Ver para saber de qué hablamos

 

Cada vez que se produce algún hecho espantoso como el de ayer, en particular cuando la muerte es resultado de un crimen o de la guerra, nos ponemos a discutir sobre si es o no correcto que nos muestren las imágenes de los cuerpos destrozados, de los niños despanzurrados, de la sangre, las vísceras, de la amputación.

Yo ya no necesito una sola imagen, una vez he visto una cualquiera que me sirva de icono. Puedo representarme a los muertos de ayer sin necesidad de verlos, porque los he visto antes, muchas veces, y los detalles accidentales no añaden nada.

Eso sí, creo que hay que verlas al menos una vez en la vida. Las consecuencias de la muerte, la inanición, la mutilación, el horror, la ausencia de libertad, el trato inhumano. No las versiones falsas del cine, que no nos asustan porque sabemos que lo son. Y hay que mascar y deglutir los datos, reflexionando hasta que nos sangren los pensamientos. Más aún, debería formar parte de la educación de los jóvenes, porque tenemos la obligación de enseñarles la realidad.

Por eso es lícito y quizás necesario que podamos ver los cuerpos de los niños muertos. No para alimentar algún bajo instinto o para echar gasolina al odio, sino porque quizás alguien lo necesite para representarse de qué hablamos cuando hablamos de un camión que golpea con violencia el cuerpo de un pobre crío y lo revienta. Quizás esas personas necesiten verlo o incluso acercarse a él y poder tocarlo y olerlo, para dejar hacer chistes …

chiste

… o para pensar primero en ese pobre crío y en sus familiares, antes de culpar a alguna construcción ideológica del dolor y del mal. O quizás lo necesiten para seguir comportándose así y para que los demás certifiquemos que no tienen solución y que son imbéciles morales sin coartada.

Comprendo a los que dicen que la presencia constante de las consecuencias de la violencia nos entumecerá y hará insensibles, pero ese es el precio que pagamos al pasar de la infancia a la madurez. La violencia existe y sus frutos no desaparecen porque apaguemos la televisión. También comprendo a los que se asquean por el negocio del morbo, pero el pus es un producto de la infección; poco podemos hacer para evitarlo, salvo señalar a los que se pasan de la raya y despreciarlos.

Yo voy a evitar ver las imágenes si puedo, porque no necesito verlas, pero quizás haya quien necesite verlas. Incluso aunque sea para mostrarse como lo que son. Para eso han de estar disponibles.

 

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3 comentarios en “Ver para saber de qué hablamos

  1. Seguramente los pobres idiotas afectados por la miseria moral no sean hoy más numerosos que antes, pero son los que tienen más tiempo y más odio que destilar. Por eso las redes sociales les son tan queridas. Antes eran idiotas en su laberinto, rumiando su propia impotencia sin que nadie se dignara a responderles; hoy consiguen provocarnos.

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