se da una alternativa entre partidos que no quieren acabar con el sistema y uno que ha tenido —mientras sus hechos no alcanzaron el tamaño del Everest— como modelo esa ruina concreta es estar completamente ciego.

Esa alternativa es, además, independiente de la responsabilidad de que estemos donde estamos. No digo que esto no sea importante. Lo es, naturalmente, pero es mucho más importante no pretender curar nuestros males poniéndonos en manos del hechicero.

Hablemos, pues, de España. Hablemos de Podemos y de sus dirigentes. De lo que han sido, de lo que han dicho, de lo que han defendido. Por suerte, podemos hablar de Podemos, de qué es Podemos, sin haber padecido aún la ruina, la miseria y la naturaleza liberticida de un gobierno de Podemos.

Que me lo expliquen

 

Estos día hemos sabido que el PP tiene que pagar una fianza para cubrir una posible responsabilidad subsidiaria en unas diligencias previas de 2008, referidas a una serie de delitos fiscales relacionados (en lo que se refiere al PP) por las obras realizadas en su sede.

La suma, superior a un millón doscientos mil euros, es resultado de lo que dejó de pagar el PP por el Impuesto de Sociedades de 2008 (algo más de doscientos mil euros) y por el Impuesto de Sociedades de 2007 de la sociedad mercantil del arquitecto que hizo esas obras (en este caso, algo más un millón de euros). He estado releyendo el auto y hay una serie de cuestiones interesantes de tipo jurídico que pueden plantearse, pero las dejaré para otra ocasión, ya que un día se abrirá juicio (por cierto, es un escándalo que este asunto lleve más de ocho años —la mayoría en instrucción— y aún no se haya juzgado).

Escribo esto por que los peperos se han empezado a quejar de que estas cosas salgan precisamente antes de unas elecciones (véase Cifuentes), incluso criticando al juez por creerse absolutamente la versión de Bárcenas.

Es un chiste y los del PP son muy torpes.

Es un chiste porque el juez (y lo explica en el auto) se basa en bastantes cosas más que las declaraciones de Bárcenas. Y los del PP son muy torpes porque ¿cómo es posible que ese dinero no esté ya depositado en el juzgado, aun sin necesidad de esperar a un requerimiento que, al parecer, les acaba de llegar?

El auto es de mayo de 2015. Este auto es por ley irrecurrible, salvo en lo relativo a cuestiones que nada tienen que ver con la fianza. Sabiendo como tienen que saber los letrados del PP que ninguno de los responsables civiles directos ha depositado la fianza, ¿cómo se han tirado un año sin ingresar voluntariamente ese dinero y han esperado a que se lo requieran?

No parece que sean muy espabilados, no.

Rajoy mefistofélico

 

Leo con atención este artículo de, al parecer, Aurora Nacarino-Brabo. Digo, al parecer, porque así se dice en el tuit de Daniel Gascón que me ha llevado a leerlo, ya que en la web no encuentro el nombre de su autor. Si no lo fuera, pido disculpas.

Llevo un tiempo escuchando que al Partido Popular le interesa el crecimiento de Podemos. Hay algunos que van más lejos (por ejemplo, Jiménez-Losantos) y dicen que, en realidad, Podemos es una criatura del PP (el locutor de Esradio se centra en una confabulación en la que participan Soraya Sáenz de Santamaría, las cloacas del Estado y los grupos mediáticos de izquierdas —que son prácticamente todos, en su opinión—). Como estas últimas me parecen ideas conspiranoicas y delirantes, y no he visto una prueba de que sean reales (al margen de las conexiones que todo buen conspiranoico encuentra siempre, ya que, recuerden, todo demuestra todo), me centraré en la versión “débil” de esta idea: la de que Podemos no lo crea el PP, pero sí le interesa su crecimiento.

Sobre esto, hay algo que se suele olvidar: a todos los partidos les interesa la fragmentación del voto de sus rivales, pero a la vez deben intentar evitar hacer nada que explícitamente dé vuelo a los partidos antagónicos, a los que más alejados están de sus votantes. Sobre todo, porque lo pagarían en las urnas. Como se puede observar, el PP, al menos de cara a la galería, es el partido que más explícitamente ha colocado a Podemos en el extremismo, puesto que eso es lo que con seguridad piensa su votante medio.

Por otra parte, el resto de partidos juegan a esto mismo. Podemos y el PSOE, de forma explícita, también han colocado al PP en el extremo. El PP es, en el mensaje de esos partidos, la banda corrupta responsable de eso que llaman el austericidio. El PSOE llegó al punto de afirmar que los únicos partidos con los que nunca pactarían son Batasuna y el PP. Incluso Ciudadanos, como consecuencia de  su estrategia de acercamiento al PSOE y de la necesidad de desvincularse de la percepción de ser marca blanca del PP, ha tonteado con la idea de situar al PP, o al menos a sus dirigentes actuales, como un cáncer que apesta a todo el que se acerca a ellos.

Una cosa más, antes de hablar del artículo que enlazo: a Ciudadanos también le interesa vender que la estrategia del PP de situarse como partido moderado y denunciar el peligro del ascenso del populismo de extrema izquierda es espuria. Es decir, que solo busca el ascenso de ese populismo para acabar con lo que venden como auténticos moderados y centristas: ellos, claro, y residualmente y de momento los que fueron sus socios en el intento de investidura: el PSOE. ¿Por qué? Porque es rentable situar al PP en el extremismo y la irresponsabilidad, y de paso sabotear la estrategia pepera de llamar al voto útil (estrategia especialmente peligrosa para Ciudadanos).

Hace una semana, más o menos, un periódico publicó que el PP había decidido que su estrategia iba a centrarse en atacar duramente a Rivera. Naturalmente, esa noticia, como es habitual en la prensa, era resultado de una filtración. El lector no podía saber si El Mundo se la había inventado por completo. Dio igual. Se dio por buena y se atacó con dureza al PP por la irresponsabilidad de centrar sus ataques en el único que podía ser socio de gobierno. Ahora se nos cuenta que, en realidad, la estrategia es radicalizar la campaña hablando del “peligro rojo” para, en realidad, favorecer diabólicamente a Unidos Podemos. Nadie se responsabiliza de la incongruencia. Total, ¿quién se acuerda de las noticias de ayer?

En cuanto al artículo de Nacarino-Brabo, mi contador de word me dice que ha utilizado 757 palabras.

En ellas se dice expresamente que el PP es como el que propaga un virus para vender su cura, que “el gobierno en funciones es responsable de la propagación de ese virus para el que nos quiere vender la vacuna”.

Menciono el número de palabras porque lo acojonante es que una acusación tan grave como esa no está fundamentada, en el artículo, en un solo intento de probarla. No hay ni el comienzo de un intento de un razonamiento basado en indicios de algo que pruebe que el PP es el creador del virus Podemos.

¿Qué hay en el artículo?

1.- Una introducción que nos explica que todos los partidos quieren sacar más votos en las próximas elecciones, pero que para conseguirlo se pueden usar estrategias irresponsables. Informados quedamos.

2.- Una analogía entre una multinacional asesina y el PP.

3.- Una referencia a que el PP “se presenta a las elecciones del 26 de junio como un dique de contención contra el populismo de Podemos y su alianza con los comunistas”. ¿Y? ¿Acaso es esto ilegítimo?

4.- Una afirmación de que “los populares son los primeros interesados en que Podemos llegue a la cita con las urnas fuerte en las encuestas, porque ello les permite ahondar en la campaña de la polarización y el miedo que tantos réditos electorales les granjea”. Hombre, los réditos de ciertas polarizaciones y sentimientos los obtienen ellos y todos. Hoy Rivera está en Venezuela (pese a que estamos ya en campaña en España) y el PSOE y Podemos también venden sus filias y fobias particulares, incluidos miedos y odios ancestrales. En todo caso, la autora afirma, pero no prueba. Además, no es muy racional pensar que al PP le interesa un ascenso mayor de Podemos. Podemos YA es muy grande. Aplicando la mera racionalidad política, al PP le interesa que Podemos y PSOE obtengan resultados similares y recuperar voto de Ciudadanos.

5.- Una referencia a las esteladas y a la posibilidad de que la decisión de Dancausa obedeciera a estrategia, a la intención de “crispar las bajas pasiones”. Naturalmente, esto no prueba nada en relación a Podemos y no pasa de ser una mera hipótesis no sustentada en un solo hecho, solo en la idea de que, de esa forma se atrae al votante de Ciudadanos. Pruebas, ni una, pero además contrasta con las acusaciones, tan frecuentes, que se le hacen al PP, desde ciertos sectores, de ser débil con el nacionalismo (por ejemplo, no prohibiendo la consulta trucha). Lo cierto es que uno lee el artículo y observa cómo todo es simple hipótesis y cómo, además, al final, el resultado de las elucubraciones termina enfrentando lo que sostiene Ciudadanos (al parecer de forma responsable, sincera y desprendida de dobleces) frente a lo que aparenta defender la malvada farmacéutica asesina, es decir, el PP, que actúa, pero no porque crea en ello, sino para masajear los bajos instintos.

6.- Una nueva referencia a que “el ambiente de polarización” favorece al PP, como si no fuera objetivamente cierto que en la pasada esta legislatura todos los partidos, unos más, otros menos, han tratado trataron al PP como un apestado.

8.- Una anticipación de lo que veremos en la campaña: concretamente “nuevas muestras de la estrategia de los extremos a la que juega el PP”. La autora, cuando afirma esto, aún no ha sido capaz de demostrar cuales son las anteriores muestras de esa estrategia de los extremos.

9.- Una afirmación muy divertida: que Iglesias y Rajoy se desenvuelven bien en la polarización. ¿En serio? Vamos a ver: ¿no es Rajoy el señor triste ese de los plasmas que no mueve un dedo y que o sigue una estrategia fabiana o simplemente es imbécil? Esto se viene diciendo desde hace mucho. Esto es lo que dicen TODOS los partidos de Rajoy. Sin embargo, ahora emerge un nuevo Rajoy, al que le va de miedo la polarización, como si fuera un tribuno terrible, un demagogo populista que enfervoriza a las masas con discursos extremistas.

10.- Se dice “Mientras tanto, el PP se presenta como el partido de la España moderada, el que tiene los mejores equipos, las mejores políticas, el mejor candidato; y está centrado en atender los problemas reales de las personas”. Pues claro. Qué cosas, verdad, presentarse como los mejores y los más adecuados para gobernar al país.

11.- Se añade que “Este discurso, que podría ser el de Ciudadanos, no solo delata el voto de qué partido aspiran a fagocitar el 26J, sino que da cuenta de una total falta de correspondencia entre su mensaje y su estrategia”. Esto es acojonante. A la autora parece que le joda que el PP ¡se apropie de la estrategia de Ciudadanos de venderse como los moderados, los que los tienen mejores cuadros y los que se van a ocupar de los problemas de la gente! Esto demuestra que no estamos ante un análisis objetivo. Además, es absurdo. El PP no se presenta así para “fagocitar” a Ciudadanos (objetivo al que sin duda aspira —la inversa también es cierta—), el PP se presenta así porque, al margen de que sea verdad o no, ese ha sido siempre el mensaje que han querido vender. Qué terrible acusación de la autora: el PP se presenta como partido moderado de centroderecha. Por cierto, parece como si el PP fuera el partido nuevo y Ciudadanos el partido viejo, al que le roban esos mensajes.

12.- Se afirma que “Detrás del mensaje de moderación, sensatez y pragmatismo se esconde una estrategia que pone en riesgo la estabilidad política, tensiona a la sociedad y antepone los intereses del partido al bienestar del país”. Ya ven, de nuevo la acusación de crear el virus podemita. Y de nuevo la ausencia del más mínimo intento de prueba.

13.- Y una nueva e inútil referencia al secesionismo catalán, en la que eso de que la prohibición fue buscado ya no aparece como hipótesis sino como realidad (“Lo saben bien los bomberos: el más impetuoso del retén suele ser el que provocó el incendio”) desmintiéndose a sí misma.

Todo el artículo es una petición de principio. No hay en él una sola prueba de que su análisis no padezca del mal que denuncia: crear el virus de que el PP está detrás de la creación y ascenso de Podemos para que los enemigos de Podemos —potenciales votantes del PP y Ciudadanos— se lo traguen y castiguen al PP en las urnas, votando al responsable Rivera.

Yo, como no conozco a la autora, no puedo afirmar que sea eso lo que pretende.

Paranoia constructiva

 

Hace más de cincuenta años, mis padres veraneaban en Fuenterrabía. Mi padre, para entretenerse, compró una lancha motora. Con ella se iba a pescar a mar abierto.

Un día, acompañado de un amigo y de uno de mis tíos, que no sabía nadar, decidió hacer lo de costumbre. Conozco la historia con algo de detalle porque nos la contó décadas después, aunque era obvio que no le gustaba nada recordarlo y solo lo hizo por la insistencia de sus hijos.

Antes de salir, un pescador le advirtió de que iba a hacer mal tiempo. Mi padre echó un vistazo, vio que hacía un día magnífico, sin una nube, y decidió no hacer caso. Ese fue su primer error del día.

Iban vestidos solo con un bañador y una camisa.

Ya en alta mar el tiempo cambió bruscamente y las olas se fueron haciendo cada vez más altas y frecuentes. Aunque puso rumbo a la costa, se le paró el motor, la lancha se cruzó, empezó a recibir las olas por el través y una de ellas la volcó. No llevaban chalecos salvavidas.

No se sumergió por completo. La proa estaba al descubierto y los tres se agarraron a la bola que se usaba para remolcarla.

En ese momento, mi padre vio cómo pasaba flotando el respaldo de uno de los asientos de la lancha. Allí había dejado, en una especie de bolsillo cerrado por una cremallera, su documentación y las llaves del coche. Como era muy buen nadador, decidió ir a recuperarlas. Ese fue el segundo gran error del día.

Comenzó a nadar, pero no era capaz de alcanzar el respaldo. A la vez, la lancha estaba cada vez más lejos y empezó a dudar de si era mejor seguir o volver. Con un esfuerzo tremendo, terminó por agarrar el respaldo. Como ya estaba agotado, lo abrazó con fuerza. Ya no veía la lancha.

Las olas eran cada vez peores y empezó a tener frío. Aunque tenía las manos entumecidas, continuó aferrando una contra otra, por miedo a no poder sujetarse bien si cambiaba su postura, a pesar de que estaba expuesto a los golpes, que lo volteaban, y al agua.

Nos contaba, muchos años después, que el tiempo le pareció eterno. Aunque era joven y muy fuerte, empezó a desesperarse, sobre todo al ver que caía la noche.

Estuvo cinco horas flotando a la deriva. Lo rescató un pesquero francés. Habían encontrado horas antes a los otros dos tripulantes de la lancha, que estaban convencidos de que mi padre se había ahogado, ya que no le habían visto agarrar el respaldo.

El pesquero también recuperó la lancha motora. Al día siguiente mi padre la vendió por lo que le quisieron dar. Nunca más se subió a un barco. Ni a un mísero bote. Yo nací poco después.

Me he acordado de esta historia al leer el capítulo de un libro de Jared Diamond. El autor titula ese capítulo “Paranoia constructiva” y cuenta una anécdota personal similar, en la que estuvo a punto de perecer en aguas del Pacífico.

Paranoia constructiva, qué término más adecuado. Tiene que ver con esas medidas que a tantos —sobre todo jóvenes— les parecen idiotas, pero que nos salvan la vida cuando sucede lo que nos parece improbable, precisamente por juventud e inexperiencia.

¿Rectificar? ¿Para qué?

 

El periodista Carlos Segovia ha decidido no bajarse del burro y seguir insistiendo con lo que él llama el escandaloso caso de José Antonio Alepuz.

Eso sí, lo hace sin rectificar lo escrito en un artículo anterior en el que decía …

Más criticable considera el caso de Alepuz, que recibió el grueso de sus 322.961 euros de indemnización como un presunto despido improcedente cuando en realidad dimitió voluntariamente para trabajar en la Caixa.

…, algo que para cualquier lector solo podía implicar que se había faltado a la verdad, camuflando una renuncia como un despido improcedente. Por cierto, en esta nueva versión se olvida del Gobernador del Banco de España, al que también metía un dedo en el ojo gratuitamente.

¿Para qué rectificar si se puede huir hacia delante?

Lo que ahora dice Carlos Segovia es esto:

Alepuz

Veámoslo con calma:

1.- Para empezar, es acojonante que se diga que “cumplir la ley es un escándalo cuando esta es disparatada”. No, lo escandaloso es no cumplir la ley. La ley, cuando es disparatada, se cambia. Mientras tanto, se cumple. Salvo que el señor Segovia defienda que es él (o un cuñado suyo, o los viandantes, o el pueblo en asamblea) quien decide cuándo algo es disparatado y no el parlamento español. Porque le recuerdo al señor Segovia que es la Ley del Banco de España la que habilita la capacidad normativa de la comisión ejecutiva del susodicho para determinar estas indemnizaciones.

2.- Da un poco de asco lo del “elitista” currículum. Por lo visto, lo mejor es que el secretario general del Banco de España, en vez de ser un abogado del Estado con formación y experiencia específica en banca, sea, no sé, por ejemplo, un periodista de El Mundo.

3.- Como es obvio, esa normativa (que me gustaría leer y saber cómo se justificó en su momento para poder hablar de ella con más conocimiento de causa), ya derogada, le puede parecer bien o mal al periodista o a cualquiera, pero resulta incomprensible su manía de centrar la cuestión en Alepuz (el “elitista”), cuando él no la aprobó (no tenía voto en la Comisión ejecutiva). Salvo que se pretenda (que es lo que creo, dado el tono del texto) insinuar que hay alguna ilegalidad.

4.- Por cierto, en la versión anterior, Segovia faltó a la verdad al afirmar lo del “presunto despido improcedente”. Como creo que alguien le ha advertido, ahora ya no dice presunto, sino “cual despido improcedente”. La putada es que vuelve a faltar a la verdad y es lo que pasa cuando uno se fija en el CV de alguien pero no piensa un poco lo que dice ( o no sabe lo que dice). Esto que dice es falso:

El alucinante Banco de España mantuvo, incluso en aquellos años de crisis, que sus altos cargos tenían derecho a 45 días por año trabajado, cual despido improcedente, aunque dimitieran.

La renuncia de Alepuz tuvo lugar en septiembre de 2011. En aquel momento no había entrado en vigor la reforma laboral del PP, entre otras razones, porque gobernaba Zapatero. Pues bien, el despido improcedente se indemnizaba con 45 días con un límite de 42 mensualidades. La normativa del Banco de España establecía en aquel momento (y esto es lo que se aplicó a Alepuz) que cualquier extinción (por la razón que fuera) llevaría aparejada una indemnización de 45 días con un límite de 24 mensualidades. No era, por tanto, como un despido improcedente ya que el límite era diferente. 

Con lo fácil que era haber centrado la cuestión en una crítica a la normativa (que además, como norma general, se aplicaba a todos los que estaban en una situación similar). Algo para lo que, si pretendía hacer un buen trabajo, debería haber preguntado a los que la aprobaron. Yo no me voy a poner a especular, pero como he visto contratos de alta dirección con indemnizaciones previstas para situaciones muy diferentes, admito que puede que hubiera algunas razones, y que habría que incluirlas en una crítica, para no ser un sectario. Más aún cuando se trata de técnicos muy cualificados.

O, en su caso, haber hecho una auténtica investigación periodística sobre el origen de esas normas y sobre quiénes las impulsaron y su motivación, si es que cree que hay algún tipo de corruptela detrás. Naturalmente, no hace eso. Va a lo fácil: coge un informe del Tribunal de Cuentas, lo cita sesgado y llega a falsearlo, y al final termina tirando de lo fácil: del recurso a la indignación —hay que ver cuánto cobran— y el tiro al blanco a las “élites”.

Confirmado: Alberto Garzón no cree en la democracia

 

No tenía hasta hoy una opinión fundamentada sobre Alberto Garzón. Sobre la persona. Prácticamente no lo conozco. No hablo de sus opiniones políticas. Dejemos eso de lado y partamos de la hipótesis de que, pese a ser comunista, realmente hubiera podido creer en un derecho penal civilizado y en tribunales independientes.

Hoy ya puedo decir que es o un irresponsable o un embustero. Ayer le preguntaron en este programa de televisión qué pensaba sobre la prisión de Leopoldo López.

Su respuesta primera fue:

Si hay alguien que es un golpista, que está diciendo, insinuando que los militares deben dar un golpe de estado, como se ha dicho durante los últimos años desde algunos sectores, digamos, de la oposición, evidentemente en cualquier país…

Y cuando se le reitera que se le pregunta específicamente por Leopoldo López añade:

Nosotros tenemos que examinar el proceso de este señor, y este señor estaba fomentando golpes de estado. En cualquier país eso tiene un proceso. Ahora, lo que yo digo es que ese proceso tiene que ser garantista.

Es o un irresponsable o un embustero porque Leopoldo López no está en la cárcel por fomentar ningún golpe de Estado.  A López lo han condenado por incitar una serie de actos de violencia producidos en una manifestación concreta. Por cierto, actos de violencia que no produjeron ninguna muerte, en contra de lo que suele decir gente mal informada o que se dedica a la intoxicación. Basta con leer la sentencia para darse cuenta de que en ella no se atribuye a López la incitación de ningún asesinato de los, al parecer (ya que hay discrepancias), más de cuarenta producidos a partir de esa fecha (al margen de las denuncias de tortura y excesos policiales que, como es sangrantemente obvio no se pueden atribuirse a López).

La sentencia, ya lo dije, es grotesca. Basta con leerla para darse cuenta. Garzón ha tenido todo el tiempo del mundo para hacerlo. Y ni siquiera la grotesca justicia venezolana afirma que López esté en la cárcel por golpista.

Por cierto, López sí estuvo acusado de participar en el golpe de 2002, algo que él niega. Lo cierto es que nunca fue juzgado, por lo que no hay una sentencia que lo condene, ya que el presidente Chávez, en 2007, amnistió a muchos de los acusados de participar en él. Chávez, al firmar ese decreto, dijo: “En Venezuela no hay nadie preso por ideas políticas”.

Por otra parte, López fue inhabilitado administrativamente (lo que le impedía presentarse a elecciones) mediante una decisión que la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró por unanimidad que violaba los siguientes derechos: a ser elegido, el derecho a la defensa y el derecho a la protección judicial. 

Por eso digo que, en el mejor de los casos, es un irresponsable. Alguien que habla de algo que no conoce y se ha tragado toda la propaganda del régimen golpista de Maduro. En el peor de los casos (y creo que esta es la única hipótesis razonable), es un embustero que sabe que López no está en prisión por golpista, pero le da igual, ya que es opositor a uno de los suyos y que se joda la verdad.

La cuestión es bien sencilla. Chávez también fue golpista. Diez años antes, en 1992. Fue condenado e indultado, tras dos años en prisión. Más tarde ganó varias elecciones. Si López intervino en el intento de golpe de 2002 (por el que no se le puede condenar, ya que hubo una amnistía), es comprensible que sus adversarios se lo intenten reprochar. Y que él se defienda. Ese es el juego político.

Lo que es inadmisible es que se justifique la prisión de López acusándole genéricamente de ser un golpista (cuando la sentencia no se basa en eso) y que se añada, para cubrir el expediente, que hay que examinar que ese proceso “sea garantista”, cuando ya sabemos que no lo ha sido (incluso con un fiscal que ha huido de Venezuela) y basta, y ya van tres veces que lo digo, con leer la sentencia para darse cuenta.

¿Cómo va un español a fiarse de que Alberto Garzón no va a intentar hacer lo mismo que Maduro si gobierna, cuando afirma algo así? El que justifica la prisión de los opositores políticos, por el hecho de serlo, no es un demócrata.

Lo acojonante es que personajes así sean la esperanza para muchos españoles.

El pueblo ha hablado

 

Leo en El País un artículo sobre una violinista que tiene más de mil millones de visitas en youtube.

El artículo empieza hablando de Paganini y de una obra suya, tan difícil, tan difícil, que hay maestros que no la interpretan. Qué cosas. A lo mejor no la tocan —que al final las tocan todos— por coñazo, porque ya me contarán cómo se puede ser un maestro sin tener el nivel técnico que permita tocar los conciertos de Bartok, Berg, Brahms, Beethoven, Shostakóvich, la chacona de Bach o el Tzigane de Ravel. No seré yo el que se ponga a hacer clasificaciones sobre dificultad. Esas clasificaciones son un coñazo. Entre los méritos de una obra desde luego no está, en mi opinión, el de que esta sea más o menos difícil. Hay obras enormemente difíciles que son un tostón, mientras que otras, mucho más sencillas, son maravillosas.

Incluso en las más extraordinarias manos. Vean:

Y ahora escuchen esta maravilla:

Sí, les he engañado un poquito: el último movimiento de la sonata no es precisamente fácil. Podría echarle la culpa al violinista Pierre Rode, el tipo que la estrenó y para el que Beethoven compuso ese final. Es igual. Si no la conocían, seguro que me lo agradecen. Además, nos sirven para comparar a Paganini variando y a Beethoven variando.

De todas formas, el rollo de Paganini del artículo que enlazo sirve para explicarnos que tocar el violín es muy difícil, que el diablo siempre anda de por medio, que los padres de la violinista no tenían pasta más que para pagar un cuarto de hora semanal de música y que los de la industria del espectáculo no son muy espabilados, dado el enorme éxito de la protagonista, de nombre Lindsey Stirling.

Me ha podido la curiosidad, ante la promesa de un talento singular, y he decidido ver algunos vídeos de este fenómeno musical y les puedo decir, sin ánimo de equivocarme, que JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

 

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

Ay.

¿Mil trescientos millones de reproducciones? Me parecen poquísimas.

Que nos traigan las sales

 

He leído la resolución dictada en el asunto de las esteladas. Es razonable.

También he leído que hay quien pide la dimisión de la delegada del Gobierno e incluso quien se chotea de que Rajoy haya dicho que este asunto gubernativo no es materia de su competencia.

Ay, qué intensos somos. A todas horas las autoridades gubernativas adoptan decisiones administrativas que se revocan en los tribunales. Por cierto, esta no se ha revocado. Solo se ha concedido una medida cautelar que implica la suspensión de su ejecutividad. La decisión de la delegada del Gobierno, ya lo he dicho, me parece arbitraria. Pero como tantas otras. Uno va a los tribunales, las discute y, a veces, te dan la razón. Si tuviera que dimitir cada funcionario o autoridad que dicta una resolución luego revocada, nos íbamos a quedar sin funcionarios en seis meses. Por cierto, nos quedaríamos también sin jueces: porque los jueces también son funcionarios que dictan resoluciones que en ocasiones se ven corregidas por tribunales superiores.

¿Por qué cojones va a tener que dimitir Dancausa? ¿Porque haga su trabajo y tome decisiones?

El otro asunto es el de las declaraciones de Rajoy. Naturalmente que este tema no compete a Rajoy. ¿A alguien le parece razonable que Rajoy se ponga a decidir lo que se puede introducir en un campo de fútbol? ¿No, verdad? La existencia de jerarquías y de responsabilidad política no debe extenderse, salvo que nos volvamos locos, a todas las decisiones que se adopten desde el Presidente hacia abajo y, en particular, a la fundamentación jurídica de esas decisiones. Salvo que tengamos pruebas de que la delegada (y los que participaron en la decisión) recibía órdenes de alguien en este asunto y no se limitaban a interpretar, mejor o peor, la ley vigente. No hay nada que aborrezca más, por otra parte, que la figura del mandatario populista que sabe de todo y que sin necesidad de estudiar nada corrige las decisiones de los que sí tienen competencia, a golpe de cámara y micrófono, al estilo del Chávez, que iba por una plaza de Caracas diciendo “exprópiese”.

Este asunto es un asunto nimio, engordado por los que necesitan agravios para justificar sus planes masivos de insumisión jurídica. En España, la libertad de expresión está garantizada y se ejerce con gran soltura. También la libertad de expresión de los que se la quieren cargar y, en sus áreas de poder, imponen sus propios silencios de radio y consignas masivas. Esta decisión, adoptada por un juzgado de Madrid, demuestra de nuevo lo estupendo que es dejar que la ley y las instituciones funcionen.

Ya saben, la ley y los tribunales. La democracia formalizada. Eso que tanto odian los secesionistas.

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“Ciencia”

LDC

 

O basta là

 

Cada día me cansa más una cierta manera de discutir los asuntos. Una manera que consiste en añadir argumentos en tropel, según van recibiendo respuesta, aunque entre sí sean incompatibles y aunque no se encuentren en el mismo nivel argumentativo, sumado al doble procedimiento de constreñir la discusión, incluso de forma ridícula, cuando crees haber encontrado un agarradero, para salirte del vaso, cuando ya no te valen los propios límites que has querido imponer previamente.

En esa forma de discutir lo importante no es tener razón, sino poder defender tu postura a costa de cualquier lealtad intelectual. Es un puro juego de poder.

Hay un paralelismo entre esto y ese tema que tanto me ocupa, el de la ley. En la discusión racional, las reglas de conversación son esenciales, como en la adopción de acuerdos la ley es esencial. Las reglas de conversación van más allá de los simples modales. Tienen que ver con el respeto a la lógica, con la simetría, con el respeto a las definiciones y al campo de juego. Un simple ejemplo quizás explique mejor a qué me refiero: si defiendes un discurso no puedes renunciar a su coherencia interna. Sin embargo, es habitual que alguien sostenga una opinión, basada en un discurso determinado, y que, pese a que se le demuestre alguna falla capital en ese discurso, siga manteniendo esa opinión, expurgando del discurso lo que se ha demostrado falso, aunque el elemento que lo sustituya sea incompatible con lo que defendía previamente.

No se trata de que crea que es mala la lucha intelectual. Al contrario, me parece una actividad excelente. Lo malo es saltarse sus reglas. Este tipo de artificios, muchas veces burdos, son el equivalente a darle un puñetazo a tu oponente cuando sus argumentos son mejores. Es el equivalente, porque los argumentos que se saltan las reglas de conversación son siempre un puñetazo en el ojo, aunque le parezcan estupendos al que los usa. Un puñetazo en el ojo, sin embargo, es perfectamente leal en un combate de boxeo, porque las reglas lo permiten. Habrá quien diga: ¿quién eres tú para fijar las reglas? Efectivamente, nadie, pero si quieres discutir conmigo por qué las reglas han de ser unas y no otras, ya estás asumiendo reglas de conversación, y te las saltas si en un momento dado me dices que me huele el aliento. Hay algo irrevocable ahí. Y si piensa que no, discútamelo.

Por otra parte, cumplir esas normas es un ejercicio magnífico. A veces incluso sirve para acercarse a atisbar algo que se parece a la verdad.

Por desgracia, es demasiado habitual ver a la gente enfangada, dispuesta a dar mordiscos en la oreja y cabezazos cuando el árbitro no mira.

Dicho esto, a veces he descubierto que aquel al que había catalogado como truhán, realmente creía en cómo planteaba lo que planteaba, no como subterfugio, sino sinceramente. Hay, en consecuencia, un prejuicio detrás de esta reverencia a la lógica. Los demás no saben razonar. Los demás son plebeyos. Los demás están equivocados. Mea culpa.

Así nado, intentando evitar que mi soberbia arruine una buena charla, a la vez que me arrepiento tantas veces de tanto tiempo gastado en estúpidas discusiones con gente que nunca está dispuesta a dejarse convencer.

El último inciso de esta última frase está completo. Me anticipo a los que, después de haber leído toda la entrada, se centrarán en él, como si demostrase algo, olvidándose del resto, empezando a incumplir las reglas de una buena conversación.

 

La unidad indisoluble de España es perfectamente disoluble

 

Leo esto en twitter:

Y esto:

 

El argumento es que la Ley 19/2007, de 11 de julio, define, en su artículo 2 como actos racistas, xenófobos e intolerantes en el deporte estos:

d) La entonación, en los recintos deportivos con motivo de la celebración de actos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte públicos en los que se puedan desplazar a los mismos, de cánticos, sonidos o consignas así como la exhibición de pancartas, banderas, símbolos u otras señales, que contengan mensajes vejatorios o intimidatorios, para cualquier persona por razón del origen racial, étnico, geográfico o social, por la religión, las convicciones, su discapacidad, edad, sexo u orientación sexual, así como los que inciten al odio entre personas y grupos o que atenten gravemente contra los derechos, libertades y valores proclamados en la Constitución.

Y que, al ser la unidad de España un valor constitucional, una bandera secesionista se puede prohibir.

Voy a explicar por qué es un error. Yo no creo que la unidad de España sea un “valor” constitucional, como sí lo son la libertad de expresión, el derecho a la vida o a un juicio justo, por ejemplo.

La unidad de España no es un valor, sino que es su base. Es decir, el elemento que determina el demos del que surge y del que puede derivarse su modificación.

Tampoco es un valor que la capital de España sea Madrid o que la bandera sea rojigualda, elementos estos que también aparecen en el título preliminar de la propia constitución. Los valores de una constitución democrático se enlazan directamente con las libertades y los derechos fundamentales que se recogen en ella. Nada hay antidemocrático o que afecte a los derechos y libertades en la hipótesis de que existan dos Estados diferentes: Cataluña y Restoespaña.

Voy a repetirlo de nuevo: la estelada no es ilegal ni anticonstitucional. La estelada simplemente no es una bandera oficial.

Hay más. Lo que sí es un valor constitucional es el proceso democrático basado en la ley. Toda la norma suprema se asienta sobre esto. Por esa razón, defender que se cambie la constitución (por ejemplo, mediante la secesión de una parte de España) no solo no es inconstitucional sino que es perfectamente constitucional, siempre que se haga por procedimientos democráticos y basados en la propia reforma prevista en la norma.

Vean lo que viene diciendo nuestro Tribunal Constitucional (Sentencia núm. 42/2014 de 25 marzo) desde siempre:

Ahora bien, la primacía de la Constitución no debe confundirse con una exigencia de adhesión positiva a la norma fundamental, porque en nuestro ordenamiento constitucional no tiene cabida un modelo de «democracia militante», esto es, «un modelo en el que se imponga, no ya el respeto, sino la adhesión positiva al ordenamiento y, en primer lugar, a la Constitución»STC 48/2003  [RTC 2003, 48] , FJ 7; doctrina reiterada, entre otras, en las  SSTC 5/2004, de 16 de enero  [RTC 2004, 5] , FJ 17;  235/2007  [RTC 2007, 235] , FJ 4; 12/2008  [RTC 2008, 12] , FJ 6, y  31/2009, de 29 de enero  [RTC 2009, 31] , FJ 13). Este Tribunal ha reconocido que tienen cabida en nuestro ordenamiento constitucional cuantas ideas quieran defenderse y que «no existe un núcleo normativo inaccesible a los procedimientos de reforma constitucional» (entre otras, STC 31/2009, FJ 13).

El planteamiento de concepciones que pretendan modificar el fundamento mismo del orden constitucional tiene cabida en nuestro ordenamiento, siempre que no se prepare o defienda a través de una actividad que vulnere los principios democráticos, los derechos fundamentales o el resto de los mandatos constitucionales, y el intento de su consecución efectiva se realice en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución, pues el respeto a esos procedimientos es, siempre y en todo caso, inexcusableSTC 103/2008  [RTC 2008, 103] , FJ 4).

La apertura de un proceso de tales características no está predeterminada en cuanto al resultado. Ahora bien, el deber de lealtad constitucional, que como este Tribunal ha señalado se traduce en un «deber de auxilio recíproco», de «recíproco apoyo y mutua lealtad», «concreción, a su vez el más amplio deber de fidelidad a la Constitución» ( STC 247/2007, de 12 diciembre  [RTC 2007, 247] , FJ 4) por parte de los poderes públicos, requiere que si la Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, que tiene reconocida por la Constitución iniciativa de reforma constitucional (artículos 87.2 y 166 CE), formulase una propuesta en tal sentido, el Parlamento español deberá entrar a considerarla.

Llevar una estelada es constitucional porque llevar una bandera que expresa el deseo de que Cataluña se secesione, por sí solo, no vulnera principio democrático o derecho fundamental o mandato constitucional alguno. Repito, por sí solo. Y llevar una estelada no es un intento de consecución efectiva de la secesión por procedimientos inconstitucionales. 

Y lo que es constitucional no puede ser un ataque a un valor constitucional. Es bastante obvio.

Y también sería arbitrario prohibir a un tipo de Valladolid que intente entrar a un estadio con una camiseta que diga: Valladolid, capital de España. Por mucho que esto contradiga lo que dice el artículo 5 de la Constitución.