Mi nombre es Ali

 

Hace unos minutos escuchaba las glosas de Rubén Amón sobre Muhammad Ali. Entre ellas incluía su lucha contra el racismo.

Es curiosa la influencia sobre la memoria de la excelencia y la cháchara. Llega al punto de convertir a un hombre que defendió durante décadas el racismo negro y la segregación racial en el héroe de una lucha en la que no creyó, traicionando, por cierto, al principal Alí que conocimos, al seguidor del fanático racista Elijah Mujammad.

El olvido literario haciendo su trabajo.

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